Cuando Ana eligió con qué doctor se trataría el cáncer, no sabía que su elección la había hecho por influencia de mi hermano a quien Ana no conocía. ¿Una decisión vital tomada por influencia de quien no conoces? Se llaman redes sociales, resulta que mi hermano es jefe de Berta que es mejor amiga de Jorge, el esposo de Ana. El Dr. Ramírez lleva un par de años atendiendo a mi hermano que lo considera como el mejor en su campo, Berta le contó a su jefe del problema de la esposa de Jorge y no dudó en recomendarle al “mejor oncólogo de México”.

Esta historia se repite todos los días, gracias a nuestras redes sociales todos los días tomamos decisiones importantes que se acompañan con una acción como ir al doctor, al supermercado o a una fiesta. Los gustos de A pueden determinar la decisión de C sin que ninguno tenga contacto con el otro. La información fluye y nosotros elegimos cosas, siempre ha sucedido de esa manera y cuando se agrega la suma de dichas elecciones se forma algo que se llama opinión pública ¿Qué agregan el internet y los medios sociales a esta ecuación?

Opinión pública atiende solo la agregación de preferencias. Lo que las redes agregan es que estas preferencias son contagiadas, incluso entre individuos que no tienen contacto directo. Lo que Internet agrega, es la visibilización de ese proceso de contagio. Formación y agregación como procesos simultáneos. Ves tus redes, al tiempo que estás siendo influido por ellas.

El flujo de información a través de internet no tiene límites o tiene muy pocos, lo anterior tiene como efecto que las redes que formamos a través de la red estén basadas en el intercambio de información, una de las consecuencias de esto es la creación de redes con lazos densos y visibles a todos los usuarios de la red y por otro lado el contagio de ideas a través de estos lazos en tiempo real, esto tiene efecto en la manera en la que actuamos.

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A menos de 40 días de las elecciones parecería que se respira política. Las pláticas de café y las discusiones se centran, más que en cualquier otro momento, en temas de campaña, en cuestionamientos de por quién votar y por qué votar por una u otra de las opciones que se nos presentan a los mexicanos. Las calles están tapizadas de propaganda/basura, la radio y la televisión nos inundan con spots y noticias relacionadas con los candidatos, sus campañas, sus compinches, sus aciertos y sus metidas de pata; las casas encuestadoras y los periódicos dan semana tras semana cifras de las tendencias que presentan los simulacros de votación realizados por cada una de éstas y en las redes sociales se publica cada segundo información, notas periodísticas, fotos, videos, testimonios y opiniones en torno al tema nacional: la elección del próximo primero de julio.

En la próxima elección votarán cerca de 50 millones de mexicanos. La lista nominal del IFE cuenta con casi 80 millones de ciudadanos registrados (77,288,655)[1] de los cuales, de acuerdo con el mismo organismo, votará cerca del 60%, es decir, alrededor de 46,373,193 mexicanos. En el año 2006, con un padrón de poco más de 71 millones de ciudadanos la participación fue de 58.55% lo que quiere decir que votaron casi 42 millones de mexicanos. Para esta elección hay entonces poco más de 4 millones de nuevos votantes.

Sería difícil -y hasta absurdo- argumentar que la información obstaculiza la democracia, parecería lógico valorar como mejor una decisión más informada, discutida y analizada: y que las redes sociales así como los medios tradicionales de comunicación parecen ser los responsables de esta tarea. De acuerdo al más reciente estudio realizado por GAUSSC la decisión de por quién votar está determinada en primer lugar por lo que se lee, ve o escucha de analistas políticos en periódicos radio o televisión (27%) y lo que dicen los anuncios de las campañas en radio y TV(27%); seguido por la costumbre, 15%, la opinión de familiares, amigos y colegas de trabajo (18%) y por último el 3% menciona lo que sucede y se dice en las redes sociales. [2]

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Distinguido Juez Baltasar Garzón:

Tuve conocimiento que el pasado viernes anunció la realización del ‘Foro de Seguridad con Legalidad’, a llevarse a cabo en enero próximo. En el evento estuvo acompañado del gobernador de Veracruz Javier Duarte.Ahí se pronunció a favor de la regulación de las redes sociales e Internet, haciendo referencia al delito de perturbación del orden público creado a raíz de la detención de Maruchi Bravo y Gilberto Martínez, usuarios de redes sociales. Reforma mejor conocida como la “Ley Javier Duarte”. (audio de la conferencia).
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Logo del cyber-movimiento anti-censura veracruzana inspirado por el logo del movimiento pro-Wikileaks. (Click para ver procedencia)

Narco-censura

La prensa es una de las tantas víctimas de la violencia que sufre México. En particular, los medios de comunicación locales, tales como periódicos y canales de televisión, se han visto atrapados en una batalla entre la censura, el control y las amenazas de los cárteles de la droga y los gobiernos locales. En algunas ciudades, la gente suele ser testigo de balaceras, granadazos y otros hechos violentos, sin embargo cuando tratan de averiguar lo que pasó, en las noticias locales no encuentran información al respecto. Algunos periódicos han anunciado explícitamente una política de autocensura a las notas relacionadas con la narco guerra.

El resultado de esto es que para muchos mexicanos los medios de comunicación locales ya no son una fuente confiable de información. Algunos ciudadanos afirman que sus fuentes de noticias locales son pagadas por el gobierno local en un esfuerzo por minimizar la violencia, mientras que otros argumentan que se trata de los cárteles que los han sobornado, mientras otros, especialmente los periodistas, argumentan estar siendo amenazados. Lo cierto es que los periodistas están siendo asesinados y sus crímenes suelen quedar impunes.

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Foto: Policía de Cheshire/AP

Hace una semana Inglaterra despertaba con la peor resaca en 30 años. Los disturbios (en forma incendios intencionales, saqueo de negocios, violencia contra la policía y la población, destrucción de propiedad privada y pública) se extendieron, con manifestaciones menores pero igualmente serias, de vecindarios específicos de Londres a segmentos centrales de otras ciudades grandes y pequeñas. Una vez que los fuegos se extinguieron, la pregunta mil veces repetida ha sido ¿por qué?

Sin embargo, a pesar de la existencia de evidencia seria que ayudaría a explicar causas y contextos de los disturbios y por lo tanto a evitar que se repitan, el discurso oficial, definido por el primer ministro conservador David Cameron, es que los perpetradores pertenecen a un segmento de la sociedad “enferma”, y la propuesta oficial es simplemente el castigo carcelario y mayores estrategias represivas. Contradictoriamente, Cameron no cederá en la decisión de recortar el presupuesto de la policía, incluso después que se comprobó que mayor presencia policiaca a partir del miércoles pasado coincidió con el disminución y cese de la violencia en las calles de Londres. Pero más allá de apagar los fuegos de la violencia, lo que se quiere “apagar” son los medios de comunicación accesibles a los ciudadanos: los medios sociales en línea.

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noviembre 29, 2010

Wikileaks y el periodismo

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En el número de la primera semana de junio de la revista  New Yorker, salió publicado un largo perfil sobre Wikileaks y su fundador Julian Assange. Antes de las últimas filtraciones publicadas por la página con los cables diplomáticos del gobierno estadounidense, estaba pasando algo poco común en la prensa. La información alrededor de Wikileaks, no sólo trataba del contenido difundido, sino del medio por el que se difundía y la relación con otros medios de comunicación. Es decir, entre una y otra filtración importante de Wikileaks, el medio era la nota, no el contenido. Aquí algunas razones de por qué no sólo el contenido es importante sino la forma en la que ha sido revelado.

Al New Yorker, Assange le dijo sobre el periodismo:

Quiero montar un nuevo estándar:’el periodismo científico’. Si publicas un documenta sobre el ADN, estás obligado, por todos las revistas académicas de biología buenas, a entregar los datos con los que informaste tu investigación–con el objetivo de que otras personas puedan replicarlo, checarlo, y verificarlo. Entonces algo así se necesita hacer con el periodismo también. Hay una desequilibrio de poder inmediato, pues los lectores no pueden verificar lo que se les está contando, y eso provoca abusos.

Ser absolutamente imparcial es ser un idiota. Esto querría decir que tendríamos que tratar el polvo en la calle igual que a las personas que han sido asesinadas.

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emersonHace un par de semanas en El País, Ernesto Hernández Busto, publicó un artículo en el que señala cómo algunas de las consecuencias de la expansión de Internet y en particular Facebook (no todas las redes sociales funcionan igual), es lo que se entiende por “amistad” y “amigos”, e incluso, se aventura a decir que la naturaleza de “los vínculos interpersonales” está cambiando a partir de Internet. Su preocupación central parte de la definición de amistad de Aristóteles:

Quien se asome a la pequeña teoría de la amistad que esboza Aristóteles en su Ética a Nicómano, encontrará, por ejemplo, cosas muy preocupantes en la era de Facebook: “¿Cómo se puede dar el título de amigos a gente cuya reciprocidad de sentimientos no se conoce? Para que sean verdaderos amigos, es preciso que tengan los unos para con los otros sentimientos de benevolencia, que se deseen el bien, y que no ignoren el bien que se desean mutuamente”. La verdadera amistad, nos explica el filósofo, es rara, lleva tiempo y requiere de la virtud compartida. Los buenos amigos son pocos por la naturaleza misma de ese sentimiento, cuya señal más cierta, nos asegura, es la “vida común”.

Sin embargo, sería más interesante entender por qué Aristóteles creía necesario hacer una definición de la amistad. Es decir, si en épocas tan distantes y tecnológicamente distintas en las que “los vínculos interpersonales” tiene un valor comunitario tan importante,  ¿por qué había una preocupación por el “verdadero” significado de la amistad?

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Hace unos días el Financial Times publicó una entrevista con el filósofo alemán Jürgen Habermas, en la que expresa su molestia porque un estudiante de posgrado usurpó su identidad en tuiter. A Habermas Internet le parece un medio importante, pero no tanto como al sociólogo español Manuel Castells quien ha dedicado buena parte de su vida a estudiar los impactos en la sociedad del cambio tecnológico. La revista Magazine Digital, publicó hace unos mesas una entrevista con Castells a partir de la publicación de su nuevo libro Comunicación y Poder. En las entrevistas los dos pensadores reconocen que algunas de la facetas más potentes del Internet, son sus consecuencias en las formas de organización política y social.

Juergen

El Internet genera una fuerza centrífuga. Suelta una ola anárquica de circuitos de comunicación altamente fragmentados que de manera infrecuente se traslapan. Claro, la naturaleza espontánea y igualitaria de la comunicación ilimitada pueden tener efectos subversivos en regímenes autoritarios. Pero la red en sí no produce esfera pública alguna. Su estructura no está hecha para enfocar la atención de un público disperso de ciudadanos que forman opiniones de manera simultánea en los mismos temas y contribuciones que han sido escrutadas y filtradas por expertos.

..

En cuanto al impacto en la esfera pública, la comunicación acelerada abre, por completo, nuevas posibilidades para organizar actividades y movilizaciones políticas de gran escala desde lugares ampliamente dispersos. Yo todavía recibo por lo menos un correo a las semana del equipo electoral de Obama. Estas comunicaciones se refieren a temas o eventos dentro del sistema político, que a su vez influencian. Sin embargo se mantienen contingentes en la relación al proceso de toma de decisionees real que sucede fuera del espacio virtual formado por mónadas conectadas electrónicamente.

Aquí la entrevista completa a Jürgen Habermas.

Manuel_Castells[1]

Internet, como instrumento de las personas, puede acoger campañas de protesta para que la democracia sea más democrática. La gente no está contra la democracia, está por más democracia, más transparencia, y no se fía de los políticos que están en las instituciones democráticas. A través de Internet están surgiendo partidos, candidatos, opciones políticas que no están previstos dentro del sistema político. Es un instrumento tanto para el incremento de las fuerzas de extrema derecha como para el auge de los partidos verdes, las opciones más radicales y democratizantes o, en el caso de España, para opciones soberanistas, por ejemplo. Todo lo que en las instituciones no está suficientemente representado con respecto a lo que es la sociedad, por Internet gana espacio. En gran parte es porque no hay una voluntad política real de las instituciones y los partidos de reformarse a sí mismos. Por tanto, en lugar de utilizar Internet para la necesaria reforma política y de los vínculos con los ciudadanos, confunden Internet con un tablón de anuncios o con un sistema publicitario de televisión y dejan la red a las fuerzas que están en los márgenes o fuera del sistema político.

Acá la entrevista completa a Manuel Castells.

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Foto. Reel Efx

Foto: Reel Efx

Hace unos días surgió una protesta en internet, que llama a quienes son críticos de los contenidos que produce Televisa, pero en particular de sus conductores de noticieros, a que no vean los canales de Televisa durante el viernes 30 de abril y el sábado 1 de mayo. El evento, que inició la movilización electrónica bajo el hashtag en Tuiter #apagontelevisa fue la discusión en el programa “Tercer Grado” entre Adela Micha, Joaquín López Dóriga, Leopoldo Gómez, Carlos Marín, y Ciro Gómez Leyva.

La discusión giró alrededor del supuesto “toque de queda” que habría sido establecido por grupos del crimen organizado en la ciudad de Cuernavaca y que se difundió cual rumor. En las ediciones al video original se logra ver a López Dóriga, Micha y Gómez diciendo que el ciberespacio ha sido tomado por el crimen organizado (y perversos) y que los gobiernos deben recuperarlo. Sin embargo si se ve el programa completo hay más matices, y la posición más dura parece tenerla Carlos Marín como se puede ver completo aquí.

Más allá de la simpatía o antipatía que pueda generar algo como “Apagón Televisa”, parece un paso más en la ruta que se ha ido construyendo en los últimos meses de confrontación entre los medios de comunicación tradicionales que son unidireccionales y los medios de comunicación basados en redes que son bidireccionales (ver Twitter y la crisis de la Jerarquía Mediática de Ernesto Priego)

Según Umberto Eco en su libro Apocalípticos e Integrados, la televisión genera divismo:

una élite irresponsable, compuesta por personas cuyo poder institucional es nulo, y que por tanto no están llamadas a responder de su conducta ante la comunidad, y cuya postura sin embargo se propone como modelo influyendo en el comportamiento

Quienes promueven “Apagón Televisa” parece que es ese divismo lo que quieren combatir usando una tecnología potencialmente equivalente a la televisión, pero que aún no tiene la misma capacidad de difusión. Sin embargo, es una tecnología que permite hacer una crítica de manera organizada que en el pasado era considerada casi imposible.

Las posiciones más duras que promueven “Apagón Televisa”, y a la vez las posiciones más duras que critican las redes sociales, sufren de las contradicciones que ya expresaba Eco cuando definió la postura Apocalíptica como:

Si la cultura es un hecho aristocrático, cultivo celoso, asiduo y solitario de una interioridad refinada que se opone a la vulgaridad de la muchedumbre (Heráclito: “¿Por qué queréis arrastrarme a todas partes oh ignorantes? Yo no he escrito para vosotros, sino para quien pueda comprenderme. Para mí, uno vale por cien mil, y nada la multitud”), la mera idea de una cultura compartida por todos, producida de modo que se adapte a todos, y elaborada a medida de todos, es una constrasentido monstruoso. La cultura de masas es la anticultura….la “cultura de masas” no es signo de una aberración transitoria y limitada, sino que llega a constituir el signo de una caída irrecuperable ante la cual el hombre de cultura…no puede más que expresarse en términos de Apocalipsis.

En contraste a la posición del integrado:

Dado que la televisión, los periódicos, la radio, el cine, las historietas, la novela popular y el Reader’s Digest ponen hoy en día los bienes culturales a disposición de todos, haciendo amable y liviana la absorción de nociones y la recepción de información, estamos viviendo una época de ampliación del campo cultural, en que se realiza finalmente a un nivel extenso, con el concurso de los mejores, la circulación de un arte y una cultura “popular”. Que esta cultura surja de lo bajo o sea confeccionada desde arriba para consumidores indefensos, es un problema que el integrado no se plantea. En parte es así porque, mientras los apocalípticos sobreviven precisamente elaborando teorías sobre la decadencia, los integrados raramente teorizan, sino que prefieren actuar, producir, emitir, contidianamente mensajes a todos los niveles. El Apocalipsis es una obsesión del dissenter, la integración es la realidad concreta de aquellos que no disienten.

Desde entonces Eco, 1964, para referir cierta contradicción tituló el libro “Apocalípticos e Integrados” y no “Apocalípticos o Integrados”. Esto queda aún más claro, y es más interesante para el fenómeno de “Apagón Televisa”, en una entrevista que el periódico El País hizo a Eco hace unos días, (retomada por Rafael Rojas):

Era un debate típico de aquella época en que los filósofos, los intelectuales, todavía no conseguían comprender el mundo tecnológico de la comunicación, así que existía esa división entre los que hacían comunicación de masas y, digamos, los aristócratas intelectuales, que no la entendían. Pero hoy es distinto, porque los más aristócratas de los intelectuales entienden perfectamente estos problemas, usan Internet. Es, en todo caso, no una crítica desde fuera, sino desde dentro, de intelectuales que usan medios de masas, ven la televisión, utilizan el ordenador y pueden a la vez criticarlo. Así que me resultaría difícil decir hoy: usted es apocalíptico o usted es integrado.

De cierta manera se podría decir que los apocalípticos por fin han encontrado la manera de ir de la crítica solitaria y aislada, a una crítica organizada y que tiene la expectativa de tener consecuencias prácticas y visibles gracias a nuevas tecnologías. Sin embargo, en el camino también se han integrado.

Al mismo tiempo los integrados defendiendo el rol que han logrado mantener desde cierto divismo, usan argumentos propios de los apocalípticos para criticar a unos que ven aún más integrados que ellos mismos.

Es decir, la confrontación claramente no es apocalípticos vs. integrados o al revés, sino entre dos bandos de aquellos que ya son a todas luces apocalípticos integrados.

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Imagen: purplejavatroll

Imagen: purplejavatroll

En las dos entregas anteriores intentamos pintar un escenario donde los ciudadanos podrían ejercer actos de periodismo utilizando los recursos tecnológicos a su alcance. Más que una competencia feroz marcada por la desigualdad, quizá un modelo colaborativo ofrecería posibilidades de cambio en las culturas mediáticas y políticas en que distintos ciudadanos interactúan. Esta tercera entrega estaba casi completamente redactada cuando la lista de Forbes anunciaba al mexicano Carlos Slim como el empresario más rico del planeta. Esta noticia no es del todo nueva, pues el estatuto billonario de Slim es bien conocido, al menos en México. Sin embargo, en el contexto de esta discusión sobre las nuevas ecologías mediáticas –y por lo tanto cívicas y políticas–, la coronación del accionista mayoritario de Teléfonos de México como superhéroe del capitalismo avanzado en los tiempos de la recesión económica más astringente desde la posguerra nos obliga nuevamente a rearticular los argumentos y repensar las estrategias.

Carlos Slim, dueño de la infraestructura telefónica residencial y móvil (y por lo tanto de banda ancha y anexas), proveedor de software y hardware en pagos chiquitos para los sectores más insolventes de la sociedad mexicana, logró su riqueza, usando un modelo de éxito económico perteneciente a una época en que la “economía” todavía no era ciencia y el “capitalismo” todavía no tenía ese nombre. El monopolio, el escocés Adam Smith lo había apuntado en su Riqueza de las naciones (1776), es la mejor forma de obtener la mayor ganancia al nulificar la competencia. Desprovistos de alternativas, los consumidores, como los súbditos de una tiranía que no eligieron, se ven obligados a pagar el tributo que el gran señor así decida.

Según el último estudio sobre banda ancha publicado por el Centro Berkman de Estudios sobre Sociedad e Internet de la Universidad de Harvard, de todos los países integrantes de la OECDMéxico tiene la menor penetración de banda ancha (móvil y residencial), así como un número muy bajo de terminales proveedoras de red inalámbrica pública, sin olvidar la velocidad más lenta de todo el grupo. En general, México está en números rojos, en el último lugar, el 30, de la tabla, por debajo de Turquía. Según datos publicados este mes por la BBC , México cuenta con aproximadamente 23 y medio millones de usuarios activos de Internet. Con una población total estimada en 111 millones, todavía hay mucho por hacer en inclusión digital y la enseñanza de usos cívicos de la tecnología digital.

Cualquier práctica de periodismo ciudadano en México se enfrentará a estos retos. Es casi intuitivo decir que la capacidad para innovar está relacionada con la salud del PIB de un país y el nivel educativo de sus habitantes [1]. Sin embargo, como lo han señalado Stump et al. (2008) el nivel de acceso a la educación o un alto nivel socioeconómico no son necesariamente factores que afecten la adopción de tecnologías móviles[2]. Esto quiere decir que los obstáculos para el desarrollo de prácticas periodísticas de vigilancia ciudadana (por ejemplo durante un evento como elecciones o licitación de servicios públicos) no son necesariamente de naturaleza técnica (cualquiera puede aprender a usar un celular; qué hacer con él es la cuestión). Los elementos faltantes son por un lado el que los usuarios estén capacitados para el desempeño cívico y periodístico, no en el sentido “profesional” pero sí de modo autodidacta. Estamos hablando de un elevado nivel de alfabetismo cívico y mediático. Como lo escriben Fieldhouse y Nicholas (2008), “el aprendizaje es ahora un compromiso que dura toda la vida; el alfabetismo informacional es fundamental para la inclusión social.”[3] En otras palabras, el uso “funcional” de recursos tecnológicos, como lo comprueba el uso mayoritariamente banal del social media en México, no es suficiente para desarrollar formas efectivas de compromiso ciudadano. Aunque es posible diferenciarles, democracia y periodismo ciudadano van de la mano: la función del segundo es ejercer y promover la primera.

Es un hecho que en México la cultura del monopolio ha ejercido una influencia negativa cuyas consecuencias están muy arraigadas. Es casi impensable en otros contextos: una compañía de telecomunicaciones privada que cuenta como suscriptores a la mayoría si no es que a todo el país, cuyos tentáculos se extienden a los ámbitos más cotidianos de la vida social. Este monopolio sólo pudo haberse dado gracias a la incapacidad ciudadana para cuestionarlo. El ciudadano mexicano o da por hecho el monopolio como situación inmutable o se siente “desempoderado”, incapaz de ejercer de forma positiva, con argumentos y propuestas realizables, en el escenario político y cívico y en la vida democrática en pleno. Las grandes diferencias sociales, causa y efecto del enriquecimiento de un puñado de beneficiarios de la pobreza de la mayoría, enrarecen las posibilidades de que la ciudadanía se exprese buscando el bien común y sea tomada en cuenta. Iniciativas internacionales y multilingües como la alianza entre Rising Global Voices y la BBC , son ejemplo que proyectos ciudadanos efectivos pueden tener grandes alcances. Las organizaciones no gubernamentales tienen mucho qué aprender sobre su responsabilidad para educar en el uso de tecnologías digitales en prácticas de periodismo comunitario y de ciudadanía responsable[4]. La ciudadanía mexicana tiene que aceptar el reto de utilizar los recursos digitales para algo más que el cotorreo, la queja improductiva o los pleitos parroquiales. En lo que los ciudadanos pierden el tiempo con insulsos y a veces ofensivos juegos en las redes sociales, otros se reparten el pastel. La pluralidad tendrá que representar una alternativa al monopolismo, antes de que a todos nos apaguen la luz.

Ernesto Priego. Candidato a doctor en estudios de la información en University College London.

[1] Robison, Kristopher K. y Edward M. Crenshaw. (2002). “Post-industrial transformations and cyber-space: A cross-national analysis of Internet development.” Social Science Research 31:334-63.

[2] Rodney L. Stump et al, “Exploring the Digital Divide in Mobile-phone Adoption Levels across Countries: Do Population Socioeconomic Traits Operate in the Same Manner as Their Individual-level Demographic Counterparts?” Journal of Macromarketing 2008; 28; 397.

[3] David Nicholas y Maggie Fieldhouse (2008). “Digital Literacy as Information Savvy: The Road to Information Literacy”, en Colin Lankshear y Michele Knobel (eds.) Digital Literacies, Concepts, Policies and Practices (Peter Lang: Nueva York).

[4] La labor de OpenActa en México es brillante, y dicta como precedente que es posible hacer converger el periodismo ciudadano con el activismo cívico. http://www.openacta.org/. El Reino Unido aporta tres ejemplos a seguir; uno gubernamental y dos ciudadanos: http://www.mediatrust.org/community-voices/ http://savvycitizens.bcs.org/ y http://www.citizenethics.org.uk/

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