Hace apenas unos días salió en circulación en Estados Unidos el libro How Democracies Die de los profesores Steven Levitsky y Daniel Ziblatt de la Universidad de Harvard. A grandes rasgos, el texto aborda los peligros a los que se enfrenta la democracia estadunidense con motivo de la elección de Donald Trump como presidente de dicha nación; esto es, de un individuo con fuertes rasgos autoritarios y las consecuencias que esto tiene y tendrá en el funcionamiento de las instituciones y la propia democracia de nuestro vecino del norte.

Acorde con Levitsky y Ziblatt, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y hasta la actualidad la mayor parte de los procesos de interrupción o “quiebra de las democracias”, como se denominan por la literatura politológica especializada a los cambios políticos no democráticos o autoritarios, se han caracterizado por emerger de procesos en los que personajes electos por la vía de las urnas pero con comportamientos marcadamente autoritarios, socavan, casi siempre de modo paulatino y por eso mismo muchas veces imperceptible, a las instituciones democráticas de sus países.

De tal manera que la espiral de la muerte de las democracias incrementa sus probabilidades de acaecer cuando se presenta a las elecciones un personaje autoritario con amplias simpatías entre los electores, y que enarbola casi siempre un discurso antisistema, de confrontación y polarización. Personajes que una vez que se alzan con el triunfo por la vía electoral, tienden a subvertir los cimientos institucionales formales e informales del régimen democrático mediante tres tipos de acciones subsecuentes: 1) controlando a los árbitros y/o contrapesos (los otros poderes, los medios de comunicación, la oposición), ya sea a través de la cooptación, la persecución e inclusive su eliminación; 2) haciendo a un lado a sus principales contrincantes, con la anuencia de los árbitros y contrapesos una vez que estos están bajo su égida; y 3) inclinando el campo de juego político a su favor, cambiando las reglas electorales para garantizar su permanencia y obstaculizar a sus adversarios. Los ejemplos para Latinoamérica abarcan desde Fujimori en Perú hasta Chávez en Venezuela.

A diferencia de otras aproximaciones anteriores sobre la “quiebra de las democracias” que han puesto el acento en factores explicativos tales como los culturales, sociales y económicos; Levitsky y Ziblatt hacen hincapié en el aspecto individual o en los rasgos autoritarios de los liderazgos. Por ello, consideran que es fundamental contar con elementos que permitan identificar a este tipo de personajes autoritarios, proponiendo para tal efecto un conjunto de cuatro señales de advertencia basadas en comportamientos: el rechazo en hechos y palabras de las reglas democráticas, negar la legitimidad de sus oponentes, tolerar o incitar la violencia, y disposición a coartar las libertades civiles de sus contrincantes y de los medios de información.

La advertencia es tajante: cuando un líder político cumpla con al menos alguna de tales señales, hay que encender las alarmas de preocupación.

En vista de lo anterior, el trabajo de Levitsky y Ziblatt adquiere entonces gran importancia para México en el marco del proceso electoral federal en curso, la jornada electoral del 1 de julio próximo y, sobre todo, por los efectos que dicha decisión tendrá en nuestro futuro inmediato y mediato.

El precandidato a la Presidencia de la República que hasta el momento ocupa el primer lugar en las encuestas electorales hechas públicas, encuadra perfectamente en las señales de advertencia sobre un liderazgo autoritario: desconoció los resultados electorales de 2006, niega legitimidad a sus contrincantes políticos al referirse a ellos como “mafia del poder”, ha ocupado por semanas la principal avenida de la Ciudad de México, y ha censurado abiertamente y en distintos momentos la labor de los medios de comunicación.

No existen los determinismos en la vida política y social, por lo que no es posible afirmar con certeza que de ganar la Presidencia observará un comportamiento que lleve a la muerte de la democracia mexicana en los términos planteados por Levitsky y Ziblatt. Sin embargo, los ejemplos de otras latitudes y la historia personal de este personaje nos indican que hay una alta probabilidad de que así ocurra. Sus más recientes actos abonan a esta posibilidad, ahí están sus propuestas de personajes totalmente ligados y subordinados a él para ocupar la Fiscalía General de la República, la Fiscalía Anticorrupción y la Fiscalía de Delitos Electorales. Se trata de un abierto desafío al proceso constitucional actualmente establecido para tales designaciones y no de una supuesta ignorancia sobre este tema, es un atisbo claro de los retrocesos que en esta y otras materias podrán ocurrir en caso de que se concrete su triunfo. A lo que se suman otra serie de actos contra la libertad de expresión como su reciente embestida contra un columnista por un par de artículos que no fueron de su agrado.

La incipiente democracia mexicana está en un punto de inflexión, es hora de cerrar filas en favor de ella pues de lo contrario peligra de muerte. Es tiempo de reflexionar sobre las fatales consecuencias que implicará la elección de un líder autoritario y las formas de acotarlo en caso de que esto suceda, la lectura del libro de Levitsky y Ziblatt es por ello indispensable.

Mauricio Calcaneo