Una afirmación extraordinaria requiere de pruebas extraordinarias. Si bien la práctica científica busca apegarse a este hecho, los medios de comunicación se sienten cómodos al alejarse de él. Para muestra, la más reciente estrella que ha acaparado las secciones de ciencia de muchos espacios informativos.

La historia comienza con la serendipia como el motor del revuelo. El pasado mes de septiembre se publicó un artículo científico con el título de Planet Hunters X, y que traela firma de un buen número de investigadores –y un astrónomo amateur- de diferentes universidades renombradas y con residencias en distintas esquinas del planeta.

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A pesar de que en el artículo se describe una estrella y no un planeta, su título lleva el mismo nombre de la organización formada por personas aficionadas que se encargan de analizar las observaciones realizadas por la misión Kepler, operada desde hace más de cuatro años por la NASA. Cabe mencionar que el objetivo de la misión que lleva el nombre del astrónomo alemán del siglo XVI, y que es recordado por las leyes del movimiento planetario alrededor del Sol, es el de descubrir planetas fuera de nuestro sistema solar y con características similares a los de nuestra Tierra.

La misión de estos cazadores voluntarios de planetas es identificar señales de planetas transitantes. Es así que la gente analiza datos en búsqueda de algún patrón que indique el movimiento de un planeta alrededor de una estrella. Hasta ahora, el proyecto ha llevado al descubrimiento de casi un centenar de planetas candidatos. 

Hace cuatro años, los investigadores se vieron interesados por un debate en interfaz Talk –que es un espacio propio de estos usuarios diseñado para que discutan sus observaciones-. Aquí, se desarrollaba una plática en la que a un cuerpo se le describía como “extraño”, “interesante”, y con un “tránsito gigante”, y que los investigadores atribuyen a un observaciones que resultaron de la serendipia. A éste se le llamó KIC 8462852. 

Posteriormente al debate, y a los estudios pertinentes que se realizaron al cuerpo localizado fuera de nuestro sistema solar, los investigadores publicaron en las noticias mensuales de la Real Sociedad Astronómica el artículo resultado de este evento. Sin embargo, a pesar de que los medios de comunicación han dado a conocer este trabajo por la evidencia que arroja de posible vida extraterrestre, en ningún lugar del artículo se menciona a la “vida extraterrestre”. Ni siquiera se hace alusión a ésta.

La caza de planetas o la cacería de brujas

Los medios de comunicación adoran la nota amarilla que da el conocimiento científico. Ejemplo de esto es cómo el trabajo que hizo el astrónomo y divulgador de la ciencia Carl Sagan en popularizar los estudios en torno a la búsqueda de vida extraterrestre –como puede ser la ecuación de Drake, la cual describe la probabilidad de obtener un número estimado de civilizaciones extraterrestres en la Vía Láctea-, fue tomado por los medios de comunicación como bandera para convertir dichas aportaciones en argumentos que rozaban en una concepción mágica-religiosa.

El trabajo realizado con KIC 8462852 está en la misma situación. Si uno revisa a bote pronto los resultados que aparecen cuando se coloca el nombre de esta estrella en el buscador de Google, aparecerán cosas como “los científicos no pueden explicar el enorme objeto que bloquea la luz”, “extraterrestres en la estrella KIC 8462852”, o “mega estructura construida por aliens”.

Efectivamente, los investigadores tienen muchas interrogantes con respecto a esta estrella. De hecho, el objetivo del trabajo es “describir los diferentes posibles escenarios para explicar los eventos misteriosos” (la cursiva es mía) observados con relación a este cuerpo. Con los estudios realizados a partir de imágenes obtenidas por telescopios colocados en el espacio y en nuestro planeta, los investigadores han desarrollado diferentes análisis para conocer características de la estrella como el periodo de las intensidades lumínicas del cuerpo, su composición, tamaño, e incluso lo que la rodea.  

Sin embargo, reconocen que por los cambios en la intensidad de luz de la estrella, sobre todo en dos puntos cruciales de la observación, ésta falla en encajar completamente en la clasificación de algún cuerpo antes descrito. De ahí que ellos reconozcan los eventos alrededor de ella como “misteriosos”. Aquí no termina la historia: como el objetivo del trabajo lo dice, los investigadores desarrollaron posibles explicaciones que pudieran dar cuenta de lo que sucede en torno a la estrella y, lo mejor de todo, es que las pusieron a prueba.

¿El resultado? La más plausible es que el brillo característico y enigmático de la estrella se deba al paso de un cometa que, a causa del material expelido, genere interferencia en la información que llega hasta los lentes de nuestros telescopios. Otras posibilidades que han dado los científicos para explicar el fenómeno son que existen errores tecnológicos; que la estrella muestra variabilidad por sus propias características; que la información que recibimos se ve distorsionada por la presencia de polvo o por un anillo delgado de asteroides. Las posibilidades se reducen a la hipótesis del cometa por la similitud que existe con la evidencia que se tiene del estudio de otros cuerpos bajo circunstancias similares, y porque el análisis del resto de las hipótesis ha sido poco fructífera. De hecho, la posibilidad de que sea un error tecnológico –es decir, de los instrumentos de medición y de observación- es inexistente. 

Los investigadores concluyen que, efectivamente, KIC 8462852 representa un cuerpo con características únicas al menos en el campo de observación de la misión Kepler; que el cuerpo es extraordinario y al mismo tiempo no lo es, en primer lugar por su brillo, pero en segundo lugar porque se puede llegar a clasificar aproximadamente como una estrella del tipo F; y finalmente, que la explicación más plausible para el comportamiento de la estrella es la presencia de material de cometa que interfiere con nuestra visión. Incluso, se adelantaron a predecir que, de tratarse de un cometa, una distorsión en el brillo deberá verse de nuevo en mayo del 2017 (también predijeron que uno de los cambios en el brillo se debió haber dado en abril del 2015, pero lamentablemente no hubo observación entonces para corroborarlo). Los autores del trabajo reconocen que se deben realizar más estudios a este cuerpo con “el propósito de desentrañar sus misterios”. 

El aprendizaje que nos deja la estrella KIC 8462852

Del estudio de una estrella peculiar fuera de nuestro sistema solar se pueden desprender dos puntos principales: el primero es que la práctica científica ha demostrado que el hallazgo de eventos, fenómenos y cuerpos únicos es la regla y no la excepción, un hecho que lleva al conocimiento científico a evolucionar y a los medios de comunicación a hacer su agosto; y el segundo es que la práctica científica está llena de valores a veces desconocidos para la audiencia que está fuera de la misma.

En el caso del primer punto, se pueden dar dos ejemplos –de entre muchos-. El año pasado, un grupo de científicos mostró, a través de observaciones realizadas con el telescopio Hubble, el comportamiento extraño de una estrella que orbitaba alrededor de un agujero negro en la galaxia M101. Ellos describieron que el agujero negro consume de manera lenta el material de la estrella, para que éste sea calentado a grandes temperaturas alrededor del agujero negro, haciendo que emita rayos X. Los autores del estudio decían que les era complicado entender cómo es que, en este evento excepcional, el material de la estrella no caía de forma violenta en el agujero negro. 

Otro ejemplo que se suma al primer punto es el de un estudio realizado por diferentes científicos, entre los que se encontraban astrónomos de la UNAM, en donde observaron los primeros momentos de formación de una estrella durante 20 años. Aquí, ellos hallaron que los cambios que iba presentando la estrella –como pasar de ser compacta a larga, o cómo el vapor de agua pasó de ser  circular a elíptico- habían sido sumamente rápidos. El estudio del nacimiento y de la evolución de las estrellas, analizado a través de este evento, les hizo mencionar en su trabajo que permitiría redefinir los modelos sobre la formación de las estrellas. 

Por otro lado, y para desarrollar el segundo punto, el estudio hecho con la estrella KIC 8462852 es un ejemplo del esfuerzo desempeñado dentro de la práctica científica. Los investigadores –y todos los seres humanos- realizan observaciones a partir de teorías y marcos conceptuales. Luego se plantean hipótesis que buscan explicar lo que se observa, y éstas se ponen a prueba, para luego obtener resultados y plantear posibles predicciones. 

Esta investigación da cuenta de cómo se plantean problemas y de cómo se buscan entender. Lo mejor de todo es que dicho evento “misterioso” provino de un hecho democrático: la gente aficionada tuvo acceso a información obtenida por una misión de la NASA y pudo llevar a la mesa de discusión un fenómeno “extraño”. Nada de esto tendría sentido si no fuera por el valor más preciado de la actividad científica: la curiosidad. 

Es así como nuevamente obtenemos un hecho que provino de la observación y del cuestionamiento, de la curiosidad y de la serendipia, de las hipótesis y de la demostración, y que terminó siendo magnificado y distorsionado por los medios de comunicación.

Sofía Flores Fuentes es maestra en comunicación de la ciencia por la Universidad de Sheffield.


*Nota: es importante destacar que en algunas entrevistas que algunos autores han dado a los medios, se ha mencionado que este estudio es evidencia de la posible existencia de vida extraterrestre. Sin embargo, este texto se ha apegado exclusivamente a lo dicho en el artículo publicado en la revista arbritrada.

Fuentes

Boyajian, T. S. et al. (2015) Planet Hunters X. KIC 8462852 – Where’s the flux? Mon. 

Not. R. Astron. Soc. 1-15

Carrasco – González, C. et al. (2015) Observing the onset of outflow collimation in a massive protestar. Science, 348(6230), 114-117.  

Ji-Feng, L. et al. (2015) Puzzling accretion onto a black hole in the ultraluminous X-ray source M101 ULX-1. Nature, 503, 500-503.