Hasta el día de hoy podríamos decir que frente a la amenaza de muros y cancelación de tratados México se ha defendido de la presidencia de Donald Trump. Si bien la relación bilateral no se encuentra en su mejor momento, ha sobrevivido y esto es resultado directo de los vínculos fuertes que tanto Estados Unidos como México mantienen en cientos de áreas. Con miras al 2019, el gobierno de López Obrador se enfrenta a un escenario político complicado donde la posición de Estados Unidos respecto a México podría ser redefinida por cualquiera de las tres ramas de poder estadunidense.  Hoy nuestro país se encuentra en un limbo bilateral frente al reto de definir que tan inmerso quiere estar en la agenda política de Estados Unidos ¿Estar presente o pasar desapercibido?

Ilustración: Patricio Betteo

México frente al Capitolio

Hace unas semanas Estados Unidos tuvo elecciones intermedias. El resultado electoral marcó el inicio de un nuevo periodo en la política estadunidense en los tiempos de Trump. La llegada de una mayoría demócrata a la Cámara de Representantes será un contrapeso importante para una Casa Blanca que hasta el día de hoy ha gobernado sin ninguna oposición. El poder de este nuevo Congreso podrá frenar las acciones más impulsivas del presidente, pero de la misma forma también podría frenar la aprobación del TMEC y cualquier intento de reforma migratoria. Así, si México quiere defender sus intereses frente a Trump debe girar la vista del residente de la Casa Blanca hacía el verdadero centro de poder estadunidense, el Capitolio.

La nueva legislatura que llegará al Congreso en enero estará conformada en su mayor parte por “novatos” en la escena política ya que muchos de ellos estarán ocupando un cargo legislativo por primera vez. Si bien esta “nueva sangre” traerá consigo nuevas formas de hacer política, estos legisladores tendrán como tarea principal garantizar su reelección para el 2020 y definirán su agenda legislativa con base en los asuntos más relevantes para su electorado donde es poco probable que destaque México.  De la misma forma los resultados de la investigación sobre Rusia podrían enfrentar al Congreso con la Casa Blanca desplazando a México y al T-MEC al final de la agenda.

Frente a este escenario México debe entender que la forma de llegar a los congresistas estadounidenses es a través de su electorado por lo cual es importante que México encuentre cual es su papel en los temas locales que están definiendo la agenda legislativa del 2019.  Como diría el exvocero de la Cámara de Representantes, Tip O’Neill, “All politics is local” y el gobierno mexicano debe operar bajo esta máxima. Si México no logra figurar en la mente de los ciudadanos estadounidenses, la relación bilateral está pérdida.

México frente a la Casa Blanca

Un reto sustancial para México en el 2019 será la consolidación de la campaña de reelección de Donald Trump. El presidente republicano ha encontrado en el muro y el crimen una narrativa electoralmente redituable y no dudará en usarla. La migración es el tema donde Trump continuamente es buen evaluado en contraste con los demócratas quienes no han consolidado una posición sobre el tema. Así, México y la amenaza migrante se convertirán en los temas más apelados por el presidente en el 2020 con el fin de alentar al electorado a votar por la continuación de la agenda presidencial.

La campaña no será la única amenaza para nuestro país. El interés de los demócratas en limitar el poder del presidente a través del Congreso podría orillar al ejecutivo a gobernar por órdenes ejecutivas como lo hizo con el veto a los musulmanes y la política de asilo. De esta forma, el siguiente año el presidente Trump por un lado tendrá que garantizar su presidencia por cuatro años más y por otro estará defendiéndose de los demócratas y la investigación de Robert Mueller; México y los migrantes podrían ser el tanque de oxigeno que le de un respiro a una administración que cada día se ve más limitada.

Hasta el día de hoy la relación bilateral recayó en Luis Videgaray y Jared Kushner, si bien para muchos este acercamiento fue un acierto, el precio de personalizar la relación haciendo a un lado a los embajadores y las instituciones es la certidumbre. Hoy la relación bilateral depende de lo que el yerno de Trump le susurre al presidente y la falta de embajador en México vuelve nuestra relación aun más incierta. Sería un error irreparable que el Canciller y su equipo decidan seguir con una relación bilateral basada en el círculo cercano del presidente Trump. Los siguientes dos años serán muy tumultuosos para el residente de la Casa Blanca y apostarle todo a las relaciones personales puede desestabilizar lo que hasta ahora México y Estados Unidos han construido.  Si México decide continuar con esta estrategia de personalización debe construir relaciones más allá del presidente. La estrategia no tiene que ser la diversificación de México con el mundo sino la diversificación de México con distintos actores de la vida pública estadunidense. Si México logra establecer una relación sólida con gobernadores, alcaldes, senadores y grupos de interés, no importa cuanta presión meta el presidente estadunidense, su impacto será mínimo.

México frente a las Cortes

Hasta hoy la única forma de frenar las políticas de Trump ha sido a través del poder judicial. Distintas organizaciones, gobernadores, activistas e inclusive consulados mexicanos han logrado limitar el poder del gobierno federal a través de procesos judiciales contra la Casa Blanca. Caso tras caso el poder judicial ha salido a declarar la inconstitucionalidad de las políticas de la Casa Blanca limitando el poder y campo de acción del presidente. Sin embargo, en los últimos meses la Casa Blanca y el Congreso han buscado reconfigurar el poder judicial nominando jueces de corte conservador. 154 jueces han sido nominados a distintas cortes federales y la llegada de Brett Kavanaugh a la Suprema Corte fue uno de los triunfos más importantes de la administración de Trump, así, la llegada de estos jueces podría marcar un giro a favor del presidente en las próximas sentencias. Hoy las Cortes son más cercanas al presidente y al Partido Republicano.

La influencia de México frente al poder judicial es bastante limitada, no obstante, la Cancillería debe buscar una participación de nuestro país en la esfera judicial.  A través de amicus curiae y el soporte a organizaciones civiles que estén impulsando casos legales relacionados con México, el gobierno mexicano debe mostrar su apoyo y abordar con sus aliados las próximas batallas legales en las cortes. Dejar a un lado los casos legales y la esfera judicial abre la posibilidad de que el fallo de una Corte en un tema migratorio ponga en riesgo a miles de mexicanos en Estados Unidos por las siguientes décadas.

México y la tentación del abandono

Donald Trump no va a cambiar su visión sobre México, no obstante, esto no significa que todo está perdido. La tensión y la situación actual de la relación bilateral presentan una oportunidad única para que en las peores de las condiciones el gobierno mexicano, los empresarios, los medios y la sociedad definan el papel de México en Norteamérica. La tentación de diversificar los mercados, de buscar otros aliados y de abandonar la relación por unos años está más latente que nunca, sin embargo, no debemos ceder ante esta visión.

Sin importar bajo que perspectiva analicemos la situación es un hecho innegable que Estados Unidos es y será nuestro aliado más importante en la esfera internacional. Hoy México tiene el reto de entender la complejidad de Estados Unidos y defender los logros de la relación bilateral. Si bien en los últimos meses la relación se ha caracterizado por un riesgo constante de terminar acompañado de incertidumbre y apatía, la fuerza de la relación continúa aumentando más allá de la política. El mundial de futbol en el 2026, el cruce fronterizo entre Tijuana y San Diego, la creciente inversión de empresarios de ambos países en toda la región son solo un breve vistazo de la interconexión de ambos países en estos tiempos. El cambio de gobierno dentro de México y los cambios políticos en Estados Unidos presentan una oportunidad única para reconfigurar la relación y restablecer nuevas prioridades en la relación bilateral. En las últimas décadas, Estados Unidos y México han demostrado tener una relación resistente que debe continuar en el camino actual de la cooperación y el interés mutuo, dependerá de ambos países que esto siga así. 

 

Carlos Galina
Estudiante de la maestría en American Politics en la universidad George Washington.