El Eurocuerpo: ¿El futuro ejército europeo?

¿Debe la Unión Europea (UE) tener un ejército propio? Esta pregunta ha figurado en el proceso de integración europea desde el momento mismo en que empezó a hablarse de una Europa unida al término de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, por casi cinco décadas, todo intento por conformar una “Europa militar” fracasó por la falta de compromiso político de los Estados europeos, particularmente de aquéllos reticentes a la idea de construir una defensa común europea. Fue hasta 1992 que el Tratado de Maastricht, que creó la UE, reconoció la idea de que una Europa integrada no estaría completa sin una política exterior y de seguridad común cuya máxima expresión llegara a ser una política de defensa común. La marcada lentitud de la UE por materializar una capacidad militar autónoma refleja, por una parte, que los Estados europeos han resuelto abordar sus asuntos de política exterior y de seguridad común a nivel intergubernamental, manteniendo la norma general de toma de decisiones por unanimidad y, por otra, que la seguridad europea ha estado garantizada desde 1949 por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Este artículo se divide en cinco apartados. El primero presenta un breve recuento de la evolución de la cooperación europea en materia de seguridad y defensa desde la década de 1950 hasta hoy día. El segundo aborda la relación UE-OTAN en sus fases de competencia, cooperación y complementariedad. El tercer y cuarto apartados examinan al Eurocuerpo: su origen, evolución, atributos europeístas y transformación en un instrumento de la OTAN. Finalmente, el quinto apartado presenta algunas reflexiones sobre el futuro de la defensa europea y el papel del Eurocuerpo.

Eurocuerpo

Ilustración: Ricardo Figueroa

La evolución de la defensa europea

La idea de una defensa europea por los europeos y para los europeos no ha sido una aspiración fácil de concretar. Prueba de ello fue el fracaso de la Comunidad Europea de Defensa en 1954, cuyo objetivo era la integración de un ejército europeo vinculado a las instituciones políticas de una Europa unida. Otro fracaso fue la propuesta de 1961 del presidente francés Charles de Gaulle para poner en marcha la construcción política de Europa, conocida como Plan Fouchet, que supuso, en vez de crear un ejército europeo, simplemente la coordinación de las políticas de defensa de los Estados europeos y la cooperación interestatal para la conducción de una política exterior europea unificada. La Cooperación Política Europea, lanzada de manera informal en 1970, también fracasó en integrar la noción de seguridad común desde una perspectiva militar, al referirse únicamente a la consulta entre los Estados europeos sobre cuestiones de política exterior, dejando el tema de la defensa europea nuevamente sin resolver. El impulso a favor de un sistema de seguridad europeo no llegó a apagarse del todo pese al fracaso de estos proyectos y del enorme peso que la división entre los propios Estados europeos terminó por dar a la relación trasatlántica.

Fue hasta 1992 que los Estados europeos acordaron las bases de una Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) regulada por las disposiciones contenidas en el Título V del Tratado Constitutivo de la Unión Europea, mejor conocido como Tratado de Maastricht. La PESC introdujo a su vez las bases de una Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD), al quedar señalado que la PESC abarcará todas las cuestiones relativas a la seguridad de la UE, incluida la definición progresiva de una política de defensa común. La Unión Europea Occidental (UEO), organización de defensa europea cuyo origen se remonta a la firma del Tratado de Bruselas de 1948 entre Francia, Reino Unido, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, fue llamada inicialmente a llevar acabo las decisiones acordadas bajo la PESC que tuviesen implicaciones en el campo de la defensa europea. Sin embargo, la UEO nunca llegó a ser el vehículo apropiado para desarrollar la PCSD, tanto por la limitación de sus recursos como por su fuerte dependencia de la OTAN.

Para la década de 1990, Francia y Alemania propusieron que el Eurocuerpo, cuartel general creado por ambos países en 1992, fuese el vehículo que desarrollase la capacidad militar de la UE. No obstante, la propuesta franco-alemana no prosperó entre los Estados europeos debido a la falta de interés sobre la necesidad de construir una defensa estrictamente europea al estar garantizada por la OTAN. Incluso, la fórmula acordada en la primera revisión formal de la PESC en el Tratado de Ámsterdam de 1997 (que permitía la integración gradual y progresiva de la UEO en la UE) supuso tan sólo un compromiso transitorio entre la posición franco-alemana que buscaba construir una estructura militar dentro de la UE a partir de la UEO, y la más limitada posición británica que contemplaba a la UEO desde la perspectiva del desarrollo de un pilar europeo dentro la OTAN (para entonces, la UEO estaba formada por los Estados miembros de la UE y los miembros europeos de la OTAN).

La puesta en marcha de la PCSD arrancó formalmente con la cumbre franco-británica de St. Malo en diciembre de 1998, en la cual surgió un nuevo impulso a favor de una defensa europea, al abandonar el Reino Unido su tradicional resistencia a la cooperación defensiva en el marco de la UE, lo que permitió hacer un llamado a los Estados europeos para dotar a la UE de una capacidad militar que correspondiese a su peso económico para responder, de manera efectiva y como bloque, a conflictos y crisis humanitarias en el continente europeo. La disminuida participación europea en el conflicto de Kosovo (1998-1999) supuso la aceptación del llamado de St. Malo, al concretarse, en el Consejo Europeo de Colonia de junio de 1999, la decisión de dotar a la UE de una capacidad de acción militar autónoma, aunque sin perjuicio de las acciones propias de la OTAN. Los sucesivos Consejos Europeos desarrollaron, gradualmente, las bases y los procedimientos necesarios para dotar a la UE de una estructura institucional y operativa para actuar como sujeto global en el campo de la seguridad internacional.

El Objetivo General de Helsinki 2003, adoptado en el Consejo Europeo de Helsinki de diciembre de 1999, fue el primer gran paso para dotar a la PCSD de una dimensión propia. Los Estados miembros de la UE se comprometieron, sobre la base de aportaciones voluntarias, a disponer para el año 2003 de fuerzas militares capaces de ser desplegadas rápidamente (en 60 días) y operar (al menos por un año) todo el espectro de las llamadas Misiones de Petersberg: misiones humanitarias, de mantenimiento de la paz y de gestión de crisis (estas misiones fueron establecidas por el Consejo de Ministros de la UEO en junio de 1992). El Consejo Europeo de Helsinki representó también el logro de reunir la gestión europea de crisis bajo el techo común de la UE, al quedar establecido un sistema político-militar institucional de planeación y gestión de crisis: un Comité Político y de Seguridad (COPS), un Comité Militar (CMUE) y un Estado Mayor (EMUE). Este sistema supuso la transferencia definitiva a la UE de las funciones acordadas para la UEO por los Tratados de Maastricht y Ámsterdam.

Este avance no supuso el establecimiento de un ejército europeo permanente y plenamente integrado. Para ello hubiera sido necesario llegar a un pacto como al que se intentó sin éxito con la Comunidad Europea de Defensa en 1954, de tal manera que aspectos prácticos como los nombramientos de los jefes de unidades, la definición de los requerimientos militares, las bases de reclutamiento, los procesos de estandarización, capacitación y uniformidad de equipos, por mencionar sólo algunos, no sólo fueran comunes y accesibles por todos los Estados participantes, sino además fueran únicos. El esquema de aportaciones voluntarias hizo necesario establecer, en el Consejo Europeo de Niza de diciembre de 2000, un mecanismo de evaluación y monitoreo del grado de cumplimiento de los compromisos adquiridos por los Estados europeos con el Objetivo General de Helsinki 2003. El retraso y la falta de cumplimiento de las aportaciones voluntarias hicieron necesario la aprobación de nuevas metas para el año 2010.

La entrada en vigor del Tratado de Lisboa en diciembre de 2009 —tratado que organiza y clarifica por primera vez las competencias de la UE— representó un triunfo para la PESC y la PCSD. En el ámbito de la política exterior, el Tratado de Lisboa dotó a la UE de personalidad jurídica (la capacidad de firmar tratados internacionales) y de un servicio diplomático (el Servicio Europeo de Acción Exterior que actúa bajo la autoridad del Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad). En el campo de la defensa introdujo la posibilidad de que los Estados europeos que tengan la capacidad y voluntad de avanzar profundicen su cooperación mediante compromisos vinculantes. Así, el objetivo de la llamada Cooperación Estructurada Permanente es reforzar conjuntamente las capacidades de defensa de los Estados europeos y ponerlas a disposición de las operaciones militares de la UE, maximizando la eficacia del gasto en defensa.

En los últimos cinco años, los Estados miembros de la UE han intensificado su cooperación en materia de seguridad y defensa principalmente a través de las decisiones y acuerdos alcanzados por el Consejo Europeo (institución integrada por los Jefes de Estado o de Gobierno de los Estados miembros de la UE y el presidente de la Comisión Europea, encargada de definir las políticas y prioridades de la UE), y por la labor del Consejo de la UE (foro que reúne a los ministros nacionales de los países de la UE para adoptar la legislación y coordinar las políticas europeas). Destacan los siguientes acontecimientos:

• Diciembre de 2013: el Consejo Europeo abordó asuntos defensa por primera vez desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, definiendo acciones prioritarias para una cooperación más intensa, encaminadas a incrementar la efectividad, visibilidad e impacto de la PCSD, mejorar el desarrollo de las capacidades militares de la UE y fortalecer la industria europea de la defensa.

• Junio de 2016: la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, presentó la Estrategia Global sobre Política Exterior y de Seguridad de la UE, la cual ofrece una visión estratégica del papel de la UE en el mundo.

• Julio de 2016: en la cumbre de la OTAN de Varsovia, el presidente del Consejo Europeo, el presidente de la Comisión Europea y el secretario general de la OTAN firmaron una declaración conjunta sobre la cooperación UE-OTAN, que tiene por objeto continuar reforzando la cooperación entre ambas organizaciones.

• Noviembre de 2016: la Comisión Europea presentó el Plan de Acción Europeo de Defensa, que contempla la creación de un Fondo Europeo de Defensa como complemento a los esfuerzos nacionales y otras medidas que tienen por objeto ayudar a los Estados miembros de la UE a realizar un gasto más eficiente en capacidades conjuntas de defensa, reforzar la seguridad de los ciudadanos europeos y fomentar una base industrial competitiva e innovadora.

• Diciembre de 2016: el Consejo Europeo reafirmó la necesidad de fortalecer la seguridad y la defensa de Europa, a través del fortalecimiento de la cooperación de la UE en materia de seguridad exterior y defensa, fijando tres prioridades: la Estrategia Global sobre Política Exterior y de Seguridad de la UE; el Plan de Acción Europeo de Defensa; y la aplicación de las propuestas consecutivas a la Declaración Conjunta UE-OTAN firmada en julio de 2016 en Varsovia.

• Junio de 2017: creación de la Capacidad Militar de Planificación y Ejecución dentro del Estado Mayor de la UE, la cual mejorará las estructuras de gestión de crisis de la UE.

• Diciembre de 2017: lanzamiento de la Cooperación Estructurada Permanente con la participación de 25 de los 28 Estados miembros de la UE (no participan Dinamarca, Malta y Reino Unido).

• Julio de 2018: firma de una nueva Declaración Conjunta UE-OTAN, la cual constituye una visión compartida sobre el modo en que ambas organizaciones actuarán conjuntamente frente a las amenazas para la seguridad común.

• Diciembre de 2018: el Consejo Europeo celebró los avances realizados en el ámbito de la seguridad y la defensa, particularmente la ejecución de la Cooperación Estructurada Permanente y la mejora de la movilidad militar. Asimismo, refrendó el pacto sobre la vertiente civil de la política común de seguridad y defensa.

Actualmente, la UE cuenta con una estructura institucional y varias herramientas y proyectos complementarios en el campo de la seguridad y la defensa. Las medidas adoptadas y los proyectos en discusión contribuirán a profundizar gradualmente la autonomía estratégica de la UE y su capacidad para actuar como proveedor de seguridad, orientando al mismo tiempo su relación con la OTAN y otros socios.

La relación UE-OTAN

La relación entre la UE y la OTAN ha transitado entre fases de competencia, cooperación y complementariedad. Durante la Guerra Fría (1945-1991) y hasta el año 2000, el peso de la relación trasatlántica en la seguridad europea dividió a los Estados europeos en tres grandes grupos: los atlantistas, los europeístas y los Estados neutrales. Los Estados atlantistas estuvieron liderados por la posición anglo-italiana, a la que comúnmente se han sumaron Dinamarca, España, Irlanda, Portugal, Grecia y los países de Europa del Este. Por su parte, los Estados europeístas estuvieron liderados por la posición franco-alemana, a la que se sumaron Holanda, Bélgica y Luxemburgo. Aunque más europeístas que atlantistas, Austria, Finlandia y Suecia han sido considerados Estados neutrales por su poca o casi nula injerencia en asuntos de defensa. Esta división intraeuropea apuntó a una relación de competencia entre la UE y la OTAN.

La lógica de que la UE solo alcanzaría una capacidad militar efectiva con acceso a los recursos de la OTAN desvío la interpretación de competencia a una necesaria relación de cooperación con la OTAN. El marco cooperativo de los acuerdos Berlín Plus, adoptado en 2003, es un ejemplo indicativo de la cooperación pactada entre la UE y la OTAN. Dicho marco facilitó a la UE acceso a los numerosos recursos de la OTAN como medida para complementar las reducidas capacidades militares de los Estados europeos, también tecnológicamente inferiores, creado una relación clientelar con la OTAN. De acuerdo con Nicholas Williams, investigador y miembro asociado de la organización no gubernamental, European Leadership Network, “los acuerdos Berlín Plus ofrecieron además un compromiso razonable para resolver la fricción inherente entre las demandas de Estados Unidos de que sus aliados europeos hagan más de una manera que no socave a la OTAN, por un lado, y las ambiciones de los países europeos de desempeñar un papel más importante en materia de seguridad y defensa”. No obstante, como señala Mario A. Laborie Iglesias, miembro del Grupo de Trabajo sobre el Concepto Estratégico de la OTAN del Real Instituto Elcano, el hecho de que la colaboración en materia de defensa haya quedado, por varios años, en manos de la UEO en lugar de la UE, recalca el alcance limitado de la construcción de un pilar europeo en la OTAN, pues la realización de operaciones militares bajo el control de la UEO quedó supeditada a las operaciones en las que la OTAN no estuviera implicada”.

Tuvieron que pasar 20 años para que la UE y la OTAN reconocieran que la seguridad de ambas organizaciones está interconectada y, por tanto, que es complementaria (22 Estados miembros de la UE son también aliados de la OTAN). Este reconocimiento se efectuó en julio de 2016 cuando el Presidente del Consejo Europeo y el Presidente de la Comisión Europea, junto con el Secretario General de la OTAN, firmaron una Declaración Conjunta con el fin de dar un nuevo impulso y fundamento a la asociación estratégica UE-OTAN. Dicha declaración señaló siete ámbitos concretos para mejorar la cooperación: 1) amenazas híbridas; 2) cooperación operativa con inclusión de cuestiones marítimas y migración; 3) seguridad cibernética; 4) desarrollo de capacidades de defensa; 5) industria de la defensa e investigación; 6) ejercicios coordinados; y 7) asistencia a los socios del Este y del Sur en sus esfuerzos de ampliación de capacidades. En julio de 2018, la UE y la OTAN firmaron en Bruselas una segunda Declaración Conjunta en la que instaron a lograr progresos rápidos y verificables.

Actualmente, la relación UE-OTAN transita por una fase de entendimiento y renovada complementariedad. De acuerdo con un informe presentado por la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo en mayo de 2018, las acciones de la UE y la OTAN deben ser complementarias en la dimensión relativa a la seguridad, con pleno reconocimiento de que la OTAN es una alianza militar y que la UE no lo es, pero que como actor estratégico mundial y proveedor de seguridad, la UE cuenta con un abanico único y amplio de instrumentos a su disposición para hacer frente a los desafíos actuales de forma global a través de sus diversas políticas. El informe destaca asimismo que de acuerdo con los objetivos de su Estrategia Global, la UE está asumiendo la responsabilidad de su propia seguridad y defensa y su papel como socio para la paz y la seguridad internacionales, así como su capacidad de actuar de forma autónoma, al tiempo que refuerza también su contribución a la OTAN y promueve una cooperación más estrecha. En este contexto, el informe llama a una asociación más profunda en virtud de los intereses convergentes en materia de seguridad y defensa, destacando que la asociación estratégica UE-OTAN es fundamental para la evolución de la PCSD de la UE y para el futuro de la OTAN.

El Eurocuerpo: origen y evolución

El origen del Eurocuerpo se remonta al Tratado del Eliseo firmado en 1963 por el presidente francés, Charles de Gaulle, y el canciller alemán, Konrad Adenauer. Este tratado estrechó los lazos entre Francia y Alemania y permitió a ambos países buscar intercambios entre sus respectivas fuerzas armadas, además de cooperar en el ámbito de la industria de la defensa, lo cual mantuvo vivo el deseo de construir una defensa europea. Sin embargo, el proyecto franco-germano pronto enfrentó la reticencia de los británicos, holandeses e italianos, para quienes el papel de la OTAN no debía disputarse al ser un componente esencial de la defensa europea desde la firma del Tratado del Atlántico Norte en abril de 1949.

Resultado de la división intraeuropea, para la década de 1990, la concepción del Eurocuerpo como prototipo de un ejército europeo quedó acotada a una iniciativa bilateral, nuevamente franco-alemana, consumada por el presidente francés, François Mitterrand, y el canciller alemán, Helmut Kohl. En 1992, el Informe de La Rochelle sentó las bases y el calendario para la constitución de un cuartel general multinacional europeo abierto a la participación de otros países del continente (Bélgica se incorporó en 1993, España en 1994 y Luxemburgo en 1996). El Eurocuerpo fue declarado oficialmente operativo en 1995. Actualmente reúne a cinco Estados marco (Alemania, Bélgica, España, Francia y Luxemburgo) y a cinco Estados asociados (Grecia, Italia, Polonia, Rumania y Turquía).

En 1999, los Estados marco del Eurocuerpo declararon en Colonia, Alemania, en ocasión de la reunión del Consejo Europeo, su acuerdo de adaptar el cuartel general del Eurocuerpo al nuevo escenario estratégico en el continente. Esta declaración de carácter político fue desarrollada por el Informe de Luxemburgo que estableció las directrices generales para la transformación del Eurocuerpo en un Cuerpo de Reacción Rápida a disposición de la UE. La dimensión atlántica del Eurocuerpo se concretó en 2003 cuando fue integrado a la estructura militar de la OTAN, al ser certificado como Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad y, en 2006, integrado al sistema de rotación de la Fuerza de Reacción Rápida de la OTAN. Actualmente, el Eurocuerpo también puede ser puesto a disposición de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) como fuerza secundaria de apoyo. A diferencia de otras unidades militares europeas, el Eurocuerpo está estructurado bajo la lógica de mando de un ejército nacional. Cuenta con un Cuartel General permanente en Estrasburgo, Francia, un Comité Común multinacional, un Comandante General, oficiales de rango, asesores y un presupuesto ordinario.

El Eurocuerpo: entre Europa y el Atlántico

El primer atributo europeísta del Eurocuerpo está relacionado con lo que simboliza en el proceso de integración europea. Su creación significó la reconciliación de la enemistad franco-alemana y representó una novedad histórica al ser la primera unidad militar multinacional que se creó en Europa en un entorno de paz. El intento fallido por consolidar a la UEO como componente de defensa de la UE representó al Eurocuerpo una primera oportunidad para dotar a la UE de una capacidad militar que sirviera al propósito de los objetivos de su acción exterior, particularmente el mantenimiento de la paz y el fortalecimiento de la seguridad en Europa (el Tratado de Ámsterdam de 1997 incorporó a las Misiones de Petersberg al acervo comunitario de la UE). No obstante, pese a haber sido declarado operativo en 1995, el Eurocuerpo pronto tuvo que hacer frente a otras unidades militares creadas dentro del marco de la UE que tuvieron el efecto de apartarlo del radar europeo: las eurofuerzas (fuerza militar que opera bajo las órdenes del Consejo de la UE para llevar a cabo operaciones de gestión de crisis en el marco de la PCSD) y los grupos de combate europeos (unidades de despliegue rápido enmarcadas en el contexto de la PCSD para intervenciones internacionales y misiones próximas a un escenario de guerra). La firma de una Carta de Intención entre el Eurocuerpo y el Estado Mayor de la UE en enero de 2016 representa un triunfo tardío para el Eurocuerpo, pero facilitará desarrollar vínculos más estrechos con las instituciones de la UE que permitan, eventualmente, incorporar al Eurocuerpo dentro de las estructuras y mecanismos de la PCSD. Por ahora, el acuerdo incluye la colaboración, entre otros ámbitos, en el intercambio de información, la formación y el entrenamiento, así como un aumento de la eficiencia en la respuesta ante una crisis.

El segundo atributo europeísta del Eurocuerpo se refiere al desarrollo potencial de capacidades militares. El principio rector de la actuación del Eurocuerpo en el terreno es el de la interoperabilidad, que tiende a la estandarización de los sistemas de comunicación, armas, suministros y vehículos de las tropas de los Estados participantes. En este sentido, el Eurocuerpo responde a la necesidad de reordenar el sector industrial de la defensa europea, al abordar el debate más amplio sobre la necesidad de la convergencia militar de los Estados europeos. En efecto, el problema logístico de fondo que se ha observado en la UE ha sido encontrar algún criterio de comparación de los esfuerzos y compromisos nacionales de defensa que sea aceptado por todos los Estados que participan: ¿debe cada Estado asignar lo que estima conveniente o deben las contribuciones en defensa guiarse por criterios de proporcionalidad? Hasta ahora, las aportaciones europeas en el campo de la defensa han sido acorde con las capacidades de cada Estado, lo cual ha resultado en una fragmentación y retraso tecnológico de la industria de la defensa europea.

El tercer atributo europeísta del Eurocuerpo se relaciona con su carácter multinacional. Para que funcione, el Eurocuerpo precisa de una actitud positiva de cooperación y de un sentimiento de cohesión entre el personal multinacional que lo conforma (alemanes, belgas, españoles, franceses y luxemburgueses son iguales en el seno del Eurocuerpo, ejercen su mando por rotación y toman decisiones por consenso en el Comité Común). Al operar con una insignia común que concilia lo nacional y lo postnacional, el Eurocuerpo representa un símbolo de unidad, de cohesión e integración. En este aspecto, se diferencia de otras unidades militares que actúan bajo su propia bandera, por lo que el Eurocuerpo logra fomentar un patriotismo europeo que supera las connotaciones estrictamente nacionales de otros cuerpos militares.

Bajo estos europeístas, el Eurocuerpo aspira a convertirse en el principal cuerpo militar de despliegue rápido para las operaciones de la UE. Ha participado ya en dos operaciones de la UE. En 2015 lideró la Operación de Entrenamiento de la UE en Mali (EUTM MALI) y tras las firma de una Carta de Intención con el Estado Mayor de la UE, el Eurocuerpo lideró la Operación de Entrenamiento de la UE en la República Centroafricana (EUTM RCA) en 2016-2017. El Eurocuerpo ha asumido también el papel de sede de la fuerza desplegable de dos grupos de combate de la UE de manera consecutiva: durante el segundo semestre de 2016 y el primer semestre de 2017. Al frente de las operaciones de la UE, el Eurocuerpo ha mostrado su capacidad como cuartel general para realizar operaciones conjuntas bajo un enfoque integral de mando.

La transformación del Eurocuerpo en un instrumento atlántico se concretó en 1993 con la firma de un acuerdo técnico entre el Comandante del Mando Aliado de Operaciones de la OTAN (SACEUR, por sus siglas en inglés) y los Jefes de Estado Mayor de los Estados marco del Eurocuerpo (Francia y Alemania en ese momento). Desde entonces, el Eurocuerpo se encuentra a disposición de la OTAN bajo el mando del SACEUR para el despliegue de operaciones compartidas. En reconocimiento a su capacidad de despliegue y operación en el terreno, en 2002, el Eurocuerpo fue certificado como Fuerza de Despliegue Rápido de la OTAN (NATO High Readiness Force) y en 2006 como Fuerza de Respuesta de la OTAN (NATO Response Force, NRF), siendo integrado a su sistema rotativo. Pese a su integración a la OTAN, el Cuartel General del Eurocuerpo mantiene su estatus como Cuartel General integrado pero autónomo de la estructura militar de la OTAN, en tanto no es propiamente un brazo armado de la OTAN y su despliegue requiere el consenso de los Estado marco que lo integran (Alemania, Bélgica, España, Francia y Luxemburgo).

Desde su integración a la OTAN, el Eurocuerpo ha participado en cuatro operaciones de la Alianza Atlántica: la Fuerza de Estabilización de la OTAN en Bosnia-Herzegovina (SFOR, 1998-2000); la Fuerza de la OTAN en Kosovo (KFOR, 2000), en la que el Eurocuerpo lideró la misión por primera vez en su historia; y en dos ocasiones en la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad en Afganistán de la OTAN (ISAF, 2004-2005 y 2012), en cuya primera participación el Eurocuerpo lideró la misión. Estas operaciones tuvieron en común dos elementos: en primer lugar, fueron operaciones militares multinacionales lideradas por la OTAN que cumplieron objetivos de imposición, estabilización y consolidación de la paz, en paralelo a la acción humanitaria emprendida por las misiones humanitarias de la ONU; en segundo lugar, fueron operaciones en las cuales las fuerzas de la OTAN participaron en calidad de fuerzas de entrada para ceder después el mando operativo a fuerzas de estabilización y seguridad.

El futuro de la defensa europea: ¿El Eurocuerpo?

La construcción de una defensa europea continúa estando presente en el centro de la profundización de la integración europea. La UE ha logrado importantes avances desde que la PESC quedó establecida en virtud del Tratado de Maastricht de 1992 y ha sido reforzada progresivamente por los Consejos Europeos. La creación de diversos órganos políticos (civiles) y militares permanentes actualmente provee a los Estados miembros el marco institucional para el planeamiento estratégico y despliegue de todas las operaciones dirigidas por la UE. Por su parte, la puesta en marcha de la Cooperación Estructurada Permanente a finales de 2017 representó un paso histórico y una apuesta concreta para que la UE profundice su integración en el campo de la defensa. No obstante, aún es pronto saber hasta qué punto la Cooperación Estructurada Permanente contribuirá a fortalecer las capacidades militares de la UE y su autonomía estratégica para actuar de manera independiente o como socio cuando sea necesario. Una gran diferencia entre la Cooperación Estructurada Permanente y otras formas de cooperación adoptadas hasta entonces es su carácter permanente, estructurado y jurídicamente vinculante de los compromisos contraídos por los 25 Estados miembros participantes. El Brexit ha facilitado la puesta en marcha de una mayor colaboración en el ámbito de la defensa europea, considerando que el Reino Unido se ha mantenido tradicionalmente escéptico respecto al fortalecimiento de las capacidades militares de la UE, al considerar a la OTAN como el principal vehículo de la defensa europea.

Mirando hacia el futuro, la Comisión Europea publicó en junio de 2017 un documento de reflexión sobre el futuro de la defensa europea, el cual expone tres posibles escenarios que ilustran tres niveles de ambición diferentes: 1) un escenario de cooperación en materia de seguridad y defensa en el cual los Estados miembros cooperen de manera voluntaria caso por caso, la UE complemente los esfuerzos nacionales y desarrolle capacidades conjuntas a través del nuevo Fondo Europeo de Defensa, y la cooperación UE-OTAN conserve el formato y estructura actuales; 2) un escenario de seguridad y defensa compartidas donde los países de la UE pongan en común determinados activos financieros y operativos para aumentar la solidaridad en el ámbito de la defensa, acompañado de una voluntad política de actuar, con una UE más comprometida con la protección de Europa dentro y fuera de sus fronteras, y con una relación de cooperación y coordinación mutua con la OTAN en diversos asuntos; y 3) un escenario de defensa y seguridad comunes que prevé la definición progresiva de una política de defensa común de la UE a partir de una cooperación fortalecida entre Estados miembros afines, haciendo de la protección de Europa una responsabilidad compartida de la UE y la OTAN, en donde la UE estaría en condiciones de llevar a cabo operaciones de seguridad y defensa de alto nivel sustentadas por la integración de las fuerzas de defensa de los Estados miembros.

Como se observa en estos escenarios, el peso de la relación trasatlántica continuará siendo un factor clave para evaluar hasta qué punto la UE está desarrollando capacidades militares autónomas y tecnológicamente avanzadas. La apelación a la complementariedad con la OTAN y a su papel fundamental en la seguridad de Europa refleja el peso que la relación trasatlántica mantiene en los mecanismos de seguridad europeos (incluido el Eurocuerpo). Si bien la UE busca desarrollar una defensa autónoma, en el entorno estratégico actual, la relación trasatlántica continuará siendo fundamental para la seguridad del continente europeo (22 Estados miembros de la UE son también aliados de la OTAN). Dicha relación deberá continuar desarrollándose con pleno respeto de la autonomía decisoria y los procedimientos de ambas organizaciones y sin perjuicio del carácter específico de la política de seguridad y defensa de los Estados miembros. A su vez, en la revaloración y extensión estratégica del concepto de seguridad trasatlántica, la OTAN continuará encontrando en la UE a un importante aliado en cuanto a proyección normativa se refiere, sobre todo al asumir misiones fuera de su área de intervención tradicional de la defensa colectiva.

El futuro de la relación UE-OTAN prevé, por lo menos, dos caminos. Un primer camino sería mantener el criterio de asignación de responsabilidades sobre una base territorial, de tal manera que la UE pudiera dedicarse a la resolución de conflictos en el continente europeo, mientras que la OTAN se dedicase a los intereses globales de sus Estados miembros. Un segundo camino sería la división de tareas sobre bases equitativas para evitar que la OTAN se dedicase únicamente a operaciones que requiriesen el empleo de medios militares tecnológicamente avanzados, mientras la UE a operaciones más sencillas pero que requiriesen una aportación numerosa de tropas. Para que este proceso de reparto de funciones sea posible, es necesario que exista una confianza inequívoca por parte de la OTAN sobre la capacidad de la UE de asumir mayores y propias responsabilidades en materia de defensa, así como estrechar la distancia cualitativa y cuantitativa en medios y tecnologías militares. El camino que prevalecerá dependerá del impulso y ambición con que la UE busque concretar una defensa europea: como un fin en sí mismo, como medio para contrarrestar la preponderancia de la OTAN en la seguridad europea o como reconocimiento a su responsabilidad compartida y complementaria en el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional.

Finalmente, en la construcción de la defensa europea continuará el debate de si la UE debe contar con un ejército propio. Hasta ahora, los Estados miembros de la UE han dejado fuera del debate la formación de un ejército europeo concentrándose en el incremento cuantitativo y cualitativo de sus capacidades militares. La UE ha desarrollado un marco institucional cuyo máximo órgano de decisión es un aparato político, no militar (el Comité Político y de Seguridad del Consejo de la UE ejerce el control político y la dirección estratégica de las misiones de la UE), al tiempo que mantiene un esquema de despliegue de distintas unidades militares, siendo las principales las eurofuerzas y los grupos de combate europeos. El análisis del Eurocuerpo, bajo una óptica euroatlántica, permite definir perspectivas futuras sobre el futuro de la defensa europea: ¿Representa el Eurocuerpo el futuro de la defensa europea? ¿Es el prototipo de un ejército europeo?

Desde 1995, año en que fue declarado operativo, el Eurocuerpo no ha cesado de incrementar su preparación y contribución a diversas operaciones desarrolladas por la UE y la OTAN. No solo representa una inequívoca vocación por la paz y la seguridad en Europa, sino también la máxima expresión de la integración militar europea: es un cuerpo multinacional experimentado, certificado para una amplia gama de operaciones, al servicio de distintas organizaciones, con recursos y presupuesto propios, y que funciona bajo la lógica de mando de un ejército nacional. De manera especial y como ninguna otra de las unidades militares europeas, el Eurocuerpo hace compatible sus atributos europeos con su despliegue como Fuerza de Respuesta de la OTAN, y sin embargo, ha quedado corto en representar un instrumento de primera línea en el horizonte de la defensa europea. La firma de la Carta de Intención entre el Eurocuerpo y la UE en 2016 representó un movimiento significativo que eventualmente pudiera abrir el camino para incorporar al Eurocuerpo dentro de las estructuras y mecanismos de la PCSD. De lograrse, el Eurocuerpo no solo se convertiría en el activo militar más importante de la UE, sino que podría inclinar la balanza de la construcción de la defensa europea del Atlántico a Europa.

 

Estanislao Sánchez Rodríguez
Miembro de carrera del Servicio Exterior Mexicano. Cuenta con un máster en Integración Europea por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y una especialidad en Estudios de la Integración Europea por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).