“Es la economía, estúpido” fue una frase que sintetizó gran parte de la campaña por la Presidencia de Bill Clinton en 1992. El énfasis en el hecho de que la economía familiar estadounidense no marchaba bien le permitió a Clinton eclipsar los logros del entonces presidente George H. Bush en otras áreas de gobierno tales como los de política exterior y derrotar sorprendentemente al Partido Republicano. La elección que llevó a Clinton por primera vez a la Presidencia se convirtió en un símbolo de la importancia del rol de la economía en las elecciones, aunque, en realidad, no representó una novedad. Hay bastante evidencia de que tanto antes como después de la emblemática elección de 1992 los votantes en todo el mundo premian al grupo en el poder en tiempos de bonanza y los castigan en los tiempos de escasez económica sin fijarse demasiado en la corriente ideológica de la que provienen sus opositores.1

Ilustración: Víctor Solís

Sin embargo, la economía ha estado ausente de la mayor parte de las explicaciones del abrumador triunfo de MORENA a nivel nacional y local que trajo como consecuencia un realineamiento profundo del sistema de partidos. Se ha hablado más del hartazgo por los casos de corrupción o el estilo de hacer política de la élite actual que de cuestiones con un impacto más inmediato en la vida cotidiana de los ciudadanos. En ese sentido ¿qué papel jugó la economía en la gran sacudida que sufrió el sistema político mexicano apenas hace unas cuantas semanas?

Como preámbulo a los datos es importante especificar cómo medir el bienestar económico. En México es bien conocido que la salud de los indicadores macroeconómicos no siempre se traduce en mejoras en el bolsillo de la población. Por ejemplo, el crecimiento promedio trimestral durante el sexenio de Enrique Peña Nieto fue de 2.43%,2 pero este dato oculta la disparidad en la distribución de la riqueza, así como el crecimiento atribuible a una mayor población.3 En cambio, en términos reales, el promedio de ingreso por hora trabajada de la población ocupada en términos reales disminuyó en este sexenio en 1.5 pesos.4 En pocas palabras, los empleados promedio ganan menos hoy en día que al comienzo de la administración priista. Por ello es que me concentró en el rol del ingreso y dejo de lado indicadores más etéreos para la ciudadanía como el crecimiento del PIB o del PIB per cápita.5

En México existen importantes disparidades regionales en el crecimiento económico. Como dice Valeria Moy, las entidades del país: “Se muevan a distintas velocidades y, en algunos casos, en sentido distinto”.6 Siguiendo la lógica del voto económico lo anterior debería ayudarnos a entender el éxito de ciertas administraciones para garantizar la continuidad del partido político al que pertenecen, así como la alternancia en los estados que han fracasado en mejorar el bienestar salarial de los trabajadores.

A nivel nacional, es claro que el mediocre récord de la administración de Enrique Peña Nieto en aumentar el ingreso de los mexicanos pudo haber tenido un efecto importante en la debacle del PRI con sus aliados. Aquellos estados donde AMLO obtuvo mayores niveles de votación fueron algunos de los más castigados en términos de ingreso en los últimos seis años: Tabasco, Oaxaca, Morelos o Quintana Roo son buenos ejemplos (gráfico 1).

Gráfico 1: Relación entre niveles de diferencia de AMLO y crecimiento del salario

Fuente: Elaboración propia a partir de la ENOE trimestral del INEGI y cómputos distritales del INE.

A nivel local, la diferencia es incluso más marcada. El PRD, por ejemplo, tuvo una debacle en las elecciones a gobernador de Morelos y Tabasco donde obtuvo menos del 20% de la votación en la elección. Ambos estados se encuentran entre los cinco peores en mejores salariales; en los dos el salario se encareció en términos reales promedio en más de 3 pesos por hora en 6 años. La cara opuesta de la moneda es Puebla. De las entidades que tuvieron elecciones de gobernador fue la única que logró generar aumentos en las carteras de los asalariados y, con ello, refrendar el gobierno del PAN. El caso de Guanajuato, donde tampoco hubo alternancia, es bastante curioso. Si bien el salario se depreció en el sexenio del gobernador Miguel Márquez, el crecimiento del salario en el último año fue uno de los más altos a nivel nacional (4to lugar). Ello quizás contribuyó a una especie de satisfacción del electorado en el corto-plazo que brindó nuevamente su confianza al PAN.

Tabla 1: Relación de resultados en elecciones locales con crecimientos en el salario

Entidad

Alternancia partido gobernante

Porcentaje votos partido en el poder (2018 elección a gobernador)

Crecimiento real del salario en pesos durante administración local (base 2ª quincena diciembre 2010)

Crecimiento real del salario en pesos último año (base 2ª quincena diciembre 2010)

Chiapas

22.54%

-0.655

0.11|

Ciudad de México

31.02%

-1.671

-1.02

Guanajuato

No (PAN se mantuvo)

38.68%

-2.092

1.81

Jalisco

17.15%

-1.580

-0.70

Morelos

11.65%

-3.336

0.73

Puebla

No (PAN se mantuvo)

38.14%

0.676

0.88

Tabasco

19.35%

-3.792

-0.42

Veracruz

38.39%

-1.187

0.97

Yucatán

36.09%

-0.958

-0.19

Nacional

16.41%

-1.51

0.04

Fuente: Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo trimestral, población de 15 años y más del INEGI; Índice de Precios al Consumidor INEGI, Instituto Nacional Electoral e institutos electorales locales.

 

Sería iluso pensar que el salario es lo único que importa en la ponderación que hacen los votantes y que los nueve casos presentados son generalizables a nivel nacional. AMLO ganó en casi todos los estados sin excepción de si éstos crecieron poco o mucho. No obstante, resulta interesante cómo a nivel local mejoras en el ingreso, ya sea en todo el sexenio o en el último año, fueron importantes para mantener continuidad en el partido del gobierno. También lo es que los estados más castigados en ingresos de su población fueron los que de manera más abrumadora apoyaron a MORENA en la elección presidencial. Por ello, no podemos menospreciar la importancia de la economía diaria en favor de explicaciones alternativas donde la conexión entre causa y efecto es menos clara. 

Héctor Duarte Ortiz
Politólogo.


1 Para algunos ejemplos véase: Gerald H. Kramer (1971) “Short-term fluctuations in U.S. voting behaviour 1896-1964”; Michael S. Lewis-Beck (1988) “Economics and the American voter: past, present and future” o el capítulo 6 de Christopher H. Achen y Larry Bartels (2017) “Democracy for realists: Why elections do not produce responsive government”.

2 Variación anual de los valores a precios de 2013 de acuerdo con el Banco de Información Económica del INEGI.

3 Valeria Moy, “Desigualdad, la herencia regional” en Nexos, Núm. 487, Julio 2018, p.49.

4 Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI Cuarto Trimestre de 2012 al Primer Trimestre de 2018. Cifras en pesos constantes diciembre 2010.

5 Otros estudios han demostrado que indicadores como el ingreso real disponible son un mejor predictor de los resultados electorales que crecimientos en el Producto Interno Bruto incluso ponderando éste por crecimiento demográfico. Véase Christopher Achen y Larry M. Bartels (2017), “Democracy for realists: why elections do not produce responsive government”.

6 Véase Valeria Moy, “Desigualdad, la herencia regional” en Nexos, Núm. 487, Julio 2018, pp. 48-54.