El martes pudimos atestiguar —una vez más— lo poco que le importa a toda la clase política la crisis de violaciones de derechos humanos, inseguridad y violencia con el espectáculo que  dio las últimas semanas y culminó en la selección de la persona que ahora ocupa la titularidad de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. El proceso donde se incluyó a sociedad civil para establecer indicadores que no fueron tomados en cuenta para armar la terna, las entrevistas de ocho minutos (sí, leyó bien, le dieron ocho minutos a cada persona para responder dudas y presentar su proyecto) a las y los candidatos a la presidencia, y por último el escándalo de las votaciones que culminó en la imposición de Rosario Piedra Ibarra como nueva presidenta de la CNDH, tomando posesión en medio de golpes y una tribuna ocupada.

Ilustración: Víctor Solís

Ante esto, muchas personas cuestionan la efectividad de la CNDH y la cercanía de las personas que hasta ahora han ocupado su presidencia al partido en poder en turno. Y sí, no obstante, este texto pretende explicar por qué pelear por tener una titular realmente independiente importa hoy más que nunca y cómo, a pesar de esas cercanías, la CNDH sí ha dado resultados y tiene un potencial enorme para poder cumplir con su función. Entre ellos un personal dedicado y que lo ha entregado todo para lograr cumplir con su compromiso con las víctimas de este país. La CNDH está conformada por personas que son visitadoras, visitadoras adjuntas, peritos (médicos, psicológicos, balística, biólogos, antropólogos, entre otros), y un amplio personal administrativo que les apoya.

Cuenta con atribuciones que cualquier comisión de la verdad (para saber qué son las comisiones de la verdad, ver aquí) en el mundo quisiera tener, entre los que se encuentran:

• Fe publica;
• Atracción de casos;
• Capacidad de inspeccionar físicamente lugares;
• Solcitar información a dependencias y particulares;
• Llamar a comparecer a autoridades y testigos;
• Solicitar medidas cautelares;
• Presentar denuncias ante fiscalías; y
• Presentar quejas ante Órganos Internos de Control,
• Hacer la calificación definitiva de la reserva de información (hay ocasiones en que ni el INAI da acceso a esta información). Las autoridades no pueden reservar información ni por “seguridad nacional” como quisieron hacer en el caso de Tlatlaya.

Además, cuenta con otros importantes medios de control como las acciones de inconstitucionalidad, recomendaciones generales, informes especiales, investigación de violaciones graves.

Y sí, el pacto de impunidad en este país es una realidad, es estructural, y ha tocado lamentablemente el trabajo de la CNDH; no obstante, en cientos de casos, ha sido esta la única institución en dar la cara por miles de víctimas. Por mencionar algunos ejemplos, los siguientes:

• El caso de Jorge y Javier, estudiantes de excelencia del TEC de Monterrey y que fueron ejecutados por el ejército. La CNDH estuvo ahí, antes que existiera el documental y volviera a estar en el ojo del huracán, acompañando a sus madres y padres. Varias de las imágenes que utiliza el documental #hastalosdientes obran en el expediente de queja.

• En Tlatlaya se documentó la ejecución extrajudicial de 22 personas y tortura de las sobrevivientes. Las autoridades trataron de negarle información a la CNDH aludiendo reserva por seguridad nacional pero se ejerció la facultad de calificar la reserva. La recomendación hoy se sostiene de manera sólida con la evidencia y peritajes realizados, y estoy segura que sin ella, el caso se hubiera cerrado, como demuestran las investigaciones ministeriales y resoluciones judiciales que no han logrado sentencias a los responsables, a pesar de conocer al personal que estuvo involucrado en el operativo.

• El exitoso libro de La Tropa, donde se trata de entender por qué los soldados matan, encontró a sus sujetos de estudio en las recomendaciones de la CNDH.

• El informe especial sobre el conflicto en Michoacán. Que sí, ambos titulares omitieron publicar cuando era relevante y durmieron un año. No obstante, se registraron casi 3,000 testimonios recolectados en campo de víctimas, autodefensas, templarios y autoridades documentando miles de violaciones graves y la existencia de conflicto armado.

• Libros en lenguaje Braille en las escuelas públicas gracias a una queja y a una recomendación de la CNDH, cuando la SEP no tenía ni censo de cuántas niñas, niños y adolescentes requerían libros en Braille o macrotipos para poder estudiar.

• Grupos de policías municipales completos, detenidos, torturados y acusados de delincuencia organizada en operativos dirigidos por Sedena, Marina y gobiernos estatales cuando había que justificar esta guerra. Víctimas a quienes todos abandonaron y nadie acompañó más que la CNDH.

• Conflictos “religiosos” cuando un grupo quemó y destruyó una escuela por tratar de imponer su religión a toda su comunidad, en Nueva Jerusalén, Michoacán, dejando sin escuela y educación laica y gratuita a cientos de niñas y niños. Después del circo en noticieros, solo la CNDH les acompañó.

• La recomendación para la preservación de Wirikuta. Defendiendo la tierra de comunidades indígenas en contra de concesiones mineras.

• Miles de sentenciados abandonados por el sistema de justicia que muchas veces esa recomendación o conciliación les permite cambiar su situación.

• La CNDH conoce hasta el cobro abusivo e indebido de luz por CFE, ayudando a conciliar y gestionar planes de pago.

• Realiza protocolos de Estambul para acreditar tortura. Para los cientos de quejas recibidas en contra de autoridades de federales, pero también para todas las comisiones estatales porque no cuentan con sus propios equipos de peritos.

La CNDH es también mucho más que los casos relevantes -en los que por el mismo pacto de impunidad ha fallado-. Son miles de víctimas que no tienen acompañamiento de ninguna organización de la sociedad civil (porque no hay organizaciones suficientes que se den abasto), ni defensores públicos o asesores legales que alcancen y que en muchas ocasiones la CNDH es lo único que tienen y la única competente para determinar si en ese caso concreto existe o no violación a derechos humanos.

Por todo lo anterior, sumado a la crisis de derechos humanos que se vive, la selección de su titular es tan importante. Ojalá esta administración nos hubiera demostrado que sí son distintos.

No obstante, la CNDH sigue siendo una institución relevante y necesaria, y a pesar de sus titulares dentro de sus filas hay personas que lo dejan todo. A ellas y ellos, toda nuestra gratitud, porque son personas entregadas, que a pesar de estar completamente rebasadas lo dan todo, sacrificando familia y tiempo personal para hacer su trabajando, por las múltiples noches sin dormir, porque se exponen dejando la “seguridad” de sus casas y sus familias cuando salen de comisión a investigar violaciones graves en medio de conflicto (porque no sabemos nunca si la violación la realizo la delincuencia organizada, autoridades o en colusión), porque documentan miles de horrores sin acompañamiento emocional. Porque se ponen la camiseta, y a pesar de ser regañados por los titulares meten literalmente el cuerpo para hacer nuestro trabajo e incomodar al poder, y defender a las víctimas, como en la marcha de diciembre en 2014 donde formaron un cerco para proteger a manifestantes. Es ahí donde está el corazón, la esencia y el potencial de la institución, en ellas y en ellos, y su compromiso con las víctimas y los derechos humanos.

Tiene deudas con la ciudadanía, sí, pero también hay que reconocer que las instituciones de procuración de justicia, seguridad e investigación de violaciones a derechos humanos se encuentran hoy completamente rebasadas. Es hora de analizar mecanismos externos —como la justicia transicional— que nos auxilien a dar atención a la masividad de víctimas que tiene este país. No obstante, hoy nos toca analizar y seguir peleando por una institución que puede dar mucho más de sí. Pelear por modificar cómo se selecciona su titular y desde ya ver cómo hacerla más funcional. Asimismo, cuidar que no se recorten sus atribuciones y exigir a su nueva titular, Rosario Piedra Ibarra que dé resultados, para que no sean años perdidos durante esta gestión. Para que esto nunca más se vuelva a repetir.

 

Daniela Malpica Neri
Estudió Derecho en la Universidad Iberoamericana y es maestra en Derechos Humanos por la Universidad de Essex.