Hace unos días -19 de agosto- fue el veinte aniversario del golpe de estado en la Unión Soviética que marcó el camino hacia su colapso. Después de un lustro de reformas políticas y económicas, la autoridad del entonces presidente de la URSS, Mijail Gorbachev se demoronaba a la misma velocidad que avanzaba una crisis económica que no se había vivido en la aquél país en décadas.

El fallido golpe de estado fue planeado y ejecutado por el entonces director de la KGB, Kryuchkov, acompañado de la línea dura del Partido Comunista de la Unión Soviética. Su objetivo era arrestar a Gorbachev hasta que accediera detener las reformas políticas que estaban permitiendo el surgimiento político de varias figuras políticas nacionales al margen del PCUS. En particular Boris Yeltsin.

Este fin de semana el New York Times publicó una vívida crónica del golpe:

Ni uno solo de los conspiradores aconsejó ser cautos, o pareció considerar la ley de las consecuencias no intencionadas: unos días más adelante, su mal preparado golpe provocaría lo que más temían. Su “acción patriótica” de una vez por todas borraría del mapa su amada URSS.

Para su propia sorpresa, Yelstin no fue arrestado desde el inicio de la operación. La imagen central del golpe de agosto es un vigoroso y valiente Yeltsin subido en un tanque listo para desafiar y denunciar a los conspiradores. Y siempre tuvo una línea telefónica a la mano, lo cual le permitió coordinar acciones de apoyo. Estúpidamente, la televisión mostró, esa tarde, esta estremecedora imagen, convirtiendo a Yeltsin en una figura de importancia mundial de la noche a la mañana.

En una entrevista que dio hace unos días Gorbachev para Der Spiegel, reconoce como uno de sus principales errores haber tomado unas vacaciones, las cuales fueron interpretadas como una oportunidad para los golpistas:

Pensé que serían unos idiotas al correr semejante riesgo precisamente en ese momento, porque también cargaría con ellos. Pero desafortunadamente eran unos verdaderos idiotas, y destruyeron todo. Y nosotros demostramos ser unos semi-idiotas, yo incluido. Yo estaba exausto tras esos años. Estaba cansado y al límite. Pero no me debí de haber ido. Fue un error.

Foreign Policy publica también varios artículos sobre aquel golpe de estado del 19 de agosto. Uno narrado por el secretario del exterior de Gorbachev,  otro narrado por uno de los consejeros más cercanos de Yeltsin.

Aunque tal vez la mejor manera de revivir esos momento es a través del documental que hicieron la BBC y el Discovery Channel hace varios años, una serie con cinco partes que va desde el ascenso de Gorbachev al poder a principios de los años ochenta hasta el colapso de la URSS. El documental se puede consultar en YouTube.

Aquí el primer capítulo, y acá el capítulo que describe el golpe de estado del 19 de agosto.