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The Washington Post y The Guardian US recibieron ayer en Nueva York la máxima distinción en el periodismo estadounidense, el premio Pulitzer de servicio público por sus revelaciones basadas en las filtraciones de Edward Snowden sobre el espionaje masivo de la poderosa Agencia Nacional de Seguridad estadounidense (NSA en inglés).

Según el jurado, The Washington Post y The Guardian US recibieron el premio porque el primero contribuyó con 21 piezas periodísticas a que el público entendiera las revelaciones en el complejo entramado de la seguridad nacional; el segundo por generar con 15 piezas periodísticas un debate público en torno a cuestiones de seguridad y privacidad.

Aunque el hermetismo priva año con año las discusiones en torno a la decisión en el comité del prestigioso premio administrado por la facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia, en esta ocasión el debate no sólo verso en seleccionar el mejor trabajo periodístico de servicio público, como lo estipuló Joseph Pulitzer hace poco más de cien años, sino que también los 19  miembros del comité discutieron la idoneidad de seleccionar la cobertura del caso Snowden para este galardón, precisamente cuando en algunos sectores se percibe que esta historia va en contra del servicio público del periodismo, pues atenta contra la seguridad nacional.

Por sus revelaciones – producto de material robado por el ex contratista asilado en Moscú – ambos periódicos desataron ferias críticas de sus respectivos gobiernos. El presidente Barack Obama ha dicho que las revelaciones “pueden impactar en las operaciones (de inteligencia)” en forma inesperada en los próximos años y el ex-vicepresidente Dick Cheney ha llamado “traidor” a Snowden. El gobierno del británico David Cameron, por su parte, alentó la destrucción de material periodístico relacionado al caso en manos del rotativo londinense y en una inusual comparecencia ante parlamentarios en Westminster se sugirió que el editor en jefe del diario británico, Alan Rusbridger, colaboró con terroristas.

En la prensa, el analista de The New Yorker Jeffrey Toobin dijo que ambos periódicos no debieron diseminar las filtraciones al público por razones de seguridad nacional. Michael Kinsley de New Republic aseguró que si Snowden era culpable Bart Gellman el periodista que lideró este caso en The Post también lo era. Y el Daily Mail de Rupert Murdoch aseguró que la información publicada era un regalo que ponía en ventaja a los terroristas.

El jurado seguramente ponderó estos señalamientos a la luz de la importancia que las revelaciones han tenido en Estados Unidos y alrededor del mundo. Tras las revelaciones el presidente Obama ordenó una revisión oficial sobre las actividades de la poderosa y hermética NSA; reformas legislativas y candados se han introducido (sin mucho éxito) para salvaguardar la privacidad de los estadounidenses; gobiernos como los de Brasil y Alemania han redoblado esfuerzos para impedir que la NSA y su contraparte británica, el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ en inglés), sigan husmeando en la vida privada de sus líderes y ciudadanos.

Además, el jurado también pudo haberse basado en una icónica decisión: En 1972 The Associated Press describió como “debate sin precedentes” el que se dató en el comité del Pulitzer por galardonar a The New York Times por publicar los Papeles del Pentágono, documentos filtrados por el ex analista militar Daniel Ellsberg, que pusieron en evidencia las mentiras sistemáticas de la administración del presidente Lyndon B. Johnson (1963-1969) para con el Congreso y el pueblo norteamericano sobre la invasión a Vietnam. Como ahora con Snowden que está acusado de tres cargos de felonía en el Departamento de Justicia, Ellsberg en 1972 estaba esperando un juicio, que luego fue desestimado, por robo de documentos. Como entonces, el veredicto del Pulitzer no se basó en las acusaciones contra la fuente sino en la calidad e importancia de las piezas periodísticas.

Ya sea por las implicaciones nacionales e internacionales de la cobertura y/o por la tradición del comité en seleccionar las historias con base en su calidad y relevancia sin deparar en la polémica –como con The New York Times y los ya citados Papeles del Pentágono (1972) y The Washington Post y el caso Watergate (1973)– el tema es que el Pulitzer por servicio público es, como dijo Snowden en su carta de felicitación pública a The Post y The Guardian,  “una reivindicación para todos aquellos quienes creen que la población tiene un papel en el gobierno”.

José Antonio Brambila es estudiante de doctorado en la Universidad de Sheffield.