RP-tsunami

Para Marisol

La estrategia es hacernos creer, a partir de una excesiva intervención en el espacio público desde la radio, la televisión, la prensa y gigantescos anuncios panorámicos, que cuentan con el apoyo de la enorme mayoría silenciosa. Persuaden a muy pocos pero sus atroces proyectos avanzan porque nos hacen creer lo contrario. Los impostores en el poder y sus empresas patrocinadoras gastan desorbitantes cantidades en publicidad, en manejo de la imagen, para justificar sus patéticos triunfos. Al final, cuando los vemos desfilar orondos con sus permisos de construcción, con su banda presidencial, con su reforma aprobada creemos que consiguieron convencer a muchos, pero, ¿y si su estrategia es sólo hacernos creer derrotados? Esta parece ser la trágica historia detrás de los megaproyectos que han saqueado hasta decir basta a la naturaleza, antes tupida y paradisíaca, que forraba de vida el territorio mexicano. Este es el caso del desastre ecológico de consecuencias inenarrables, incuantificables, de la ampliación recientemente aprobada del puerto de Veracruz, que destruirá al Sistema Arrecifal Veracruzano.

Madre de Veracruz

Veracruz existe gracias a este sistema arrecifal. La ciudad se funda en 1513 en el único espacio protegido del bravo mar. Estas formaciones rocosas, nacidas hace más de 10 mil años, hacen las veces de fortaleza marina para mitigar la fuerza destructiva de huracanes, tormentas y “nortes”. Pero además, cuando no hay mal tiempo, estos arrecifes contienen las corrientes para pintar un mar calmo, ideal para el turismo familiar. Por eso Veracruz es el primer destino de turismo nacional. Más de tres millones de personas visitan sus playas en Semana Santa. La ciudad entera se abre para recibir estas caravanas de mexicanos sedientos de mar. Oculto dentro del agua, Veracruz tiene su mayor defensa. Pero los arrecifes también son símbolo de abundancia. Se les conoce como “selvas marinas” pues atesoran una gran biodiversidad, en ellos viven el 25 por ciento de todas las especies marinas. Los corales y los pastos marinos son el origen de la vida acuática. Los pescadores veracruzanos lo saben. Sus redes son colmadas de la bendición del corredor arrecifal que va desde Tuxpan hasta Coatzacoalcos. Y, sin embargo, la historia de la ciudad, su cultura y su primer medio de subsistencia serán sacrificados por la ampliación del puerto veracruzano (Apiver).

Estampa del fracaso 

El puerto de Veracruz fue construido en el porfiriato, alrededor de 1900. Si bien durante varias décadas la población se vio directamente beneficiada de las operaciones portuarias, en las últimas décadas el puerto es administrado por intereses extranjeros. La vida de la ciudad metropolitana Veracruz-Boca del Río cada vez depende menos del dinamismo de este puerto pues ya las ganancias se reparten menos. Los veracruzanos viven del turismo y del comercio. El puerto es un apéndice, un espacio enajenado, un “no sitio”, que irrumpe el paisaje natural como un enclave de propiedad industrial. Los promotores del proyecto de ampliación aseguran que los catorce muelles no son suficientes para recibir el tráfico diario y, sin embargo, cualquier veracruzano puede desmentir este argumento. Basta detenerse frente al puerto para constatar que al menos la mitad de estos muelles están vacíos. Sin embargo, cantan como argumento de peso la posibilidad de abrigar buques de dimensiones gigantescas conocidos como “panamax”, diseñados especialmente para cruzar el recientemente ampliado Canal de Panamá. Los defensores del proyecto, que paradójicamente reciben sueldos públicos, argumentan también que la ampliación facilitará la exportación de los vehículos de lujo Audi, cuya planta ensambladora acaba de ser inaugurada en Puebla, y de autos Volkswagen. Es decir, para que unos pocos puedan quemar combustible revestidos de elegancia, poblaciones enteras, millones de personas, serán afectadas de forma irreversible. Esta es la estampa del fracaso económico incapaz de mostrar escrúpulos sobre el futuro de millones de personas y animales, y sobre la biodiversidad marina. Ésta es la inequidad en el reparto de los costos ecológicos. El alcance devastador de la ampliación del Apiver no podría ser, de ninguna forma, avalado por nuestros gobiernos y, sin embargo, no sólo es respaldado sino orquestado por quienes debieran protegernos y por quienes debieran prevenir absolutamente cualquier riesgo contra la vida y la integridad de las personas y el medioambiente.

Impostores de la representación

La crónica de este despojo es aterradoramente similar a otros casos en donde un grupo de ciudadanos y científicos se articulan para defender un ecosistema pero son prácticamente arrollados por una aplanadora poderosísima. En ese contubernio ilegal los principales impulsores del proyecto han sido, con base en los estudios e información pública generada por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP): Luis Fueyo Mac Donald, Comisionado Nacional, David Gutiérrez Carbonell, Director General en la CONANP, José Antonio González Azuara, Director de la Región Golfo de la CONANP y Tomás Camarena Luhrs, Director del Parque Nacional Sistema Arrecifal Veracruzano. Pero además, y esto es trágico, sus decisiones han sido avaladas por profesores y directivos de la Universidad Veracruzana, cuya planta directiva, comenzando por el recién suplantado rector, es una activa promotora de la destrucción del sistema arrecifal. ¿Cómo podemos comprender que la UV le de la espalda de este modo a la sociedad veracruzana? ¿Qué clase de mercenarios académicos están formando a las próximas generaciones de científicos?

Aunque estos son los representantes públicos del proyecto, ignoramos quiénes son, en realidad, los dueños del inmenso capital de más de 50 mil millones de pesos. Tal inversión en un proyecto innecesario sólo puede comprenderse a partir de la urgencia del poder financiero de aterrizar su dinero flotante. Estos megaproyectos diseminados por todo el planeta, especialmente en el “tercer mundo”, solucionan a los dueños del capital su apremiante necesidad de “solidificar su liquidez”. De esta forma también, el capital financiero coloniza territorios.

Este enorme poder ampara la omnipotencia de las mentiras contenidas en los múltiples Estudios Técnicos Justificativos y en las Manifestaciones de Impacto Ambiental plagadas de mentiras, la más elemental, por cierto: decir que los arrecifes que serían destruidos no pertenecen a la zona RAMSAR (humedales de importancia internacional). Pero también repiten una y otra vez, como consigna, que los arrecifes que serán prácticamente sacrificados por este proyecto ya están muertos.  El Dr. Leonardo Ortiz-Lozano, uno de los científicos comprometidos con la defensa de este sistema arrecifal, me explica que existen varios tipos de arrecifes, están los arrecifes de plataforma, más alejados de la costa y que son dignos de postal, pero también están los arrecifes bordeantes que son los más cercanos a las playas, con una biodiversidad mucho menor pero que, eventualmente, con la creciente del mar en varios miles de años, terminan convirtiéndose en arrecifes de plataforma. El arrecife Punta Gorda, el más grande del Golfo de México, que fue eliminado el viernes 15 de Noviembre pasado del polígono del Parque Nacional Arrecifal Veracruzano, pertenece a este tipo bordeante, pero dos arrecifes coralinos de plataforma, Gallega y Galleguilla, serán severamente dañados/sacrificados dada su cercanía con el polígono del proyecto de ampliación portuaria.

El riesgo de quedar sin patria

El proyecto contempla la destrucción total de la bahía Vergara. El riesgo de esta ocurrencia se desconoce. Se pretende dragar tal cantidad de arena que, me explican, se necesitarían todos los camiones de volteo, uno pegado a otro, que cabrían desde Veracruz hasta Mazatlán. Toda ese suelo, ese sedimento milenario, está contaminado. Ha recibido las aguas negras y las descargas de la Ciudad desde que el puerto fue creado. Es decir, se pretende abrir la cloaca y liberar al ambiente metales pesados y gases que llevan vertiéndose por más de un siglo al mar. ¿Cuál es el riesgo de realizar esto? ¿Qué impacto tendrá en la salud de la población veracruzana? ¿Qué reacciones tendrá esto sobre la vida marina? No lo sabemos. “Lo que sí sabemos”, explica el Dr. Ortiz-Lozano, “es que toda la riqueza de Veracruz es generada por el sistema arrecifal”. En otras palabras, se está sacrificando 10 mil años de historia natural –la edad aproximada del arrecife Punta Gorda- por un posible periodo de bonanza económica para un puñado de individuos.

Mientras los gases de efecto invernadero están enloqueciendo los vientos, dejando miles de muertos y destrucción detrás del paso de tifones y huracanes, los promotores de la ampliación del puerto de Veracruz apuestan por un modelo de negocios que se sostiene en la sobreproducción de bienes de consumo innecesarios, altamente contaminante, pero que además, destruirá la barrera, la fortaleza, que protege a la población veracruzana de, precisamente, huracanes, tormentas y tifones. ¿Quién toma la decisión de que corramos este riesgo? Nuestros gobiernos.

En los últimos 15 años, Veracruz ha perdido el 96 por ciento de su biodiversidad. El poder ha estado del lado de la devastación. Una de las consecuencias directas de ecocidios de esta magnitud es el vacío que evidencian en el estado. Enterémonos que no hay nadie defendiendo nuestro futuro. Enterémonos que, por el contrario, quienes están en el poder están secando el paraíso que merecía el nombre de patria. Si usted, como yo, cree que es una estupidez sacrificar el Sistema Arrecifal Veracruzano haga manifiesta su oposición. Hagamos notar que con la información disponible es de cínicos apoyar una promesa de calamidades y fracaso.

Ximena Peredo es activista.