Durante los últimos años, el rápido desarrollo del programa nuclear y de misiles balísticos norcoreano se ha convertido en una amenaza para la estabilidad de la región Asia-Pacífico. De 2011, fecha en que Kim Jong-un se convirtió en su líder supremo, a 2017 Corea del Norte ha lanzado 89 misiles balísticos. Tan sólo en 2017 lanzó 23 misiles durante 16 pruebas. El 4 de julio de 2017, día de la independencia de los Estados Unidos, Corea del Norte lanzó un misil balístico intercontinental por primera vez, el Hwasong-14. En noviembre, lanzó un Hwasong-15, también intercontinental. Para fines de 2017, el total de misiles lanzados por Kim Jong-un superó en 58 al total lanzados por Kim Il-song (1984-1994), su abuelo, y Kim Jong-il, su padre, quienes a lo largo de sus mandatos lanzaron 15 y 16 misiles, respectivamente.

El desarrollo de su programa nuclear también ha sido acelerado. En octubre de 2006, Corea del Norte afirmó haber probado con éxito su primera arma nuclear. Para septiembre de 2017, el régimen confirmó que su sexta prueba nuclear fue de un dispositivo nuclear de dos etapas -conocido también como bomba termonuclear o de hidrógeno, en la que se usa una explosión nuclear inicial para impulsar una segunda- con la capacidad de caber en un misil Hwasong-14, con lo cual amenazó atacar a los Estados Unidos sí dicho país intentaba remover a Kim del poder.

A pesar de que no existe consenso entre los expertos sobre sí efectivamente Corea del Norte cuenta con tal dispositivo ni de su poder explosivo, varios expertos como Mark Fitzpatrick del International Institute for Strategic Studies, consideran que en caso de que no cuente aun con la capacidad termonuclear, pronto la tendrá.

Corea del Norte basa su estrategia de seguridad nacional en la posesión de armas de destrucción masiva dado lo obsoleto de sus capacidades militares convencionales. Muchos han sido los intentos fallidos por desnuclearizar a Corea del Norte y pacificar la península. Kim Jong-il acordó desmantelar el programa nuclear en 1994 y congelar las pruebas de misiles de largo alcance en 1999. En 2003, abandonó el Tratado de No Proliferación (TNP), del cual amenazó salirse en 1993, declaró la reactivación de instalaciones nucleares y anunció que el país contaba con armas nucleares. Para 2005, aceptó volver al TNP y “abandonar las armas nucleares únicamente”. No obstante, el año siguiente realizó su primera prueba nuclear subterránea.

En 2007, se comprometió a cerrar su principal reactor nuclear a cambio de un paquete de ayuda por un valor de 400 millones de dólares y a desactivar sus instalaciones nucleares. Sin embargo, a finales de 2008 las conversaciones del Grupo de los Seis –un grupo creado para abordar los problemas de seguridad derivados del programa nuclear norcoreano, en el que participaron las dos Coreas, los Estados Unidos, Japón, China y Rusia- fracasaron debido a la negativa norcoreana de permitir el acceso sin restricciones de los inspectores internacionales a sitios nucleares considerados como sospechosos. Lo anterior ocasionó que en 2009, desafiando a las Naciones Unidas, Corea del Norte lanzara un cohete Unha-2, expulsara de su país a los inspectores de dicha organización y reactivara sus instalaciones nucleares.

Para 2012, ya con Kim Jong-un como líder, el Departamento de Estado de los Estados Unidos anunció el acuerdo de Corea del Norte de aplazar el lanzamiento de misiles de largo alcance y la actividad nuclear en la principal instalación nuclear de su país a cambio de ayuda alimentaria. No obstante, para enero de 2013, la Comisión de Defensa Nacional de Corea del Norte afirmó que continuaría con las pruebas nucleares y los lanzamientos de cohetes de largo alcance. Para febrero del mismo año, Corea del Norte realizó su tercera prueba nuclear, primera al mando de Kim Jong-un. A partir de entonces, ningún acuerdo se alcanzó; el programa nuclear continuó desarrollándose rápidamente.

Durante el 2015, el gobierno norcoreano afirmó contar con la capacidad de miniaturizar las armas nucleares y de elaborar bombas de hidrógeno. En 2016, aseguró haber realizado una prueba de dicha bomba exitosamente, hecho que los Estados Unidos no logró confirmar. En marzo, Corea del Norte anunció contar con ojivas nucleares en miniatura capaces de caber en misiles balísticos, la cual afirmó haber detonado en septiembre del mismo año.

La tregua olímpica alcanzada en el marco de los XXIII Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Pyeongchang, Corea del Sur, trajo la esperanza de una posible solución a un conflicto cada vez más complejo. Técnicamente en guerra desde hace más de 50 años y después de dos años de no mantener contacto alguno, las dos Coreas desfilaron bajo la bandera de reunificación durante la inauguración de los juegos. La esperanza continuó una vez que, concluidos los Juegos, el dictador norcoreano mandó el mensaje de estar dispuesto a sostener un diálogo con los Estados Unidos sobre su programa nuclear, un hecho impensable hace algunos meses dadas las amenazas constantes entre Kim y Donald Trump.

La buena voluntad prosiguió con el envío de una delegación surcoreana a Pyongyang, la cual regresó con la promesa de celebrar una cumbre en la Casa de la Paz de Panmunjom durante el próximo abril. De acuerdo con el jefe de seguridad nacional de Seúl, Chung Eui-yong, Corea del Norte aceptó abstenerse de realizar pruebas nucleares y de lanzar misiles mientras entabla dicho diálogo con Corea del Sur. Asimismo, Chung agregó que Pyongyang está dispuesto a hablar con los Estados Unidos sobre el tema de la desnuclearización norcoreana a fin de normalizar las relaciones bilaterales.

Unos días más tarde, y para sorpresa de todos, Donald Trump aceptó reunirse con Kim para discutir el tema. Este encuentro, el primero entre un presidente de los Estados Unidos y un líder norcoreano, pone en entredicho la postura estadounidense mantenida hasta el momento, según la cual sin el compromiso de Corea del Norte a desnuclearizarse no habría diálogo.

Nada daría más gusto que el conflicto surgido desde hace más de medio siglo por fin terminara, pero hablar de la posibilidad de paz en la península podría ser demasiado optimista. Aún cuando el acercamiento derivado de la tregua olímpica podría reiniciar un diálogo, la posición estadounidense se mantiene: no habrá pláticas sin la desnuclearización norcoreana, algo que Corea del Norte no parece dispuesto a aceptar a pesar de su nueva postura.

Dentro de todo, tal vez sería mejor considerar la posibilidad de una disminución en la tensión de las relaciones intercoreanas, norcoreana-estadunidense y del este asiático, aunque dicha aseveración también debería ser una cuidadosa. Aún cuando es cierto que dicha tregua abre una pequeña puerta para que la diplomacia medie un conflicto que se teme pueda tener consecuencias desastrosas, hay varios factores que considerar.

Primero que nada, el mensaje de reconciliación estuvo respaldado por la capacidad militar norcoreana. Durante la inauguración de los Juegos Olímpicos, Corea del Norte realizó un desfile militar en el que se desplegaron misiles intercontinentales capaces de alcanzar territorio estadounidense. El desfile tuvo como objetivo conmemorar el setenta aniversario del Ejército norcoreano el cual, en realidad se celebra el 25 de abril. Kim cambió la fecha de dicha celebración para que coincidiera con la apertura olímpica. El mensaje norcoreano es contradictorio.

Segundo, desde hace años, el diálogo ha sido una posibilidad siempre y cuando Pyongyang esté dispuesto a la desnuclearización. Los Estados Unidos mantienen esta condición como no negociable. Hasta ahora el presidente de Corea del Sur ha sido muy cuidadoso de incluir y mantener informado a los Estados Unidos tanto de sus acciones como de los acuerdos alcanzados con su vecino del norte. Sin embargo, Corea del Sur y China han estado más dispuestos a entablar conversaciones con Corea del Norte que el país americano. Tan solo en mayo del año pasado, Moon Jae-in y Xi Jinping conversaron sobre la posibilidad de relanzar la negociación del Grupo de los Seis de forma conjunta. ¿Qué pasaría si se alcanza un acuerdo de paz sin la participación estadounidense, y tal vez liderado por China? Asimismo, la postura estadounidense sobre la nueva disposición norcoreana no ha sido clara y es posible que la administración Trump no tenga una estrategia clara sobre cómo abordar el cambio de escenario.

Tercero, existe la posibilidad de que Kim solo esté tratando de ganar tiempo para seguir desarrollando su programa nuclear, cuyo objetivo último –según declaraciones del propio Kim- es contar con un misil balístico intercontinental que sea capaz de llevar una ojiva nuclear hasta territorio estadounidense. En el 2016 se creía que Corea del Norte no lograría tal objetivo antes del 2020; ahora, de acuerdo con The Economist, se considera un objetivo alcanzable para este año.

El arte de la diplomacia se pondrá a prueba. La respuesta estadounidense frente a este nuevo reto será clave. También lo serán las posturas chinas y surcoreanas. Lograr desnuclearizar y pacificar a un país cuya identidad y seguridad nacional se basan en la posesión de armas nucleares y que, históricamente, no ha cumplido con los acuerdos alcanzados en la materia, sería un logro sin precedentes. El camino podría ser uno tortuoso si no es que infructífero.

 

Greta Bucher es licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México y maestra en Estudios de Asia y África con especialidad en China por el Colegio de México.