mayo 8, 2017

Un fósil llamado Marcelino Perelló

Nos fascinan las historias de insectos atrapados en ámbar, vestigios de ropas prehistóricas conservadas por algún azar del clima, huellas de animales extintos grabados en rocas que alguna vez fueron terrenos fértiles. Lamento desperdiciar tantas metáforas en este tema lúgubre, pero algo tienen en común con Marcelino Perelló. Habría que preguntarnos qué gruesa capa de material inexpugnable lo aisló durante décadas del aire que respiramos los demás, hasta que la rasgaron sus comentarios en el programa Sentido contrario del 28 de marzo, difundidos en las redes sociales el 7 de abril.
Leer más

Leer completo

La nueva Daiana. Sin rumores y sin ropa” es la leyenda en la portada de la última edición de la revista Playboy México que aparece al lado de la foto de Daiana Guzmán en ropa interior. La aparición de esta chica en la portada de una revista pornográfica –sin importar que sea la más conocida o no– es, para algunas personas, controversial; para otras es incluso la confirmación de que mintió al denunciar a Kalimba de haberla violado. Más allá de si es verdad lo que Daiana dijo o no, o si pudo probarse la violación, este caso es muy interesante para observar las diferentes concepciones y actitudes respecto de la sexualidad y el cuerpo de las mujeres. Al respecto, es importante recordar un debate feminista en torno a ello, lo que ayudará, me parece, a tener una opinión mejor informada y no estereotípica de la decisión de esta chica y sus implicaciones –si es que las hay.

Por un lado, se encuentra el feminismo para el que las mujeres han sido construidas como objetos sexuales de los hombres, y no como sujetos sexuales. En este sentido, el deseo sexual, y el acto sexual mismo, objetivizan a las mujeres. Entre los hombres y las mujeres hay, entonces, una relación no sólo de subordinación, sino de dominación –similar a la que hay entre una cosa y quien la posee. Para este feminismo, la sexualidad de las mujeres ha sido construida según lo que los hombres quieren, según lo que les da placer. Por lo tanto, cualquier ejercicio de la misma, como las relaciones sexuales –específicamente las heterosexuales–, nunca es libre para las mujeres. En parte porque su papel en éste nunca es como sujetos, y en parte porque se encuentran condicionadas por esta construcción, por lo que aún las manifestaciones explícitas de consentimiento están viciadas, pues no puede elegirse ser un objeto y al mismo tiempo ser libre. El sexo es violento. La violencia se norm(sexu)aliza.

Leer más

Leer completo