La fotografía me trasladó hasta los años 80 por el traje a cuadros y los peinados, casi todos con el pelo liso. En la foto aparece el presidente Ronald Reagan, con su amplia sonrisa y su ancha espalda, agradeciendo al grupo de médicos que le salvó la vida. El hombre a quien Reagan estrecha la mano es George Morales, un inmigrante mexicano. Por medio de un familiar suyo, recibí esta fotografía.

El presidente Ronald Reagan saluda al Dr. George Morales en 1981. (La Casa Blanca)

Hace 37 años, Reagan se convirtió en el primer presidente estadounidense en sobrevivir un atentado con arma de fuego. Él se salvó y se cree que fue gracias a la atención experta que recibió en el Hospital Universitario de George Washington.

Es poco conocido el hecho de que todos los médicos del equipo de anestesia que le atendieron, habían nacido fuera de Estados Unidos.

Conforme sigue en ebullición el conflicto sobre los recién llegados a nuestra cultura, uno de los argumentos sostiene que el país no puede permitirse más inmigrantes pobres, no calificados o que llegan de ciertos países.

Esta línea de pensamiento sostiene que solo aquellos que puedan demostrar sus méritos merecen la entrada a este país.

Pero, ¿qué es lo que constituye un mérito? Para aquellos que apoyan este razonamiento, es simple: credenciales académicas, riqueza tangible o nacionalidades preferidas. Esta es una definición que hubiera excluido al grupo de médicos que le salvó la vida a Reagan.

Recordando el suceso de aquel fatídico día del mes de marzo de 1981, los agentes del Servicio Secreto rápidamente se pusieron ropas quirúrgicas para entrar al quirófano y vigilar la cirugía. Los doctores y el personal de apoyo apresuraron la camilla de Reagan a la sala de operaciones. Después, lo pusieron en las manos de un equipo de doctores inmigrantes a cargo de la anestesia.

“Una cosa que me sorprendió al ver a nuestro equipo médico”, recordó Manfred Lichtmann, anestesiólogo del hospital, “es que cada uno de nosotros había emigrado a Estados Unidos".

Morales, quien murió en el 2003, había llegado de México. May Chin, que para entonces trabajaba como médico residente en el hospital, había nacido en Malasia; y Lichtmann, de origen alemán, llegó como refugiado siendo niño, huyendo del régimen de Adolfo Hitler.

Los primeros años de Lichtmann en Estados Unidos fueron desastrosos. Sus padres enfermaron y él creció en un orfanato. No aprendió inglés hasta primer grado donde sus primeras palabras, fueron “S.O.B” (siglas en inglés para Hijo De P…), de tanto oírlas.

Finalmente, después de terminar sus estudios en la escuela de medicina y prestar servicio militar en Vietnam, Lichtmann se incorporó al equipo del Hospital Universitario de George Washington, donde conoció a Morales.

"Bromeando, dijimos que si la cirugía del presidente Reagan no salía bien, podríamos ser deportados", recuerda Lichtmann. “Estábamos orgullosos por ser inmigrantes y ser estadounidenses”.

Al igual que su amigo Lichtmann, Morales había huido de su país de origen siendo niño refugiado. Nació en Nicaragua y fue llevado a México donde adquirió la nacionalidad a los 11 años. Su padre, un juez que una vez falló en contra del dictador Anastasio Somoza, lo había enviado al extranjero para proteger su vida.

“George Morales fue una persona extraordinaria”, recuerda Lichmann. “Antes de la nominación republicana para presidente, intenté hablar por teléfono con el senador Lindsey Graham, pero nunca me tomó la llamada. Quería decirle: ‘Usted tiene un candidato que está llamando delincuentes a los mexicanos y debe saber que un doctor de ese país salvó la vida del presidente Reagan’”.

No importa lo que uno piense sobre los muros fronterizos, las investigaciones demuestran que las personas nacidas en el extranjero, ricos y pobres, cuentan con un mérito que se mide como superior al del resto; un mérito del cual nuestra economía no puede prescindir: el potencial.

Es por eso que es una falacia suponer que solo tenemos recursos para absorber a aquellos que ya son privilegiados. Los inmigrantes, por sí mismos, son un recurso. No hay ningún modo seguro de predecir quien subirá como cohete a la cúspide del éxito para cambiar la vida de los estadounidenses.

Los resultados de ese potencial son evidentes en cualquier parte. Por ejemplo, el 83 por ciento de los ganadores de una búsqueda nacional de talentos juveniles en el área de ciencias, son hijos de padres nacidos en el extranjero.

También se puede ver en el hecho, de que los inmigrantes registran el doble de patentes a comparación de los inventores nacidos en Estados Unidos. Además, por sus hábitos, viven un promedio de dos años más que las personas nacidas aquí.

Incluso se puede cuantificar parte de este potencial. Una investigación realizada por Hajo Adam, catedrático de ciencias empresariales de la Universidad Rice en Houston, sugiere que vivir en el extranjero aumenta la “claridad del autoconcepto”, es decir, la confianza en lo que se cree y los objetivos personales.

Esta cualidad está vinculada a una serie de beneficios, que incluyen relaciones más comprometidas, mejor salud y mayor claridad en los objetivos profesionales inmediatos.

"Esto da pie a pensar en todas las ventajas de vivir en el extranjero y al impulso asociado a la claridad del autoconcepto, lo que aplica a la mayor parte de los inmigrantes", dice Adam.

Por lo tanto, no es tan simple decir que fue una casualidad que los cuatro médicos que trataron a Reagan, fueran inmigrantes equipados con algún tipo sentido adicional de propósito.

Lichtmann recordó que cuando los médicos de George Washington llevaron al presidente a la mesa de operaciones, Reagan les dijo: “asumo que todos ustedes son republicanos”. Fue una broma destinada a tranquilizarlos. Pero también era un reconocimiento de que todos allí compartían un propósito claro y común. “El día de hoy todos somos republicanos, señor Presidente”, respondió el jefe de traumatología.

Pensé en todo eso mientras veía la foto de Reagan y los doctores que le salvaron la vida. Independientemente de cómo vinieron, probablemente cada uno de ellos fue el resultado de la voluntad de otra persona para llegar a este país y prosperar. Gracias a Dios, para todos nosotros, Estados Unidos permitió que ese potencial creciera.

 

Claudia Kolker es directora asociada de Rice Business School y autora del libro La ventaja de la inmigración: Lo que podemos aprender de los recién llegados a Estados Unidos sobre salud, felicidad y esperanza.

Traducción por Mayra Flamenco