Nunca en la historia social, cultural y política del pasado reciente de Estados Unidos, el país ha estado tan dividido como en la época actual. En el momento actual existen dos posiciones irreconciliables que se manifiestan de manera constante en las contiendas políticas. Una que reconoce que EE.UU. es un país multiétnico, multilingüe en donde existe la aspiración de respetar y aplaudir la diversidad racial, de género, de preferencia sexual, etc. Esta visión es en general optimista acerca del futuro de Estados Unidos al que se percibe inserto en un mundo globalizado. El advenimiento de poderosos movimientos sociales iniciados en los sesenta fueron cruciales para modelar esta visión. En dichos movimientos participaron chicanos, afroamericanos, indígenas nativos, así como de mujeres e importantes segmentos de la juventud. Como consecuencia, muchas políticas públicas se modificaron para abrir espacios de equidad para las minorías y estas, paulatinamente, se fueron ganando a pulso espacios de poder a nivel nacional y regional en EE.UU.

Sin embargo estos cambios profundos en la sociedad estadounidense han provocado resistencias en varios frentes desde la política y los movimientos populares hasta la academia.  Así se ha reforzado la visión que propugna un Estados Unidos monolingüe, donde los anglosajones protestantes y blanco predominen. En este esquema las minorías deben “quedar en su lugar” y “asimilarse”, pero en una posición de subordinación dentro de la sociedad estadounidense. Esta visión incluye la preocupación por los inmigrantes “de color”, específicamente los latinoamericanos,  a quienes reputados académicos como Samuel Huntington consideran “inasimilables” y por tanto peligrosos para el tejido social de EE.UU.

La derrota de los republicanos a manos de Barack Obama en 2008 y su reelección cuatro años más tarde lanzó la señal de alerta en torno a la necesidad de defender el status quo previo a los movimientos sociales de los sesenta y setenta. El triunfo de un afroamericano culto y carismático generó una terrible situación de amenaza para los sectores más conservadores de EE.UU. Incluso fue catalizador para reforzar sus acciones ante lo que más temían: que el país fuera a quedar en manos de minorías (incluyendo mujeres). Era vital entonces evitar que esta tendencia continuara.

Ilustración: Patricio Betteo

En este contexto, la figura de Donald Trump fue percibida tempranamente en los círculos conservadores (no necesariamente en los liberales) como la persona más calificada para poner en definitiva un dique a la transformación de Estados Unidos. Su postura “nacionalista” resultó atractiva para aquellos afectados por los procesos de globalización que habían perdido  empleos  y no pudieron “reentrenarse” para obtener otros diferentes; pero más aún para quienes aun siendo económicamente solventes, tenían como proyecto de nación de regreso al pasado y además estaban obsesivos con los “peligros” de la migración mexicana/latinoamericana. Estos sectores vieron con claridad que detrás de las “excentricidades” y vulgaridades de Trump estaba el hombre carismático capaz de liderar la resistencia y dar marcha atrás a muchas transformaciones logradas en favor de las minorías. Dada la magnitud de la labor que tendría que realizar, los millones de  apoyadores de Trump pusieron completamente de lado su falta de preparación política para realizar la compleja tarea de ser presidente de Estados Unidos, su cuestionable vida profesional y sus transgresiones personales. Por ejemplo, con frases que se resumen en que los caminos de Dios son inescrutables  líderes evangélicos justifican su apoyo a Trump.

Desde su campaña electoral y durante su presidencia, Donald Trump retomo los lemas de quienes buscan regresar a EE.UU. al pasado y los hizo mainstream, como en el caso de “Make America Great” [Hagamos grande a América],  “Let’s take our country back” [Retomemos nuestro país] y “Make America White Again” [Hagamos una América Blanca otra vez]. En punto aparte está el tratamiento de Trump hacia los mexicanos (ahora por extensión los centroamericanos). Es muy claro que le resultan el perfecto chivo expiatorio y que aprovecha los estereotipos existentes en la memoria colectiva de EE.UU.  para cimentar aún más su relación con su electorado. Esto más allá de que como empresario ciertamente sabe de las importantes contribuciones de los mexicanos a la economía. Es decir su convicción de volver atrás el reloj en Estados Unidos y su inherente racismo van más allá de todo pragmatismo.

El escenario de la visión y políticas de Trump de “vuelta al pasado” está sin embargo caracterizado por factores que -aunque lentamente- pueden llegar a minar sus alcances. Es un hecho que en EE.UU., el  fenómeno de “latinoamericanización” está ya en marcha. Los latinos ya rebasan los 55 millones en la actualidad, y los menores  de 18 años constituyen el 23 por ciento de la población de EE.UU. en su totalidad.  Los especialistas indican que por estos factores, los latinos están casi doblando su población cada 40 años, por lo que en 2050 una de cada cuatro personas en EE.UU. será de origen la latino, y la gran mayoría de ellos será de origen mexicano. Por cierto que estos cálculos se hacen independientemente del futuro de las corrientes migratorias latinoamericanas hacia EE.UU. y solo contando el crecimiento demográfico natural de quienes ya viven aquí permanentemente. Un dato importante es que cada año, 80,000 latinos se convierten en ciudadanos de  Estados Unidos y en nuevos votantes potenciales.

Pero no son solo los números sino los espacios sociales y políticos que los latinos han ganado lo que los convierten en una seria fuerza (y una amenaza a los ojos de los supremacistas blancos). Existe ya dentro de las comunidades latinas —”latinx” precisamente aludiendo a su diversidad—1 una clase media profesional, una generación creciente de estudiantes universitarios, un sector empresarial de creciente poderío económico,  y un grupo de políticos electos y designados que alcanza según la National Association of Latino Elected and Appointed Officials (NALEO) la cifra de 6,000  en todo E.U. y  que tienen gran influencia  en ciertas regiones de ese país.

Las elecciones de medio mandato del 2018

Después de la victoria de Donald Trump, la primera prueba importante a nivel nacional de la popularidad de su visión y acciones fueron las elecciones de medio mandato que tuvieron lugar el 6 de noviembre pasado.  El reciente proceso electoral incluyó la renovación de una tercera parte del Senado, de la totalidad de la Cámara de Representantes y de multitud de puestos en gobiernos estatales y municipales. Así es que es importante revisar algunos resultados al respecto que hacen ver que si hay una reacción antiTrump y en la misma los latinos/chicanos jugaron un papel importante.

En las elecciones de noviembre  se eligió a 54 nuevos miembros de la Cámara de Representantes del Partido Demócrata. Entre los chicanos/latinos de ese partido que son ahora miembros de esa Cámara están: Gil Cisneros y Mike Levin de California, Jesús "Chuy" García de Illinois (nacido en México), Debbie Mucarsel-Powell de Florida,  Antonio Delgado y Alexandria Ocasio-Cortes de Nueva York, Xochitl Torres Small de Nuevo México, Verónica Escobar y Sylvia García de Texas. Así es que el Hispanic Caucus aumentar su membresía a 32.

Con referencia a los estados de la Unión Americana hubo cambios de partido en seis de ellos en los que existían una competencia intensa entre demócratas y republicanos. Así por ejemplo, en Colorado, Maine y Nueva York el Senado cambio de Republicano a Demócrata, lo que se tradujo en que los demócratas controlan ahora las dos cámaras y la oficina del gobernador. Mientras tanto en Nueva Hampshire, la Cámara y el Senado pasaron a control demócrata, y  en Minnesota los demócratas ganaron la gubernatura y la Cámara. Para el Partido Republicano solo hubo un cambio dramático, en Alaska ganaron la Cámara y la gubernatura a un independiente con lo que lograron control de ambos poderes.

Otras victoria importante en estas elecciones fueron la de Michelle Lujan Grisham, la abogada de origen mexicano electa como gobernadora de Nuevo México, quien con anterioridad fue Presidenta del Hispanic Caucus, donde se distinguió por ser defensora de la causa de los Soñadores (Dreamers).

El caso de Texas

En Texas —estado tradicionalmente republicano— el candidato demócrata Robert “Beto” O’Rourke cultivo de manera especial el voto chicano/ latino haciendo uso su conocimiento del español y de la cultura. Su campana se ha considerado tan innovadora que existen observadores políticos de EE.UU. se preguntan si no será O’Rourke el candidato que el Partido Demócrata necesita para enfrentar a Trump. Aunque fue miembro de la Cámara de Representantes no es un político del convencional y tiene antecedentes que apelan a varios sectores, estudios en literatura, empresario mediano y ex miembro de una banda de música punk. Además en la campana demostró un extraordinario carisma y más aún hizo la hazaña de recaudar 69 millones de dólares de más de 800,000 pequeños donadores, rechazando fondos de grupos de interés.

El resultado final si bien no lo favoreció, fue insólito en un estado republicano. Beto O’Rourke ganó 48.3 por ciento de la votación frente a  su contrincante republicano Ted Cruz quien obtuvo 50.9 por ciento. Sin embargo, varios observadores apuntan que la personalidad y la campana única de O’Rourke le dio un estatus de rising star dentro del Partido Demócrata y una gran visibilidad a nivel nacional. Incluso se discute el “efecto Beto”, derivado de una mayor participación electoral en Texas apoyo a los demócratas. De hecho, el voto en Texas se incremento de 1.6 millones (en la elección de medio término pasada) a cuatro millones. En la Cámara de Representantes del estado, 12 candidatos demócratas lograron desbancar a republicanos y en el Senado estatal dos de ellos hicieron lo mismo. A nivel federal, por primera vez en los 172 años de historia del estado de Texas dos mujeres chicanas ganaron un escano en de la Camara de Representantes. Se trata de Sylvia Garcia y Veronica Escobar, ambas son abogadas con cargos en cortes municipales, quienes realizaron una campaña en favor de promover la educación, la salud pública y una reforma migratoria integral.

El caso de California

En el caso de California, de acuerdo al artículo de Gustavo Arellano en Los Angeles Times (1 de noviembre de 2018), varios factores condujeron a lograr grandes avances para el Partido Demócrata y también para los chicanos/latinos. Los dirigentes demócratas se pusieron las pilas e invirtieron 30 millones de dólares en promoción del voto por lo que la participación electoral fue 174 por ciento mayor que en las anteriores elecciones de medio mandato de 2014. Los activistas de la comunidad latina también hicieron su parte, especialmente en la promoción de candidatos que prometieron suscribir una agenda en favor de salud y educación y una reforma migratoria integral.  Pero “el factor Trump” fue sin duda crucial. Para muchos demócratas e independientes su estilo personal de gobernar, incluyendo sus discursos xenófobos y machistas fueron un elemento de enorme importancia para votar por candidatos del Partido Demócrata.

Si bien el Partido Republicano ya estaba en minoría en California, después de las elecciones de noviembre se convirtió en “especie en extinción”. El  Partido Republicano perdió incluso en sus históricos bastiones del Valle de San Joaquín y en el Condado de Orange. Con un toque de humor negro, el alcalde de San Diego, el republicano reconoció la terrible situación de su Partido en el estado, en los siguientes términos: "La gente puede ir al Zoológico de San Diego a ver a los pandas que son una especie en peligro y luego visitar la alcaldía de San Diego para ver a uno de los últimos Republicanos de California".

El resultado concreto de la votación en California ha sido lo que Los Angeles Times ha llamado  un “tsunami azul” (demócrata) En la rama ejecutiva, en donde no solo estaba en disputa en la boleta electoral el puesto de gobernador sino otros siete más que integran el “Ejecutivo Plural,”2 todos los candidatos demócratas resultaron ganadores.

El nuevo gobernador Gavin Newsom (antes vicegobernador) ganó con 61.3 por ciento de los votos con una agenda relacionada con temas de pobreza, educación, medio ambiente y apoyo para un seguro médico universal. En el tema de la migración ha sido partidario absoluto de las ciudades santuario. Además ha señalado que continuará con la “política de resistencia” de California frente a las acciones de Trump.

En cuanto al poder legislativo, los demócratas obtuvieron dos terceras partes de la Asamblea y del Senado. Cuando en el área del Valle de San Joaquín, el senador estatal republicano Andy Visak, productor de cerezas y ganadero, perdió su puesto ante Melissa Hurtado una novicia de la política que organizó su campaña promoviendo el voto entre chicanos/latinos en torno a una agenda de salud, educación y empleos, los demócratas en California lograron la supermayoría en las dos cámaras legislativas: la Asamblea y el Senado, lo que les permite hacer revisiones de la  y decidir en cuestiones de presupuesto e impuestos.  Asi es que en este momento los demócratas tienen más control del ejecutivo y del legislativo que nunca antes en la toda la historia. 

Algunas reflexiones finales

Las pérdidas del Partido Republicano en la Cámara de Representantes y en cinco gobiernos estatales donde se consolidó el poder demócrata no son asunto menor y fueron logradas con una mayor afluencia de votos (si la comparamos con la elección de medio mandato anterior) entre los que se encontraron los de los latinos y los jóvenes.

Pero tampoco es el tiempo aún de cantar victoria. Estas elecciones y las próximas se dan en el contexto de las “guerras culturales” donde se está definiendo el destino de Estados Unidos, así les que las batallas a afrontar serán duras entre dos visiones del futuro de E.U. que son diametralmente opuestas. Las facciones que desean regresar a Estados Unidos a la época del predominio del hombre blanco anglosajón y protestante, encabezadas por Donald Trump,  controlan la Presidencia, son mayoría en el Senado y la Suprema Corte de Justicia, y están en posibilidad de  nombrar más  jueces conservadores dentro el sistema judicial de EE.U(.

Pero aun con estas adversidades, existen avances en los que chicanos/latinos han participado, quienes tienen de ventaja su crecimiento demográfico, la emergencia de nuevas generaciones de profesionistas y nuevos liderazgos. Así es que la batalla continúa.

 

David R. Maciel
Profesor emérito en UNM/UCLA.

Maria Rosa García
Profesora titular en el departamento de Ciencia Política de California State University, Northridge.


1 Véase Julian Castro, “On the Border. Exploring the Diversity and Hybridity of Latino identity in America”, The New York Times Book Review, 18 de Noviembre de 2018. P. 20.

2 Aparte del Gobernador, la Constitución de California prevé la existencia de otros siete cargos que integran el “Ejecutivo Plural” que existe en el estado. Dichos cargos son, Vicegobernador, Secretario de estado, Contralor, Tesorero Fiscal del estado, Comisionado de Seguros y Superintendente de la Instrucción Pública.