agosto 26, 2015

Donald Trump desde una perspectiva seria

Mucho se ha dicho sobre las polémicas declaraciones de Donald Trump. Podemos estar de acuerdo o no con él; escandalizarnos, gritar y hasta tacharlo de loco y racista. Quizá estemos en lo correcto; sin embargo, no estaríamos hablando y desgastándonos en estos menesteres, menos aún cuando quizá no llegue a la nominación republicana como candidato presidencial. Existe, creo, en todo esto, por parte de muchos mexicanos de este lado de la frontera (México) un doble discurso.

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Imagen: National Interest

Antier comenzó la 24º reunión de embajadores y cónsules (REC) y ahora le seguirá el Foro México 2013. Esta vez la ocasión sirvió para presentar al nuevo gobierno y discutir, ajustar o reformular varios aspectos de la política exterior. Algunas cosas importantes ya van quedando claras, desde los nombramientos y hasta lo que se discute hoy:

1) Se quiere dar un sesgo económico a la Política Exterior: atraer nuevas inversiones ahora que el contexto lo hará más fácil, buscar mercados –especialmente asiáticos- para nuestros productos y traer de vuelta a los turistas.

2) Se mantendrá –quizá con más bajo perfil- la cooperación intergubernamental en materia de seguridad con Estados Unidos, Medina Mora como nuevo embajador es una señal de ello; fue un importante actor durante los comienzos de la Iniciativa Mérida.

3) Para mayor relumbrón de nuestro prestigio internacional, no sólo buscaremos ser promotores activos de la paz y el combate a la violencia (quizá se esté pensando algo equiparable a lo que hicimos con el Grupo Contadora 1983-85), sino que también podemos esperar mayor gasto en la proyección cultural de México y, en lo mejor del estilo de la grandilocuencia priista (lo digo en serio), quizá tengamos macro exposiciones internacionales con buenas dosis de contenido patrio como la de “México: Esplendores de 30 siglos” (1992).

Así va la cosa y hasta ahí suena lógico. Pueden ponerse metas realistas, hacer un plan y cumplirlas.

Sin embargo,  también han habido momentos frustrantes en la REC, como suele suceder cuando la política exterior, en vez de discutirse como un juego de intereses y poder, músculos y estrategias, se discute con grandes ideas (“México debe convertirse en un actor con responsabilidad global” o “un factor de estabilidad en un mundo convulso”), sugiriendo cambios conceptuales que esconden ideas sencillas (“que la política exterior debe volver a ser un mecanismo para el desarrollo”) o – en el peor de los casos- apelando a una agenda voluntarista y bienintencionada (“hay que tomar el mercado asiático”). Estos suelen ser argumentos desconcertantes porque parecen desconectados de los límites que nos pone el mundo y de lo que se puede hacer con lo que hay. La insistencia en que la imagen internacional de México ha ido mejorando por el repunte económico y la invitación a que los diplomáticos “difundan lo mejor de México”, o que presenten a México “como parte de las soluciones no de los problemas”, deja la discusión bastante coja.

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Fuente: Cuartoscuro

Menos de dos semanas después de iniciar su mandato, y antes de promover otras reformas claves para el país, el Presidente Peña Nieto presentó el Lunes su iniciativa de reforma educativa. Ese simple hecho ya constituye un avance. Las dos últimas grandes reformas educativas no se dieron sino hasta bien comenzado el sexenio. La Alianza por la Calidad de la Educación de Felipe Calderón se presentó en Mayo del 2008.  El Compromiso Social por la Calidad de la Educación de Vicente Fox (reforma que creó el INEE) se firmó en Agosto de 2002. ¿La otra gran diferencia? Los acuerdos diseñados por Fox y Calderón llevaron la rúbrica del SNTE. En esta ocasión el representante del SNTE tuvo un papel menos protagónico. Además de que claro, ninguno de los dos Presidentes anteriores llevó sus reformas al orden constitucional. En México, dice el refrán, forma es fondo. En esta ocasión, las formas son muy distintas.

Esperemos que realmente forma sea fondo, porque de fondo, la iniciativa de reforma contiene menos novedades. Tanto Fox como Calderón buscaron impulsar la autonomía de las escuelas, aumentar la inversión en infraestructura y equipamiento tecnológico, elevar la calidad docente, recompensar mediante estímulos y otros programas el buen desempeño docente e impulsar la evaluación educativa autónoma. En el caso de Calderón, se instituyeron los concursos de ingreso y promoción docente que prometían, igual que ahora, profesionalizar la carrera docente, hacer más transparentes los criterios de ingreso y ascenso y, al final del día, redituar en un profesorado mejor capacitado. No hay un estudio o evaluación rigurosa que nos permita saber si los concursos lograron el resultado que se buscaba, pero su instrumentación dejó mucho que desear. Muy pocas plazas realmente fueron sometidas a concurso y los exámenes de ingreso y promoción, aunque técnicamente válidos, eran insuficientes para alcanzar los grandes objetivos de mejorar la calidad docente que la reforma persiguió.

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Los monumentos conmemorativos son invocaciones a un pasado (o al menos a valores que se interpretan de aquel pasado) que queremos dejar fijo. Pocas veces se conmemora de forma sólida el presente: no hay necesidad de darle una materialidad a lo que ya la tiene. A través de los monumentos, materializamos la resistencia al paso del tiempo, marcamos la importancia de lo que queremos que evite la corrosión de la memoria. Eso que ponemos en piedra también es lo que en el texto de la calle queda marcado con plumón fosforescente. Importa tanto el resto del texto, como la parte remarcada. No es lo mismo un busto de un Iturbide emperador en la sala de un nostálgico del imperio, que un busto de Iturbide en el centro del Zócalo, o que uno, en una oscura esquina en un pueblito en Polonia.

Foto: Milenio. Estatua ecuestre de José López Portillo

En nuestro país, tradicionalmente los monumentos han sido parte importante del sistema de legitimación de autoridades y de los procesos de construcción de identidad. Es más frecuente ver monumentos conmemorativos con efigies de personas que monumentos con invocaciones vagas o anónimas. Incluso, me atrevo a especular que la construcción de monumentos es inversamente proporcional a la efervescencia de la discusión pública. Al priorizar unas cosas (eventos, personajes, valores) sobre otras en la memoria que queda materializada en espacios compartidos, los monumentos provocan conflictos entre distintos públicos. Un monumento nos pide a algunos recordar algo, pero también nos pide a otros olvidar ciertas cosas. Si no fuera así, no se explicaría la disputa que hubo en el 2007 en Veracruz cuando un gobierno municipal panista puso una estatua de Vicente Fox, y el gobierno estatal priísta, ofendido, celebró que fuera derribado en la noche (y recordando que militantes panistas habían tirado una estatua ecuestre de José López Portillo décadas antes en Monterrey, y perredistas otra, unos años después, en Campeche).

Hay poco monumentos que representen matices. De hecho –sobre todo cuando son  figurativos- pretenden exactamente lo contrario. Se intenta recalcar un conjunto limitado de memorias o interpretaciones sobre los personajes representados bajo una luz positiva. No es imposible, pero resulta poco probable imaginar poner un monumento a una persona para recordar primordialmente una evaluación negativa (un ejemplo posible es la estatua con máscara de Carlos Salinas de Gortari). La imposibilidad física de matizar las consecuencias de innumerables hechos a través de una estatua es lo que las hace comunes en contextos con poca discusión pública, y relativamente menos comunes en lugares con mucha discusión pública. En la escultura inalterable no cabe la opinión diferenciada.

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