Este texto es una colaboración entre Oraculus y Nexos.

Mucho se ha dicho que la información proporcionada por las encuestas electorales—qué candidato es el puntero, quién está en segundo y tercer lugar—influyen en los votantes. Según esta hipótesis, las encuestas son una forma de primera vuelta, en la cual quienes apoyan al candidato que las encuestas ubican en tercer lugar suelen abandonarlo y votan por alguno de los candidatos punteros para no “desperdiciar” su voto. De hecho, no es de sorprender que en los días pasados, la campaña del candidato priista, José Antonio Meade, ha dado un giro de ciento ochenta grados. Dado que las encuestas que se han publicado en las últimas semanas (ver Oraculux.mx) ya ubican al candidato priista en un tercer lugar—y con una tendencia a la baja—su campaña ha tratado de impulsar la presunta corrupción del candidato del PAN, Ricardo Anaya, para debilitar la creciente percepción que la carrera presidencial ya es de dos: Anaya y López Obrador. En este artículo discuto el efecto de las encuestas electorales en el votante, en específico, lo que los estudios académicos llaman “voto estratégico”, coloquialmente conocido en los medios de comunicación como “voto útil”.

1. Sobre el voto estratégico en México

Las encuestas electorales son cada vez más protagónicas en la agenda de las campañas en México y el mundo. Las encuestas electorales no sólo miden el pulso de la campaña—quién va ganando, quién va en segundo lugar, etc… — sino marcan la narrativa que los medios de comunicación realizan de las campañas, lo que la literatura académica suele llamar “la carrera de caballos” (horse race). Y no sólo eso, las encuestas publicadas durante las campañas políticas también parecen influir en el ánimo y comportamiento tanto de los votantes como de las élites políticas. De hecho, las encuestas electorales ya han tenido un papel central en elecciones presidenciales en México, como fue el caso de la campaña del 2006. Por una parte, las élites políticas en esa campaña parecieron haber respondido a los resultados de las encuestas cuando muchos destacados políticos priistas1 abandonaron a su candidato, Roberto Madrazo, quien se encontraba ubicado en un tercer lugar según las encuestas electorales (y algunos llamaron explícitamente a votar por el candidato del PAN, Felipe Calderón). Además, las encuestas electorales parecieron influir en el comportamiento de los votantes, como lo muestra parte de mi investigación2 y analizo en la siguiente sección de este artículo.

Gracias a la información que producen las encuestas electorales, los votantes pueden anticipar el resultado de una elección y tomar decisiones estratégicas, particularmente cuando su candidato no tiene posibilidades de ganar la elección. Aquellos votantes que apoyan al candidato en tercer lugar, tienen una decisión que tomar a medida que se acerca el día de la elección: permanecer leal a su identidad partidista, aunque ello signifique “desperdiciar” su voto —dado que su candidato no tiene posibilidades de ganar— o, comportarse de manera estratégica y votar por alguno de los candidatos que tienen mayor posibilidad de ganar de acuerdo a las encuestas. En la campaña presidencial de este año, si se mantienen las preferencias electorales actuales, es posible que los votantes que apoyan al candidato del PRI, José Antonio Meade, tengan que tomar una decisión parecida que la que los votantes priistas se enfrentaron en 2006: permanecer leal o votar por alguno de los candidatos punteros.

2. ¿Bajo qué condiciones los electores votan de manera estratégica?

Ahora bien, para que las encuestas electorales incentiven el voto estratégico, hay al menos dos condiciones que son necesarias.3 En primer lugar, 1) los votantes tienen que estar enterados de los resultados que las casas encuestadoras den a conocer a lo largo de la campaña. Y, en segundo lugar, 2) dicha información tiene que influir en las expectativas que tienen los votantes sobre qué candidato ganará la elección. Si ambas condiciones se reúnen, los votantes que apoyan al candidato que ocupa el tercer lugar tienen mayores incentivos de abandonar a su candidato dado que se percibe que no tiene posibilidades de ganar. De hecho, mi investigación encuentra que en la elección presidencial del 2006 esas dos condiciones se reunieron por lo que fue posible que una parte del electorado formara parte del voto “útil” o estratégico.

De acuerdo a tres encuestas nacionales levantadas el mes anterior a la elección presidencial de 2006,4 cerca del 80 por ciento de los electores fue capaz de responder a la pregunta “¿qué candidato va en primer lugar según las encuestas?” En particular, 31 por ciento de los votantes refirió que Felipe Calderón se ubicaba en el primer lugar de las preferencias electorales, el 29 por ciento señaló a López Obrador como el candidato puntero, siete por ciento que el PAN y el PRD estaban empatados, mientras que sólo el nueve por ciento contestó que el candidato priista—Roberto Madrazo— se ubicaba en el primer lugar en las encuestas. Estos datos son consistentes con los resultados que las casas encuestadoras publicaron en aquel año electoral, cuando reportaron que Calderón y López Obrador se disputaban codo a codo el primer lugar de la contienda.

En la tabla 1 (ver abajo) reporto los resultados sobre la percepción de qué candidato iba en primer lugar en las encuestas según la identidad partidista de los votantes. 7 de cada 10 votantes que se identificaron como panistas o perredistas consideraron que su candidato iba a ganar la elección. Por el contrario, entre los votantes que se identificaron como priistas, sólo un tercio de ellos consideró que Roberto Madrazo iba a ganar la elección presidencial. En otras palabras, la segunda condición se reunió en 2006 para incentivar el voto estratégico: la expectativa entre los votantes priistas que su candidato—en tercer lugar de acuerdo a las encuestas electorales—no iba a ganar las elecciones.

Tabla 1. Expectativas del Resultado de la Elección Presidencial
(Según Identidad Partidista)

“¿Qué candidato va en primer lugar según las encuestas?”
(respuestas)

TOTAL

Identidad Partidista

Panistas

Priistas

Perredistas

Independientes

 

(%)

(%)

(%)

(%)

(%)

Primer lugar FCH

31

69

18

10

28

Primer lugar AMLO

29

9

17

69

30

Empate FCH-AMLO

7

7

4

5

10

Primer lugar RMP

9

3

32

2

5

Empate RMP-AMLO

1

0

2

1

1

Empate FCH-RMP

1

1

1

0

2

Empate FCH-RMP-AMLO

2

0

2

1

3

No sabe/No Contestó

19

10

23

12

22

Total

100

100

100

100

100

Por lo anterior, no es de sorprender, como muestra la tabla 2, que entre quienes se identificaron como priistas y que pensaban que Roberto Madrazo no iba a ganar la contienda, el voto a favor de su candidato fue significativamente menor (67 por ciento) que entre los priistas que pensaban que podría ganar (95 por ciento). En otras palabras, la información publicada por las encuestas debilitó la conexión esperada entre intención de voto e identidad partidista, incentivando el voto estratégico entre un porcentaje significativo de los priistas, que terminaron apoyando a alguno de los candidatos punteros.

Adicionalmente, existe un porcentaje significativo de priistas que prefirió no responder a la pregunta sobre qué candidato iba en primer y segundo lugar según las encuestas electorales (un porcentaje mucho mayor que entre panistas y perredistas). Este subconjunto de priistas también registró una menor probabilidad de votar por el candidato priista. Es posible que esos votantes sabían que el candidato priista iba en el tercer lugar de las encuestas, pero prefirieron decir “no sé” al encuestador. Debo señalar que estos resultados no incluyen a votantes independientes, sino sólo aquellos votantes que en el último mes de la campaña electoral de 2006 se autoidentificaron como priistas. En otras palabras, este análisis se enfoca únicamente en los votantes con mayor probabilidad de permanecer leales al candidato priista, pero que, por razones estratégicas, lo abandonaron el mes anterior a la elección.

Tabla 2. Intención de Voto entre Priistas (2006)
(Según su percepción sobre la posición del PRI en las encuestas)

Intención de Voto:

Percepción sobre la posición del PRI en las encuestas:

PRI Puntero

PRI Tercer Lugar

No contestó

Voto por el PRI

95%

67%

79%

Otro partido (Abandonaron al PRI)

3%

28% (+25%)

13% (+10%)

No sabe / No contestó

2%

5%

8%

Total

100%

100%

100%

Ahora bien, si los votantes tienden a interpretar estratégicamente la información proporcionada por las encuestas electorales, una pregunta relevante es: ¿qué votantes tienen mayor probabilidad de votar estratégicamente?

3. ¿Qué votantes tienen mayor probabilidad de abandonar a su candidato (cuando está abajo en las encuestas)?

Una pregunta fundamental es saber qué tipo de votantes son los que “aprovechan” más las encuestas para decidir si abandonan a su candidato y voten de manera estratégica. En mi investigación encuentro que aquellos votantes con mayores niveles de información5 tienen mayor probabilidad de abandonar a su candidato que los votantes con menor niveles de información (33 por ciento vs 26 por ciento, tabla 3). Aunque la diferencia no es dramática, estos resultados son consistentes con estudios previos en opinión pública,6 que encuentran que los votantes con mayores niveles de información (mayor sofisticación política) tienen mayor probabilidad de distinguir la importancia de la información proporcionada por terceros—en este caso, de las encuestas electorales—y traducirla en comportamiento político. Esos votantes conocen las implicaciones que esa información tiene, dado el contexto de la elección, motivando el cambio en intención de voto previo al día de la elección.

Table 3. Voto Estratégico y Nivel de Información de Votantes

Porcentaje de priistas que abandonaron a su candidato
(entre priistas que ubican al PRI en tercer lugar de las encuestas)

Intención de Voto:

Niveles de Información del Votante:

Bajo

Alto

Otro partido (Abandonaron al PRI)

26%

33% (+7%)

PRI

62%

64%

No Sabe / No Contestó

12%

3%

Total

100%

100%

Como suele suceder en este tipo de estudios, una pregunta relevante es la causalidad. Una primera hipótesis es que los votantes, al enterarse de los resultados de las encuestas, interpretan dichos resultados de manera estratégica y abandonan a su candidato. Una segunda interpretación es que el voto estratégico no es necesariamente producto de una lectura estratégica de las encuestas, sino simplemente resultado de sus altos niveles de información. Por lo mismo, realicé lo que se conoce en ciencia política como experimentos por encuesta (survey experiment) durante la elección de gobernador celebradas en Nuevo León y Michoacán en 2015 para aislar el efecto de la información de las encuestas en el comportamiento de los votantes—para estar seguro que son las encuestas las que influyen en el voto estratégico (y no algún otro factor). Por espacio no reporto los resultados en este artículo, pero encuentro que, en efecto, la información de las encuestas electorales explica el cambio en la intención de voto entre aquellos votantes que apoyan al candidato ubicado en tercer lugar de las encuestas.

Un punto final a resaltar es que el voto estratégico se forja a partir de un juego de percepciones sobre la ubicación de los candidatos en las preferencias electorales de los votantes. Es por ello que los candidatos tratan de resaltar las encuestas que más le convienen, y deslegitiman en ocasiones, aquellas en las que les va mal. Por lo mismo, es de especial importancia que los medios de comunicación y los votantes tengan cuidado a la hora de leer las encuestas que se publiquen durante la campaña. Por una parte, tomar en cuenta las encuestas electorales que son cuidadosamente realizadas (y que Oraculus.mx incluye en su página de internet), y por otra, descartar aquellas sondeos que son de mala calidad—que no son representativas como las encuestas de Facebook—o encuestas patrocinadas por partidos políticos que son filtradas a los medios de comunicación pero que sólo buscan generar percepciones favorables a favor del candidato que las patrocinó (y suelen evitar publicar detalles metodológicos que pueden influir en la estimación de intención de voto).

 

Rodrigo Castro Cornejo es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Notre Dame (EUA) Actualmente es fellow postdoctoral del Departamento de Política de la Universidad de Virginia (EUA). Su investigación se centra en opinión pública, elecciones y comportamiento del votante.


1 Ese fue el caso, por ejemplo, de Genaro Borrego, Luis Téllez, Carlos Ruiz Sacristán, Jesús Reyes Heroles, entre otros destacados políticos priistas, quienes llamaron a votar por el candidato panista.

2 Ver aquí para más información.

3 Ver entre otros estudios académicos: Cox, Gary W. 1997. Making Votes Count: Strategic Coordination in the World’s Electoral Systems. New York: Cambridge University Press; Blais, André, Elisabeth Gidengil, and Neil Nevitte. 2006. “Do Polls Influence the Vote?” In Capturing Campaign Effects, ed. Henry E. Brady and Richard Johnston. Ann Arbor: Michigan University Press.

4 BGC Beltrán Juárez y Asocs realizó las tres encuestas nacionales durante el mes de junio de 2006. Agradezco a Ulises Beltrán y Leticia Juárez que amablemente compartieron sus encuestas para la realización de este artículo.

5 Para determinar los niveles de información política me baso en tres preguntas factuales sobre el sistema político mexicano: ¿Cuáles son las cámaras que tiene el Congreso de México?, ¿cuántos años dura un diputado en su cargo? y ¿cuál es el nombre del actual gobernador de su estado?

6 Entre otros: Kuklinski, James H., and Norman L. Hurley. 1994. “On Hearing and Interpreting Political Messages: A Cautionary Tale of Citizen Cue-Taking.” Journal of Politics 56 (03): 729–5 y Lau, Richard R., and David P. Redlawsk. 2001. Advantages and Disadvantages of Cognitive Heuristics in Political Decision Making. American Journal of Political Science, 45(October): 951- 971, entre otros.