
En las dos entregas anteriores intentamos pintar un escenario donde los ciudadanos podrían ejercer actos de periodismo utilizando los recursos tecnológicos a su alcance. Más que una competencia feroz marcada por la desigualdad, quizá un modelo colaborativo ofrecería posibilidades de cambio en las culturas mediáticas y políticas en que distintos ciudadanos interactúan. Esta tercera entrega estaba casi completamente redactada cuando la lista de Forbes anunciaba al mexicano Carlos Slim como el empresario más rico del planeta. Esta noticia no es del todo nueva, pues el estatuto billonario de Slim es bien conocido, al menos en México. Sin embargo, en el contexto de esta discusión sobre las nuevas ecologías mediáticas –y por lo tanto cívicas y políticas–, la coronación del accionista mayoritario de Teléfonos de México como superhéroe del capitalismo avanzado en los tiempos de la recesión económica más astringente desde la posguerra nos obliga nuevamente a rearticular los argumentos y repensar las estrategias.
Carlos Slim, dueño de la infraestructura telefónica residencial y móvil (y por lo tanto de banda ancha y anexas), proveedor de software y hardware en pagos chiquitos para los sectores más insolventes de la sociedad mexicana, logró su riqueza, usando un modelo de éxito económico perteneciente a una época en que la "economía" todavía no era ciencia y el "capitalismo" todavía no tenía ese nombre. El monopolio, el escocés Adam Smith lo había apuntado en su Riqueza de las naciones (1776), es la mejor forma de obtener la mayor ganancia al nulificar la competencia. Desprovistos de alternativas, los consumidores, como los súbditos de una tiranía que no eligieron, se ven obligados a pagar el tributo que el gran señor así decida.
Según el último estudio sobre banda ancha publicado por el Centro Berkman de Estudios sobre Sociedad e Internet de la Universidad de Harvard, de todos los países integrantes de la OECDMéxico tiene la menor penetración de banda ancha (móvil y residencial), así como un número muy bajo de terminales proveedoras de red inalámbrica pública, sin olvidar la velocidad más lenta de todo el grupo. En general, México está en números rojos, en el último lugar, el 30, de la tabla, por debajo de Turquía. Según datos publicados este mes por la BBC , México cuenta con aproximadamente 23 y medio millones de usuarios activos de Internet. Con una población total estimada en 111 millones, todavía hay mucho por hacer en inclusión digital y la enseñanza de usos cívicos de la tecnología digital.
Cualquier práctica de periodismo ciudadano en México se enfrentará a estos retos. Es casi intuitivo decir que la capacidad para innovar está relacionada con la salud del PIB de un país y el nivel educativo de sus habitantes [1]. Sin embargo, como lo han señalado Stump et al. (2008) el nivel de acceso a la educación o un alto nivel socioeconómico no son necesariamente factores que afecten la adopción de tecnologías móviles[2]. Esto quiere decir que los obstáculos para el desarrollo de prácticas periodísticas de vigilancia ciudadana (por ejemplo durante un evento como elecciones o licitación de servicios públicos) no son necesariamente de naturaleza técnica (cualquiera puede aprender a usar un celular; qué hacer con él es la cuestión). Los elementos faltantes son por un lado el que los usuarios estén capacitados para el desempeño cívico y periodístico, no en el sentido "profesional" pero sí de modo autodidacta. Estamos hablando de un elevado nivel de alfabetismo cívico y mediático. Como lo escriben Fieldhouse y Nicholas (2008), "el aprendizaje es ahora un compromiso que dura toda la vida; el alfabetismo informacional es fundamental para la inclusión social."[3] En otras palabras, el uso "funcional" de recursos tecnológicos, como lo comprueba el uso mayoritariamente banal del social media en México, no es suficiente para desarrollar formas efectivas de compromiso ciudadano. Aunque es posible diferenciarles, democracia y periodismo ciudadano van de la mano: la función del segundo es ejercer y promover la primera.
Es un hecho que en México la cultura del monopolio ha ejercido una influencia negativa cuyas consecuencias están muy arraigadas. Es casi impensable en otros contextos: una compañía de telecomunicaciones privada que cuenta como suscriptores a la mayoría si no es que a todo el país, cuyos tentáculos se extienden a los ámbitos más cotidianos de la vida social. Este monopolio sólo pudo haberse dado gracias a la incapacidad ciudadana para cuestionarlo. El ciudadano mexicano o da por hecho el monopolio como situación inmutable o se siente "desempoderado", incapaz de ejercer de forma positiva, con argumentos y propuestas realizables, en el escenario político y cívico y en la vida democrática en pleno. Las grandes diferencias sociales, causa y efecto del enriquecimiento de un puñado de beneficiarios de la pobreza de la mayoría, enrarecen las posibilidades de que la ciudadanía se exprese buscando el bien común y sea tomada en cuenta. Iniciativas internacionales y multilingües como la alianza entre Rising Global Voices y la BBC , son ejemplo que proyectos ciudadanos efectivos pueden tener grandes alcances. Las organizaciones no gubernamentales tienen mucho qué aprender sobre su responsabilidad para educar en el uso de tecnologías digitales en prácticas de periodismo comunitario y de ciudadanía responsable[4]. La ciudadanía mexicana tiene que aceptar el reto de utilizar los recursos digitales para algo más que el cotorreo, la queja improductiva o los pleitos parroquiales. En lo que los ciudadanos pierden el tiempo con insulsos y a veces ofensivos juegos en las redes sociales, otros se reparten el pastel. La pluralidad tendrá que representar una alternativa al monopolismo, antes de que a todos nos apaguen la luz.
Ernesto Priego. Candidato a doctor en estudios de la información en University College London.
[1] Robison, Kristopher K. y Edward M. Crenshaw. (2002). "Post-industrial transformations and cyber-space: A cross-national analysis of Internet development." Social Science Research 31:334-63.
[2] Rodney L. Stump et al, "Exploring the Digital Divide in Mobile-phone Adoption Levels across Countries: Do Population Socioeconomic Traits Operate in the Same Manner as Their Individual-level Demographic Counterparts?" Journal of Macromarketing 2008; 28; 397.
[3] David Nicholas y Maggie Fieldhouse (2008). "Digital Literacy as Information Savvy: The Road to Information Literacy", en Colin Lankshear y Michele Knobel (eds.) Digital Literacies, Concepts, Policies and Practices (Peter Lang: Nueva York).
[4] La labor de OpenActa en México es brillante, y dicta como precedente que es posible hacer converger el periodismo ciudadano con el activismo cívico. http://www.openacta.org/. El Reino Unido aporta tres ejemplos a seguir; uno gubernamental y dos ciudadanos: http://www.mediatrust.org/community-voices/ http://savvycitizens.bcs.org/ y http://www.citizenethics.org.uk/