Foto: efe

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He andado todo el día con Tomás Eloy en la memoria como una sombra bondadosa. Porque andar con Tomás era siempre andar protegido por su bondad sabia como pocas. He andado por Nueva York, por las calles que anduve oyéndolo, en las que tanto le aprendí en tan poco tiempo. Quise muchísimo a Tomás Eloy, lo admiro siempre. Había escrito un texto largo contando nuestros encuentros y mis aprendizajes. Era imposible hablar con él sin aprenderle algo, sin saberse tocado por su noble y larga generosidad. Se borró de esta máquina necia. Y ni modo. He de irme de aquí, porque estoy a media calle. Ya sabrá él lo que son las tres de la mañana y un cansancio triste, este cansancio que lo nombra y bendice.

Ángeles Mastretta. Escritora.

Tomado del Blog Puerto Libre de Ángeles Mastretta en elpaís.com