A lo largo de esta última década y ajustándose a su nuevo papel como superpotencia, China ha lanzado una serie de estrategias para incrementar su poder geopolítico y adquirir una posición más saliente en el desarrollo económico global. Con el retraso que caracteriza al estudio de los fenómenos asiáticos, los países occidentales han comenzado a analizar algunos de estos proyectos con mayor detenimiento como, por ejemplo: la creación del Banco de Infraestructura e Inversión Asiática (AIIB), el Nuevo Banco de Desarrollo, el despliegue de la Iniciativa Una Franja Una Ruta (BRI/OBOR), así como las negociaciones para suscribir la Asociación Económica Regional e Integral (RCEP).

La relevancia de estos proyectos se ha magnificado por el actual clima político. 2018 ha sido testigo de la coronación de Xi Jinping como líder absoluto inaugurando una nueva etapa política y social en China. En contra del sistema de contrapesos instaurado por Deng Xiaoping —en el cual los presidentes rotaban dentro de una autocracia institucionalizada— el Presidente Xi ha eliminado los plazos en la Constitución y al día de hoy no hay certeza sobre cuándo podría dejar el poder. Como parte de los objetivos de esta administración, Xi ha desatado estas inercias globales en consecución de conceptos nacionalistas como el “Rejuvenecimiento de la Nación China” y el establecimiento del “Sueño Chino”.

Dentro de este contexto de reposicionimientos, la ambición global de China no estaría completa sin una política industrial, un rubro en el que China ha sido sumamente exitosa desde las reformas de apertura instauradas en 1978. Existe cierto consenso respecto al impacto que causarán las nuevas tecnologías antes de que transcurra la mitad de este siglo. Los países desarrollados han iniciado una carrera por el dominio de la tecnología del futuro con miras a mantener sus fortalezas y ventajas comparativas. Partiendo de su sobrenombre como la “fábrica del mundo”, China busca convertirse en el líder de la era digital bajo la intuición de que al dominar este campo mantendrá una ventaja vis-à-vis sus competidores globales. Con base en esta premisa y en línea con su tradición de planeación estatal, China anunció en 2015 una política industrial denominada: Hecho en China 2025 (“HC 2025”).

Ilustración: Víctor Solís

El programa HC 2025 es una apuesta por transformar los cimientos de la economía china y situarla en competencia directa con las economías de los países primermundistas. Desde que el país inició su travesía hacia la modernización siempre tuvo consciencia de que en algún punto tendría que convertirse en una economía más sofisticada. Hoy las condiciones históricas y económicas vuelven necesario este viraje. La desacelaración del modelo exportador (acentuada por las guerras comerciales), el incremento de los costos laborales y la necesidad de redistribuir los beneficios concentrados en la costa del pacífico han causado que el gobierno chino busque nuevas avenidas para el desarrollo. De este modo, el proyecto HC 2025 cristaliza un nuevo intento para incentivar el crecimiento y la competitividad; esto sucederá oportunamente mientras el mundo se prepara para librar una nueva batalla por la supremacía tecnológica.

A la luz de su cronograma, HC 2025 es solamente la primera piedra de un plan transformador de largo alcance. El proyecto general establece tres periodos (2015-2025, 2025-2036 y 2036-2049)1 culminando con la conmemoración del centenario de la República Popular en el año 2049. Aunque no se conocen los detalles del segundo y el tercer periodo, el objetivo final es medianamente claro: antes de arribar al año 2050, China pretende convertirse en el líder industrial de un nuevo mundo técnico y mecánico. 

Siguiendo su propia estela como Estado desarrollador, China canalizará hacia ciertas empresas subsidios directos a través de fondos de inversión utilizados comúnmente por los ministerios de gobierno. Algunos reportes indican2 que China estará en posición de utilizar más de mil fondos estatales para llevar a cabo la primera etapa del plan HC 2025. Aunque no existe una cifra determinada, algunas estimaciones indican que ya se han garantizado 807 mil millones de dólares para el despliegue del proyecto. La diferencia es significativa si se compara, por ejemplo, con el símil alemán de industrias avanzadas “Industry 4.0”, que apenas reunió la cifra de 200 millones de euros.

HC 2025 se concentra entonces en la optimización de las capacidades industriales con una clara inclinación a favor de las empresas nacionales tanto estatales como privadas. La estrategia consiste en el fortalecimiento de tres pilares: aumento de las instalaciones productivas, mejoramiento de materiales de uso e innovación de estándares mecánicos. Hoy en día, el país ha comenzado a incrementar su demanda de robots industriales, sensores inalámbricos y chips de identificación en radiofrecuencia. Considerando que actualmente China no es capaz de producir estas mercancías, la primera gama será importada de empresas extranjeras para después ser adaptadas a la condiciones endógenas de la industria nacional. Estas acciones constituyen un primer paso dentro de un plan que tiene como objetivo la autosuficiencia y un ejercicio marcado de sustitución de importaciones.

El proyecto identifica los sectores clave donde se debe fijar la atención, prioridad y esfuerzos públicos. Las 10 industrias elegidas incluyen: (i) tecnologías de la información, (ii) maquinaría de control numérico, (iii) equipo aeroespacial y aeronáutico, (iv) equipo marítimo y embarcaciones tecnológicas, (v) equipo ferroviario de alta tecnología, (vi) vehículos inteligentes y de bajo consumo energético, (vii) equipo eléctrico general, (viii) investigación de nuevos materiales, (ix) biomedicina y aparatos de alto desempeño médico y (x) equipo tecnológico agropecuario.3

En un primer repaso es claro que estas industrias están lejos de presentar un nivel similar de desarrollo. Algunos de estos sectores ya muestran señales de progreso mientras que otros continúan en etapas rudimentarias. Se puede tomar por ejemplo la industria ferroviaria. En 2017 China inauguró la vía más larga para un tren de alta velocidad y ha construido 20,000 kilómetros de vías férreas de este tipo. Esta distancia es mayor a todas las vías férreas del mundo combinadas. Del mismo modo, en el rubro de vehículos inteligentes se tiene a empresas como Geely, BAIC y BYD, las cuales figuran como algunas de las más prominentes en vehículos eléctricos. Para dimensionar los alcances, nótese que en 2016 China produjo la mitad de los vehículos eléctricos utilizados alrededor del mundo y representará, para el año 2035, el 60% de la ventas mundiales.

HC 2025 utilizará así un amplio grupo de instituciones gubernamentales y académicas para operar el proyecto y orquestar la administración de fondos y soportes de manera vertical. El plan garantiza la participación de al menos cinco ministerios estatales, una docena de comisiones tecnológicas, centros académicos de investigación y alianzas estratégicas con gobiernos locales. Derivado de estas relaciones, se puede afirmar que la participación del Estado está lejos de ser encubierta. Li Keqiang, actual Premier del Consejo de Estado, ha declarado que la evolución de las manufacturas chinas es un pilar fundamental para el futuro de la economía asiática. Xi Jinping, por su parte, también declaró en Mayo de este año que “la autodeterminación y la innovación son el camino que China debe transitar para ascender como una economía dominante en el mundo de la tecnología.”

Mientras esta iniciativa toma velocidad queda en evidencia que otro de sus fines es la creación de campeones nacionales. China cuenta ya con experiencia en esta labor no solamente con empresas industriales, sino también en sectores más sofisticados. Por ejemplo, el trío empresarial conocido como BAT (compuesto por Baidu, Alibaba y Tencent) fue creado y desarrollado en una mezcla afortunada de acciones públicas y privadas.4 Actualmente, el BAT ya figura dentro de las empresas de tecnología más exitosas del mundo compitiendo directamente con los colosos Google, Apple, Facebook y Amazon. Pero de forma más importante, China utiliza hoy al BAT para impulsar sus objetivos en sectores clave como la inteligencia artificial, el big data y la industria robótica. Recientemente, el Ministerio de Ciencia y Tecnología instó a estas compañías a abrir sus plataformas para permitir que otras empresas nacionales puedan avanzar en sus respectivos objetivos tecnológicos.

Uniendo las piezas del programa,  pareciera que el objetivo primordial es hacer a China menos dependiente de los productos y las tecnologías extranjeras. Ciertos reportes detallan5 que existe una meta informal de elevar los contenidos nacionales entre un 70% y 80% cultivando la innovación local y la autosuficiencia. La sustitución tecnológica derivada de la protección y cuidado de las industrias nacionales restringirá el volumen de importaciones y la dominancia de las empresas extranjeras de tecnología. De ser exitoso, sus implicaciones serían profundas alrededor del mundo.

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Si bien en el papel esta iniciativa puede parecer sorprendente, sus retos lo son otro tanto. Existe un abanico de problemas que tendrán que ser resueltos por el gobierno para llevar a HC 2025 a buen puerto. El proyecto naturalmente enfrentará obstáculos inherentes a la dimensión del programa. La falta de recursos humanos especializados, la asignación ineficiente de los fondos (muchas veces perjudicada por la corrupción de los gobiernos municipales), la sobrecapacidad de recursos y la dificultad para evaluar los efectos a través de las industrias son solamente algunos de los apuros a ser resueltos por los especialistas en Beijing. Pero aun y si el programa es medianamente exitoso, sus repercusiones tienen la capacidad de transformar la cara de las industrias de tecnología alrededor del mundo.

Además, como en todas las iniciativas chinas dirigidas por el Estado, existen una serie de preocupaciones por las dinámicas que puede generar el proyecto. Sobreproducción, competencia desleal, violaciones de propiedad intelectual, distorsiones en las cadenas de suministro y la legalidad de los subsidios son solamente una muestra de los miedos que han sido invocados por los países occidentales y otros asiáticos que son líderes en estos campos como Corea del Sur y Japón.

Recientemente, la administración de Donald Trump ha sido más asertiva y categórica en resaltar las irregularidades que conlleva el despliegue del proyecto,6 así como otras prácticas ilegales orquestadas por el gobierno chino. HC 2025 ha sido mencionado repetidamente como una de las razones por las cuales se han impuesto nuevos aranceles a millares de productos chinos dentro de la nueva guerra comercial. Washington también ha endurecido su discurso y rescatado herramientas como la aplicación de estándares de seguridad para las adquisiciones chinas de empresas americanas de tecnología (CFIUS). En la misma línea, se han comenzado a denunciar los robos de propiedad intelectual y se han extraditado y procesado por primera vez a ciudadanos chinos que actuaban como espías comerciales en el robo de información privilegiada y know-how

Todo estos hechos nos hablan de la importancia de la estrategia de HC 2025 para China y también para sus socios y rivales. El proyecto se enmarca dentro un nuevo antagonismo con Estados Unidos el cual sin lugar a duda definirá la geopolítica en la primera parte de este siglo, mismo que estará a su vez marcado por la capacidad y recursos tecnológicos. Con este tipo de iniciativas, China parece dispuesta a querer cambiar la narrativa del comercio mundial en un momento en el que los norteamericanos reconfiguran una nueva postura hacia sus relaciones internacionales. Al tiempo que el mundo enfrenta una crisis de globalización donde los parámetros políticos comienzan a cambiar de manera vertiginosa, el seguimiento de estos proyectos de largo alcance será fundamental para afinar nuestra visión sobre la época.

 

Arturo Oropeza Casas
Licenciado en derecho por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y maestro en derecho económico por la Universidad de Stanford.


1 Li, Ling. 2018. China’s manufacturing locus in 2025: With a comparison of “Made in China 2025” and Industry 4.0”. Old Dominion University, Norfolk. Estados Unidos, Pág. 2.

2 Wübbeke, Meissner et al. MERICS. Made in China 2025, The making of a high-tech superpower and consequences for industrial countries. Merics. Diciembre, 2016. Pág. 23.

3 Información provista por la Oficina de Información del Consejo de Estado de la República Popular de China.

4 Sobre este punto vale la pena resaltar el papel que ha tenido el Fire Wall del internet en China como una barrera a la competencia para las empresas extranjeras.

5 Wübbeke, Meissner et al. Made in China 2025, The making of a high-tech superpower and consequences for industrial countries. MERICS. Diciembre, 2016. Pág. 7.

6 Ver las investigaciones reportadas al Congreso de los Estados Unidos sobre el incumplimiento de China con los lineamientos de la OMC. También ver el reporte realizado por la Oficina Comercial de la Presidencia de los Estados Unidos sobre las transferencias tecnológicas llevadas a cabo por el gobierno chino.