Después de dos años de gestión de política exterior del gobierno de Enrique Peña Nieto, se puede afirmar que ha seguido a una matriz lopezmateista, tratando de volver a colocar el país en el escenario internacional y buscando una diversificación hacia aquellas regiones del mundo donde México no ha tenido una presencia en términos tradicionales. El activismo del presidente en cuanto a la diplomacia de viajes, habiendo realizado en el año 2014 11 giras internacionales a 14 países, se asemeja a la intención de Adolfo López Mateos (1958-64) en su tiempo de buscar activar las relaciones con contrapartes en América Latina, Europa, Asia y en lo multilateral;1 por igual los propósitos de la política exterior no se diferencian mucho.2 Sin embargo, México hoy tiene que dar un paso más y mayor: La política exterior de México tiene que entrar en una segunda etapa de iniciativas propias, más allá del objetivo de los dos primeros años de lograr una mayor visibilidad internacional. Ahora se trata de desarrollar una presencia internacional madura, en la cual la política exterior deja de ser un mero espejo de las prioridades en materia interna.

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El inicio del año es una coyuntura oportuna para plantearse metas de política en contextos desconocidos del año nuevo en curso que siempre demandará las adaptaciones de momento. La recuperación de la “fe latinoamericanista” del gobierno de Peña Nieto ha demostrado ser una tarea difícil por el hecho de ejercer una “diplomacia con alto contenido económico”.3  Hasta la fecha, los debates sobre la política exterior de México no demuestran la disposición de asumir realmente la tarea de ser un “actor con responsabilidad global”. La mera prolongación de la política interna a la política exterior es una veta insuficiente para poder cumplir con el objetivo anhelado en los diferentes escenarios de la política internacional. México tiene que madurar su política internacional y hacer suyos los retos que plantean los problemas globales de hoy.

1. Recomponer la imagen del país

A pesar de los esfuerzos del gobierno por colocar al país con la imagen de un destino atractivo para inversiones extranjeras, nos encontramos al inicio del año 2015 con un panorama más difícil: Ayotzinapa, Tlatlaya y los problemas de la seguridad no pueden sacarse de la foto, son parte de la realidad del país y necesitan integrarse en el diseño de políticas. La violencia interna han cambiado la percepción del país y afectado las estrategias de imagen dibujadas desde el gobierno. De nuevo se demostró que no es posible construir una imagen/marca de país en contra de la realidad del propio país. México tiene que asumir políticas efectivas de protección de los derechos humanos y de la integridad personal de sus ciudadanos, si no desea verse expuesto siempre de nuevo ante la comunidad internacional.

2. Asumir responsabilidad global en serio

Presencia global no es igual a responsabilidad global – es esta la equivocación central del gobierno actual. Mostrar presencia sin asumir responsabilidad sustantiva es un mensaje vacío que rápidamente se ha detectado en las contrapartes internacionales de México. Si el país desea cumplir con el objetivo de fungir como “actor con responsabilidad global” tiene que posicionarse con iniciativas propias en la política internacional. Tal esfuerzo estará chocando en algún momento con la proyección presente —ciertamente heredada de los gobiernos panistas anteriores— de querer ser visto como “país puente”  de “pertenencia múltiple” y de una presencia indiscriminada en todos los espacios. Ampliar la presencia internacional sin un claro objetivo para cuál fin se desea lograr esto, deja un vacío de definición política y de mensaje a la comunidad internacional. Sobre todo el deseo de estar en todo sin invertir nada, es muy difícil imaginar que se puede construir un compromiso serio y una acción común con otros actores.

Querer potenciar el desarrollo nacional es un objetivo muy limitado si se considera que muchas metas en la política internacional corresponden al de un ámbito político sin tener una relación directa con los destinos del desarrollo nacional. No hay alternativa para el relanzamiento internacional y la ampliación de la capacidad de acción de México a plantearse prioridades con las cuales desea ser identificado a nivel mundial más allá de presentarse como destino atractivo para la inversión extranjera. Responsabilidad global implica asumir costos, económicos y políticos. Sin una mayor presencia como donante en materia de las políticas de desarrollo y proyectos visibles con países del Sur no será posible demostrar la reclamada “responsabilidad global”.

3. Definir liderazgo e iniciativa en las relaciones con los grandes poderes
El “Mexican Moment” en materia de política exterior no ha iniciado y corre peligro de aparecer nunca, si no se lo desarrolla activamente. Esto implica aprovechar las ventanas abiertas con EE.UU. en una fase de la política exterior de Barack Obama, en la cual asume decisiones centrales y se juega su legado como el acuerdo con Cuba de normalizar las relaciones bilaterales. Las mismas decisiones presidenciales en materia migratoria, que tan limitados siempre puedan aparecer, son una ventanilla que México debe aprovechar con una iniciativa propia por hacerlos efectivas y promocionarlos político- y no solo consularmente en los mismos EE.UU. Lo mismo vale para el tema del cambio climático y las propuestas conjuntas de China y EE.UU. que deberían ser motivo para relanzar a México como uno de los protagonistas en esta materia en la COP 21. Con EE.UU. sigue presente una atrofia de la relación: a pesar de que se alcanzó la des-narcotización del diálogo bilateral, no se ha podido establecer una visión conjunta de la tan invocada “responsabilidad compartida” en los temas de la droga, de la migración y de un nuevo tipo de relación en América del Norte.

Aunque se haya logrado remover los obstáculos del pasado en la relación con China, esto solamente representa una etapa formal, pero todavía no sustancial. La presencia mexicana en el APEC al igual en las negociaciones del TPP hasta la fecha no ha aportado un perfil político propio y más bien ha quedado en lo simbólico. No se visualiza una posición multilateral con aplomo sino una preferencia sistemática en multiplicar lo bilateral, dejando pasar por este preferencia importantes oportunidades para posicionar al país. En 2015 habrá que impulsar estas relaciones con iniciativas sustanciales todos involucrados en la búsqueda de consolidar y aumentar su presencia internacional. Aprovechar los foros informales como el G 20 y las conferencias internacionales para lanzar iniciativas en materia de seguridad alimenticia, energías renovables, seguridad cibernética etc. sería un papel que México podría asumir.

4. Desarrollar cooperaciones con los países emergentes
El compromiso que México asumió con la fundación del grupo MIKTA (México, Indonesia, Corea del Sur, Turquía, Australia) en octubre 2013, abre un potencial de coordinación de políticas multilaterales importante, quizás mayor al de los BRICS, pero necesita de un esfuerzo especial para consolidar esta agrupación como un conjunto de países que podrían fungir como bisagra a nivel internacional. Esto implica ejercer una diplomacia activa que vaya más allá de una multiplicación de relaciones bilaterales y de instaurar un espacio de interlocución propio en el marco del G20. Como se trata de una plataforma de interrelación con países sin interdependencia económica y social, hay que construir la relación desde el entendimiento político en base a la voluntad de sus integrantes. El espacio MIKTA, por lo tanto, tiene  que basarse en la voz que levanten sus integrantes desde una visión común sobre los problemas internacionales – por cierto más allá de la agenda del G20 – para poder convertirse en una instancia que fuera reconocida internacionalmente.

Pero el diseño de las relaciones exteriores de México con economías emergentes tiene que extenderse más allá del grupo MIKTA: Por su propio posicionamiento en las cadenas internacionales de valor México – y especialmente las empresas transnacionales presentes en el país – han generado un perfil de inserción comercial del país que se puede identificar claramente en la balanza comercial del país. Es ampliamente conocido el caso de China, pero también los casos de Corea del Sur, Malasia y Tailandia son casos que llaman la atención y requerirían un molde política a relaciones comerciales a nivel de empresas. Profundizar el diálogo político es un camino imprescindible si se desea construir relaciones con países con los cuales ya existe un nivel importante de interdependencia.

5. Participar activamente en las negociaciones del TPP y TTIP
Paradójicamente la relación bilateral con EE.UU. se está gestando crecientemente en arenas de negociación con terceros, sea en el TPP (Trans-Pacific Partnership) o en el TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership), este último EE.UU. lo está negociando con la Unión Europea sin participación mexicana. Canadá ya logró terminar las negociaciones de su nuevo acuerdo con la UE llamado CETA que enfrenta ahora un difícil proceso de ratificación en Europa. Aunque este proceso avanza con resultados inciertos, México debe acompañar este proceso con una diplomacia pública activa y visible, planteando sus intereses de manera abierta e insistente, justamente para dar más peso a su deseo de verse involucrado en esta negociación4. La anunciada renegociación de su relación bilateral con la Unión Europea tiene que mantenerse en paralelo a los avances en el TTIP, teniendo en cuenta que la dimensión comercial estará perdiendo de peso en su relación con la UE, debido al poco dinámico desarrollo de este sector. Con su categorización como país de renta media-alta también en materia de cooperación las posibilidades de  poder esperar mayores ventajas de la anhelada “modernización de la Asociación y del Acuerdo Global” más bien son limitadas. Además hacen falta esfuerzos de mayor calado para definir una agenda de diálogo política con la UE que no repita conversiones y acuerdos llevados a cabo en otros foros sino lograr diseñar un eje de debates propios para México más allá del paquete típico que trata de aplicar Bruselas alrededor del mundo; si no las relaciones con la UE  no ofrecerán los frutos esperados.

6. Desarrollar activamente nuevos espacios y alianzas de presencia internacional
El año 2015 estará caracterizado en lo multilateral por los debates mundiales de la Agenda de Desarrollo Post-2015, del Financiamiento para el Desarrollo y el Desarrollo Sostenible, temas en las cuales la posición mexicana hasta la fecha sigue siendo muy vaga, por no hablar de avances en la formación de alianzas con otros países en esta materia. Urge elaborar en esta materia un posicionamiento de México que sea reconocible internacionalmente y logre ubicar al país en las diversas corrientes existentes en esta materia.

En el ámbito regional estaremos asistiendo en 2015 a cambios importantes: la normalización de la relaciones entre Cuba y EE.UU. implicará para el área del Caribe el despertar del “gigante Cuba” en materia de turismo, dinámica económico e infraestructura marítima. México tiene que prepararse a las recomposiciones en esta “tercera frontera” del Caribe que incluye por igual las dinámicas de un posible Acuerdo Paz en Colombia y un descalabro del régimen chavista en Venezuela. ¿Cuáles compromisos estará dispuesto asumir México en estas situaciones? ¿Cómo definirá entonces su papel en este contexto latinoamericano profundamente cambiado?

Hay espacios que están políticamente agotados y no tienen mucho que dar en el futuro: Esto se evidenció en la Cumbre Iberoamericana en diciembre 2014 que a pesar del empeño de la SRE no resultó ser capaz de reanimar este espacio sin rumbo, sin compromiso sustantivo de las partes y sin dirección en el ámbito internacional.  

7. Involucrar el público en la política exterior
Sin una participación y resonancia adecuada en el interior como en el exterior no es factible realizar hoy en día una política exterior exitosa. La tradición de la SRE sigue presente en su orientación de un planteamiento añejo, muy restrictivo de sus iniciativas de política exterior, ni los presenta públicamente, ni trata de generar apoyo en la sociedad ni los medios. La comunicación sigue a un carácter unilateral desde el gobierno, sin construir canales de intercambio y entendimiento en la sociedad. Un ejemplo de ello es la oportuna decisión del gobierno de aceptar la participación con activos en Misiones Internacionales de Paz, que cayó como sorpresa por la ausencia de un debate público —y ciertamente sin la tan necesaria discusión sobre las posibles secuelas de tal participación. Comprender a la política exterior como política pública no solamente implica aumentar la calidad técnica de la política exterior, sino también su dimensión social. Una política exterior centrada en un manejo limitado al Ejecutivo no tiene profundidad ni enraizamiento, tampoco logra desplegar su potencial con otros actores como multiplicadores. No hay que tenerle miedo a la sociedad, hay que hacerla partícipe de la acción externa y la presencia del país a nivel internacional.

El proceso de maduración de la política exterior mexicana sigue siendo el reto del momento para poder competir internacionalmente y poder alcanzar la meta de “un actor con responsabilidad global”. La experiencia lopezmateista es valiosa para volver a un sendero más activo en el diseño de la política, ahora es el momento para dar un paso más y darle profundidad al quehacer de la SRE con un planteamiento de crear valor agregado para México y para la comunidad internacional desde iniciativas mexicanas. El patrón que orientaba la política exterior de López Mateos en buscar el equilibrio entre política interna y externa hoy en día es insuficiente, al igual como el mero interés en un activismo internacional.5 La etapa que sigue hoy en día es la maduración de la política exterior con un posicionamiento propio frente a los retos de la política internacional y con aportaciones sólidas, superando los péndulos tradicionales entre introspección y activismo coyuntural.  

 

Günther Maihold
Titular de la Cátedra Guillermo y Alejandro de Humboldt en El Colegio de México, A.C.


1 Cfr. Ana Covarrubias: “La política exterior: en busca del equilibrio”, en: Gobierno del Estado de México (ed.): Adolfo López Mateos- una vida dedicada a la política (1910-2010). Centenario de su natalicio, Toluca 2010, pp. 267-300.

2 Mutatis mutandis no se distinguen mucho de lo que Adolfo López Mateos explicaba como sus objetivos: “mantener intactas la soberanía y la independencia del país (….) buscar cooperación entre nuestras amistades internacionales para acelerar el progreso económico, social y cultural de México sobre bases mutuamente ventajosas, y cooperar nosotros mismos, en la medida de nuestras posibilidades prácticas, al desarrollo de todos los países que pudieran requerir nuestra ayuda (…) contribuir sin límite al logro de todo buena causa que favorezca el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales”; Adolfo López Mateas (1958-64): Tercer informe de gobierno, México, DF: 1961, p. 231.

3 “José Antonio Meade: “Queremos hacer una diplomacia con alto contenido económico”, El Economista, 18 de diciembre de 2014.

4 Cfr. Günther Maihold: “Mexico-EU: How to Deal with a Wannabe Leading Power”, en: Jörg Husar/Günther Maihold/Stefan Mair (eds.): Europe and New Leading Powers. Towards Partnership in Strategic Policy Areas, Baden-Baden: Nomos Verlag 2010, pp. 103-116.

5 Cfr. Ana Covarrubias: “"La política exterior "activa"…una vez más", en: Foro Internacional, vol. 68, núms. 1-2 (191-192), enero-junio, 2008, pp. 13-34.