El 1 de julio de 2018 el Partido Acción Nacional obtuvo uno de los peores resultados desde que en México se celebran elecciones en un ambiente democrático. Sin contar los votos de los otros partidos de la coalición que postuló a Ricardo Anaya, el PAN (sin contar los votos del PRD y MC) obtuvo tres cuartas partes de los votos que obtuvo en las elecciones de 2012. Como politólogo y ciudadano interesado en el desarrollo de las instituciones políticas del país, encuentro pertinente analizar el partido político más antiguo del país, su historia puede dar lecciones a otros partidos que perdieron e incluso a aquellos de nueva formación.

El mandato de los electores apunta a un deseo de transformación del estatus quo, todos los actores deben encontrar un nuevo lugar en el sistema político. En este ensayo se plantean las preguntas a resolver en esta tarea.

Ilustración: Víctor Solís

Los tres cambios históricos del PAN

La crisis que hoy vive Acción Nacional no se puede entender sin las alianzas y conflictos internos y externos. De hecho, algunos de los teóricos de los partidos políticos argumentan que los grupos que controlan los espacios de poder determinan su funcionamiento, mientras que la oposición que enfrentan es clave para presionar por cambios e influir en la distribución del poder.1

Los partidos políticos, como organizaciones que buscan el poder, están formadas por múltiples intereses que difícilmente pueden ser representados todos al mismo tiempo. Por eso, la fundación de cualquier partido es relevante, pues es la base de la primera repartición del poder y de donde se derivan conflictos posteriores. No es casualidad que en la vida interna de los partidos se apele a la ideología de los padres fundadores o que algunos crezcan al amparo de un vínculo familiar o políticos con ellos. En la medida en que la organización avanza, surgen nuevos conflictos y equilibrios que se definen con base en la distribución interna del poder.

En el caso del PAN, desde su fundación hubo grupos en conflicto ideológico y con diversos intereses regionales, piénsese en la primera generación posterior al conflicto cristero y su acercamiento con el PAN. Pero si pudiéramos identificar tres momentos clave de reconfiguración del partido, que resumen la vida interna del partido tendrían que ser los cambios en los principios de doctrina que sustentan la ideología del PAN, que se resumen en la siguiente tabla.

Tabla 1 Principios de doctrina en el tiempo

Doctrina 1939

Doctrina 1965

Doctrina 2002

  • Nación
  • Persona
  • Estado
  • Orden
  • Libertad
  • Enseñanza
  • Trabajo
  • Iniciativa
  • Propiedad
  • Campo
  • Economía
  • Municipio
  • Derecho
  • Política
  • Persona
  • Política
  • Estado
  • Orden internacional
  • Democracia
  • Partidos políticos
  • Familia
  • Municipio
  • Educación
  • Trabajo
  • Economía
  • Justicia social
  • Persona y libertad
  • Política y responsabilidad social
  • Familia
  • Cultura y educación
  • Nación y mundialización
  • Desarrollo humano sustentable
  • Trabajo
  • Medio ambiente
  • Ciencia e innovación tecnológica
  • Humanismo bioético
  • Campo y ciudad
  • Municipio y sistema federal

En negritas los rubros que aparecen por primera vez.

¿Por qué cambiaron? ¿A qué responden estos cambios? ¿Cómo se resolvieron? ¿Qué esperar del futuro del PAN? Estas preguntas son importantes para entender el conflicto que hoy vive el PAN y que, de no resolverse, amenaza su supervivencia. En el pasado cada cambio doctrinario supuso un conflicto previo, generó nuevos conflictos y tuvo consecuencias electorales que actualizaron el conflicto. Lo que vemos hoy se antoja como el final de una época para el PAN y una llamada para refundarse. 

Primera época (1939-1964). República y liberalismo incipiente

Dos ejes rectores determinan esta primera declaración de principios: la protección a las libertades del individuo y los límites a la intervención del Estado. En primer lugar, se concebía a la persona como centro de la reflexión y acción política, se decía que ésta “tiene eminente dignidad y un destino espiritual y material que cumplir, por lo que la colectividad y sus órganos deben asegurarle el conjunto de libertades y de medios necesarios para cumplir dignamente ese destino”. Además, se afirmaba que el Estado debía garantizar participación de todos los grupos sociales, de tal manera que la organización de la república coincidiera con la realidad nacional.

En cuanto al Estado, afirmaban que sólo debía simultáneamente buscar justicia y seguridad, defensa del interés colectivo y respeto y protección de la persona. Criticaban abiertamente la noción de que el Estado era el espacio en que se daba la lucha de clases, por el contrario, decían que las acciones de éste debían evitar esa lucha. Así, el Estado debía fincar su autoridad en el respeto al pluralismo de la sociedad, decían que de cumplirse se tendría un Estado “[con] plenitud de autoridad, sin ser tiránico; [que pueda] ejercer ampliamente sus facultades de gestión, sin ser opresor, y cumplir su inexcusable deber de justicia, sin ser subversivo”.

Sin embargo, se ha discutido ampliamente si con estos postulados se puede considerar al PAN como un partido liberal. Jose Antonio Aguilar Rivera afirma que en el PAN confluían una diversidad de corrientes de pensamiento que no se podían identificar como netamente liberales.2 Asimismo, en la década de los 30 del siglo pasado se percibía ya la insuficiencia del liberalismo como respuesta a los cambios sociales y económicos ante la crisis económica mundial de 1929. El PAN, entonces, se nutre de ideología católica que lo ubica como una vía entre las propuestas socialistas y el liberalismo clásico.3

Segunda época (1965-2002). Pluralismo y libertad

 En esta revisión se mantienen buena parte de los postulados originales, pero se la reforma buscaba responder a las condiciones del régimen político de la época. Para ese entonces el PRI ya había centralizado el poder e instaurado un régimen autoritario de partido-gobierno que no daba cabida a las diversas expresiones de la sociedad.

El PAN sigue concibiendo al individuo como base de la acción política, con un matiz más liberal. Se decía, entonces: “el ser humano es persona, con cuerpo material y espiritual, con inteligencia y voluntad libre, y con derechos universales, inviolables e inalienables, a los que corresponden obligaciones inherentes a la naturaleza humana”. Asimismo, se enfatizaba que cada uno debía de respetar la libertad individual del otro y luchar para su conservación; y, a través de esta es que se podrían armonizar los intereses individuales y sociales de la vida humana.

En cuanto al Estado, se incluyó una crítica al régimen político imperante y se le da un valor particular a la división de poderes y el federalismo. El documento señala que “México debe ajustar su vida a los principios federales vigentes… y superar el centralismo político y económico que vive, que mengua la autonomía de los estados, les impone autoridades, les dosifica ingresos…”. Además, enfatiza que para la sana organización del Estado cada poder debe asumir su función de manera plena sin estar supeditado a otro. Finalmente, critica el presidencialismo al afirmar que: “la supremacía que de hecho ejerce en México el Ejecutivo Federal sobre los demás poderes… resta a todos dignidad y eficacia y rompe el fundamento de la organización democrática federal”.

El carácter más liberal de esta época se encuentra en una noción pluralista de la sociedad. De hecho, esa tolerancia hacia la diversidad dice Lujambio “no puede sino llegar a ser, por naturaleza, liberalismo y punto” . A la letra, la nueva doctrina reconoce que “El pluralismo político, es decir, la diversidad de convicciones, tendencias e intereses políticos impone la necesidad de discusión y diálogo entre los diversos grupos políticos y entre ellos y el gobierno”. Asimismo, advierte que un sistema de partido único u oficial es antidemocrático, e incluso un artificio que intenta “nulificar o impedir que se manifieste la diversidad de corrientes de opinión que necesariamente existen en toda sociedad”.

Tercera época (2002- a la fecha). Poder y dogmatismo

 Esta es la última gran reforma a los principios de doctrina. Tuvo lugar un par de años después de que el PAN ganara la Presidencia de la República en el año 2000. La reforma representa un viraje conservador en la dirección del partido, debido a la influencia del nuevo grupo gobernante y al acercamiento que había tenido el PAN con partidos demócratas cristianos en el mundo a finales de los 90. El documento doctrinario perdió su carácter orientador al tratar de normar, desde este ordenamiento, las políticas públicas del PAN como partido en el gobierno.

Sobre el concepto de persona y libertad se mantiene al individuo como persona dotada de derechos, libertades y responsabilidades, pero también se conceptualiza como un sujeto de la acción política. Asimismo, se establece que “la libertad no puede ser constreñida arbitrariamente por el Estado y no tiene otros límites jurídicos que los impuestos por el interés nacional, por las normas sociales y el bien común”. Esto parece ir en línea con la tradición panista, únicamente se reconoce al individuo como un agente político.

Por primera vez, en esta época se incorpora la protección a la vida desde la concepción y hasta su muerte natural como conceptos en la doctrina del PAN. Esto habla del conservadurismo de las élites dominantes y del deseo de imponer a los panistas una visión dogmática de las políticas públicas. A pesar de ello, en este documento también se incorporan elementos de no discriminación, la equidad de género y el respeto a los derechos humanos. Sin duda, en este documento, se observa un rompimiento con los anteriores, al adicionar preceptos que censuran, desde el documento de dirección del partido, la discusión de ciertas políticas públicas.

En esta época, se elimina la conceptualización del Estado, y se reincorpora el concepto de Nación que se había supeditado en la época anterior. El Estado ahora es transversal a los conceptos y se le dotan de responsabilidades en cada tema, como el acceso a la cultura o la provisión de la educación.

Uno de los puntos más relevantes es la introducción del concepto de humanismo bioético que establece que “el embrión humano es persona (…) no puede ser objeto de manipulación ni de las agresiones que conducen a su destrucción y eliminación”. Por la coyuntura política en que se presentan estos cambios, pareciera que la élite partidista pretendía limitar al nuevo gobierno federal para legislar en agendas más liberales y progresistas. Lo anterior, no sucedió en los cambios anteriores, pues se buscaban conceptos más neutrales, si cabe el calificativo. Ya en el ejercicio del gobierno federal el PAN giró hacia la derecha católica desde lo que se llamaba “la izquierda del PAN” en la época precedente.

Desde entonces no ha habido una revisión de los principios de doctrina, sin embargo, éstos han sido orientadores de las posiciones recientes del PAN en la vida pública del país. La reciente debacle electoral del PAN puede explicarse porque su agenda programática no es congruente con las preferencias de la mayoría de los mexicanos. Para algunos, no ha sido suficientemente claro en defender una agenda conservadora y su alianza electoral con la izquierda no hace sino hacerlo incongruente en su oferta. Para otros, el PAN ha olvidado su pasado más liberal y ha fomentado un Estado obeso que se mueve gracias a las prebendas políticas y a los “moches” presupuestales.

La salida de las partes en conflicto

Dentro de cada periodo se fueron dando discrepancias entre los distintos grupos que integran el PAN. La primera época terminó después de que los fundadores del partido fueran los que asentaron las bases del rumbo y las primeras estrategias electorales del partido. Conforme se dio el avance del PRI y la centralización del poder político, la apuesta inicial del PAN parecía más difícil. Los grupos al interior pugnaron por un cambio que se materializó con la llegada de la “izquierda del PAN”.

La segunda época fue la más turbulenta hasta ahora. En primer lugar, se replanteó el papel del partido en la sociedad, se buscó hacer una organización de puertas abiertas, que reflejara la pluralidad social. Avanzó la idea de formar ciudadanos demócratas que defendieran la acción individual y las organizaciones sociales independientes frente al régimen. La apertura significó, también, la discrepancia en la visión de dirección del partido, la pugna entre los que querían cooperar con el régimen y los que condujo a que el PAN no presentara candidato a la Presidencia de la República en 1976. A la postre, durante este tiempo renunciaron al PAN Efraín González Morfín, Luis Calderón Vega, los integrantes del Foro Democrático y Doctrinario; aunque, paradójicamente fue la época del ascenso y consolidación del PAN como partido nacional conformado por visiones localistas (contradictorias) que tuvo sus primeras experiencias de gobierno a nivel local.

Tabla 2 Presidentes del PAN que han salido del partido4

Presidente

Periodo de su mandato

Época

Renuncia

José González Torres

1958-1962

Primera

1992, FDD

Efraín González Morfín

1975

Segunda

1978

Raúl González Schmall

1975

Segunda

1978

Pablo Emilio Madero

1984-1987

Segunda

1992, FDD

Carlos Castillo Peraza

1993-1996

Segunda

1998

Manuel Espino Barrientos

2005-2007

Tercera

2010, Expulsado de Partido

Elaboración propia

 

La tercera época tiene, relativamente, pocos años. El viraje ideológico que supone, la ubica como la última actualización de los conflictos internos del PAN. Se establecieron los grupos católicos y de ideología conservadora como la coalición más fuerte, al tiempo que desde el segundo gobierno panista se buscaba consolidar al PAN como un partido pragmático en el que por principio no se excluyera a actores de otros partidos políticos (como las coaliciones con la izquierda en 2010). La pérdida de la presidencia en 2012 se explica en buena medida por el rumbo que se quería dar así mismo el partido y el rumbo que se dictaba desde Los Pinos.

En marzo de 2013, el PAN se embarcó en un proceso de reflexión que culminó en el cambio de reglas del partido. Específicamente, se modificó la forma de elegir al presidente del partido, se diluyeron algunas de las facultades del Consejo Nacional como contrapeso, y se creó una Comisión Permanente que valida las decisiones del presidente del partido. Estos cambios son fundamentales para entender el férreo control de la estructura partidaria que tuvo Ricardo Anaya al llegar a la presidencia del partido, y que es la causa de su ascenso, consolidación y declive.5 Muestra de lo anterior, fue la salida de Margarita Zavala y la expulsión de miembros del partido que se opusieron a la forma de dirección planteada. Los resultados electorales muestran que la alianza con la izquierda y la imposibilidad de comprometerse con una plataforma de cambio sólo ha agravado más la crisis.

¿Hacia la cuarta transformación?

La derrota del pasado 1 de julio de 2018 obliga a quienes busquen dirigir ese partido a replantear la forma en que se acercaran a la sociedad, eso pasa por una revisión de sus principios de doctrina y su forma de organización interna. La historia de la evolución del PAN deja una serie de lecciones que deben tener en cuenta, pero también es espejo para los demás partidos que conforman el espectro político. De análisis de sus distintas etapas, quedan algunos criterios orientadores como la defensa de la libertad, el carácter municipal de la política y la protección del individuo frente al Estado.

La elección del 1 de julio deja claro que la sociedad buscaba un cambio ante la falta de representación política que generó la transición del 2000: se mantuvieron los vicios del antiguo régimen, se consolidó un esquema de negociación con la oposición basado en el dinero, y se mantuvo el contubernio entre la élite política y económica del país. De forma paralela, la transición abrió nuevos espacios a la sociedad civil, se consolidó la prudencia fiscal, la estabilidad macroeconómica y se inició una agenda de competencia económica para acotar los monopolios. La primera parte pesó más que la segunda en la elección.

La transformación del país exige el replanteamiento del papel que jugarán los distintos jugadores. En el caso de los partidos políticos, deben aprovechar esto para mejorar su oferta programática. Para este caso, sugiero al PAN estas preguntas:

1) ¿Ser un partido doctrinario y dogmático, aunque esté condenado a no crecer tanto o apostarle a competir contra otros en el terreno de la ambigüedad ideológica?

2) ¿Hacer a un lado los principios y dogmas netamente católicos o asumir una postura más laica y liberal?

3) ¿Un sistema interno parlamentario y deliberativo como el anterior o un modelo presidencialista de masas como el actual?

4) ¿Un partido con bases regionales o con presencia nacional?

5) ¿Un partido estricto en quién entra y sale como militante que combata frontalmente la corrupción o más relajado y abierto?

6) ¿Un partido que le apuesta a romper toda práctica clientelar o que asume la política como la organización social de abajo hacia arriba mediante herramientas tradicionales de la política mexicana?

7) ¿Comprometerse con una agenda de competencia económica que busque la eliminación de privilegios de monopolio, o uno que busque preservarlos?

De la respuesta a estos planteamientos dependerá su viabilidad en el mediano y largo plazo para los electores mexicanos.

 

Carlos Martínez es politólogo.


1 Ver “Modelos de partido: Organización y poder en los partidos políticos”. Alianza editorial, 2009.

2 Ver José Antonio Aguilar Rivera. “La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970”. FCE, 2010.

3 Esta última idea, es puesta en duda por Alonso Lujambio, quien, al contrario de otros estudiosos del PAN como Soledad Loaeza o José Antonio Aguilar, ubica a Gómez Morín como un liberal aliado de grupos católicos como la UNEC (Unión Nacional de Estudiantes Católicos), de corte liberal. Junto a ese grupo, Gómez Morín, siendo rector, defiende una causa auténticamente liberal como la autonomía universitaria; además, creía que sólo la libertad de pensamiento y la discusión podían ser el camino para llegar a conclusiones razonables. De esta manera, Lujambio creía que el PAN debe verse como un partido liberal en su origen.

4 La Tabla 2 muestra los presidentes del PAN que renunciaron o salieron posteriormente del partido. Las renuncias están claramente ligadas a los conflictos internos del partido. Es claro que González Morfín y González Schmal salieron a raíz del fuerte conflicto interno para elegir la ruta del partido en las elecciones presidenciales de 1976. Por otro lado, González Torres y Madero, salen en el marco del FDD, argumentando que el partido se había vuelto, entre otras cosas, pragmático. En caso de Castillo Peraza sabemos que renuncia para dedicarse a actividades académicas, literarias y periodísticas, aunque lo hace después de la dura derrota que sufrió en el Distrito Federal un año antes. Por lo que hace a Manuel Espino, éste fue expulsado del partido en 2010, por un proceso de la Comisión de Orden del PAN en Sonora que determinó que había dado apoyo a candidatos de otros partidos.

5 Antes de la reforma al Presidente del partido lo elegía el Consejo Nacional en rondas sucesivas entre los candidatos hasta lograr la mayoría absoluta.