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Hace no mucho, en un luminoso ensayo sobre el 68, Ariel Rodríguez Kuri propuso historiar la sensibilidad de diversos grupos, individuos y organizaciones que apoyaron abiertamente la política del presidente Gustavo Díaz Ordaz hacia el movimiento estudiantil. Y es que, contra la imagen casi mítica del 68 como el año de un despertar cívico en el que la juventud universitaria supo encarnar las aspiraciones democráticas de la sociedad mexicana, Rodríguez Kuri recuperó varios testimonios y evidencias que insinúan la existencia de lo que denominó un momento conservador: una suerte de coyuntura histórica en la que ciertos actores estratégicos articulan su ansiedad frente a cambios sociales que perciben como amenazantes o desestabilizadores de modo tal que terminan legitimando, o incluso demandando, soluciones que implican el uso de la fuerza.[1]

“El momento conservador no se define siempre, de forma directa y mecánica, por los antecedentes políticos e ideológicos de sus protagonistas, sino por los argumentos inmediatamente vertidos por éstos frente a las movilizaciones, lenguajes y modalidades de información de los estudiantes en las escuelas y las calles. Los partícipes del momento conservador tienden a interpretar la protesta estudiantil sólo como un acto de indisciplina política y social, y no la consideran en ningún momento como un ejercicio de derechos constitucionales (políticos, civiles) de los estudiantes y sus aliados. En fin, la corriente conservadora recurre a dos operaciones típicas: la denuncia de influencias externas en la protesta (de comunistas, de imperialistas, de priístas resentidos) y la exhibición de los jóvenes como la prueba viviente del fracaso del orden moderno en México” (p. 524).

Los testimonios y evidencias que registra Rodríguez Kuri le permiten ubicar las coordenadas fundamentales de un clima de opinión en función del que, según su meticulosa interpretación, el presidente Díaz Ordaz y su entorno inmediato pudieron haber calculado el uso de la violencia contra los estudiantes como una opción políticamente viable, esto es, susceptible de ser reconocida y aceptada como legítima por “sectores y grupos significativos de la sociedad” (p. 536).

Traigo a cuento el estudio de Rodríguez Kuri sobre el 68 porque, a pesar de las profundas diferencias que median entre el México de entonces y el de ahora, en los últimos días hemos asistido al surgimiento de un clima de opinión más o menos parecido, relativamente comparable con aquel. Un clima de opinión, digamos:

a)      Cuyos principales partícipes han optado por interpretar la oposición magisterial como un acto de desobediencia, una falta de respeto a las instituciones democráticas, antes que como el despliegue de una posición crítica o una forma de ejercer el derecho a la protesta;

b)     En el que, si sobre los estudiantes del 68 pesaba la sospecha de ser agentes de fuerzas extranjeras, sobre los maestros pesa siempre la pregunta de quién financia su movilización; y

c)      Conforme al cual los maestros son señalados como un “otro” ominoso (e.g., “vándalos”, “bárbaros”, “violentos”, “pinches indios”, “minorías”), tal y como lo fueron en su momento los jóvenes del 68 (e.g., “degenerados”, “homosexuales”, “comunistas”, “ateos”, “drogadictos”), que constituye la prueba viviente del fracaso de nuestra modernidad.

¿Cuántas de las voces que hoy contribuyen –deliberada o inadvertidamente– a estigmatizar a los maestros, a crear un clima de opinión en el que no quepa procesar democráticamente su oposición, a legitimar una salida de fuerza antes de agotar la vía política, cuántas de esas voces que hoy se aglutinan conforme a la lógica de un nuevo momento conservador no se deben –directa, generacional o simbólicamente– a las protestas estudiantiles del 68?

Cómo cambian los tiempos.

Carlos Bravo Regidor es historiador, profesor-investigador en el Centro de Investigación y Docencia Económicas y columnista en el diario La Razón.


[1]  Véase Ariel Rodríguez Kuri, “El lado oscuro de la luna. El momento conservador en 1968”, en Erika Pani (coord.), Conservadurismo y derechas en la historia de México, tomo II, México, FCE / CONACULTA, 2009, pp. 512-559. Sobre el mismo tema recomiendo también el nuevo libro de Jaime M. Pensado, Rebel Mexico: Student Unrest and Authoritarian Political Culture During the Long Sixties, Stanford, Stanford University Press, 2013.