Periodismo ciudadano: armas y estrategias

Caravaggio
Caravaggio

Caravaggio es uno de mis pintores favoritos. Desde niño me atrajo la combinación de espontaneidad y perfección; la huella del proceso creativo presente en la obra terminada, la valiente mezcla de belleza y violencia, suciedad y pureza. Piensen en las sensaciones que pueden causar en el espectador el gesto y lenguaje corporal de su «Muchacho mordido por una lagartija» o la boca entreabierta en la cabeza cercenada de Juan el Bautista. Caravaggio me gustaba y me sigue gustando porque de haber nacido al menos tres siglos después quizá hubiera dibujado cómics. Uno de mis Caravaggios favoritos es «David con la cabeza de Goliat.» En ese óleo los trazos del italiano iluminan a David como un «niño de la calle,» que como tantos de sus personajes revela las huellas de una vida dura. Sabemos que David era un hombre joven común y corriente, un lugareño que venció al terrible Goliat con una humilde piedra, y tomando la espada de éste último le decapitó. En el lienzo David sostiene la cabeza del gigante con la mano derecha, y con la izquierda sostiene la espada. En la espada leemos la inscripción «H-AS OS», que en Latín abrevia Humilitas occidit superbiam: «la humildad mata a la soberbia.»

Comienzo con esta ilustración para retomar los retos que el llamado periodismo ciudadano enfrenta hoy, particularmente en México. La frase latina en la espalda del gigante derrotado adquiere una nueva significación en las manos del ciudadano común que sabiendo aprovechar sus recursos ha tomado el arma de quien parecía superarle. Si la espada en la mano del David de Caravaggio es la espada de Goliat, hemos de pensar que en algún momento el gigante opresor quería pretender que, de hecho, la humildad mataba a la soberbia. En su slogan la penitencia. Así, el periodismo ciudadano, si queremos aceptar la frase como posible, se ve obligado a cuestionar su propia definición y sus posibles alcances y limitaciones. Por supuesto, todo periodista es ciudadano, pero no todo ciudadano es periodista. Desde los años 90 la posibilidad de crear, publicar y promover contenido creativo a través de computadoras en red ha propiciado una extensa discusión sobre las diferencias entre la labor del amateur y la del profesional (por ejemplo, veáse las risibles rabietas de Andrew Keen y su «Culto del amateur«). Sin embargo, incluso quienes están muy preocupados por esclarecer los límites de la autoridad, confiabilidad y centralidad de ciertos emisores, mensajes y medios no pueden negar que la publicación electrónica y la WWW han obligado al mundo a repensar esas mismas categorías.

Por ejemplo, Keen, cuya cantaleta en infinito loop es que el Internet «nos está haciendo imbéciles» paradójicamente anuncia en su página de Internet con gran orgullo (por no decir soberbia) que tiene «más de 12, 521 seguidores» -y contando- en Twitter, como si eso le diera mayor valor a sus opiniones. Son estas ironías y aporías del periodismo de nuestros días a los que el periodismo ciudadano, entendido como aquél ejercido fuera de los medios «establecidos» no por fuerza sino por voluntad, y con la misión también de vigilarles y de ofrecer alternativas informativas desde el suelo, se enfrenta desde la pequeñez y podríamos decir suciedad y en ocasiones violencia de lo que se vive en carne y hueso, como lugareño y no como ajeno visitante.

Si David estaba armado con su inteligencia y una roca, el periodista ciudadano estará armado con su inteligencia y las herramientas digitales de la Web 2.0: teléfonos celulares, cámaras de video portátiles, laptops y presencia constante en redes sociales como Twitter o Facebook. Este tipo de actos de periodismo, en que ciudadanos comunes se dedican a expresar su realidad local o a vigilar, cuestionar o constatar las informaciones unidireccionalmente transmitidas por los gigantes mediáticos, es todavía un proceso en obra, donde los marcos de referencia y los lineamientos de práctica todavía se están conformando. En contraposición a quienes como Keen se han dedicado a proteger sus nichos y paychecks en los medios masivos mediante la descalificación de iniciativas voluntarias de reportaje y escritura en línea como actividades «amateur», periodistas como Jay Rosen, profesor de la escuela de periodismo de la Universidad de Nueva York, nos enseñan con trabajo cómo los Davides del periodismo pueden autodefinirse e incluso «vencer» a los gigantes en su propio juego colaborando con ellos. Tal es el caso de los proyectos que Rosen está coordinando con su Studio 202 un grupo de estudiantes de periodismo que con el New York Times realizarán periodismo ciudadano e «hiperlocal» sobre el East Village. Este tipo de proyectos, de naturaleza comunitaria, son ejemplos a seguir porque hacen confluir iniciativas jóvenes y ciudadanas con los estándares de las grandes ligas periodísticas. David toma la espada de Goliat y, sin degollarle, le recuerda que la humildad de lo local y lo pequeño puede vencer, en su juego, a la más sorda de las soberbias.

Ernesto Priego. Candidato a doctor en estudios de la información en University College London.

La primera parte de este texto se puede encontrar aquí.


Un comentario en “Periodismo ciudadano: armas y estrategias

  1. según se la cabeza de Goliat es el mismo Caravaggio, fue un regalo a un prsonaje que le ayudo cuando el pintor era perseguido por el asesinato de otro en una riña. Caravaggio huyo de Italia y se sentia arrepentido, por eso puso Humilitas occidit superbiam: “la humildad mata a la soberbia», en señal de agradecimiento. Es lo que se.

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