“¿Por qué no? Somos vecinos.
Hemos estado cerca
desde el inicio del mundo.”
—Javier Hernández1

En su edición de junio, la popular revista deportiva Sports Illustrated decidió pintarse de verde para su edición en inglés. En portada aparecen tres jugadores de la Selección Mexicana (Javier Hernández “Chicharito”, Carlos Vela e Hirving Lozano) acompañados de la frase “America’s Other TEAM!” (¡El otro EQUIPO de Estados Unidos!). Al interior, artículos dedicados a defender la premisa que “apoyar a un equipo extranjero en Estados Unidos es parte de la ‘esencia americana’”. Y es que, para nuestro vecino del norte, el futbol se ve como un deporte con una afición “emergente”, una ventana de oportunidad sumamente lucrativa y con números de aceptación cada vez mayores. Para el Mundial de Rusia 2018, las marcas y patrocinadores corporativos se prepararon para elaborar una estrategia que logre atraer a posibles aficionados estadunidenses, ante un panorama donde el equipo nacional no logró clasificar para el Mundial. Una de estas estrategias contemplaba que durante el medio tiempo del partido México-Alemania, la cadena Telemundo transmitiera un comercial del banco Wells Fargo donde aparece Landon Donovan, exjugador de la Selección de Estados Unidos, vistiendo una playera verde en apoyo a México. Las respuestas no hicieron esperar: Donovan fue duramente criticado y excompañeros como Cobi Jones no tardaron en señalar que “en el deporte hay algo sagrado sobre las rivalidades. Significado e historia tras ellos.”

Fotografía: Jazmín Valeria Martínez M.

Sin embargo, la historia de rivalidad entre México y Estados Unidos no es igual a la rivalidad que mantienen, por ejemplo, Brasil y Argentina. La afinidad y el apoyo al equipo local está muy relacionada con la identidad de la afición y, en nuestro caso, esta identidad no siempre es excluyente: la comunidad mexico-estadunidense –uno de los grupos que más apoya a la Selección, sin ser el único— se encuentra inmersa en una cultura mixta, donde coexisten ideas contradictorias que, dependiendo de las circunstancias y de las necesidades del actor, se muestran o permanecen ocultas.2

Durante el Mundial, el futbol es un juego de balón, pero también de patrocinios, compra y venta de transmisiones de los partidos y –en este caso— de crear estrategias para compensar las pérdidas que representó la eliminación del U. S. National Team. Estas ventanas se antojan especialmente atractivas para cadenas como Telemundo, pues 25% de la afición no latina en Estados Unidos prefiere escuchar los partidos en español. Jim Bell, productor ejecutivo, señala que esta afinidad tiene que ver en especial con el estilo de los comentaristas, quienes “transmiten mayor pasión y emoción al desarrollo del juego”. Para ellos, el futbol se ve mejor en español. En el caso de las cadenas Fox y Telemundo, este hecho desató con mayor intensidad la necesidad de conquistar los corazones de una afición que quedó “huérfana” y promover la adopción de la Selección Mexicana como equipo local. Sin embargo, pedirle a los espectadores que apoyen a un equipo al que tradicionalmente se ve como “rival” es un reto controversial; de lograrse, la Selección se convertiría en un símbolo que, en estos tiempos, puede estimular la creación de puentes que trasciendan los temas políticos, económicos y sociales.

En términos generales, las motivaciones que un aficionado tiene para apoyar a su equipo son afectivas. Pocos eventos en la era moderna despiertan más sentimientos de identidad, pertenencia y patriotismo que los deportes. En el caso de las competencias por equipo, el patriotismo es más intenso, pues se considera que la acción colectiva es mejor prueba del espíritu de un país que el talento individual. Los sentidos de pertenencia y no pertenencia encuentran su mayor expresión en los deportes de equipos que implican competencias binarias;3 es decir, cuando el equipo se enfrenta a un único contrincante, donde el sentido de competencia no se fragmenta en varios oponentes de diferentes orígenes al mismo tiempo. Sin embargo, para definir quién pertenece a una colectividad, “los rasgos que se toman en cuenta no son la suma de diferencias objetivas, sino solamente aquellas que los actores mismos consideran significativas”.4 En tiempos mundialistas todo es posible y, en el caso de la relación México-Estados Unidos, podría ser que el futbol –específicamente la decisión de apoyar a la Selección Mexicana— se convierta en un elemento que dé identidad colectiva a los nacionales de ambos países.

Pero ¿cómo una iniciativa motivada por intereses económicos puede fomentar la aceptación de la Selección Nacional como un “equipo alternativo” para los estadunidenses? En palabras de Franco Bavoni, “dado su carácter liminal, su naturaleza antagónica […] y su densidad simbólica, el fútbol puede ser un terreno particularmente fértil para catalizar un drama social. El papel de los empresarios políticos es fundamental, pues son ellos quienes pueden hacer relevante una fractura o poner en marcha mecanismos de reparación, si se trata de identidades legitimadoras”.5 El futbol es catalizador de tensiones (como la llamada “Guerra del Futbol” entre Honduras y el Salvador), pero también es un poderoso vehículo unificador. Hoy en día, pocos símbolos han probado ser tan efectivos para lograr la construcción de la identidad nacional como el futbol. Desde sus orígenes, el deporte ha servido como fuente de identidad colectiva pero también pocos deportes generan sentimientos de identidad nacional tan marcados. El fubol puede fortalecer lazos entre las comunidades de mexico-estadunidenses, principalmente motivadas por la nostalgia y el sentimentalismo;6 de acuerdo con Lozano, Assad y Oliveros, el futbol es un vehículo que permite, de manera relativamente sencilla, la exportación y globalización de una cultura.

Podría pensarse que es “fácil” desarrollar cierta afinidad por la selección nacional de un país cuya cultura es vecina y familiar. Es probable que la presencia de una comunidad migrante influya en el aumento de la popularidad de ese deporte; sin embargo, éste no es el único factor. De hecho, cifras de la Soccer United Marketing, socio encargado de dar difusión a los partidos de la Selección Mexicana y la Federación Estadunidense de Futbol, señalan que únicamente 28% de la afición mexicana es de primera generación. El resto de los fans son, la mayoría de las veces, de segunda o tercera generación, bilingües, biculturales y, en muchos casos, más proclives por consumir contenido en inglés.7 Para la cadena Fox Sports, la campaña de atracción se ha enfocado en este grupo, por lo que realizaron una inversión de 425 millones de dólares para adquirir los derechos del Mundial y transmitir los partidos en inglés; además, crearon la campaña #rootforyourroots para familiarizar al público angloparlante con la Selección.

 De lograrse una estrategia exitosa para atraer más espectadores, el potencial del futbol en la Unión Americana podría ser alto. De acuerdo con la encuesta Gallup, se espera que dentro de pocos años sea el tercer deporte más visto en la Unión Americana, al desplazar al beisbol. Si bien solamente 7% de la población estadunidense es espectadora del futbol,  esta cifra se debe poner en contexto: se trata del único deporte, junto con el hockey,8 que aumentó su número de espectadores. El baseball registró una caída de dos puntos para registrarse en 9% y el basketball mostró una popularidad de 11%. Esta cifra es especialmente llamativa cuando observamos que la población joven (18-34 años) es la que declara ser más aficionada al balompié. Estas cifras van de la mano con el hecho que, desde 2010, la Selección Mexicana ha disputado el doble de partidos en Estados Unidos que en México; el uniforme de la Selección es el conjunto deportivo más vendido en EU.

Ya sea por estímulos meramente económicos o por un genuino esfuerzo para estrechar los lazos entre México y Estados Unidos, la reciente elección de América del Norte como sede conjunta para la Copa Mundial de 2026 demuestra que, en el campo deportivo, la unión es la fuerza. A pesar de las diferencias políticas y tensiones que puedan existir entre los tres países, la estrategia de promoción y cabildeo demuestra que las similitudes siempre pesan más que las diferencias. Podría considerarse que la afición angloparlante se encuentra todavía “en construcción” y tal vez necesite un familiarizarse un poco más con el deporte antes de recibir 60 partidos mundialistas en 2026. Adoptar a la Selección Mexicana como favorita en 2018 –especialmente tras los exitosos resultados durante la ronda clasificatoria en Rusia— podría ayudar a construir una memoria colectiva positiva que permita ganar las mentes y corazones de la afición estadunidense. 

 

María del Rocío Rodríguez Echeverría


1 Brian Straus, “Mexico. Because… Surprise! They Rep. the U. S., Too”, Sports Illustrated, junio de 2018, p. 90.

2 Edmund Leach Franco Bavoni Escobedo, Fútbol, identidades y política en sociedades divididas los casos de la ex Yugoslavia, Irlanda del Norte e Israel y Palestina, tesis, El Colegio de México, 2013, p. 17.

3 Janet Lever en Franco Bavoni Escobedo, op. Cit., pp. 33-34.

4 Frederik Barth en Franco Bavoni Escobedo, op. cit.,, p. 18.

5 Franco Bavoni Escobedo, Fútbol, identidades y política en sociedades divididas los casos de la ex Yugoslavia, Irlanda del Norte e Israel y Palestina, tesis, El Colegio de México, 2013, p. 42.

6 Ambos sentimientos juegan un papel importante al momento de romper mitos sobre la composición de la afición: de acuerdo con cifras del Soccer United Marketing, solamente 28% de los seguidores de la Selección en Estados Unidos son mexicanos de primera generación, el resto son descendientes de segunda o tercera generación. Brian Straus, op. cit.

7 Brian Straus, op. cit., p. 92.

8 La encuesta de Gallup se realiza cada cuatro años. Es así que, de 2013 a 2017, el hockey registró un aumento porcentual de un punto, al pasar de 3% a 4%. Cabe mencionar que, en el caso del futbol, el aumento en popularidad puede aún más notable porque la encuesta se levantó en un contexto especialmente complicado, en un año no mundialista y tras la eliminación de la Selección estadunidense de las clasificatorias para el mundial de Rusia 2018.