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En un evento organizado por el National Press Club en el centro de Washington, DC el mes pasado, el fiscal general de Estados Unidos, Eric Holder, afirmó que el periodista que recibe información de un filtrador tiene “la capacidad de exponerla al público, ¿pero debe?”.

La ironía de sus palabras no pasó inadvertida para el público. Bajo el mandato de Holder, y con la bendición de la Casa Blanca, la Fiscalía General ha mantenido una política de mano dura contra las filtraciones a periodistas. Encarceló a Stephen Kim, un analista en el Departamento del Estado, por haber compartido información clasificada de un informe interno sobre Corea del Norte a James Rosen, un reportero de la cadena Fox News

También llevó a James Risen -sin relación con Rosen-, reportero del New York Times, a tribunales, exigiendo que divulgara la fuente que le dio datos sobre un programa de la CIA para sabotear el sistema nuclear de Irán. La fuente, un exagente de los servicios de inteligencia de EE UU –Jeffrey Sterling, según el gobierno– será sentenciado a finales de abril. Chelsea Manning está cumpliendo una sentencia de 35 años en una cárcel de máxima seguridad por el caso de Wikileaks. Y Edward Snowden, el filtrador más conocido del mundo por sus revelaciones del ciberespionaje masivo llevado a cabo por la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) estadounidense, sigue aislado en Rusia sin pasaporte y con un futuro brumoso. En total, seis periodistas en los años de Obama han sido acusados de crímenes bajo la Ley de Espionaje de 1917. En efecto, el periodista de investigación ha sido criminalizado y su periodismo marcado como una “amenaza a la seguridad nacional.”

El gobierno mexicano parece estar tomando nota de su colega al norte. El despido de Carmen Aristegui revela mucho del estado de la libertad de expresión en el México actual. En donde una plataforma, Méxicoleaks, antes de publicar ni una sola palabra, está bajo ataque por desafiar a la clase política y oligárquica. En donde una clara ofensiva por los directores de MVS contra el trabajo del equipo de Aristegui ha sido etiquetada en los medios como una pelea comercial. En donde el propio ombudsman de MVS reconoce la injusticia. 

En consecuencia, el programa de Aristegui, una especie de sermón para millones de mexicanos, ya es historia. El show de noticias más popular de la radio mexicana fuera del aire. Los oyentes anhelaban la voz independiente de la conductora y Aristegui lo sabía a la perfección, presentando su programa cada mañana como una obra de teatro a su público. A veces, hiperbólica. A veces, pomposa. Pero, a pesar de sus defectos, el show de Aristegui era diferente. El periodismo mexicano mejoró con su presencia. 

Sus compañeros dentro y fuera de México han respondido con una ola de solidaridad. “Una cortina de humo,” subrayó la columnista Denise Dresser en su columna “Je Suis Carmen” sobre la supuesta pelea comercial. Elisa Alanís de El Universal expresó que “la voz de Carmen Aristegui es importante y necesaria.” Jorge Ramos, quizás el periodista mexicano más famoso en el extranjero, opinó en Twitter: “Lógica mexicana: Descubren conflicto de EPN, su esposa y Videgaray en compra de casas. ¿A quién despiden? A los periodistas que lo descubren”.

Algunos medios estadounidenses como el Washington Post y el Los Angeles Times fueron inusualmente escépticos en su cobertura. Tracy Wilkinson, de este último, destacó, “Mucha gente en México ve las acciones de la emisora [MVS] ​​como un esfuerzo para intimidar y castigar a los periodistas que hacen periodismo duro y especula quién está realmente detrás de ello”. Joshua Partlow, del Washington Post, especuló sobre el futuro de Méxicoleaks, “Que su existencia haya generado tanta discusión en México, a fin de cuentas podría ayudar a su causa.”

Y si cierra el espacio, ¿alguien sabe con certeza cuándo se volverá a abrir?

En sus declaraciones afuera de las oficinas de MVS, Aristegui afirmó que México está viviendo “un vendaval autoritario”. En Washington, ese vendaval ha producido víctimas y silencio. Visto desde Estados Unidos, el mensaje del gobierno al periodista mexicano es sencillo: enfréntanos bajo tu propio riesgo.

Daniel A. Medina es un periodista estadunidense con base en Nueva York.