En la clásica tragedia griega, Dédalo construye alas para que él y su hijo Ícaro pudieran escapar la isla de Creta. Las alas, construidas de plumas de pájaro y cera, eran delicadas por lo cual el padre instruye al hijo no elevarse mucho, porque la cercanía con el sol podría destruirlas. Vuelan, cruzan cuatro islas, pero después de un rato, confiado, Ícaro se eleva demasiado y acaba por causar su propia muerte. Así parece que hoy, Justin, hijo de Pierre Trudeau, 15º Primer Ministro de Canadá1 es artífice del fin de su propia carrera política. Desde México podría parecer increíble que ese primer ministro progresista, con la imagen de un rockstar más que un político hoy tenga un índice de aprobación menor al de Donald Trump.

Pareciera que Justin nació para ser primer ministro, al menos así lo consideró el entonces presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon. En 1972 en una visita oficial a su padre, Pierre, Nixon pidió un brindis en honor al futuro primer ministro, que entonces tenía un año. Su padre contestó “espero que tenga la gracia y habilidad de usted, señor presidente”. Una triste predicción, quizás, porque hoy Justin enfrenta un escándalo que está por sacarlo de su encargo como primer ministro. Visto desde México su error podrá verse como peccata minuta. Observando desde un país que un día sí, y el otro también se entera de casos enormes de corrupción, malversación de fondos o grandes omisiones en las declaraciones patrimoniales de nuestros funcionarios públicos de alto nivel, ¿cómo explicarnos que los canadienses están a punto de votar en contra de Trudeau por haberse pintado la cara de negro en un festival siendo profesor universitario?

Escogí la analogía de Ícaro porque Justin voló con las alas de unas altas y frágiles expectativas. Justin se montó en el legado de su padre, que evitó la secesión de Quebec y puso las bases del bilingüismo oficial en Canadá y lo aderezó con un discurso progresista. El primer gabinete paritario, la regulación de la cannabis y un discurso centrado en las minorías de la nación mosaico.2 Trudeau Jr. parecía destinado a repetir los logros de su padre, quien se convirtió en la figura central de la política canadiense de la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, contrario al slogan de Pierre “razón antes que pasión”, la política de Justin apelaba al sentimiento, al papel de Canadá como una nación noble, incluso en contraste con liderazgos como el de Donald Trump.

Ilustración: Patricio Betteo

Todo esto sirvió como creación del rasero con el que hoy los votantes canadienses lo juzgan. Al ser descubierta la historia en la cual se caracterizó como una persona de color en dos ocasiones, Trudeau dio una breve disculpa pública al bajar de un avión: “debí tener mejor criterio, no debí hacerlo” dijo. Pero también dijo que esas eran las únicas ocasiones en que lo había hecho y se “arrepentía profundamente”. El problema vino cuando tan sólo unos días después el canal Global News reveló un video de una tercera instancia en la cual cayó en el mismo acto, dando al traste no sólo a su imagen como campeón de las minorías, sino con su credibilidad pública.

Entra a escena el Nuevo Partido Demócrata, un partido minoritario de izquierda pero que tiene como su candidato a Jagmeet Singh, miembro de la minoría migrante sij, provenientes del Punjab hindú. El golpe más duro a Trudeau Jr. vino de este partido minoritario, que logró encuadrar el escándalo como una traición a los valores mismos que conforman a la nación canadiense. Al hacer un llamado a las minorías ofendidas por las imágenes, Singh dijo “no renuncien a ustedes, no renuncien a Canadá”. Según la encuesta más reciente de IPSOS, el escándalo puso por primera vez en meses a los conservadores al frente de las preferencias para la elección del 21 de Octubre.

Si bien el primer ministro es elegido por la casa de los comunes a propuesta del Gobernador General –representante de la Commonwealth británica– y no directamente por los votos populares y la desventaja que tiene Justin en las elecciones es apenas de dos puntos, se antoja muy complicado que Verdes y Nuevos Demócratas den su voto por un segundo periodo del actual ocupante de la oficina. Analistas como Henry Olsen hacen ya un llamado público a que la izquierda canadiense defenestre a Trudeau, y lo reconozca como lo que siempre fue: el hijo no tan experimentado de Pierre Trudeau. Tal vez el partido liberal debió plantearse antes cambiar de candidato: la canciller Chrystia Freeland es una academica reconocida internacionalmente y podría haber representado mejor las banderas del partido liberal. Mientras que medios como Foreign Affairs califican de “espectacular autodestrucción” el ejercicio de altas expectativas y decepción que montó el primer ministro canadiense y recuerdan como el desprestigio internacional le costó también el cargo a Stephen Harper. Con una agenda ambiciosa y la evidencia de su hipocresía, Justin Trudeau voló demasiado cerca del sol, en medio de una coyuntura internacional donde los progresistas a través de la “cultura de la cancelación” exigen cada vez mayores estándares éticos de sus líderes, un estándar que Trudeau no fue capaz de cumplir.

 

Saul Vazquez Torres
Licenciado en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey; Asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Consejero Nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD) e integrante de la Iniciativa Galileos.


1 Pierre ocupó en dos ocasiones el cargo; primero entre 1968 y 1979, después entre 1980 y 1984.

2 El término se refiere a que en Canadá se vive un multiculturalismo, opuesta a la tesis de la olla de fundición norteamericana en la cual todos los inmigrantes se convierten en una misma aleación, Canadá respeta y vive sus diferencias.