En los últimos ocho años, el uso de cigarrillos electrónicos se ha incrementado de manera paulatina en los Estados Unidos. Según mediciones recientes de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC en inglés), actualmente el 2.8 % de adultos (mayores de 18 años) usan cigarrillos electrónicos a diario o en algunos días (esta pregunta no especifica el número de veces o días de uso al mes). Entre adultos jóvenes (de 18 a 24 años) el 5.2 % reporta uso diario o en algunos días. Sin embargo, el mayor incremento ha sido particularmente entre los más jóvenes. El incremento más significativo se ha dado entre estudiantes de secundaria (uso de cigarrillos electrónicos aumentó en 48.5 % [de 3.3 % a 4.9 %]) y preparatoria (uso de cigarrillos electrónicos aumentó en 77.8 % [de 11.7 % a 20.8 %]) entre 2017 y 2018. Estos incrementos abruptos han sido la causa principal de alerta entre autoridades de salud pública en Estados Unidos. Al día de hoy ya han sido reportadas cientos de muertes que según datos médicos están asociadas a/o son causadas por el uso de cigarrillos electrónicos a veces referido como “vapeo” (vaping en inglés). Aunque actualmente el mecanismo específico por el cual el cigarrillo electrónico causa daños a la salud es mayormente desconocido, los casos recientes muestran un patrón en el que los usuarios muestran un tipo de “cristalización” en parte de los pulmones, la cual ha sido asociada con enfermedades agudas respiratorias y con muertes por paro respiratorio.

Ilustración: Adrián Pérez

Algunos casos han sido de personas que han fumado cigarros tradicionales por varios años y que eventualmente fumaron cigarrillos electrónicos poco tiempo antes de morir. En estos casos es muy difícil desentrañar los efectos nocivos ya existentes causados por el tabaco tradicional y los causados por los cigarrillos electrónicos. Tal vez se podría decir que en estas personas el vapeo empeoró enfermedades existentes y esto potencialmente aceleró la muerte de estos pacientes. En el caso de los cigarrillos electrónicos, existe la misma dificultad para poder establecer que dañan la salud, como lo fue en el caso de los cigarros tradicionales. En términos de investigación, para establecer de manera clara causa y efecto, es necesario usar métodos experimentales, donde la mitad de los participantes del estudio son asignados de manera aleatoria a un grupo de control (o placebo) y la otra mitad a un grupo experimental (o de tratamiento). Siendo que éticamente esto no es posible, otros métodos de investigación son utilizados con este fin. Uno de ellos son los estudios longitudinales en los cuales un (o varios) grupo de personas es seguido a través del tiempo donde son estudiados varias veces. Este método permite comparaciones con ellos mismos a través del tiempo (tiempo 1 vs. tiempo 2, etcétera) y comparaciones con otros grupos de personas, si estos son incluidos en el estudio.

Siendo así, el primer estudio científico longitudinal (que siguió a adultos [mayores de 18 años] durante tres años) que ha analizado los efectos del vapeo fue publicado recientemente en el American Journal of Preventive Medicine en diciembre de 2019. En resumen, el estudio encontró que el uso de cigarrillos electrónicos incrementa el riesgo de enfermedades respiratorias (por ejemplo enfermedad pulmonar obstructiva crónica [EPOC], asma y bronquitis). También se observó que el riesgo de enfermedades respiratorias es mayor en fumadores de cigarros tradicionales y que el riesgo mayor es para los usuarios de ambos, cigarrillos electrónicos y cigarros tradicionales, que incluyen aproximadamente una tercera parte de los participantes del estudio. Estos incrementos en riesgo de enfermedades respiratorias son en comparación con no fumadores (de tabaco tradicional o usuarios de cigarrillos electrónicos). Aunque estos resultados no son sorpresivos, si proveen certeza a la intuición que algunas personas tenían acerca de los efectos negativos de los cigarrillos electrónicos. Adicionalmente, los resultados muestran el mayor peligro que experimentan las personas que usan ambos tipos de cigarrillos.

Los hechos asociados con el uso de cigarrillos electrónicos han captado la atención de los medios de comunicación y del público en general en Estados Unidos. En septiembre de 2019, el presidente del país hizo un pronunciamiento al respecto de la probable prohibición de la venta de cartuchos de sabores para cigarrillos electrónicos. Los sabores incluyen menta (el sabor más popular entre estudiantes de preparatoria), mango, frutas, pepino, entre otros. Estos sabores han sido foco de preocupación ya que potencialmente fomentan su uso entre menores de edad y jóvenes en general (incluyendo a niños y niñas). A pesar de la atención inicial a este tema, el 22 de noviembre de 2019 el presidente Trump hizo un anuncio donde básicamente se retractó de la intención del gobierno estadounidense de prohibir los cigarrillos electrónicos de sabores (intención que había mostrado de manera clara meses atrás). Cabe señalar que previo a dicho anuncio, hubo un debate en la Casa Blanca entre representantes de compañías de cigarrillos electrónicos y expertos en salud pública, debate en el que estuvo presente Trump.  El anuncio de Trump se resume en que “teme” que la prohibición incremente la oferta viniendo de mercados negros que vendan cigarrillos electrónicos potencialmente más peligrosos (dado que no estarían bajo ningún tipo de regulación como la que puede ejercer la Administración de alimentos y medicamentos, la FDA). Aunque es parcialmente cierto que al prohibir los cartuchos de sabores para cigarrillos electrónicos, se podría fomentar un mercado negro, el problema es más focalizado. La mayoría de las muertes asociadas al uso de cigarrillos electrónicos han sido de personas que usaron cigarrillos “piratas” comprados en el mercado negro. Sin embargo, la mayoría de estos personas usaban los cigarrillos electrónicos para consumir marihuana liquida (en lugar de nicotina liquida) en forma de THC que es principal ingrediente activo de la cannabis. Una de las potenciales consecuencias del eventual desplome en el uso de cigarrillos electrónicos es que algunos de estos exusuarios regresen al uso de cigarrillos tradicionales de tabaco, lo que en México conocemos como cigarros.

En Estados Unidos, el uso de cigarrillos electrónicos no tuvo un auge inicial.  No fue hasta la introducción al mercado de la marca Juul que el uso de cigarrillos electrónicos se disparó, particularmente entre adolescentes y jóvenes. Esta marca en particular ha sido atractiva a usuarios potenciales, por su imagen estilizada, que es muy similar a la de una memoria de USB.  La compañía Juul, que actualmente acapara la mayor parte del mercado de venta de cigarrillos electrónicos en Estados Unidos, inicialmente era “independiente” en relación a las compañías tabacaleras “tradicionales”. De hecho, esto era parte de lo atractivo que inicialmente fue usar cigarrillos electrónicos:  es decir que no eran “cigarros” como tal, y que ni siquiera eran producidos por compañías tabacaleras. Eventualmente, un porcentaje significativo de Juul fue adquirido por Altria, que es la compañía madre de Philip Morris, que produce la marca Marlboro.  Al principio, las compañías de cigarrillos electrónicos eran “antitabaco”, ya que alegaban ser una alternativa mucho más sana o mínimo menos dañina a la salud de sus usuarios.  Los cigarrillos electrónicos comenzaron vendiéndose principalmente en línea —todo esto sin mayor regulación (o ninguna regulación)— por parte de la FDA.

La mayor razón por la cual se decía que los cigarrillos electrónicos eran una mejor opción en términos de salud, es que éstos no incluyen la combustión que sucede al consumir los cigarrillos de tabaco tradicionales. Según algunos expertos, es la parte “combustible” la que causa el mayor daño a la salud —sobre todo a los pulmones— que supuestamente no existe al usar cigarrillos electrónicos. El aspecto “combustible” ha sido asociado con claros incrementos en el riesgo de enfermedades respiratorias y varios tipos de cáncer en fumadores “tradicionales”. En otras palabras, las más de 7,000 sustancias presentes en los cigarros de tabaco son las principales causantes de enfermedades cardiovasculares, pulmonares y tipos de cáncer. De manera diferente, los cigarrillos electrónicos entregan una dosis de nicotina al calentar y eventualmente vaporizar ésta, que es inhalada en forma de vapor por sus usuarios. Sin embargo, como se ha mencionado ya, los cigarrillos electrónicos están lejos de ser inocuos.

Inicialmente, en el mercado no existían estándares que guiaran a las compañías de cigarrillos electrónicos a producir estos de manera uniforme. Los primeros esfuerzos de la FDA en analizar a los cigarrillos electrónicos mostraron mucha variación (y/o irregularidades) en las cantidades de nicotina usadas —y esto dependía de que marca se analizara. Las primeras mediciones de la FDA llamaron la atención de expertos en salud pública y resaltaron la necesidad de regular a esa joven y creciente industria. En 2016 la FDA anuncio un paquete de regulaciones que se aplicarían a los cigarrillos electrónicos, reconociéndolos como “nuevos” productos de tabaco. Las regulaciones aplicadas son similares a las que están sujetos otros productos de tabaco. Las regulaciones abarcan restringir su acceso a menores de 18 años, llevar a cabo revisiones de establecimientos que vendan cigarrillos electrónicos, requisitos más estrictos en cuanto a los ingredientes usados e inclusión de leyendas sobre lo adictivo de la nicotina, así como una aprobación formal (por parte de la FDA) de nuevos cigarrillos electrónicos antes de poder entrar al mercado. Aunque estas medidas pudieran considerarse un avance significativo en relación a la regulación de cigarrillos electrónicos, también se necesitan esfuerzos en políticas públicas y campañas de educación y/o concientización.

Aunque en México la prevalencia del uso de cigarrillos electrónicos es más baja que en Estados Unidos, su uso también ha incrementado en los últimos años. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (2016-2017), el 5.9 % de mexicanos (entre 12 y 65 años) ha probado algún cigarrillo electrónico alguna vez en su vida y el 1.1 % reportó usarlos diario. Aunque la prevalencia de uso es relativamente baja, se requieren de mediciones más precisas en las encuestas nacionales y regionales subsecuentes para poder presentar un panorama más claro del uso de los cigarrillos electrónicos en México. Esto sucede mientras la comercialización de cigarrillos electrónicos en nuestro país está prohibida.  La COFEPRIS, órgano encargado de implementar la Ley General de Tabaco ha mantenido la prohibición de los cigarrillos electrónicos argumentando razones de salud de sus usuarios. Aunado a esto, la Secretaría de Salud publicó un “aviso epidemiológico” en septiembre de 2019 acerca de los peligros potenciales de usar cigarrillos electrónicos, haciendo hincapié en la historia reciente de Estados Unidos sobre este tema. La eventual regulación de los cigarrillos electrónicos en México traería un enfoque de salud pública al uso de estos, en lugar de el “estado de negación” en el que están actualmente las autoridades al fingir que no se usan ya que su comercialización está prohibida. En las circunstancias cambiantes en cuanto al producto mismo que son los cigarrillos electrónicos, las autoridades de salud bien harían en regular y monitorear de cerca su uso en lugar de esperar a que las consecuencias sean más severas.

 

J. Alonso Cabriales
Profesor asistente de Psicología en la Universidad de Nuevo México-Gallup.