Dos proyectos encarnados en dos hombres, hasta ahora irreconciliables, complicaron la alianza a la gubernatura de Chiapas entre el PRI, PVEM y Panal, y removieron los intereses del PAN, PRD y MC, que se unieron con los partidos locales, Podemos Mover a Chiapas y a Chiapas Unido, para presentar un candidato en común a la gubernatura.

Por un lado, está el hijo de un exgobernador, Roberto Albores Gleason, exsecretario de Juan Sabines Guerrero, senador con licencia y nombrado candidato del PRI, y por el otro, Eduardo Ramírez Aguilar, presidente del Partido Verde en el estado, artífice de las protestas contra esa designación y de los acuerdos de última hora con la coalición Por México al Frente, de Ricardo Anaya.

En el fondo, esta revuelta refleja el enfrentamiento entre los equipos de José Antonio Meade y de Manuel Velasco Coello. La ruta del desencuentro inició cuando el PRI, Verde, Panal, Podemos Mover a Chiapas y Chiapas Unido presentaron ante el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Chiapas (IEEPC) la solicitud de formar la coalición Todos por Chiapas, pero ante la falta de acuerdo por el método de selección del candidato, el Verde y los partidos locales decidieron separarse de esa coalición.

Después, el Verde, Podemos Mover a Chiapas y Chiapas Unido intentaron conformar una gran alianza con el PRD, PAN y MC con el propósito de presentar un candidato en común a la gubernatura. Sin embargo, el domingo 18 de febrero, cinco minutos antes del cierre del registro, el PVEM, por orden de su comité directivo nacional, abandonó esa propuesta.

Con esa resolución, el Verde debería contender con su propio candidato en las próximas elecciones, en tanto que el PAN, PRD, MC y los partidos locales podrían nombrar un candidato en común. Pero en este enredado proceso, con acuerdos y desacuerdos constantes, golpeteos y compra de voluntades, en la sesión del IIEPC del sábado 24 de febrero, se aprobó la solicitud del Verde de regresar a la coalición con el PRI y Panal, para apoyar a Roberto Albores.

En este mar de enfrentamientos y descalificaciones entre los principales actores políticos, el PRI presentó ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación una acción de inconstitucionalidad para que se desconociera la figura de candidato común a gobernador, porque no estaba contemplada en la Ley Electoral de Chiapas, y aunque fue corregida mediante una fe de erratas, ésta se aprobó después de haber iniciado el periodo electoral. La ministra Norma Piña desechó por “notoria improcedencia” esta demanda, porque se había presentado 30 días después de la publicación de dicha ley.

Resuelta la figura del candidato común, este fin de semana, el Instituto Estatal Electoral validó la alianza del PRD —aunque condicionó a este partido que entregue la constancia de notificación a su comité ejecutivo nacional—, PAN, MC, Podemos Mover a Chiapas y Chiapas Unido, para que pueda contar con un candidato único, que podría ser Eduardo Ramírez Aguilar o bien otros aspirantes como José Antonio Aguilar Bodegas, quien recientemente renunció al PRI, o el panista Francisco Rojas Toledo, exonerado apenas el viernes por lavado de dinero.

Este enmarañado proceso, en donde los antagonistas son miembros del PRI y del Partido Verde, se explica por la falta de oficio político del equipo de José Antonio Meade. Lo lógico en este proceso electoral, y en donde ganaba el candidato presidencial priista, era que Eduardo Ramírez Aguilar contendiera con el Verde y los partidos locales, y que Roberto Albores Gleason lo hiciera por el PRI y el Panal. Así ambos estarían empeñados en llevar votos para ellos y para Meade.

El aún presidente del Verde, al menos hasta el pasado fin de semana pasado, ha construido su candidatura a lo largo de varios años, siempre bajo la figura protectora de Manuel Velasco Coello, su amigo desde la infancia.

En el juego de la fortuna que benefició a Velasco Coello, con una diputación local a los veinte años, en una fulgurante carrera política, que lo llevó a los 32 años a la gubernatura de Chiapas, favoreció también a Ramírez Aguilar, quien alcanzó la Secretaría de Gobierno, y una diputación local, lo que le permitió liderar el congreso estatal y el propio Partido Verde en la entidad.

Desde esos cargos, proyectó su candidatura a gobernador mediante la construcción de una estructura de seguidores en todos los municipios del estado, en especial en las zonas rurales —donde realmente se decide la elección—, porque en las zonas urbanas, es rechazado mayoritariamente, como lo son todos los candidatos vinculados al gobierno.

Roberto Albores Gleason es también de Comitán, la tierra del prócer Belisario Domínguez, y de los gobernadores José Pantaleón Domínguez, el Porfirio Díaz chiapaneco; de Jorge de la Vega Domínguez y de Absalón Castellanos Domínguez.

El constructor de su candidatura ha sido su padre, Roberto Albores Guillén, quien ya fue gobernador de Chiapas por tres años. Él lo insertó en la administración de Juan Sabines Guerrero como secretario de Turismo, y después lo incorporó como senador de la República en la elección de 2012.

Mientras que la fortaleza de Eduardo Ramírez Aguilar radica en el ámbito local (con un gobernador que lo apoya y una estructura que responde a sus intereses), la de Roberto Albores es federal, con vínculos con Aurelio Nuño, Luis Videgaray, los egresados del ITAM, como él, y la vieja generación de priistas a la que pertenece su padre.

El equipo de Meade, para evitar la sangría de votos, ha apretado las pinzas para que la candidatura de Ramírez Aguilar por el frente no prospere. Hay amenazas de persecución y de despido a sus aliados que ocupan cargos en dependencias federales. Tampoco se descarta, y lo cual sería lo más conveniente para el proyecto priista, que el hijo pródigo regrese, a cambio de convertirse en senador y colocar a su equipo en diputaciones y presidencias municipales. Todo es posible en la negociación entre los políticos chiapanecos, incluso que Morena le abra las puertas.

En un estado con un sistema débil de partidos y fuertes grupos de poder local, en donde una de cada cuatro personas son pobres, el periodo electoral se convierte en una oportunidad de obtener ingresos extras, que se corona el día de las elecciones con la subasta del voto, y para los políticos representa la posibilidad de apoderarse de un presupuesto de más de 80 mil millones de pesos anuales.

Aun cuando el PRI-Panal hayan recuperado el Verde, el principal perjudicado será José Antonio Meade, quien difícilmente alcanzará los 934 mil votos que obtuvo Enrique Peña Nieto en Chiapas en la elección de 2012. Además, si se concreta la candidatura de Ramírez Aguilar en Por México al Frente, Ricardo Anaya será el principal favorecido de esta disputa, en un estado con una alta volatilidad del voto, en donde el Partido Verde pasó de 87 mil 962 votos, en la elección de 2009 a diputado federal, a 689 mil 42 votos en 2015, un crecimiento del 684 por ciento en seis años.

Sarelly Martínez Mendoza