El pasado 10 de enero Alfonso Tamés publicó en el website de Animal Político un artículo donde argumenta que detrás del atentado contra la diputada Gabrielle Giffords se encuentra la estupidez de Sarah Palin, ya que como él afirma, “es estúpida”. ¿Será así de sencilla la explicación? Concuerdo con él en que parece la cultura postmoderna actual celebra en mucho la estupidez (solo ver la reciente campaña de la marca de ropa Diesel) a veces parece apartarse de los valores de la Ilustración, pero creo que el problema merece observarse aún más.

Vayamos con la primero… ¿fue la retórica política violenta de Palin (y otros de la derecha estadounidense) la culpable del ataque hacia Giffords? Esa retórica no es nueva en Estados Unidos, y sin embargo eventos de este tipo son escasos. La ultraderecha americana necesita pocos pretextos para organizarse y ser violenta (la elección de Obama observó mucho su crecimiento, The Boston Globe mayo 11 de 2009, pero generalmente no ataca a políticos, sino a miembros de minorías (Harvey Milk por ejemplo) y oficiales de policía. Entonces… ¿Por qué Jared Loughner atacó a la diputada Giffords? Se cree que es un hombre con problemas de salud mental y que también consumía drogas, aunque ninguna de las dos se puede determinar como causa directa para realizar un atentado.

Maia Solovitz escribió un interesante artículo al respecto en Time, en el que concluye:

“existe un factor que contribuye no solo al riesgo a la violencia, sino también al riesgo por la adicción y la esquizofrenia. Es el abuso infantil y la exposición infantil a violencia traumática. Aunque no sabemos mucho de la infancia de Loughner, un vecino dijo al New York Times que el padre de Loughner es “muy agresivo”. La exposición infantil a la violencia puede muy bien ser el mayor factor de riesgo…la experiencia infantil tiene lugar en un contexto cultural particular. La investigación histórica y cultural muestra que el contexto de los delirios esquizofrénicos es de hecho el producto de su tiempo y espacio. Como el antropólogo Gregg Downey escribió en el Neuroanthropology blog, ‘los conceptos del delirio pueden parecer divorciados de la realidad, pero son altamente sensible al zeitgeist, se elaboran sobre los propios miedos y ansiedades de la sociedad contemporánea’…”

¿Será casual que el distrito de Giffords en Arizona sea uno de los más políticamente polarizados de Estados Unidos?Reporta el New York Times que ya en marzo de 2009 una bala de goma había destrozado una puerta de cristal de su oficina.

Loughner es lo que describe el escritor alemán Hans Magnus Enzensberger en su libro El perdedor radical (Anagrama, 2007), como lo son tantos terroristas y “locos violentos” de izquierdas o derechas, ateos o religiosos. Sin embargo su inteligencia fue hecha presa de un discurso dominado por una retórica del miedo, que es cierto, permea la política estadounidense e incluso la mexicana. Pero esa retórica no puede actuar sola, necesita del perdedor radical, pero ¿quién es un perdedor radical?

Se trata casi siempre de un hombre, por lo general machista y que teme al creciente poder de lo que no es “masculino”, sean las mujeres o los homosexuales, o la “cultura del hedonismo” que promueve Hollywood u Occidente. Es un hombre inseguro, que no solo teme a los cambios, le molestan sobremanera. Ese temor convertido en rabia que no encuentra escape se convierte en neurosis, pensamientos paranoicos. “Si no le sale al paso un programa ideológico, su proyección no encuentra ningún objetivo social; lo busca y lo halla en el entorno cercano: el superior injusto, la esposa indómita, los niños vociferantes…”, afirma Enzensberger en su ensayo que explica que siempre existe un enemigo invisible todopoderoso, El perdedor radical echa mano de los chivos expiatorios favoritos de la sociedad: “se trata generalmente de los inmigrantes, servicios secretos, comunistas, norteamericanos, multinacionales, políticos, infieles. Y casi siempre los judíos.” Y vale comentar que Giffords no solo es mujer con poder, sino que es la primera diputada judía de Arizona….

El perdedor radical generalmente es un hombre joven, inseguro, solitario debido a una historia familiar violenta y que busca afirmación en idealismos mesiánicos para “salvar al mundo” de LA amenaza, y tiene un ingreso inestable… Lo más triste del caso es que muchos hombres adultos maduros no se arriesgan a realizar conductas violentas, pero las financian, aprovechándose de la ingenuidad juvenil. Así jóvenes de grupos católicos entran gritando consignas contra la ONU en el Foro Mundial de la Juventud realizado el año pasado en León (según ellos la ONU quiere convertir a todos en gays y que se casen) o jóvenes musulmanes británicos gritan en el centro de Londres consignas para que se aplique la Sharia en lugar de las leyes penales en el Reino Unido… No son jóvenes estúpidos, son jóvenes inteligentes inseguros, ignorantes de qué es vivir sin miedo, llenos de un gran resentimiento, pero no hacia las élites como muchos pueden creer, si no a quienes se atreven a ser felices fuera de las reglas de su limitado y temeroso mundo del dogma. “Tiene que ver conmigo” y “la culpa la tienen los demás”, los dos argumentos no se excluyen dice el escritor, sino que se refuerzan: “ninguna reflexión puede liberar al perdedor radical de ese círculo diario; de él saca su inimaginable fuerza”.

Sarah Palin es una persona inteligente en el sentido oportunista, sabe utilizar y explotar las inseguridades de los estadounidenses poco educados, los atrapa con una poderosa frivolidad como bien comenta Conor Friedersdorf en su blog The American Scene. La ultraizquierda caricaturizaba a Bush como Hitler y la ultraderecha relaciona a Obama con musulmanes terroristas, el problema no es el discurso de odio en sí, sino que los extremos del espectro político lo han convertido en una enorme industria (armas, medios de comunicación, agencias de relaciones públicas y cabildeo, partidos…) y lo más terrible, es una industria que se alimenta del miedo que cultiva en las mentes de muchas personas, pero especialmente las más vulnerables, las de muchos hombres jóvenes que han recibido poco amor en sus vidas. El miedo es un gran negocio, y esos jóvenes solo representan para esos intereses simples daños colaterales.

Alfredo Narváez Lozano. Profesor de Políticas Culturales en CENTRO y Subdirector de Estudios en el CONAPRED. Este artículo es su opinión personal.