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Recientemente Luis Rubio y Luis de la Calle publicaron el libro “Clasemediero” en el que argumentan que en México hay “una población mayoritariamente de clase media, aunque muchos de los analistas y políticos la desestimen”. Para llegar a tal conclusión hacen el análisis de algunos datos, sobre el consumo, la educación, el ingreso, los nombres de las personas, los nombres de las escuelas privadas, los créditos a la vivienda, etc. Una parte del libro, fue adelantada en el número de mayo de la revista Nexos.

Con la publicación del libro, se han escrito varios artículo de opinión en periódicos reseñándolo. Entre ellos, Héctor Aguilar Camín, Macario Schettino, Sergio Sarmiento, Octavio Amador, Roberto Salinas, y un resumen de Luis de la Calle en El Universal.

El libro y su argumento pueden ser criticados desde muchos puntos de vista, en particular por la falta de claridad sobre lo que definen como la “clase media” sin mayor matiz. En su defensa, los autores aclaran en las primeras páginas “Para académicos muy formales, esta caracterización es sin duda imprecisa, pero para analistas de fenómenos políticos y estrategas electoral -y para no pocos expertos en mercadotecnia-, estos elementos pueden hacer la diferencia entre ganar y perder una elección”. Por ejemplo, una duda que surge es, si 47.7% del país sigue por debajo de la línea de pobreza según el CONEVAL, y el decil más alto de ingreso concentra poco más de la tercera parte del ingreso nacional, es difícil aseverar que la mayoría de los ciudadanos están entre los ricos y los pobres. Sin duda, se puede decir, que si el 47.7% de los mexicanos están por debajo de la línea de pobreza, entonces la mayoría es no-pobre. Sin embargo, si dividimos el país entre pobres y no-pobres, entonces ¿quienes son los de en medio?

Una respuesta posible es la que da Mario Arriagada en un artículo publicado en la revista Nexos de este mes “Sin destino manifiesto: la clase media mexicana”, en el que afirma:

[Entre 2000 y 2008]Los ingresos de la clase media baja crecieron entre 17% y 20%, y los de la clase media alta crecieron alrededor del 14%. La clase media se había fortalecido frente a la clase alta más de lo que lo había hecho en la década anterior. Sin embargo, sus ingresos seguían estando muy por debajo del decil más rico, que promediaba 12 mil pesos al mes por miembro del hogar. Aun para los hogares de clase media alta, convertirse en parte del selecto 10% superior les significaría aumentar su salario más del doble. La enorme concentración del ingreso en los deciles más altos no sólo evita la existencia de una medianía más abundante sino que, al parecer, también dificulta la contribución económica que la clase media podría tener en el crecimiento económico.

Es decir, es difícil hablar de una clase media, considerando que en términos de ingreso hay una distancia no menor entre quienes están justo arriba de la línea de pobreza, y quienes están justo abajo del decil con el ingreso más alto. Si este es el caso parece tener más sentido hablar de “las clases medias”, y describir las diferencias y diversidad que esto implica.

¿Hay alguna diferencia entre hablar de clases medias y la clase media? En los términos planteados en el libro de De la Calle y Rubio parece que sí. Su argumento es primordialmente político, y para un discurso político la homogeneización de la sociedad bajo una solo etiqueta puede ser útil. Quienes sostienen el argumento de la mayoría “clasemediera” son críticos a quienes hablan de México como un país de pobres. Sin embargo, no están haciendo algo muy diferente al cambiar de etiqueta, la diversidad del país no cabe dentro de una sola etiqueta, a menos de que queramos regresar al discurso político en el que se construye una identidad homgénea a partir de la raza, la clase y la religión (una mayoría mestiza, católica y pobre [o de clase media])  en vez de una identidad basada en derechos.


En Internet se pueden consultar algunos documentos sobre este tema:

1) ¿Más grande…pero más fuerte?: La clase media en Chile y México en la última década. de Dagmar Hertova, Luis F. Lopez-Calva, Eduardo Ortiz-Juarez

2) Datos de CONEVAL (muestran que de 2005 para acá, la proporción de hogares en pobreza ha crecido en 20% en las zonas urbanas y en casi 14% en todo el país).

3) Medición multidimensional de la pobreza (distingue entre pobreza de ingreso, cerca de la mitad de la población, y gente que, aunque no es pobre, es vulnerable porque no tiene acceso a otros satisfactores básico).

4) Sobre movilidad social, la movilidad intergeneracional para las cohortes más recientes se ha detenido.