En las últimas semanas hemos presenciado un aumento del precio del huevo de considerable magnitud en todo el país. Durante la semana pasada, el kilogramo de huevo blanco llegó a venderse en 35 pesos en la central de abastos del Iztapalapa y en 38 pesos en el mercado de abastos de Guadalajara. Y de ahí, a más de 40 pesos en comercios al detalle. Esto es, un incremento es cercano al 200 por ciento desde junio a la fecha.

La explicación que los empresarios de la industria del huevo y las autoridades federales han dado sobre este abrupto encarecimiento del huevo se basa en dos elementos: el aumento del precio de los insumos para la producción y el brote de influenza aviar registrado en la región de Los Altos, Jalisco, a finales de junio de este año. Esto es parcialmente correcto, pero no aplica por igual para los incrementos generalizados en todo el país.

Según reportes recientes del SENASICA, la cantidad de aves sacrificadas en la región de Los Altos, Jalisco a raíz de la influenza aviar fue de 11 millones, es decir, alrededor del 8 por ciento de las aves productoras de huevo del país en el periodo del 19 de junio al 20 de agosto. Para analizar las consecuencias de este evento en el precio, en el siguiente gráfico se muestra el precio al menudeo del huevo blanco en las centrales de abasto de algunas ciudades de México, desde junio a la fecha. Con una línea vertical se indica la cuarta semana de junio, justo después de que se reconoció la presencia de la influenza aviar.

En la gráfica puede apreciarse que los incrementos en las ciudades seleccionadas siguieron los anuncios de las autoridades sobre la influenza, pero la respuesta no fue homogénea. Las ciudades más cercanas a Jalisco – que produce el 55 por ciento del huevo del país – respondieron de una manera más drástica, por ejemplo Colima, Aguascalientes o León; por otro lado, Mérida y Tampico, y en cierta medida San Nicolás de los Garza, respondieron de una forma más suave. A partir de la segunda semana de julio el precio se estabilizó y presentó una tendencia a la baja. Sin embargo, a partir de la primera semana de agosto se registró una nueva tendencia al alza, incluso más pronunciada que el alza seguida al anuncio de la contingencia.

El aumento en el precio en las ciudades no abastecidas por Jalisco se debe principalmente a un incremento de los cotos de producción: el precio internacional del maíz ha aumentado en 45 por ciento y el de la soya 30 por ciento desde junio, de acuerdo al Banco Mundial. Esto ha repercutido considerablemente en los costos de producción del de huevo, pues el 80 por ciento de los granos para alimentar a las aves y al ganado proviene de Estados Unidos y se calcula que alrededor del 68 por ciento de los costos de producción en la industria del huevo corresponde al alimento de las aves. El otro factor que puede explicar el alza del precio en estas ciudades es la reasignación de la oferta: al haber un choque en la oferta en el principal centro productor, los principales centros de consumo buscan satisfacer su demanda con producto de otras regiones, ocasionando también un desabasto en las regiones cercanas a los centros productores secundarios.

Sin embargo, esta alza en los costos se registraba desde antes del brote de influenza, por lo que se esperaría que la tendencia a la alza en el precio del huevo al menos se hubiera sostenido luego del primero incremento de la cuarta semana de junio. Pero, ¿por qué el precio subió, luego bajó y luego subió nuevamente pero de manera más abrupta? La explicación aún no es definitiva pero el papel de los comercializadores y algunos especuladores es relevante. Luego de la escalada en el precio de finales de junio, éste se estabilizó al reasignarse la oferta desde otros centros productores y terminarse los inventarios (que no son muy grandes). Siguió entonces una subida de precios, en parte al considerar ya costos de producción más altos, pero también como resultado de la especulación. A espera de un análisis más minucioso al respecto, negar por completo la posibilidad de la especulación es ingenuo. ¿Cuál es la decisión racional si posees un bien que sabes que mañana costará más?

Las medidas del Gobierno Federal han sido pertinentes para estabilizar el precio del huevo y evitar la especulación. Con la entrada de huevo del extranjero se genera una presión a la baja en el precio doméstico, lo cual no es necesariamente una medida ‘intervencionista’, como han criticado algunos. Se espera que para finales de año el precio se estabilice, sin embargo, es muy probable que lo haga a un nivel similar al de la segunda semana de julio, es decir, cerca de los 20 o 22 pesos por kilogramo.

Algunos analistas han atribuido la variación de la inflación  – de 0.14 por ciento en la primera quincena de agosto – al alza en el precio del huevo. No obstante, de acuerdo a los datos oficiales del INEGI, no hay razón para pensar que esto sea así, pues el componente pecuario del Índice Nacional de Precios al Consumidor contribuyó sólo con 0.03 puntos porcentuales, mientras que los rubros que más contribuyeron fueron las mercancías no alimenticias (0.09) y la educación y los energéticos (0.04).

Sin embargo, que el precio del huevo no sea hoy un elemento que esté presionando a la alza la inflación no significa que no pueda ser un problema en el futuro cercano y tampoco que no tenga potenciales efectos negativos para un sector de la población.

De acuerdo a estudios de la FAO, reportados por la SAGARPA, el consumo de huevo aporta cerca del 6 por ciento del consumo proteico en la dieta total de los mexicanos. Dos huevos satisfacen el 25 por ciento de las necesidades proteicas diarias de un adulto promedio, a un precio más accesible que otras fuentes, como la carne de cerdo y de res. Más aún, el huevo sustituyó parcialmente los requerimientos proteicos en tiempos de crisis: de 1994 al 2000, el consumo per cápita de huevo pasó de 16.7 a 20 kilogramos y hoy se encuentra en 21.5. Se calcula que el 10 por ciento de los hogares más pobres destina el 40 por ciento de su gasto a alimentos y bebidas, por lo que alzas en los productos básicos como el huevo tiene efectos significativos para este grupo de la población.

Aunado a lo anterior, se espera que los precios de muchos productos agropecuarios permanezcan elevados y con una alta volatilidad al menos hasta 2015. Además, los efectos de la sequía que ha afectado la producción agropecuaria en Estados Unidos pueden exacerbarse con las inusuales bajas precipitaciones en otras regiones del mundo de alta importancia productiva y poblacional, como Rusia, Ucrania, Kazajstán e India. Finalmente, la reducción de los inventarios de alimentos dejará expuestos los precios internacionales a las variaciones climatológicas.

La crisis alimentaria de 2007 mostró que grandes grupos de la población se encuentran vulnerables ante incrementos de precios de los alimentos. Incluso aunque los choques de precios ocurran en un lapso de tiempo no muy prolongado, los efectos sobre la población más vulnerable se magnifican: las familias recortan su consumo proteico, los hogares venden sus activos productivos – como los utensilios agrícolas o el ganado – para hacer frente a la reducción de sus ingresos reales, los niños pueden dejar la escuela para incorporarse a las actividades productivas y los recién nacidos obtienen dietas insuficientes para su desarrollo, produciendo efectos irreversibles para el resto de su vida.

Este es un nuevo llamado de atención para los gobiernos para fortalecer los mecanismos que permitan a las familias de ingresos más bajos lidiar con episodios de alza de precios como el actual. Ante un escenario más complicado, con muchos productos básicos encarecidos, las medidas de política disponibles no son tan directas como las emprendidas en el caso del huevo. Además, cuando el alza de los productos ocurre a nivel mundial, las políticas domésticas serían ineficaces.

Habrá que estar pendientes a la revisión de las expectativas inflacionarias en el país y a lo que sucede con los precios en el resto del mundo. Por le momento, India ya registraba en junio una inflación superior a la esperada, explicada por el alza en los precios de los alimentos, por lo que el banco central ha revisado a la alza su proyección base. Y Brasil ya ha hecho lo propio. Más los que se acumulen.

Irvin Rojas. Maestro en Economía por El Colegio de México.  Investigador del Programa de Estudios del Cambio Económico y la Sustentabilidad del Agro Mexicano (PRECESAM) de la misma institución.