panoEn Ciudad Juárez se han documentado, según una nota de Karen Cano publicada en El Diario el 5 de noviembre, al menos 105 casos de calles cerradas por los colonos con permiso de las autoridades municipales. Antes el 100% de los residentes debía de estar de acuerdo con la medida, ahora los más deciden por los menos.

Incluso cuentan de un conjunto llamado Florencia con 33 casas ubicadas de manera que las áreas comunes pueden ser vigiladas desde todos los ángulos internos y externos del fraccionamiento, una especie de cárcel panóptica extrapolada a zona residencial.

Algunas y algunos juarenses dicen que los beneficios de los cierres sobrepasan los costos, como llegar un día a casa y no poder entrar porque pusieron la reja en tu calle y no sabes cómo darle la vuelta a la fortaleza. Aseguran que aumentará el sentido de pertenencia, la construcción de comunidad y la articulación del barrio. Afirman que fortalecerá el capital social, aunque se quede en la fase de bonding (integración al interior) y olvide la fase de bridging (integración con el exterior).

Comprendo la medida aunque no deja de tener ciertas gotas de ingenuidad y una alta dosis de maniqueísmo. ¿Cómo determinan en dónde poner la división? ¿Cómo decidan en dónde están los buenos a quienes hay que cuidar y en dónde están los malos de quienes hay que cuidarse? Alguien cuenta la historia de su cuadra en donde un joven residente asaltó más de 4 casas y la familia quedó dentro del cuadrante de seguridad.

Esta anécdota no es excepcional. En México la seguridad se ha privatizado transformando la dinámica social y el paisaje urbano. Las nuevas y viejas familias aspiran a aislarse para vivir seguros. Quienes no tienen recursos se aislan con topes, rejas, casetas, piedras o tambos. Quienes tienen recursos viven en zonas circundadas por bardas, escoltas, guardias y cámaras que fotografían a cada persona que entra y sale después de pedirles nombre, dirección, identificación y motivo de la visita.

En ambos casos existe una división maniquea entre los buenos –residentes- y los malos –visitantes-. Pero ¿dicha separación realmente protege a los buenos de los malos?

Hay cuatro ejemplos que refutan esa lógica. En Lomas del Pedregal en la Ciudad de México detuvieron a “El Vicentillo” el 25 de marzo de 2009. En Altitude ubicado en Cuernavaca, Morelos, murió Aturo Beltrán Leyva el 16 de diciembre de 2009. En Condado de Sayavedra, ubicado en la Zona Esmeralda en Atizapán de Zaragoza, Estado de México, escapó de un operativo de la Armada y de la Marina, el 8 y 9 de mayo de 2010, respectivamente, el narcotraficante Édgar Valdez Villarreal “La Barbie”, dejando a dos personas muertas, una bazuca y 29 mil 79 cartuchos de más de siete calibres en una casa ubicada en Castillo de Oxford número 130. En Colinas de San Javier ubicado en Zapopan, Jalisco, murió Igancio “Nacho” Coronel.

En estas zonas de lujo con alta seguridad ¿fallaron las medidas para detectar a personas con antecedentes criminales u órdenes de aprehensión? o ¿falló la lógica de pensar que los buenos están dentro y los malos fuera?

La delincuencia organizada produce, distribuye, vende y almacena drogas en todas las zonas de todas las ciudades de todas las entidades de nuestro país. Tiene una narcotiendita en la esquina de la escuela de tus hijos e hijas, tiene un almacén a la vuelta de tu oficina, tiene un halcón que te limpia los vidrios mientras avisa el movimiento de policías, tiene marihuana, anfetaminas, tachas y coca en el bar al que asiste tu hermano o hermana.

Probablemente, la delincuencia organizada viva donde tú vives.

Probablemente lo sepas pero pienses que más vale malo por conocido que bueno por conocer. Bien dicen por ahí que del buen vecino…

Suhayla Bazbaz. Directora General de Cohesión Comunitaria e Innovación Social.