Foto: juvetson

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El siglo XX vio el nacimiento de la red de redes, pero el siglo XXI es ya el siglo de la información digital. El invento de Tim Berners-Lee ha significado un cambio en la forma en que al menos occidente comprendía nociones como autoridad, centro, sociedad, comunidad, responsabilidad, autoría, originalidad, valor, veracidad, confiabilidad, reputación, privacidad, colaboración, creación, educación, movilidad social, frontera, gobernabilidad, democracia, apertura, transparencia.

Tanto para “nativos” como “emigrantes digitales” estos cambios no son poca cosa: los mismos paradigmas con que la sociedad se organiza se interrogan en la práctica. Simplemente, ser o no ser, estar o no estar adquieren un nuevo significado que cada día adquiere un nuevo tenor. Sin embargo, en la práctica, sobre todo en países como México que han sido relativamente lentos en adoptar el uso extenso de las llamadas redes sociales en Internet, todavía existe un vacío entre las realidades construidas por las nuevas tecnologías y las realidades discursivas y pragmáticas más allá de las pantallas.

“La crisis de Twitter,” el texto publicado por León Krauze en el diario Milenio es ejemplo de una incapacidad por interrogar los lugares comunes que una y otra vez se repiten sobre el intercambio de información en la red. Según el artículo, “Twitter es, en suma, no sólo un medio de comunicación: es un medio de comunidad.” (El énfasis en el original). Al parecer éste es el aspecto positivo que el autor busca subrayar. El caveat es, se nos dice, que “un medio de información vale lo que vale su credibilidad.”

Hay muchísimo qué decir sobre estos dos puntos y sobre el artículo en general, pero lamentablemente el medio determina el mensaje y me veo obligado a ser breve. Basta decir que es en estas dos citas donde se encuentra el meollo del asunto: comunidad y credibilidad son las palabras clave: ninguna de las dos son exclusivas de las redes sociales, y sin embargo son las que más ponen de relieve la necesidad de una verdadera y honesta adopción crítica de los nuevos paradigmas.

León Krauze es protagonista de una jerarquía mediática pre-Internet, donde los medios de comunicación gozan de la impunidad y falta de apertura característica de éstos. McLuhan en los años 60 nos había enseñado que los media son espacios habitables (y por lo tanto son causa, catalizador y resultado de procesos comunitarios), pero el canadiense no conocía los privilegios de los monopolios mexicanos. Cualquiera que escuche las noticias en Televisa, CNN o Sky sabe que es falso que la “credibilidad” sea lo que determine el valor de un medio. No hay que ser comunicólogo para saber que la mayoría de los periódicos no tienen como máxima directriz la propagación de la verdad.

Lo que causa escozor en sus críticos es que Twitter, como un medio eminentemente activista y periodístico, cuestiona sin temor el viejo régimen. En México la sociedad civil está cansada de sentirse ignorada e impotente para alterar el destino del país. Es solamente lógico que el Internet, hasta ahora a salvo de la censura gubernamental, exprese las ansiedades colectivas de los modos más disímbolos, pero sobre todo que cuestione la supuesta autoridad de los beneficiarios de un status quo que se resiste todavía a ser interpelado.

Ernesto Priego. Candidato a doctor en estudios de la información en University College London.