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Nos has sorprendido la muerte del brillante filósofo y ensayista político Ernesto Laclau (1935-2014), una de las figuras centrales de la filosofía política de la segunda mitad del siglo XX e inicios del siglo XXI. Conocí a Ernesto Laclau en un curso sobre Teoría política postestructuralista, impartido en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, sede México. No imaginaba como aquél hombre afable y de voz pausada, fuera el gran polemista apasionado por las ideas políticas y la lucha política, voz indispensable para pensar la democracia en América Latina en su rostro más vilipendiado: el populismo.

Ernesto Laclau se movía entre la historia, la teoría del discurso, la sociología, la literatura, la ciencia política, el psicoanálisis y la filosofía política. Esta pasión por las distintas disciplinas suscitó a través de su intensa vida intelectual diversas polémicas –Laclau diría: sus debates y combates-: su discusión marxista sobre el Estado con Nicos Poulantzas a partir de sus reflexiones en torno al debate Poulantzas-Miliband, su debate con el filósofo Richard Rorty sobre su “utopía liberal”, sus desacuerdos en el terreno del sujeto político con Slavoj Žižek, Michael Hardt y Antonio Negri, entre otras disputas ideológicas e intelectuales.

Un rasgo distintivo en la obra de Laclau, poco trabajada por sus comentaristas, es la vocación del ensayista político. Laclau pertenece a esa vieja tradición del ensayo político, compuesto por la riqueza conceptual y la brevedad en la exposición. Sus ensayos políticos están cruzados por las metáforas –“meandros de la multiplicidad”, “es sólo en el aire  caldeado del período de la revolución”-,  similar composición poética guarda la obra de Thomas Hobbes el Leviatán. El ensayista es consciente de la fluidez de la realidad y el mundo fragmentado, reflexión cara al posmodernismo, pues ha suscitado un torrencial de críticas a esta posición ideológica en el terreno de la filosofía política. De ahí que sus libros claves Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia –escrito junto a Chantal Mouffe- y La razón populista se puedan leer como un conjunto de ensayos en espiral, bella arquitectura conceptual, que en el caso de Laclau, exige, además, aprender su lenguaje filosófico.

Para Laclau la “modernidad” es un mundo fragmentado, la pérdida de la unidad. Esta visión Laclau la traslada a la comunidad política, entendida como una dispersión de demandas sociales que buscan en el espacio político articularse. Lo anterior Laclau lo indagó a través de su lectura de la historia política de los movimientos sociales y las luchas políticas, los cuales en un momento de su proceso histórico buscan articularse, es decir, expresarse en una unidad del discurso, por demás fugaz, en donde cobren significado las dispersas demandas sociales. En efecto, articular es una palabra clave en la gramática de la teoría del discurso de Ernesto Laclau, de ahí que escriba, junto a Chantal Mouffe, las siguientes líneas:

En el contexto de esta discusión, llamaremos articulación a toda práctica que establece una relación tal entre elementos, que la identidad de éstos resulta modificada como resultado de esa práctica. A la totalidad estructurada resultante de la práctica articulatoria la llamaremos discurso. Llamaremos momentos a las posiciones diferenciales, en tanto aparecen articuladas en el interior de un discurso. Llamaremos, por el contrario, elemento a toda diferencia que se articula discursivamente. (Laclau y Mouffe, 2004, 142-143).

En Laclau. Aproximaciones críticas a su obra (2008), el notable politólogo William E. Connolly, expone sus creencias políticas, siempre sometidas al escrutinio crítico, como el propio Connolly ha enfatizado a través de su obra, en relación con las ideas de Ernesto Laclau:

La obra de Ernesto Laclau es para mí una fuente de inspiración desde hace mucho tiempo…Tanto Laclau como yo nos situamos en la izquierda democrática. Los dos intentamos repensar el pluralismo bajo las nuevas condiciones históricas del ser. Ambos creemos que es probable que las alianzas democráticas a través de las cuales los liberales y demócratas intentan expandir la inclusión contengan exclusiones inconscientes o inarticuladas que puedan ser simiente de futuros sufrimientos, sorpresas, conflictos y nuevos llamados a un cambio significativo (William E. Connolly, 2008, 209-210).

El pensamiento político de Ernesto Laclau, atendido tanto por liberales como socialistas, es fuente de inspiración, como apunta Connolly, para repensar el proyecto socialista, que recoja la pluralidad de voces, que haga del capitalismo un instrumento para la distribución equitativa de los recursos, pensar en este proyecto socialista requiere imaginación política, como bien nos muestra Laclau con su obra, la cual empezará a rendir frutos en los años venideros.

Noé Hernández Cortez es Doctor de Investigación en Ciencias Sociales con especialidad en Ciencia Política por FLACSO, sede México. Profesor de Ciencia Política en el Departamento de Administración Pública de la Universidad del Istmo, Campus Ixtepec, Oaxaca. Puede ser contactado en noe.hernandez@flacso.edu.mx.


Referencias:

Laclau, Ernesto y Chantal Mouffe, 2004, Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Connolly, William E., 2008, “El ethos de la democratización”, en Simon Critchley y Oliver Marchart, Laclau. Aproximaciones críticas a su obra, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.