¿Dónde están nuestros legisladores?

Foto: Milenio/Javier Garcia
Foto: Milenio/Javier Garcia

En las últimas semanas vimos que se acumularon los pendientes del Poder Legislativo, asuntos fundamentales para el futuro del país: la reforma sobre Derechos Humanos, la ley para combatir los secuestros, la de seguridad nacional, la reforma política, la que facilitará el combate a los monopolios, etcétera.

Como ciudadanos resulta pertinente preguntarnos: ¿dónde está nuestro Congreso y qué están haciendo nuestros representantes?

De acuerdo con la Constitución, el Poder Legislativo mexicano sesiona durante dos periodos ordinarios, los cuales empiezan el primer día de los meses de septiembre y de febrero, respectivamente. No pudiendo prolongarse más allá del quince de diciembre –excepto cuando el Presidente de la República inicie su mandato, en cuyo caso podrá extenderse hasta el 31 del mismo mes— y el 30 de abril. Es decir, en situaciones normales nuestro Congreso únicamente se reúne durante seis meses y medio al año.

La respuesta a la primera interrogante –qué hace el Congreso actualmente— es que nuestro parlamento, a pesar del trabajo pendiente, se encuentra en receso.

Prácticamente desde el inicio del México independiente, “se ha optado por que el Congreso esté reunido el menos tiempo posible, para evitar el desgaste político de la crítica parlamentaria al gobierno. La tendencia que ha prevalecido ha sido la de sesionar durante pocos meses, con resultados que van más allá de lo previsto por quienes sólo se preocuparon por facilitar la acción del Ejecutivo.”[1]

El texto original de la Constitución de 1917 establecía un periodo de sesiones legislativas de solamente cuatro meses. Tal vez los periodos tan acotados tuvieron alguna razón de ser en el pasado –cuando la labor de los representantes y en general la tarea parlamentaria era mucho más simple. Sin embargo, en la actualidad, tener a las Cámaras legislativas funcionando únicamente de medio tiempo parece ser un lujo excesivo para el país.

Con los periodos de sesiones tan breves se rompe la continuidad del propio trabajo legislativo, impidiendo el análisis detallado y el correspondiente debate de las iniciativas. Además dificulta una de las tareas fundamentales de los parlamentos modernos: la fiscalización y el control político sobre el Poder Ejecutivo.

De hecho, si revisamos el funcionamiento de los Congresos de otros países, México destaca precisamente por los periodos de sesiones tan reducidos. Dentro del derecho comparado, encontramos desde los nueve meses que sesiona el parlamento argentino, hasta los que lo hacen de forma prácticamente continua, como los legislativos de Uruguay, Colombia, Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y un larguísimo etcétera.

Se puede argumentar –y con razón— que ampliar el tiempo en que sesiona el Congreso no necesariamente se va a traducir en un mayor y un mejor trabajo legislativo. Sin embargo, la brevedad de dichos periodos sí garantiza que no haya tiempo para realizar el trabajo, y que una buena parte de los asuntos se dejen para “el próximo periodo”.

Y esto tiene importantes consecuencias, tanto para el propio Congreso, como para la sociedad. Como atinadamente apunta Josep Colomer:

El Congreso mexicano es extremadamente débil, sobre todo debido a la brevedad de los periodos de sesiones (…), lo cual reduce en gran medida las oportunidades congresuales de desarrollar sus propias iniciativas. Este elemento es tan crucial que cabe incluso temer que el propio cambio político se demore o se aplace por falta de tiempo de los congresistas de elaborar, discutir y aprobar las correspondientes reformas constitucionales y legislativas. La reforma constitucional para ampliar los periodos de sesiones del Congreso mexicano podría considerarse casi como una condición necesaria para hacer viable el conjunto de las reformas.[2]

La respuesta a la segunda pregunta –en dónde están actualmente nuestros legisladores y qué hacen— tampoco nos llama al optimismo. En teoría, están trabajando en las comisiones legislativas[3] –que son los comités en donde se desahoga buena parte del trabajo parlamentario—, las cuales funcionan de forma ininterrumpida, y están obligadas a reunirse por lo menos mensualmente.

En realidad, a nuestros representantes –con algunas notables excepciones— les estamos pagando mientras llevan a cabo tareas ajenas a su mandato. La mayoría están metidos en la pelea electoral que viven los estados, otros haciendo labores de “gestión”. Todo menos el trabajo para el que los elegimos. De hecho, en las últimas semanas hemos visto que buena parte de las reuniones de las comisiones han sido canceladas por falta de quórum. Es decir, debido a que los legisladores no se presentaron.

Hace unos días estuve revisando las iniciativas para reformar la Constitución, presentadas por nuestros Diputados desde 1997. Uno pensaría que nuestros representantes, conscientes de estos problemas, presentarían propuestas para ampliar los periodos o inclusive hacer permanente el trabajo parlamentario. Lo que me encontré es algo muy diferente: algunos diputados han planteado incluso la necesidad de reducir los requisitos para terminar antes los periodos de sesiones. Es decir, ¡para poder trabajar aún menos!

Insisto: ¿Dónde está nuestro Congreso? ¿En qué están pensando nuestros representantes?

José Carbonell. Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM.

[1] Valadés, DiegoEl control del poder, IIJ/UNAM, México, 1998, p. 375.

[2] Colomer, Josep. Reflexiones sobre la reforma política en México, Documento de trabajo # 141, División de Estudios políticos, CIDE. México, 2001, p. 12.

[3]  Además de aquellos legisladores que pertenecen a la Comisión Permanente.


4 comentarios en “¿Dónde están nuestros legisladores?

  1. Yo creo hace falta una persona que ponga el ejemplo en nuestro mexico alguien que si se interese por el pueblo alguien que proponga reformas que en realidad beneficien al pueblo, se me hace injusto que nuestros gobernantes solo piesen en si mismos, da tanto coraje el saber que solo entran a robar y me consta porque yo lo he visto y nuestros diputados que ganan un dineral sin hacer "nada" deberían de quitarse todos los beneficios que tienen como sus viajecitos disque de trabajo que en realidad no dejan nada que beneficie a México, que ellos mismos paguen sus comidas porque nosotros les vamos a pagar su comida y no son comidas de 50 o 60 pesos, ¡No! Gastan miles de pesos en comida y si todo eso lo sumamos de todos nuestros diputados, senadores, gobernantes y funcionarios ¡cuánto no nos estaríamos ahorrando! Todo ese dinero se podría invertir en alguna obra social, reducir el salario a nuestros gobernantes y funcionarios ya que en realidad es mucho lo que ganan, elejir menos diputados y senadores y hacer que nuestras elecciones sean todas al mismo tiempo es mucho lo que se gasta en elecciones que duren el mismo periodo presidentes, senadores, diputados y gobernadores para que asi haya una sincronia porque se pierde mucho tiempo y dinero.

  2. Deacuerdo y sorprendido por el artículo, creo que este problemas por mas que queramos desaparecerlo de una sola ves debemos empezar por partes, pienso que primero debiermos darles un curso del trabajo que deben desempeñar de las utilidades y la importancia que le deben de dar a su labor (aunque para ellos sólo sea ganar dinero y ver a quién le dejarán su puesto) hay mayoritariamente diputados y senadores que no conocen ni la historia ni su himno ni nada que tenga que ver con su nación.

    Debemos poner a trabajar y no a gozar de sus cargos la mayoria de ignorantes que ocupan los lugares, que aprendan en que consiste su trabajo.

  3. creo que andan buscaando nuevos modelos de camionetas para poderlas estrenar en navidad y presumirla al pueblo, asi es que veamos lo que hacen con los impuestos que pagamos. Ahora bien la lucha por el poder sigue viva más allá de la Revolución que tuvimos hace 100 años, el porfiriato sigue latente.
    señores legisladores ya ponganse a trabajar, basta de charlaterias, basta de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Muy buen artículo profesor lo felicito le he estado dando seguimiento a su trabajo, estoy de acuerdo en que se haga una reforma para el periodo de secionar de los diputados y senadores, ya que de por si segun dicen que trabajan cuando el congreso está en sesiones, entonces que es lo que hacen cuando no lo están. De seguro los legisladores deben de estar en sesiones poco tiempo porque se cansan. si claro de no hcer nada, de llenarse sus bolsillos, de estimularse con las ganancias del pueblo.

  4. Yo creo que si se les pagara menos a los legisladores trabajarian mejor, no es posible que con esos sueldos hagan puras tonterías.

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