Foto: El Universal

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El domingo pasado se llevaron a cabo, por segunda vez, elecciones vecinales en el Distrito Federal. La primera elección vecinal se hizo en 1999 a partir de una Ley de Participación Ciudadana promovida por el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas, y modificada en la Cámara de Diputados por una mayoría del PRI. Según la ley las elecciones se llevarían a cabo cada 3 años, pero los partidos políticos en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, se pusieron de acuerdo una y otra vez para suspender las elecciones. Aquí algunas cosas que se han escrito sobre el tema, en las que parece haber dos tonos. Unos/as dicen que pero es nada, y otros/as dicen que es una farsa. Cada análisis tiene diagnósticos -y por tanto- conclusiones distintos. De lo que no hay duda que si algo se pueden sacar son lecciones. Ojalá estas no estén basadas sólo en los encabezados de los periódicos, y en generalizaciones abstractas.

Alejandra Barrales dice:

Las cosas no van a cambiar de la noche a la mañana, la gente no irá a las urnas y agotará el 100 por ciento de las boletas, pero este ejercicio nos permitirá poco a poco recuperar el interés de la gente de participar, de ser escuchada, en 5 o 10 años los resultados serán otros y nos dejarán satisfechos.

Estamos preparados y claros de las críticas que se vendrán después de estas elecciones, para ciertos sectores será un fracaso por la baja participación, pero para nosotros es reactivar la participación ciudadana, retomar nuestra educación cívica.

Mauricio Merino unos días antes:

Pero que a nadie parezca importarle no quiere decir que no importen. Según la Ley de Participación Ciudadana del DF, los integrantes de esos comités —electos por un periodo de tres años— podrán convocar asambleas en cada manzana para que la gente elija representantes en cada una de ellas, y sus coordinadores formarán parte, a su vez, de los consejos ciudadanos delegacionales. Ante estos últimos, los jefes delegacionales habrán de presentar personalmente informes trimestrales sobre el cumplimiento de las tareas y los programas de gobierno en curso (en marzo, junio, octubre y diciembre), mientras que la asamblea podrá llamar a comparecer a cualquier funcionario de la delegación y opinar sobre su desempeño, sus proyectos e incluso sobre sus presupuestos.

Además, animados por la idea del presupuesto participativo —cuyo principal ejemplo nació en Porto Alegre, Brasil, y que ya tiene varios antecedentes en la ciudad de México—, los legisladores de la capital establecieron la obligación de otorgarle entre el 1% y el 3% de los presupuestos anuales de la ciudad a las decisiones que tomen los consejos de ciudadanos. Literalmente: “el jefe de Gobierno y los jefes delegacionales deberán incluir en sus proyectos y anteproyectos anuales de presupuesto de egresos (…) las propuestas de montos de recursos y rubros respecto de los cuales las asambleas ciudadanas decidirán sobre su aplicación”. Y, por lo demás, causa un cierto escalofrío leer que “las resoluciones de las asambleas ciudadanas —según el artículo 86 de la ley— serán de carácter obligatorio para los comités ciudadanos y para los vecinos de la colonia que corresponda”.

Eduardo Huchim ofrece una explicación posible a a la baja participación:

La previsible escasa votación se debe a una serie de razones que conspiran contra la posibilidad de una elección concurrida. Las principales de ellas son: a) No se permite la participación de partidos políticos, lo cual pretende preservar el carácter ciudadano de tales consejos y deslindarlos de la política partidaria. Es una intención correcta aunque utópica, porque la marginación de los partidos evita también la mejor difusión de los comicios, la identificación ideológica de los integrantes de las planillas y, en consecuencia, induce también el desinterés de la comunidad. Además, los partidos políticos sí participan más o menos en forma clandestina en la confección de las fórmulas (planillas) y en su propaganda.

Maite Azuela el día mismo de la elección:

Vale la pena, sin embargo, estar atentos a lo que ocurra en estas elecciones de la Ciudad de México. A veces se requieren fracasos evidentes para reconstruirse. Así que ésta puede ser una oportunidad para revisar no sólo la ley de la capital, sino para imaginar mecanismos de participación ciudadana que a nivel federal garanticen la incorporación de nuevos actores en las decisiones de lo que resulta más inmediatamente público: los pueblos y las colonias.

Denise Maerker un día desapués:

Es grave. La democracia por la que tanto han luchado muchos mexicanos desde hace generaciones exige ciudadanos participativos. El ciudadano, para serlo de verdad, necesita desarrollar una serie de cualidades con las que no se nace. Por eso son tan importantes las elecciones en la escuela para elegir jefe de salón o de generación; las reuniones de condóminos, los clubes deportivos compuestos por socios y organizados en asambleas, los sindicatos democráticos.

Marco Rascón hace un breve análisis histórico y concluye:

En resumen: la fuerza democrática ciudadana que dio lugar a detonar las grandes reformas políticas y urbanas para la ciudad, que le dio mayoría al PRD y respaldo a sus gobiernos, hoy es una estructura a la cual se le retribuye en pago manipulación, clientelismo y simulación de inspiración priísta.