En la primera parte pareces sugerir que nos debemos inclinar por el que pide pronósticos, pero luego evidencias que para hacerlo se caería en la discrecionalidad, cada quien trataría de estimar no solo cuántos votarán sino como serán y como cambiarán sus preferencias en los últimos días, eso es adivinar y yo insisto en que no es mi negocio.
En el título hay un reclamo para quienes pretenden ver a las encuestas como oráculos y ahora hasta las acusan de ser responsables de publicidad, de fraude y por ende hasta de triunfos y derrotas.