La reforma tributaria estadunidense, denominada como la Ley de Reducción de Impuestos y Empleos entró en vigor desde el 1 de enero del 2018 y representa la mayor desgravación de la tasa impositiva sobre los ingresos corporativos en Estados Unidos, del 35% al 21%, y sobre ciertos recursos comerciales transferidos. Entre otros, la nueva ley establece un recorte de impuestos de alrededor de un billón de dólares para las corporaciones, la modificación del impuesto patrimonial (o estate tax) según la cual pueden heredarse hasta 22 millones de dólares libres de impuestos1 y la posibilidad de que los negocios de transferencia o pass through deduzcan hasta el 20% de sus ingresos libres de impuestos es una enorme ventaja para unos cuantos. Según un estudio de The Brookings Institute, cerca del 70% del ingreso de transferencia se acumula en el 1% de las personas con mayores ingresos.2 

Si bien es cierto que la reforma contempla una disminución en los impuestos individuales – reduce las tasas de impuestos para cada nivel de ingresos y casi duplica la deducción estándar, aunque también descarta las exenciones personales-, éstos terminarán en el 2025, fecha en el cual se prevé un aumento impositivo para las familias estadounidenses dado el uso de un índice de inflación de crecimiento más lento, un IPC encadenado, para ajustar los niveles de impuestos. Por otra parte, los beneficios establecidos para las corporaciones son permanentes. Asimismo, aspectos claves de la seguridad social, logros alcanzados en la administración anterior, se verán afectados. El mandato del seguro individual del Affordable Care Act, mejor conocido como Obamacare, desaparecerá para el 2019. La Oficina de Presupuesto del Congreso calcula que lo anterior ocasionará un aumento en el costo de las primas de los seguros, ocasionando que al menos 13 millones de personas dejen de contar con seguro médico en la siguiente década, así como una disminución del gasto del gobierno en salud cercana a los 300 mil millones de dólares.3

Si bien, en teoría, el objetivo de Trump es cumplir con su tan sonado slogan de campaña, Make America Great Again, al tratar de otorgarle mayor competitividad al país, el resultado de la reforma tributaria podría terminar siendo contraproducente para la economía estadunidense. No solo es una plataforma que promueve la desigualdad al interior del país, implementarla representa un costo de casi 1.46 billones de dólares. Además, aun cuando los republicanos dicen que el recorte impositivo impulsará a la economía, economistas independientes y bancos de Wall Street predicen un impulso modesto y de corto plazo.4 Por otra parte, el exsecretario de Hacienda y Crédito Público, Pedro Aspe, considera que la nueva ley podría ocasionar que el déficit público estadunidense llegara a representar el 6% de su PIB (4.4% en 2016), al tiempo que la deuda pública podría aumentar en un 130% en los siguientes tres años.5 Por lo mismo, concluye Aspe, el sobreendeudamiento podría convertir a la economía de los Estados Unidos en una sumamente “frágil”.6

El problema fundamental de las acciones internas de los Estados Unidos es el efecto que tienen a nivel internacional. El cambio de su política fiscal no pasará desapercibido, ni para México ni para China, segunda economía del mundo en dólares corrientes y primera en términos de paridad adquisitiva. En lo que concierne a China, la reforma estadunidense podría afectarla en dos maneras: Primera, una pérdida de competitividad y segunda, por la posible salida de empresas y capital del país. Respecto a la competitividad, debe considerarse que, en realidad, las ventajas comparativas chinas no se basan en la tasa corporativa sino en la gran cantidad de mano de obra calificada y de bajo costo (aunque no tan bajo como hace algunos años) en las cadenas de producción, junto con la infraestructura que tienen y al final por el tamaño de su mercado. De ahí que no se cree que exista un impacto real a la economía china con la reforma fiscal.

Sin embargo, la salida de empresas y capital podría ser un tema de preocupación para China. Durante el 2017, la debilidad del dólar estadunidense ayudó a los esfuerzos del gobierno chino de frenar el flujo de capitales y simultáneamente impulsó al yuan. No obstante, los recortes impositivos, el aumento de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos y la posible huida de empresas y capitales hacia los Estados Unidos podrían fortalecer al dólar y debilitar al yuan, algo que el gobierno chino ha buscado evitar desde hace tiempo.

Si bien algunos analistas consideran que la reforma tributaria podría llevar a la tan anunciada guerra comercial chino-estadunidense, planteada como una posibilidad desde la campaña presidencial de Donald Trump, dado la retórica del ahora presidente de los Estados Unidos,7 no existe un consenso sobre el tema. Alicia García-Herrero, investigadora senior asociada del Real Instituto Elcano, economista jefe de Asia-Pacífico en NATIXIS, e investigadora senior en Bruegel, considera que el impacto de dicha reforma no será uno significativo para la economía china ni presionará para que el gobierno reforme su sistema tributario actual.8 Aun cuando no descarta la posibilidad de que ciertas empresas salgan del país y cierto capital se transfiera a los Estados Unidos para obtener un beneficio fiscal, García-Herrero no cree que se convierta en una práctica generalizada. Señala tres motivos: Primero, coincide en que la reforma estadunidense no llevará a una pérdida de competitividad en China. Segundo, considera que aún con el recorte impositivo, los Estados Unidos tienen poca ventaja absoluta contra China. Y, por último, la existencia de subsidios que los gobiernos locales otorgan a las grandes inversiones para compensar sus pérdidas impositivas podrían aumentar fácilmente en caso de ser necesario.

El tema más complejo, sin duda, es el posible impacto que el recorte de la tasa corporativa pueda tener sobre la economía china. Si bien el impuesto corporativo chino es del 25%, tras las contribuciones que deben realizarse a fondos de pensiones y vivienda, seguros médico, de desempleo, de discapacidad laboral y de nacimiento, el mismo se convierte en el más alto entre las principales economías.9 Según datos del Banco Mundial de 2017, la tasa impositiva total de China es del 67.3%, mientras que la del promedio global es del 40.5%, la de los Estados Unidos del 43.8%.10 Sin embargo, García-Herrero argumenta que para pequeñas empresas que cumplen ciertas condiciones -empresas de alta tecnología y empresas extranjeras- la tasa corporativa en China puede llegar a ser del 20%. Asimismo, asevera que solo una proporción muy pequeña de las empresas en China pagan la tasa del 25% en su totalidad y aun cuando también debe pagarse el impuesto al valor agregado del 30%, el impuesto al ingreso es muy bajo; tan solo representa el 6% de los ingresos fiscales totales chinos. Por lo que, concluye que el efecto neto podría no ser tan gravoso para las empresas en China.

Sin embargo, no existe consenso sobre el impacto que la reforma tendrá sobre la economía china ni se sabe qué tanto logrará presionar al gobierno para que reforme sus sistema tributario actual. De acuerdo con información de Deloitte China, existe la posibilidad de que grandes empresas muevan alrededor de 20 o 30 millones de dólares en promedio durante el 2018 y que otras que han acumulado cerca de 80 0 90 millones, decidan regresarlo a los Estados Unidos. Los motivos, de acuerdo con el New York Times, son varios: el aumento del costo de la mano de obra, los competidores locales, el entramado judicial chino y el deseo de mover su capital de China.11 A la vez, se cree que la reforma podría presionar aún más al gobierno chino para flexibilizar las leyes actuales que impiden la salida de capital del país, las cuales tienen como objetivo controlar el valor de su moneda y mantener la estabilidad de su sistema financiero.12

Por su parte, el gobierno chino aparenta estar preparándose para afrontar la nueva ley estadunidense. Recientemente anunció que tomará “medidas proactivas”.13 El viceministro de Finanzas de China, Zhu Guangyao, no detalló cuales serán, no obstante, se cree que algunas de ellas podrían ser la simplificación de las regulaciones que enfrentan las empresas extranjeras en el país o diferir ciertos impuestos si el dinero se reinvierte localmente.14

Sin embargo, es poco probable que el gobierno chino dé su brazo a torcer o que, en caso de que decida modificar su tasa corporativa, lo haga bruscamente. Podría reducirla en 3 o 5 puntos porcentuales, lo cual si brindaría más confianza a los inversionistas sin modificar en gran medida el sistema tributario actual. Tampoco parece factible que cambien las medidas que limitan la cantidad de efectivo que puede salir del país –las empresas que quieren sacar más de cinco millones de dólares, por ejemplo, deben contar con el permiso del Banco Central de China, un proceso que puede demorar meses. La creación de nuevas medidas proteccionistas y de incentivos para atraer más capital, en lugar de perderlo, son otra posibilidad. Cualesquiera que sean las medidas que el gobierno chino decida implementar, no será una precipitadas. Para Xi Jinping no solo está en juego la estabilidad económica y financiera de su país, sino su prestigio y poder político –nacional e internacional- los cuales se sustentan principalmente en el desempeño económico. Una posición sólida hasta el momento que no querrá arriesgar, mucho menos por culpa de Donald Trump.

 

Greta Bucher es licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México y maestra en Estudios de Asia y África con especialidad en China por el Colegio de México.


1 En la nueva ley, el monto libre de impuesto contemplado en el state tax  se duplicó: pasó de 5.5 millones libres de impuestos para un individuo y de 11 millones para parejas casadas a 11 millones y 22 millones, respectivamente. Cabe destacar que, aún cuando la Cámara de Representantes contempló eliminar el state tax por completo, el Senado decidió mantenerlo, aunque con un mayor umbral.

2 Si bien el 95% de las empresas estadounidenses son pass through –empresas en las que los ingresos obtenidos se “transfieren” a la declaración de impuestos individual del propietario de la misma-, de acuerdo con el The Brooking Institute, cerca del 70% del ingreso derivados de éstas se acumula en el 1% de las personas con mayores ingresos, mientras que el 80% de las personas con ingresos inferiores obtienen muy pocos beneficios del mismo (sus ingresos provienen más bien de salarios y sueldos). De tal manera, cualquier reducción en la tasa de impuestos en los negocios pass through beneficiará en gran medida a los contribuyentes de altos ingresos. Cabe destacar que muchos negocios de bienes y raíces del propio presidente Trump son pass through. Aaron Krupkin y Adam Looney, “9 facts about pass-thought business”, The Brookings Institute, 15 de mayo de 2017. Consultado el 15 de enero de 2018 en: goo.gl/7hxudL

3 Heather Long, “The final GOP tax bill is complete. Here’s what is in it”, The Washington Post, 15 de diciembre de 2017. Consultado el 16 de enero de 2018.

4 Ídem.

5 Cita de Pedro Aspe durante su participación en un foro organizado por Hogar Gonzalo Cosí Ducoing. Clara Zepeda, “Economía de EU se volverá ‘frágil’ por su reforma fiscal, dice Aspe”, El Financiero, 16 de enero de 2018.

6 Ídem

7 Tracy Chen, “What a China Response to U.S. Tax Cuts Means for the Yuan”, Bloomberg, 10 de enero de 2018.

8 Maurits Elen, “Alicia Garcia-Herrero: What US Tax Reform Means for China”, The Diplomat, 20 de diciembre de 2017. Consultado el 15 de enero de 2018 en: goo.gl/WmztHi 

9 Tracy Chen, op. cit.

10 “Total tax rate”, World Bank.

11 Alexandra Stevenson y Jack Ewing, “U.S. Tax Bill May Inspire Cuts Globally, While Fueling Trade Tensions”, The New York Times, 22 de diciembre de 2017.

12 Ídem.

13 Ídem.

14 Ídem.