En las naciones ocurren momentos de inflexión, momentos claves, que cambian el curso de su historia y la esencia misma de su Estado. En el caso de México, sin duda, uno de estos momentos fue el año de 1994. Durante la década de 1990 se fundaron las bases del régimen político mexicano que estuvo vigente desde 1997 hasta ahora. Sin duda, aun en los tiempos de la llamada “Cuarta Transformación”, todavía sufrimos las consecuencias de ese año.

Este 17 de mayo se estrenó en Netflix el documental “1994” en el que su director Diego Osorno intenta hacer una disección de ese año clave en la vida pública de nuestro país. El análisis de ese año es retador, pues los sucesos en esos 12 meses fueron múltiples: la ruptura interna del grupo gobernante por la sucesión, el levantamiento del EZLN en Chiapas, la entrada en vigor del TLCAN, el asesinato de Colosio, la campaña y la elección presidenciales, el asesinato del secretario general del PRI. Para resolver este reto, por un lado, el director narra los acontecimientos políticos desde la perspectiva de las élites y actores principales. En segundo lugar, el director decidió que el asesinato del candidato oficialista fuese el hilo conductor del documental.

Televisón

Ilustración: David Peón

Narrar la historia desde las élites gobernantes no es malo por sí mismo, sino que es un método bastante común para cualquier historiador. Este método es bastante útil para acotar la narración de un documental con cinco capítulos de aproximadamente 50 minutos de duración.  No obstante, esta decisión requiere de un análisis profundo sobre el origen, las aspiraciones y las divisiones del grupo gobernante que sirve de base para el desarrollo del documental. Al estar ausente este entendimiento, una primera consecuencia es que los personajes políticos y los entrevistados parecen surgir por generación espontánea. Me explico: los actores principales de 1994 tenían ya una trayectoria propia, una carrera política y objetivos deseados que explican sus decisiones y acciones.

Esta omisión en conjunción con la decisión de usar el asesinato de Colosio como el aglutinador de la narrativa provocan que el candidato asesinado sea protagonista de “1994”. Esto incita a que el peso de su asesinato opaque a los otros eventos que se mencionan en el documental. Peor aún, naturalmente, los colaboradores de Colosio y el propio expresidente Salinas se vuelven voces omnipresentes. Por lo tanto, se nos presenta una descripción sesgada de la historia en favor de uno de los tantos grupos políticos que fueron protagonistas de ese año.

La participación de Carlos Salinas merece un comentario adicional. El protagonismo de su versión de los hechos es innegable durante el documental. Esto se debe a lo descrito hace unas líneas aunado al carisma (o si se prefiere “colmillo”) del expresidente y al morbo natural que incita una entrevista de un personaje polémico. Osorno intenta equilibrar los dichos del político con las intervenciones del subcomandante Galeano —antes Marcos— sin mucho éxito, por lo que el sesgo en favor de la historia contada por Salinas acaba por ser evidente.

Para ejemplificar por qué es problemática la ausencia de un análisis más profundo del grupo gobernante es útil considerar los dos primeros capítulos del documental: “El sucesor” y “Revolución”. El primero es el episodio que describe el contexto político, especialmente al interior del clan gobernante, en el que se desarrollaron los acontecimientos de 1994. El segundo episodio es una continuación de la descripción de las luchas internas del PRI por la sucesión. También muestra el levantamiento zapatista, pero, más importante todavía, retrata el proceso de toma de decisiones al interior del círculo de poder del presidente.

Es imposible retratar fielmente al grupo en el poder si se ignora que el origen común de muchos de los personajes estaba en la Secretaría de Programación y Presupuesto durante el gobierno de Miguel de la Madrid.1 Entre 1982 y 1988, llega al poder un grupo de funcionarios egresados en su mayoría de universidades estadounidenses con una ideología muy distinta a la que había predominado hasta entonces en el PRI. En este grupo se encuentran personajes como Salinas, José María Córdoba Montoya y Manuel Camacho Solís. Esto “tecnócratas” además de dar mayor preponderancia a la técnica y favorecer el libre mercado, también, tenían muy presente que el monopolio tradicional del PRI en el sistema político mexicano estaba llegando a su fin y que sería necesario más temprano que tarde una reforma al partido y a las reglas de la democracia mexicana para abrir la política a la competencia.

Esta idea de reformar el sistema surge no tanto del idealismo, sino de los límites cada vez mayores del gobierno mexicano para cooptar a la oposición y para mantener la pax priista a causa principalmente de la crisis económica. Además, el reformismo estaba de moda a nivel internacional, especialmente, en el mundo hispano: es indudable, por ejemplo, la influencia de la transición española en personajes como Manuel Camacho.2 Se debe recordar que varios de los protagonistas de la escena política durante la década de 1990 vivieron sus primeros años políticos en el contexto mundial de la “tercera ola de democratización”.

El documental muestra a Luis Donaldo Colosio como una rara avis —en palabras de Agustín Basave— que buscaba la democratización del partido oficial y del régimen político entre muchas resistencias. En realidad, la “apertura” del régimen priista ya estaba en curso, y la aprobación del TLCAN fue muestra de ello. El asesinato de Colosio y el levantamiento zapatista fueron catalizadores, pero hay que recordar que Salinas y su grupo habían alcanzado el poder después de unas elecciones muy cuestionadas, por lo que el clamor por reformas políticas para abrir el régimen era generalizado.

Durante estos dos episodios se reafirma el mito muy extendido de la omnipotencia presidencial ratificado en gran parte por las intervenciones del propio Salinas. La idea errónea del poder presidencial del régimen priista como un monolito pervive en el documental. Esta concepción se refleja claramente cuando en el segundo episodio se trata la reacción del gobierno ante la revuelta del EZLN: el presidente, según su propio testimonio, siempre tuvo clara la estrategia de pacificar Chiapas contra las voces que pedían la aniquilación militar del movimiento.

En este sentido, el papel que desempeñó el comisionado para la paz Manuel Camacho tanto en los primeros meses del movimiento zapatista como en la lucha por la candidatura presidencial queda totalmente relegado. Únicamente, Marcelo Ebrard es testigo favorable a Camacho, que murió en junio de 2015. Extraña que no se haya buscado a otros colaboradores cercanos al excanciller que aún siguen activos en la vida pública como Alejandra Moreno Toscano, Gustavo Gordillo de Anda o Ignacio Marván Laborde. En el documental Camacho queda a la merced de las versiones de quienes fueron sus rivales en vida.

Es comprensible que en un documental de cinco episodios de 50 minutos no se pueda tratar íntegramente la evolución del sistema político mexicano desde la crisis de 1982 hasta la alternancia. No obstante, al no otorgarnos los elementos para comprender 1994 como el año clímax de crisis acumuladas pareciera que este momento histórico surge de la nada. Acontecimientos como el asesinato de Francisco Ruiz Massieu o la crisis económica quedan en el aire y subordinados al gran hilo narrativo del asesinato de Colosio. La docuserie parece tratar más sobre Colosio que del momento histórico que representó el año de 1994. Más aún, el documental se suma al mito de Colosio como mártir de la democracia más que analizarlo como político. De esta manera, la mini serie parece más un homenaje al candidato del PRI que una revisión objetiva del momento político en cuestión.

 

Carlos Monroy


1 Se puede decir que el grupo político que llegó al poder con Salinas en 1988 se creó formalmente a partir de 1982 en la Secretaría de Programación y presupuesto. Sobre este tema la investigadora Isabelle Rousseau tiene un artículo muy esclarecedor sobre el surgimiento de esta nueva élite y su proyecto modernizador. Ver: Isabelle Rousseau, “Las nuevas élites y su proyecto modernizador”, en Del nacionalismo al neoliberalismo 1940-1994, coordinado por Elisa Servía, Fondo de Cultura Económica, México: 2010, 242-294.

2 De hecho, Camacho conoció durante su maestría a Juan Linz, uno de los estudiosos de las transiciones a la democracia más relevante en las Ciencias Políticas. Su influencia es notoria en el trabajo académico de Camacho. Ver: Manuel Camacho Solís, “Los nudos históricos del sistema político mexicano”, Foro internacional 68 (1977): 587-651.