La última semana de marzo, la campaña de Andrés Manuel López Obrador hizo público un vídeo donde anunció que no hará uso del Estado Mayor Presidencial, que no vivirá en Los Pinos, preferirá vivir en su domicilio privado, y destinará la residencia oficial a ser un centro cultural.

López Obrador es un candidato inteligente; sabe que el electorado está harto de la corrupción y como nunca está buscando votar por un mandato de cambio. Como toda transformación, hay que tener cuidado que ese cambio no sea solamente cosmético, sino sustancial.

En su discurso cuando tomó registro como candidato, AMLO demostró que entiende lo anterior. Afirmó : “Debemos convencer y persuadir sobre la necesidad de un gobierno honesto que represente a todas las clases sociales, a todos los sectores económicos, a todos los partidos, a todos los ciudadanos…”. Fue un muy buen discurso, quizá el mejor de todos los candidatos al tomar posesión, ya que se ve a un AMLO que ha aprendido de sus errores, y que busca gobernar un país diverso, con un mensaje de unión y política moral, que conoce sus límites, algo que ha hecho mucha falta recientemente.

Es por ello que me asombra el anuncio del candidato del nacionalismo ético de preferir vivir en su casa particular. El día que Andrés Manuel López Obrador tenga su constancia de candidato ganador que le de el INE y se convierta en presidente electo, ya no será el ciudadano privado que actualmente es. Dejará en parte de ser legalmente dueño de sí mismo: además de ciudadano, su firma será la del Poder Ejecutivo; firmará como representante del Estado mexicano. Y, como encarnación de esa figura legal, deberá someterse a los deberes y límites de ella misma.

¿Por qué Teresa May vive en 10th Downing Street o Emmanuel Macron en el Eliseo? No por capricho, sino porque sus personas ahora son legalmente propiedad del Estado que representan, y ese Estado labora en espacios públicos, no privados. ¿Por qué hasta el derechoso Donald Trump vive en la Casa Blanca? No porque él lo necesite o quiera, quizá vivía muy cómodamente en su Torre en Manhattan, y hasta su esposa tomó meses en mudarse con su hijo (por temas escolares del niño), pero finalmente lo hizo. Trump no vive en la Casa Blanca porque lo necesite o quiera, sino por que la República que son los Estados Unidos necesita que él esté en un espacio público para dar un servicio público muy delicado. Vivir y trabajar en una residencia oficial importa por varias razones:

a) Evitar conflictos de interés. Si el presidente López Obrador —que es lo más factible que suceda según las últimas encuestas— quiere gobernar representando a todos los mexicanos, ¿lo podría hacer desde la privacidad de un hogar personal? Él ya no será solamente un ciudadano privado, será el jefe del Estado mexicano y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. No, estimado Andrés Manuel, usted ya no se deberá a usted nada más, se deberá a un país de 130 millones de personas. El registro de visitas a Los Pinos es público, porque es un espacio de trabajo oficial. Hasta la Casa Blanca guarda un registro de visitas, que hoy es vital para entender con quién se reúne el presidente Trump, desde abogados a industriales. Eso transparenta el acto del gobierno, y fortalece la democracia.

b) Evitar problemas de seguridad. El Estado Mayor Presidencial no existe por capricho, es un órgano técnico militar que tiene como misión fundamental proteger al presidente, que es una institución en su persona. Implica no cuidar a un individuo, sino el resguardo de la representación del Estado mexicano y de la república, es decir, de la estabilidad, de la gobernabilidad y de la seguridad nacional. Y no lo hace sólo en Los Pinos, lo realiza en todo el país, y en los viajes internacionales.

Administra una flota aérea constituida por nueves aviones y ocho helicópteros en el cual se transporta al presidente, secretarios de Estado, el personal del EMP, y de guardias presidenciales, e inclusive Jefes de Estado o de Gobierno que visitan México. México no es hoy por hoy un país seguro. López Obrador podrá ser popular pero tiene y tendrá enemigos, desde el crimen organizado y el narcotráfico a corrientes políticas extremas. México ha visto el asesinato reciente de Colosio, y aún es cotidiano el asesinato y secuestro de figuras políticas, desde presidentes municipales al de Diego Fernández de Cevallos. La integridad física del candidato y posible presidente López Obrador no es un capricho. México vive una época de inseguridad extrema, y muchos intereses serían felices viendo al candidato puntero fuera del juego, y si es presidente aún más. El EMP existe porque el Congreso lo mandató a través de ley orgánica del ejército y fuerza aérea Mexicanos en su  artículo 15. No es decisión de un presidente si merece o no seguridad, es algo que el Congreso mexicano ha votado, y que toda democracia seria hace: proteger sus instituciones.

c) Evitar un precedente histórico problemático. Si López Obrador decide finalmente a pesar de todo trabajar en su domicilio particular, ¿por qué un futuro presidente debería no hacerlo? Si regresara la derecha a México, un presidente conservador podría citar el precedente de AMLO para despachar sin el poder de la luz pública, haciendo negocios mucho más oscuros que los que hemos visto recientemente. La Residencia Oficial de Los Pinos existe porque un presidente con visión decidió modernizar el quehacer del gobierno en México y separarlo de los tufos monárquicos que aún tenía a inicios del siglo XX. Escribió José Emilio Pacheco en diciembre de 1998 en Nexos que el presidente Cardenas “le parece antidemocrático vivir en un castillo habitado por las sombras de Maximiliano y Porfirio Díaz… Elige La Hormiga, entonces sede de la Asociación Nacional de Charros. Mientras la acondiciona vive en su casa de Guadalupe Inn”. Lázaro Cardenas vivía muy cómodamente al sur de la capital, pero aceptó vivir en la residencia oficial porque no era un elección personal, era algo que venía con el puesto, con el servicio público que da un presidente en un país que busca ser democrático.

d) Evitar problemas logísticos. Un presidente en funciones debe contar con su aparato más cercano de colaboradores a la mano, por ello en la residencia oficial están las oficinas del jefe de la presidencia y de  sus asesores más cercanos, la comunicación oficial de la Presidencia, la oficina de la primera dama, además de salas de juntas, espacios para actos y eventos con sectores de toda la sociedad. Algo importante: Los Pinos está muy cerca del Campo Marte, donde el presidente puede tomar un helicóptero de la Marina que lo puede llevar en minutos a cualquier punto de la capital y alrededores, pero además está a corta distancia del Hospital Central Militar, donde puede ser atendido en cualquier emergencia médica. Y claro, si un presidente vive en su departamento particular en Copilco, es realista preguntar el malestar que la seguridad del Estado Mayor sería para los vecinos, la pesadilla de mover al presidente sin un helicóptero cercano y conducirlo diario por el Periférico o Insurgentes…. Si AMLO ganara tiene todo listo para gobernar desde el primer segundo del primero de diciembre.

Quedan, creo, dos preguntas. ¿Es la residencia oficial muy ostentosa, lujosa?

Si quitamos la parte de oficinas, y comparamos con residencias cercanas en las Lomas de Chapultepec, no, no es tan lujosa. Tiene alberca, canchas de tenis y cine privado, pero no se compara con la riqueza del 1% de la Ciudad de México. Pero cuando llegó Vicente Fox a la residencia, pensó que era muy lujosa. Dejó la Casa Miguel Alemán, donde siempre habían vivido los presidentes priistas, afirmando que era demasiado grande y ordenó que ahí se instalaran oficinas, entre ellas su despacho y sala de juntas.

Para espacio para vivir se mudó a una casa más pequeña, de las conocidas como “Las Cabañas”. Calderón mantuvo la misma opinión. La Casa Miguel Alemán alberga el despacho del presidente, el Salón Blanco (el principal de recepción), la biblioteca José Vasconcelos, un comedor con capacidad para 30 personas, y oficinas de colaboradores cercanos.

Y… ¿Chapultepec necesita otro centro cultural? Cuenta a metros de Los Pinos con el Centro Cultural del Bosque, que tiene teatros, y el Auditorio Nacional. Además cuenta con la Casa del Lago a metros, museos, el jardín botánico…. Sabiendo eso la campaña del candidato propone un argumento extraño, que será el centro cultural más grande del mundo. Más allá del lapsus freudiano, recuerda a las roscas de reyes y concursos de Guinness World Record de los que eran tan cercano Miguel Angel Mancera en su gobierno. No, Chapultepec no necesita otro centro cultural más, pero sí hacen falta en Ecatepec, en Ciudad Neza, en muchas zonas empobrecidas del país. ¿Cuántos millones tomaría remodelar Los Pinos? ¿No se podrían usar en pagar mejor a los trabajadores de la cultural que estuvieron meses sin cobrar a inicios del 2018 y tuvieron que salir a las calles a protestar por los recortes al Capítulo 3000? ¿No se podrían usar en construir centros culturales en la Sierra de Guerrero, para que los jóvenes indígenas no tengan que sembrar amapola y mejor aprendan idiomas, ciencia, artes? Finalmente, una Residencia Oficial tiene sentido porque es una casa republicana. Al igual que Lázaro Cárdenas, el presidente Benito Juárez rechazó el aire ostentoso de vivir en la esquina sudoeste del Palacio Nacional, y mandó hacer una remodelación del ala norte. La familia Juárez Maza vivió ahí desde 1867 hasta el 18 de julio de 1872, cuando murió el presidente en sus habitaciones. Hoy, ese espacio es el Museo Casa de Juárez.

Juárez y Cárdenas son admirados por López Obrador como presidentes que lucharon contra intereses internos y externos por los intereses nacionales, como líderes que buscaron unir al país en tiempos difíciles. Ambos presidentes estuvieron a la altura de sus tiempos, aborrecían el dispendio y buscaron un gasto prudente, como se entiende es la decisión del candidato de despachar desde su domicilio particular. Pero ambos presidentes entendieron su misión era algo más grande que su sola persona individual, comprendieron se debían a la gente, y no la gente a ellos. Estaban para servir obedeciendo, como los zapatistas han recordado es el liderazgo más democrático. Y ambos sirvieron, con problemas, con defectos, con éxitos, pero desde lo público, desde el hogar temporal que les presta, les confía la República para que luego lo devuelvan, como devolverán el mandato del país a su sucesor. Es un simbolismo poderoso dar las llaves de la casa de la nación a un presidente y que este las entregue a otro inquilino. Los Pinos no es un Palacio Real, donde viven la misma familia por décadas, siglos… Los Pinos es solo un préstamo de una casa, de un poder que confía un pueblo mucho tiempo adolorido en una democracia, aún débil, pero que busca fortalecerse, ser plena. Juárez y Cárdenas pudieron vivir en sus residencias personales en tiempos muy difíciles, pero decidieron no hacerlo. Ambos líderes entendieron que para un presidente que busca un “gobierno honesto” hay algo más grande que él mismo, que para él la patria es primero.

 

Alfredo Narváez es profesor de Inteligencia Prospectiva en la especialidad de Diseño del Mañana en CENTRO.