Frente a todas las predicciones de fracaso, hoy Donald Trump se encuentra más allá de la mitad de su mandato presidencial. Hasta ahora los escándalos, las declaraciones controvertidas, la posibilidad de colusión con Rusia no han sido suficientes para ver en el piso del Capitolio una moción de impeachment o juicio político contra el presidente. Desde el primer día de la elección, los pronósticos no han estado a su favor; sin embargo, Trump ha persistido y con la llegada de su tercer año en el poder resulta imprescindible hacer un balance del 2018 en sus Estados Unidos.

Ilustración: David Peón

Política interna:  ¿El inicio del fin?

En la política interna, entre muchos escándalos y controversias, dos eventos políticos definieron el 2018: la nominación y eventual confirmación del juez Brett Kavanaugh a la Suprema Corte en octubre y las elecciones intermedias de noviembre.

Por un lado, el 6 de octubre, el juez de corte conservador Brett Kavanaugh se convirtió en el nuevo miembro de la Suprema Corte de Estados Unidos. La nominación y eventual confirmación del juez desde un inicio estuvo marcada por una seria acusación de acoso sexual por la Dra. Christine Blasey Ford, quien valientemente testificó en el Congreso contra Kavanaugh. El testimonio de la Dra. Ford y la negativa de los republicanos a investigar las acusaciones llevaron a una batalla política durante septiembre que enfrentó a los demócratas y la mayor parte de la sociedad civil estadounidense con el partido Republicano y la Casa Blanca. La confirmación de Kavanaugh terminó por convertirse en la joya de la corona del movimiento conservador estadounidense, el cual en los últimos meses logró la ratificación de 29 jueces conservadores en las cortes de apelación y 53 en las cortes distritales. El sistema judicial estadounidense, con o sin Trump, hoy es más conservador que antes.

Por otro lado, las elecciones intermedias presentaron un reto sustancial para la Casa Blanca. Trump se enfrentó a la primera evaluación electoral de su mandato y su partido y los resultados no fueron los esperados. En el bando del partido Demócrata, el resultado electoral del 6 de noviembre trajo consigo una mayoría de este partido a la Cámara de Representantes, misma que se caracterizó por su diversidad. 106 de 441 miembros de la Cámara Baja estadunidense hoy son mujeres y traen una serie de iniciativas que en los siguientes meses buscarán proteger a las minorías e impulsar una agenda económica progresiva. Una narrativa constante en los nuevos miembros de este Congreso es su interés en temas de política pública como la seguridad social y al mismo tiempo limitar el poder del residente de la Casa Blanca. Así Trump, de manera indirecta, reconfiguró las plataformas electorales de muchos candidatos y provocó una nueva ola progresista al interior del partido Demócrata.

En el partido Republicano, el fenómeno Trump se sintió de manera sustancial. La lección de las intermedias fue que la base electoral que llevó a Trump a la Casa Blanca no es suficiente para garantizarles un buen desempeño electoral. Si bien la participación ciudadana en esta elección fue alta para ambos partidos, los números no fueron suficientes para mantener la mayoría en el Congreso y muchos estrategas comienzan a cuestionarse si la base trumpista será suficiente para garantizar la reelección en el 2020. A pesar de la debacle electoral, en 2018 el partido Republicano se encaminó más a convertirse en el partido de Donald Trump. La agenda del presidente y su visión sobre Estados Unidos trascendió al interior, donde los miembros adoptaron posiciones más afines al presidente en estos últimos meses. Los republicanos pasaron de defender el libre comercio a rechazarlo y su aprobación hacia la construcción de un muro fronterizo se ha incrementado sustancialmente en los últimos meses. Este año frente a la posible conclusión de la investigación de Robert Mueller y las constantes confrontaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo, enfrentarán el reto de definir hasta donde estarán dispuestos a apoyar al presidente y continuar su agenda.

Finalmente, si algo logró Trump en el escenario político fue un cambio en la narrativa política estadunidense, la cual hoy es más mediática, más confrontacional y más polarizada que en el 2016. Personalidades como la congresista Alexandra Ocasio-Cortez y su éxito en el escenario político difícilmente se explicaría sin tomar en cuenta quien es el residente de la Casa Blanca. De la misma forma, el trabajo excepcional de John Sides, Lynn Vavrek y Michael Tesler, sobre la elección del 2016 ha revelado que la campaña de Trump “activó” en el electorado actitudes raciales e identidades que lo polarizaron sustancialmente. Estas “identidades” difícilmente desaparecerán por si solas y es probable que más políticos buscarán apelar a estas en los siguientes meses.

Política exterior: It’s A Madman’s World

A diferencia del primer año de su administración, en 2018 Donald Trump tuvo un papel activo y protagónico en el panorama internacional. La amenaza de terminar el TLCAN, la salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear de Irán y el retiro de tropas de Siria y Afganistán fueron solo algunas de las acciones más destacables de la Casa Blanca.

La atención de la agenda de política exterior estadunidense se concentró en Asia, Medio Oriente y México. En la región asiática el presidente se enfocó por un lado en Corea del Norte. Contra todos los pronósticos, Estados Unidos sostuvo una reunión con el líder de la república norcoreana, Kim Jong-un. Si bien hasta hoy no ha habido acciones concretas por parte de ambos países, el acercamiento rompió el impasse en el que se encontraba la relación desde la presidencia de George W. Bush.

Por otra parte, en los últimos meses Trump ha concentrado su atención en China, haciendo énfasis en sus prácticas comerciales desleales. En las siguientes semanas el negociador estrella de la Casa Blanca, Robert Lightizer, dialogará con el gigante asiático temas comerciales con el fin de reducir prácticas ilegales y mejorar los términos entre ambos países. Si bien la guerra comercial entre estas dos naciones provocó incertidumbre económica, diversos analistas las acciones del presidente Trump como un pasó importante frente a una China que hasta ahora había tenido un pase libre en sus violaciones regulatorias al comercio internacional.

En el caso de Medio Oriente, Trump ordenó el retiro de tropas de Afganistán y Siria y buscó limitar la relación entre Estados Unidos e Irán. Si bien la administración de Barack Obama buscó a través de la diplomacia sumar a Irán como un aliado en la región y reducir su capacidad nuclear, Trump optó por tomar una política agresiva contra el país persa. Así, en los últimos meses, Trump se acercó más a los aliados tradicionales de Estados Unidos en la región y buscó aislar a Irán de la escena internacional. Adicionalmente, el presidente anunció el eventual retiro de tropas de Afganistán y Siria, lo cual no fue bien recibido por el establishment de seguridad estadounidense el cual considera que Estados Unidos tiene intereses en juego en la región.

México, a consecuencia de la caravana migrante y la renegociación del TLCAN (ahora T-MEC), se convirtió en un país importante para la agenda exterior de Estados Unidos durante el 2018 y este interés continuará durante este año. En los siguientes meses se espera que el T-MEC llegue al Congreso estadunidense, aunque su aprobación todavía no es certera. La confrontación que ha habido entre los demócratas y el Ejecutivo no es un buen síntoma para la votación del nuevo tratado comercial. En los pasillos de Washington se ha llegado a discutir la posibilidad de que Trump ejecute la salida de Estados Unidos del TLCAN como método para presionar a los demócratas a aprobar el TMEC; no obstante, si el presidente actúa de manera impulsiva, el panorama para México en ámbitos comerciales no es positivo. De la misma manera, el tema migratorio fue y continuará siendo uno de los temas más relevantes para la presidencia de Trump. El presidente ha encontrado en el ataque y critica al sistema migratorio una plataforma electoral redituable entre su electorado por lo cual entre más se acerque la campaña presidencial del 2020 más serán los ataques a los migrantes y a la falta de seguridad fronteriza. Trump está luchando a toda costa por construir un muro en la frontera entre México y Estados Unidos antes del 2020 y es altamente probable que continué empujando por su construcción en los siguientes meses.

En los últimos meses del 2018 vimos la salida de Jim Mattis, secretario de Defensa, y John Kelly, jefe de Gabinete, de la Casa Blanca. Ambos secretarios habían sido contrapesos importantes a los impulsos de la Oficina Oval, su salida y la llegada de personalidades como Mike Pompeo y John Bolton a posiciones claves de la política exterior implican que hoy el presidente no tiene contrapesos burocráticos en su agenda internacional. El poder de Trump en el 2019 en el escenario mundial será casi ilimitado y esto podría reconfigurar profundamente el papel global de Estados Unidos.

Así, a diferencia de lo que su primer año parecía demostrar, hoy podemos hablar de una política exterior trumpista inspirada en los principios jacksonianos de la política exterior estadunidense; es decir, una política de corte populista. Hoy, Trump cuenta con una agenda de política exterior que se caracteriza por ver al escenario internacional como un juego de suma cero, con un enfoque caracterizado por una ambición a nivel global que busca avanzar los intereses de Estados Unidos sin importar el costo. El debilitamiento de las instituciones liberales a nivel internacional sumado al desdén que muchos ciudadanos tienen hacia la globalización ha pavimentado el camino para que Trump adopté una visión realista del mundo que busca mantener a Estados Unidos como líder internacional de manera unilateral. Trump no aspira a ser aislacionista, busca ser el hegemón.

¿Reelección?

Hoy, Trump inicia su tercer año en la presidencia con un gobierno que hasta ahora lleva 33 días cerrado. El presidente ha buscado negociar con los demócratas en más de tres ocasiones y no ha logrado ni acercarse a una propuesta para reabrir el gobierno. Las encuestas revelan que la mayoría de los ciudadanos culpan al presidente por el cierre gubernamental y se estima que su aprobación cae medio punto cada día que el gobierno continúa cerrado. Nancy Pelosi, speaker de la Cámara de Representantes, y los congresistas demócratas en menos de un mes en el poder encasillaron al presidente Trump y paralizaron su presidencia. El panorama para los siguientes meses no es alentador.

Adicionalmente, es altamente probable que en los siguientes meses el fiscal Robert Mueller concluya su investigación en torno a la elección presidencial del 2016 y la posible colusión de la campaña de Donald Trump con Rusia. Si bien la investigación no será pública, es poco probable que no existan filtraciones una vez que concluya. Hasta ahora, muchos personajes cercanos al presidente Trump como Michael Cohen y Michael Flynn enfrentan procesos judiciales con relación a la campaña del 2016 y es altamente probable que tanto Jared Kushner como Donald Trump Jr. enfrenten procesos similares. Hace unos días la revista The Atlantic develó su portada de marzo la cual presenta la palabra Impeach en su primera plana, así como un análisis sobre sí, los resultados de la investigación de Mueller podrían marcar el inicio del fin de la presidencia de Donald Trump. Si la investigación de Mueller revela algo contra él los desenlaces podrían abarcar desde un impeachment hasta la posibilidad de que Trump decida no contender por su reelección en el 2020.

Si el cierre del gobierno es preámbulo del 2019, este año veremos al poder ejecutivo en constante confrontación con el poder legislativo. Los demócratas a través del comité judicial y otros comités con facultad de supervisión buscarán llamar a comparecer a los miembros del gabinete de Trump y darán paso a investigaciones contra la administración republicana. Como dijo Maggie Haberman, reportera de The New York Times, “Nancy Pelosi no necesita a Trump y esa es la mayor posición de poder que alguien puede tener sobre este presidente”.

Trump inicia mal el 2019, pero predecir los siguientes meses es complicado. Lo que es un hecho es que este año veremos transformaciones profundas en el escenario internacional de la mano de escenarios complejos en la política interna estadunidense, la tercera fase de la presidencia de Trump apenas comienza y nada será lo mismo.

 

Carlos Galina
Estudiante de la maestría en American Politics en la universidad George Washington.