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El primero de octubre se publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto con el que el presidente Enrique Peña Nieto modificó el estatus de Parque Nacional al Nevado de Toluca, otorgado por Lázaro Cárdenas en 1936, al de Área de Protección de Flora y Fauna.

El decreto divide al área protegida del Nevado de Toluca, con una superficie total de 53 mil 590 hectáreas, en dos zonas: el núcleo, -de mayor importancia ecológica-, que comprende mil 941 hectáreas y que quedará restringido a actividades de conservación; y la zona de amortiguamiento, que comprende las restantes 51 mil  649 hectáreas, en donde ahora se permite realizar actividades como el aprovechamiento extractivo de vida silvestre y el manejo forestal.

Los bosques del Nevado de Toluca son esenciales para la captación y filtración de agua que provee a los acuíferos de los ríos Lerma y Balsas. Además, son una fuente vital de agua para el Valle de México y provee servicios ambientales como la captura dióxido de carbono, albergue biodiversidad y belleza escénica. El Nevado de Toluca es un área estratégica que se debe de asegurar.

Lo que la coyuntura nos permite observar es la tensión que existe entre la conservación por decreto, que se hace de leyes para lograr sus fines y la conservación que busca que la relación entre los habitantes y sus bosques sea armónica y genere medios de vida digna para ellos. También nos permite ver cómo la opinión pública entiende a los ecosistemas como entes aislados de otras realidades, en donde lo único que determina su permanencia es el tipo de estatus de protección que se le otorga.

El debate científico –como todos los debates científicos- no ha terminado. Existen fuertes evidencias que señalan que el manejo forestal genera mejores índices de conservación y fuertes evidencias que indican lo contrario. Las variables son infinitas: densidad poblacional, cercanía a ciudades, índices de marginación y desarrollo humano, claridad en los derechos de tenencia, uso y aprovechamiento, entre otros.

Lo que si podemos señalar es que en México, a diferencia de muchos otros países en el mundo, las áreas que tienen algún estatus de conservación están en manos de personas constituidas en núcleos agrarios (ejidos y bienes comunales). Y que esta realidad nos impide hacer paralelismos entre los Parques Nacionales de Estados Unidos y los de México, como una organización estadounidense indico en esta carta.

Los bosques comunitarios, como se les conoce de forma genérica en México, han demostrado ser una opción viable para lograr beneficios, ambientales, sociales y económicos en varias áreas del país. Elinor Ostrom, Premio Nobel de Economía, demostró que ejidos y comunidades pueden aprovechar responsablemente recursos comunes mediante una administración colectiva.

La experiencia también muestra que las comunidades que cuentan con permisos de aprovechamiento forestal para extraer madera y otros bienes hacen un manejo sustentable de sus recursos. La lógica es bastante simple: si el ecosistema está generando beneficios tangibles, entonces el protegerlo también será del interés de los propietarios. Entre los núcleos agrarios que poseen terrenos forestales, alrededor de 2 mil 300 cuentan con planes de manejo forestal; más de 4 mil comunidades en los últimos seis años han puesto en marcha sus propios programas de conservación forestal y hay más de 600 mil hectáreas certificadas por buen manejo[1].

En México, se perfila muy difícil lograr la conservación de ecosistemas mediante la sola asignación de niveles de protección ya que como muestra el caso del Nevado, la figura de Parque Nacional ha sido poco efectiva en el objetivo de evitar la deforestación y degradación forestal. Lo que requerimos son esquemas de gobernanza en los bosques que aseguren que las decisiones de todos los interesados se puedan alinear para generar espacios sustentables y que puedan competir, en el mundo real, contra la agricultura y ganadería, que son su principal amenaza. Creemos que este cambio de estatus al Nevado de Toluca puede ayudar a construir esta gobernanza. No firmamos un cheque en blanco. Será de suma importancia establecer un sistema de monitoreo eficiente que permita identificar avances y retrocesos en la conservación del Nevado de Toluca y así poder tomar decisiones basadas en ciencia, sobre cual es tipo de manejo que conviene para el Nevado de Toluca y sus habitantes.

En el ámbito nacional, vale la pena pensar si la mejor forma para alcanzar la sustentabilidad de los paisajes es a través de decretos y regulaciones restrictivas que ignoran la realidad en el campo o si es a través de un marco regulatorio que permita que las personas vivan dignamente de sus bosques y en armonía con el entorno.

Eduardo Jr. Arenas, Jefe de Incidencia y José Eseverri, Coordinador de Comunicación en Reforestamos México A.C.


[1] Competitividad y Acceso a Mercados de Empresas Forestales Comunitarias en México. Programa sobre los Bosques del Banco Mundial (2013), El Sector Forestal en México; Diagnóstico, Prospectiva y Estrategia.  Centro de Estudios de Competitividad del ITAM (2010).