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El problema del narco y sus actividades criminales asociadas, que generan un severo problema de violencia e inseguridad, se encuentran íntimamente ligados al modelo económico y político de México. No es un fenómeno contingente, como tampoco tan sólo es un problema de políticas de seguridad o de salud (que sería un enfoque reduccionista), sino es principalmente uno de orden económico y pro sistémico. En otras palabras, su florecimiento en los últimos años se ha nutrido de la lógica del modelo económico y contribuye en parte a su continuidad.

México, desde principios de los ochenta, adoptó un modelo económico neoliberal, uno apegado al ideario del consenso de Washington.[1] Este modelo consistió en abrir el comercio exterior del país, atrayendo inversión extranjera, reduciendo el gasto gubernamental, liberalizando el tipo de cambio, cambiando las prioridades en gasto público, junto con una reforma fiscal, privatización de las empresas estatales, desregulación de la economía (que incluye flexibilización de la mano de obra), seguridad jurídica para los derechos de propiedad y liberalización de la tasa de interés. El gran culmen de este modelo económico ha sido el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la idea de que México se “suba al carro” de Estados Unidos y éste arrastre el crecimiento y desarrollo económico mexicano.

Esta política ha sido un éxito en cuanto a la integración comercial de México con el exterior, con EU[2] y en cuanto a la inversión extranjera directa. El coeficiente de apertura externa[3] pasó de 39% en 1993 a 64.6% en 2013. La inversión extranjera paso de nueve mil millones de dólares de 1995 a 42 mil millones en 2013,[4] mientras que EU absorbe el 79% de las exportaciones mexicanas y representa el 49% de las importaciones mexicanas a 2013. [5] A pesar de estas cifras, el modelo ha tenido resultados magros en cuanto a crecimiento económico, empleo y distribución del ingreso en las últimas dos décadas.[6] El PIB sólo ha crecido a una tasa del 2.4% anual en el periodo de 1993-2013[7] y han aumentado las tasas de ocupación informal y desempleo. [8]

En este contexto, el florecimiento actual del fenómeno del narcotráfico sigue perfectamente las pautas del modelo neoliberal y se ha adaptado exitosamente a los resultados que ha generado en México. Básicamente, las organizaciones del narcotráfico son empresas capitalistas (ilegales) que se dedican a la exportación al mercado de más importancia de México y del mundo: EU. Para ello, requieren importar productos de EU (armas) que les permiten garantizar su producción y distribución de narcóticos, para posteriormente exportarlos a Estados Unidos. Incluso algunas veces maquila parte de la producción en México, para añadirle cierto valor agregado, al importar componentes básicos de otras partes del mundo (ej. pseudoefedrina). 

No es que no existiera narcotráfico previamente en México hacia EU, [9] pero su éxito actual no podría explicarse sin el TLCAN y la globalización económica, que al incrementar los flujos y volúmenes de intercambio comercial internacional, le brinda enormes oportunidades para traficar con éxito droga y otras mercancías. Éstas son empresas triunfantes dentro del modelo de crecimiento hacía el exterior, dentro del ideal de “subirse al carro” de EU. Obviamente, esta situación tampoco podría explicarse sin la política prohibicionista de EU y el seguimiento de la misma por México, que eleva los precios de los narcóticos, haciéndolos una actividad sumamente lucrativa. 

Aún más allá de su lógica como empresa, el narco como industria hace juego perfecto con el modelo económico. Reforzándolo y aprovechando las oportunidades que este le brinda. Su actividad genera una gran cantidad de divisas (991 millones de dólares al año)[10] que contribuyen a equilibrar la balanza de pagos, ya que la economía mexicana suele generar un déficit de cuenta corriente (13.6 mil millones de dólares en promedio de 1993 a 2013).[11] Tal vez ésta podría ser la razón que explique el porqué no sean “cazados” los recursos ilegales del narco, pues permiten estabilizar el modelo económico. [12]

Asimismo, ante la retirada del gobierno de la actividad económica (tanto en gasto como en regulación) para permitir al sector privado ocupar preeminencia, la industria capitalista del narco no ha dudado en usar su poderío económico en esta lógica. El narco se dedica activamente a invertir sus recursos (que se estima representan el 40% del PIB) [13] en diferentes instituciones y niveles de gobierno, al corromperlas, [14] para asegurar sus ganancias (situación acentuada por la guerra contra el narco). [15] Se estima que el narco gasta mil millones de dólares al año en sólo corromper policías municipales. [16] No sólo se circunscribe a este actividad, trata de suplantar al gobierno con cierto gasto social (pago de edificaciones, dádivas a la población, por ejemplo), trata de recolectar impuestos (extorsiones por “derecho de piso”) e incluso captura rentas del mismo gobierno al infiltrar gobiernos locales (ej. Iguala). De este último punto, por ejemplo, se estima que el narco ha robado 15 mil millones de pesos de petróleo estatal, [17] ha recibido subsidio de programas sociales para sus sembradíos [18](PROCAMPO) o bien ha infiltrado municipios de los cuales extrae dinero de sus arcas. [19]

Igualmente, la industria del narcotráfico ha aprovechado la parte de la agenda de desregulación económica –la flexibilización del trabajo– que genera empleos mal pagados, inseguros e informalidad laboral; así como la reducción del gasto social, que ha dado pie a un incremento de la desigualdad económica, y la falta de oportunidades que permitan la movilidad social en el mediano plazo, para proveerse de mano de obra barata. En términos relativos mientras el salario mínimo legal sea bajo, el narco seguirá siendo una opción legal viable. Esta abundancia de mano de obra, especialmente en personas jóvenes, ha sido calificada como el “ejército delincuencial de reserva”. [20] Una mano de obra barata que acepta los riesgos de la actividad criminal, a pesar de las nulas prestaciones que tiene, dada las bajas expectativas de progresar económicamente y de manera legal bajo el sistema imperante. Incluso, aprovecha la instrucción y esfuerzos del gobierno en crear fuerzas del orden, para reclutarlos posteriormente debido a sus bajos salarios. De igual manera, también genera empleos legales indirectos como despachos contables, empresas de seguridad privada, restaurantes, entre otros, que soportan el mecanismo de lavado de dinero.

La cantidad de empleos que genera el narco no es despreciable, estimados en 486 mil personas, [21] que por contradictorio que pueda parecer ayudan a la estabilidad del sistema. Esto es, al proveer una ocupación remunerada a miles de personas, que muchas veces se asesina entre ellas otras tantas a civiles, liberando presión política al sistema político que permite la continuidad del dogma neoliberal. Esto a pesar de los miles de muertos y desaparecidos. De otra manera, se tendrían miles de personas desempleadas o mal remuneradas, que representarían un potencial peligro al régimen neoliberal si se organizaran demandando la equidad económica.  [22]

Incluso, la lógica económico neoliberal imperante ha llevado a EU a exportar su “guerra contra el narco”, convirtiendo al gobierno mexicano en empresa de outsourcing y en un gran mercado para su industria armamentista. De ahí la ayuda monetaria, material y de inteligencia que provee EU a México, pero nunca deteniendo la importación ilegal de armas (del cual es mayor productor mundial), insumo esencial para las actividades del narcotráfico. Las cifras son contundentes: el 75% de las armas decomisadas a delincuentes proceden de EU. [23]

Es así que el narco es una industria capitalista 100% exitosa dentro del ideario del neoliberalismo mexicano. Capitalistas que producen y comercian exitosamente con EU y el mundo; que ingresan divisas al país; que aprovechan la mano de obra barata de México y generan gran cantidad empleos legales e ilegales; que como actor privado sustituyen al gobierno en sus funciones, e incluso permite al gobierno mexicano ser una empresa subcontratista de la seguridad de EU. 

Las actividades delincuenciales del narco se encuentran más que favorecidas, están incrustadas dentro de la política económica neoliberal, y contribuyen a su estabilidad. El narco no pretende sustituir al Estado (neoliberal) y su política económica, mas sí capturarlo para asegurar y diversificar su modelo de negocios. Tratar la problemática del narco como uno exclusivo de salud o seguridad exclusivamente, es negar la lógica económica que le ha dado vida, le da éxito y le resulta útil al mismo sistema. Por lo tanto, la eliminación del narco requiere trasformar radicalmente las políticas públicas fuera de los cánones neoliberales, hacia políticas de intervención estatal directa en la economía y de corte distributivo del ingreso, [24] para eliminar así de raíz la lógica perfecta de existencia del narco en el modelo económico mexicano. Así como ir más allá de la política prohibicionista que le genera tasas de ganancias extraordinarias y pasar hacia la legalización para reducir su poderío económico.

Salvador Medina Ramírez es economista/urbanista. Actualmente labora en el Instituto de Políticas para el Transporte y Desarrollo.


[1] Término acuñado por John Williamson, que fue adoptado como un manifiesto de política por la derecha neoliberal, de acuerdo al mismo autor. En este sentido, por un modelo económico neoliberal debe de entenderse aquel que sigue las políticas del consenso de Washington. Para un mayor debate sobre el término véase: Boas, Taylor & Gans-Morse, Jordan. (2009). Neoliberalism: From New Liberal Philosophy to Anti-Liberal Slogan. Disponible aquí.
[2] Esto a pesar de tener firmado otros 10 tratados comerciales y un acuerdo de asociación económica con Japón.
[3] Se trata de una medida que indica la internacionalización de la producción de un país y el grado de interdependencia que tiene con el exterior. Este se obtiene de la suma de las exportaciones más importaciones de bienes y servicios, dividido todo entre el producto interno bruto.
[4] Elaborado con Indicadores del desarrollo mundial, del Banco Mundial, para año 2013, y 1993 Banco de México.
[5] Elaborado con datos del Banco de México.
[6] Para una explicación de este estancamiento económico véase: Ros Bosch, Jaime. (2013). Algunas tesis equivocadas sobre el estancamiento económico de México. COLMEX y UNAM.
[7] Elaborado con datos del Banco Mundial.
[8] Para un análisis de las tasas de desempleo y las tasas de informalidad véase Ros, op cit.
[9] Enciso, Froylan. (2013). “Régimen de prohibición de drogas y narcotráfico en México”. Video del Colegio de México. Disponible aquí.
[10] Ríos, Viridiana. (2008). “Evaluating the economic impact of Mexico’s drug trafficking Industry. Working Paper”. Harvard University: Department of Government. Disponible aquí.
[11] Elaborado con datos del Banco de México.
[12] Flujos que además podrían ser parte importante del lavado de dinero en México que se estima en 1.6% del PIB. Pedrosa, Levy. (2013). “Lavado de dinero en México. Estimación de su magnitud y análisis de su combate a través de la inteligencia financiera. Realidad, datos y espacio”. Revista Internacional de estadística y geografía. INEGI: México. Disponible aquí.
[13] Buscaglia, Edgardo. “La Paradoja Mexicana de la Delincuencia Organizada ¿Más policías….. Más violencia organizada y….. Más corrupción? ¿Hasta dónde?” Disponible aquí.
[14] No quiere decir que no haya existido corrupción antes, ésta ha sido endémica en el régimen político mexicano pos revolucionario. Sin embargo, ahora el fenómeno del narco con sus enormes flujos de dinero, ha llevado esto a niveles nunca antes vistos.
[15] Esto sucede debido a la llamada “paradoja de la sanción penal”, que refiere a que cuando el gobierno utiliza mayor represión para eliminar el crimen, este generará más violencia y corrupción para defender sus ganancias. Buscaglia, op. cit.
[16] Radden, Patrick. (2012). “Cocaine Incorporated”.  New York Times Magazine. Disponible aquí.
[17] “El crimen organizado ha robado de Pemex cerca de 15 mil millones en los dos últimos años: Lozoya Austin”. Sin Embargo. Disponible aquí.
[18] Hernández, Evangelina y Alvarado, Ignacio. (2009).  “Procampo financia narcos y familiares”. El Universal. Disponible aquí.
[19] Se estima que la infiltración del narco llega hasta el 72% de los municipios del país. Cifra que resulta sorprendente por su magnitud y que habría que manejar con precaución. Fuente: Ayuntamientos y Crimen Organizado 2008 – 2009. México: Senado de la Republica. Disponible aquí.
[20] Murayama, Ciro. (2012). “Ejército delincuencial de reserva”. Nexos núm. 409 (enero). Disponible aquí.
[21] Ríos, op. cit.
[22] Para consultar las cifras de desaparecidos véase. Merino, José, Zarkin, Jess y Fierro, Eduardo. (2015). “Desaparecidos”.  Nexos. Enero 2015. Disponible aquí. Las cifras de muertes relacionadas con el narcotráfico entre 2006-2012 es de 63 mil vidas. Rios, Viridiana (2013), “Who started the Mexican Drug War?”, The Harvard Kennedy School Review, 13, pp. 18-22.
[23] Pérez Esparza, David & Weigend Vargas, Eugenio. (2013). “Más armas, más delitos, más homicidios”. Nexos. Septiembre 2013. Disponible aquí.
[24] Un ideario político alterno para reducir la inseguridad y violencia ha sido sintetizado por Democracia Deliberada como “El otro decálogo: una agenda de derechos y justicia”. Disponible aquí.