Como habíamos descrito en un artículo anterior, existe un malestar entre gente informada y consciente que quisiéramos un México más justo, incluyente y democrático, pero pareciera difícil encontrar instituciones, mecanismos o vías desde los cuales participar para presionar una agenda positiva de cambios.

En México la sociedad está mejor preparada e informada, pero la institucionalidad sigue siendo endeble y, a veces, excluyente; los mecanismos de participación política no están a la altura de las expectativas. Los insatisfechos somos críticos y disentimos, pero nos falta ejercer efectivamente la ciudadanía para incidir en la construcción de nuevas realidades. Necesitamos articular formas de acción colectiva y construir el espacio público desde donde podamos hacer frente a los múltiples desafíos que aún se presentan en la realidad mexicana.

Ilustración: Patricio Betteo

Ante este fenómeno de insatisfacción es importante renunciar a la peligrosa actitud simplificadora que plantea que el país va a seguir igual y que da lo mismo. Descubrir y explorar alternativas viables para actuar es el siguiente paso necesario. La intención de este texto no es la de ser exhaustivo en enlistar las formas y remedios que hay disponibles para la articulación colectiva, pero sí hemos recopilado algunas opciones que nos parecen viables y a las que es posible sumarse o inspirarse de ellas.

Instituciones sólidas son la base para el funcionamiento de las sociedades democráticas, por lo que es importante no desistir de ellas aun cuando consideremos su funcionamiento criticable. En América Latina se ha esperado recurrentemente que las soluciones provengan de mesías o salvadores de la patria; sin embargo, ya hemos aprendido que lo que necesitamos realmente son instituciones fuertes y autónomas. Cuando no lo son, deberíamos comprometernos para fortalecerlas. Para transformar al país no podemos descartar la opción de actuar desde dentro de las instituciones con las que ya contamos sean éstas las gubernamentales, los partidos políticos o la sociedad civil. La alternativa de iniciar esfuerzos de cambio desde cero torna la tarea menos factible.

El cambio empieza desde lo local

La acción colectiva tiene un poder especial en el ámbito comunitario, cuando es ejercida entre personas que se conocen y que comparten intereses inmediatos. Las formas más puramente democráticas tienen su base en los concejos municipales, en las asociaciones vecinales, en grupos parroquiales. La participación en organizaciones comunitarias, como las asambleas de vecinos, asociaciones de padres y madres de familia, grupos que se reúnen para realizar actividades culturales y deportivas, son en sí un medio que permite articular acciones conjuntas mayores. Reconocerse como parte de estas colectividades fortalece el capital social, porque este tipo de grupos pueden organizarse más fácilmente para exigir cierta actuación de la autoridad o, simplemente, con sus propios esfuerzos generar resultados positivos en favor de su comunidad. En un país como México en el que la confianza interpersonal es muy baja, este tipo de interacciones restauran el tejido social.

Retomando la idea de Hanna Arendt de “construir un mundo con otros y establecer el espacio de lo público”, una sociedad en la que los individuos actuemos desde estas colectividades específicas, permite mayor confianza y, por tanto, mayor aprecio por el otro. Esta realidad tiene un efecto claro para derribar barreras de rechazo al otro que se manifiestan en fenómenos como el clasismo, el racismo y la violencia que resulta de la desigualdad.

Los insatisfechos podemos empezar a generar los espacios públicos necesarios para la convivencia, que han sido mermados por estilos de vida que favorecen el individualismo. Para esto, son muy valiosas las ideas como la de Esteban Olhovich que propone recurrir a la belleza para hacer de la nuestra una sociedad más incluyente: construyendo o mejorando parques, teatros, centros culturales, embelleciendo barrios o creando orquestas infantiles y juveniles. Una sociedad plural requiere de la solidaridad entre sus miembros y ésta se encuentra en el sentido de comunidad, por lo que crear el espacio público debería ser para nosotros una tarea constante.

Otro aspecto fundamental en la actuación colectiva y en la reconstrucción del tejido social es entender la educación como agente transformador de la comunidad. Los centros educativos, desde primarias hasta universidades, no deberían ser simples lugares de aprendizaje y adquisición de capacidades para el mercado de trabajo.  Un sistema educativo integral formaría niños y jóvenes con capacidades críticas y compromiso social. La educación está en la base de todo cambio, por lo que incorporarse en actividades que la fortalezcan es una tarea que a la que todos podemos contribuir: los que ya son maestros, los padres, madres de familia y los propios estudiantes tienen en la escuela la oportunidad de organizar formas de acción de beneficio social. Pero también los demás miembros de la comunidad podemos apoyar movimientos o grupos escolares, organizar talleres y otras actividades que fortalezcan la educación.

Las herramientas modernas de comunicación ofrecen también la oportunidad de crear comunidades de usuarios o defender causas específicas. Medios digitales y tecnológicos como nuevas aplicaciones, foros en línea y espacios virtuales interactivos son también útiles en esta labor. Gonzalo Santiago, un joven de 22 años de Juchitán, Oaxaca, creó Didxazapp para traducir español a zapoteco, con lo que divulgará una lengua indígena y creará vínculos de orgullo e identidad entre su comunidad. Desarrollar o ayudar con recursos, por medio de crowdfunding, a los creadoresde proyectos innovadores de esta naturaleza es una forma valiosa de contribuir.

Organizar la sociedad civil

En cualquier democracia vibrante el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil es central. Aunque en México algunas de ellas han logrado consolidarse como actores relevantes en nichos específicos, todavía falta más cultura de participación ciudadana desde éstas. Los insatisfechos podemos involucrarnos con ellas o por medio de ellas, ya sea participando directamente o donando para que puedan seguir haciendo su trabajo en favor de las diversas causas que apoyan.

No podríamos hacer un padrón completo, pero las hay en muy diversos temas, tanto nacionales como internacionales: combate a la corrupción (Transparencia Mexicana, Mexicanos contra la Corrupción), rendición de cuentas (Red Rendición de Cuentas, Colectivo por la Transparencia, Contraloría Ciudadana para la Rendición de Cuentas); defensa de los derechos humanos (Amnistía Internacional México, Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, Centro Prodh); mejora de las políticas públicas (México Evalúa), libertad de prensa (Artículo 19 Mx); lucha contra la desigualdad (Oxfam México); igualdad de género y derechos de las mujeres (Equidad de Género, Fondo Semillas, Gire, Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en México, REDefine México); defensa del medio ambiente (WWF México, Greenpeace México) derechos de los niños, niñas y adolescentes (Unicef México); o las que actúan en varios temas de participación democrática (Wikipolítica, Nosotrxs).

Una versión 2.0 de la organización de la sociedad civil es mediante la creación de plataformas que permiten la interacción, la participación pública y el intercambio de información de manera abierta. Algunas plataformas en México han logrado articular reacciones más contundentes, visibilizar causas y organizar a ciudadanos –canalizando esfuerzos que de manera individual quedarían dispersos o ineficaces–.  Los insatisfechos debemos conocerlas y usarlas más. Por ejemplo, una de las iniciativas que se creó por las necesidades y crisis de los terremotos de septiembre de 2017 es #ReSurge, que se dedica a reconstruir comunidades y promover políticas municipales para el sur de Morelos. Como resultado de su acción pública, lograron registrar una candidatura independiente para la alcaldía de Jojutla.

 Verificado2018 que inició también como una plataforma para monitorear y organizar necesidades dispersas durante los sismos (como Verificado19S)  evolucionó para convertirse en una plataforma en la que participan diversos medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil con dos objetivos: por un lado, combatir las noticias falsas que rodean el proceso electoral de este año -preocupación fundamental en la actualidad; y, por el otro, evidenciar las promesas irrealizables o las críticas sin fundamento de los candidatos. Una aportación, de hecho, muy práctica y valiosa para la democracia. La plataforma Rompe el Miedo está integrada por periodistas, defensores de derechos humanos y observadores electorales para proteger y exigir seguridad tanto para la participación ciudadana como para la cobertura periodística en movilizaciones sociales y elecciones.

De la falta de representatividad que algunos ciudadanos sentimos en los partidos políticos, han surgido otros grupos no electorales como Democracia Deliberada, un grupo de profesionistas, académicos y activistas que buscan influir en la acción política, cambiar las instituciones y las políticas públicas desde la izquierda. Otros grupos de acción ciudadana, como Cohesión Social, buscan visibilizar causas que no suelen ser preocupaciones cotidianas, como la desigualdad y el combate a la pobreza, e incidir en el análisis de las políticas públicas por medio de las que se están enfrentando esos fenómenos.

Esfuerzos iniciados de manera local evolucionan a veces organizándose y uniendo esfuerzos con otros colectivos con causas similares, escalando del nivel de la ciudad, al país hasta, incluso, a redes internacionales. Agruparse por medio de la transversalidad de las causas, potencia los resultados, permite intercambiar estrategias y experiencias, y colaborar con personas de distintas sociedades y culturas. El Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural “Mujeres que Luchan”, por ejemplo, congregó en Chiapas a mujeres procedentes de 34 países del mundo y 27 estados del país, en el marco del Día Internacional de la Mujer de este año. Actuar por medio de la sociedad civil ofrece muy diversas opciones para la participación y la articulación que los insatisfechos deberíamos usar con más frecuencia.

Independencia de los medios de comunicación

La sociedad mexicana tiene mejor acceso a la información y exige cada vez más, por lo que el actual esquema de grandes grupos de comunicación masiva está agotado. De este modo, es importante apoyar el periodismo independiente y la alfabetización digital para que la población tenga mejores herramientas para la toma de decisiones públicas. Se empieza con el consumo más selectivo de la información que se lee, pero también es útil contribuir a su financiamiento y difusión.

El control abusivo de ciertos medios y las líneas editoriales dictadas por el gobierno no pertenecen en el país en el que queremos vivir. El periodismo de investigación que realizan medios independientes y que ha revelado escándalos de corrupción gubernamental le ha permitido a la sociedad mexicana conocer realidades que no aparecerían en los medios de comunicación tradicionales, que únicamente repiten comunicados. Plataformas como Animal Político u Horizontal trabajan de manera novedosa y libre, por no depender de la publicidad gubernamental sino de donaciones de sus lectores. Resulta indignante que se usen cantidades exorbitantes de recursos públicos para promover la acción gubernamental –que es una obligación no un mérito– y que coartan la libertad de prensa.

Partidos y elecciones

Los partidos políticos en México han probado no estar conectados con la sociedad, pero en cualquier régimen democrático moderno son imprescindibles. Por lo tanto, los insatisfechos no podemos descartar actuar dentro de ellos. Participar en subgrupos que actúan al interior de los partidos (los integrados por jóvenes, por mujeres), comités partidarios o juntas locales puede ser una posibilidad para exigir mecanismos más democráticos para la toma de decisiones dentro de ellos. Un mayor compromiso ciudadano al interior de los partidos puede ser la bocanada de aire fresco que devuelva legitimidad democrática a la partidocracia corporativa de México. 

En el ámbito electoral, las candidaturas independientes (al menos las realmente ciudadanas) son una opción que antes los mexicanos no teníamos. Apoyarlas o presentarlas permitirá que lleguen a la agenda electoral temas que estarían fuera del programa de los partidos. El meritorio caso de María de Jesús Patricio visibilizó la marginación indígena y la desigualdad socioeconómica en una precampaña en la que estos temas estaban prácticamente ausentes, a pesar de que vivimos en un país de cincuenta millones de pobres y donde más de 7 millones de personas hablan una lengua indígena. Sin embargo, las reglas electorales para las candidaturas independientes son todavía incipientes y dificultan que lleguen a la boleta candidatos que no cuentan con estructuras partidarias o abundancia de recursos, como fue el caso de “Marichuy”.

Por otra parte, especialmente desde lo local, los insatisfechos podemos apoyar y participar en la construcción de nuevos liderazgos no capturados por las lógicas partidistas que podrán entrar efectivamente a la arena pública. Un buen precedente es el caso de Pedro Kumamoto quien, como independiente, obtuvo una diputación en el Congreso del estado de Jalisco en 2015, logrando tener resonancia nacional, y ahora buscará ser senador de la República. Como él mismo lo ha dicho: “debemos hacernos de nuestros propios mecanismos para incidir en la política”. Las candidaturas independientes son un camino que podremos recorrer con mayor frecuencia para integrar a bases sociales no corporativas a nuestra democracia.

Rendición de cuentas

Para que se logre una transformación en la que haya rendición de cuentas como criterio básico del ejercicio del poder, debe permear en la cultura política del país que los políticos son funcionarios públicos. Fueron electos por la sociedad para realizar su función y, por tanto, no son figuras de autoridad que estén libres de la crítica, sino al contrario: tienen la obligación legal y social de rendir cuentas. Pero para que esto funcione debe haber quién se los exija.

Al igual que las actuales instituciones son una base viable para incidir, las leyes con las que contamos también nos ofrecen algunos mecanismos que nos permiten exigir a las autoridades que nos rindan cuentas. Es el caso de la ley federal o las locales de transparencia y acceso a la información, que podrán no ser perfectas, pero son una oportunidad para que personas y grupos interesados vigilen la actividad gubernamental. Este trabajo no se debe delegar sólo a la prensa de investigación; es una facultad y obligación ciudadana la vigilancia del poder. Formar grupos que funcionen como watch dogs (vigilantes específicos de intereses) es un requisito indispensable para un acompañamiento efectivo del poder, ya sea por temas, por regiones o por intereses, como ocurre en las democracias más dinámicas.

Una tarea fundamental para el ejercicio de la ciudadanía es identificar a nuestros representantes, sean diputados, senadores, delegados, regidores, para entrar en contacto con ellos. Esta comunicación directa del elector exigiéndoles resultados o manifestándoles sus posiciones y preocupaciones sobre los temas de la agenda legislativa o local es indispensable para convertir a nuestro sistema político en una democracia representativa. También lo es involucrar a otras personas de nuestros círculos cercanos para formar una nueva cultura ciudadana de participación política que hasta ahora ha sido endeble en México.

Autonomía del servicio público

Finalmente, no podemos omitir la necesidad de fortalecer el servicio público para que esté regido justamente por la ética “de lo público” y no por el sistema de botín. México se ha rezagado inclusive frente a países de niveles similares de desarrollo en crear servicios profesionales de carrera, en que los funcionarios se seleccionan por concurso abierto. Los puestos públicos, incluso de niveles medios y técnicos, se siguen distribuyendo por grupos ligados al partido político que venció las elecciones, tanto en el gobierno federal, como en los estatales y municipales. La autonomía de las instituciones se logra por un diseño y estructura que las aísle del poder político. La designación de funcionarios públicos debe ser hecha con base en criterios de competencias y preparación, en el que todos los ciudadanos de la República puedan participar en igualdad de circunstancia, de forma transparente y con la perspectiva de una carrera.

No habrá instituciones verdaderamente autónomas en México mientras las designaciones políticas sigan siendo el paradigma de distribución de cargos. La Ley del Servicio Profesional de Carrera en la Administración Pública Federal (publicada en 2003, cuando en otros países ha habido leyes similares desde el s.XIX) ha sido aplicada de manera deficiente y discrecional. Por este motivo, sigue sin existir en la sociedad mexicana la consolidada tradición de otros países para ganar un cargo por medio de concurso. Los que pretendemos defender un servicio público autónomo y mejor preparado, necesitamos llevar socialmente este tema a la agenda.

El caso más grave tal vez sea la procuración de justicia en México. En un país en el que el Presidente dice sin mayor pudor cosas como “instruí al Procurador a investigar esto o aquello” (sin que nadie se escandalice del contrasentido que esa frase representa), sabemos que tenemos que partir casi desde cero en la construcción de la autonomía que hace posible que se investigue, por ejemplo, la corrupción gubernamental. Se han creado algunas organizaciones sociales y movimientos para defender la autonomía de la Suprema Corte de Justicia o de la Procuraduría General de la República (PGR) en momentos en los que claramente se ha vulnerado su independencia del poder político. No obstante, especialmente la PGR está lejos de ser autónoma y, por tanto, de ser la defensora de los intereses difusos de la sociedad que es lo que le corresponde a los Ministerios Públicos.

Estos movimientos, sin embargo, han sido insuficientes porque no han tenido continuidad más allá de las coyunturas. La clase política sigue sin llevar a la agenda de reformas el tema central de la autonomía de las instituciones como tema central del combate a la corrupción, más allá del discurso. Por tanto, los insatisfechos debemos sumarnos a estos esfuerzos o crear los propios para exigir de manera directa y constante la autonomía de las instituciones públicas.

* * *

Este texto ha recopilado un conjunto de opciones que consideramos realizables para los que pretendemos mejorar la realidad de nuestro país. La principal intención es mostrar que existen alternativas para los insatisfechos y, sobre todo, deshacernos del lugar común que representa regodearse en el malestar sin buscar acciones concretas que contribuyan con los cambios que queremos.

No se trata de un censo acabado de posibilidades, sino de un ejercicio para llamar a la reflexión sobre formas de articular acciones colectivas que existen o podríamos crear. En la diversidad tan necesaria para la vivencia democrática de las sociedades, es imprescindible la constante generación de ideas, de proyectos y su discusión. Los insatisfechos tal vez podamos dejar de serlo si pasamos del malestar que nos causan los diagnósticos a ocuparnos en los remedios posibles.

 

Rafael Barceló Durazo

Bárbara Magaña Martínez