La muerte el 29 de mayo del general Manuel Antonio Noriega en su país, donde había sido trasladado desde Estados Unidos para pasar los últimos días de vida en arresto domiciliario, y tras una fallida operación médica, parece cerrar uno de los capítulos más lamentables de la historia de Latinoamérica, como lo fue la invasión de Panamá, llamada Just Cause por parte del ejército norteamericano encargado de ella en diciembre de 1989 para detener al militar y cabeza del país en aquel momento. Detención que lo condujo a la corte norteamericana para ser juzgado por cargos relacionados con el narcotráfico. Su objetivo se cumplió, pero no sin un número significativo de bajas civiles y con declaraciones por parte de las Naciones Unidas o la Organización de Estados Americanos deplorando dicha acción. Hace un año, a finales de junio, también el país tuvo los reflectores del mundo porque se inauguró la ampliación del Canal de Panamá, publicitado como un nuevo canal por la magnitud de la obra de infraestructura, entendida como la posibilidad de crecer en número de barcos y su tamaño, así como en el volumen de mercancías transportadas entre los dos océanos que bañan las costas panameñas, y que fue estrenado con el paso del “Cosco Shipping Panamá” de una naviera china tras pagar 568,000 dólares.

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