El 23 de junio de 2016, el Reino Unido votó en un referéndum para decidir su futuro como miembro de la Unión Europea (UE). Con una participación de 72.2% del electorado, 51.9% votó a favor de abandonar la UE y 48.1% en contra.1 El 29 de marzo de 2017, la primera ministra británica, Theresa May, invocó el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea (TUE), que establece el mecanismo para la salida voluntaria y unilateral de un Estado miembro. El artículo señala que el Estado en cuestión debe notificar al Consejo Europeo su intención de abandonar la Unión. Éste se encarga de establecer los lineamientos para negociar un acuerdo de salida y las leyes de la UE aplican en ese Estado hasta la entrada en vigor del acuerdo o al cumplirse dos años desde la notificación.

Las negociaciones del acuerdo de salida concluyeron en noviembre de 2018; sin embargo, más que reducir la incertidumbre alrededor del proceso de Brexit, la ha incrementado debido a la inclusión de varios temas contenciosos que enfrentan a los miembros del Parlamento británico, que deben aprobar el texto del acuerdo para que pueda ratificarse.

Ilustración: Víctor Solís

Los aspectos espinosos de la salida de Reino Unido de la UE

De acuerdo con la línea del tiempo marcada por el artículo 50 TUE, el 29 de marzo de 2019 Reino Unido dejará de ser miembro de la UE y, en teoría, las leyes de ésta ya no aplicarán en su territorio. No obstante, en las negociaciones se incluyó un periodo de transición de 21 meses —hasta el 31 de diciembre de 2020— en lo que se negocia la futura relación bilateral, por lo que las leyes de la Unión seguirán aplicando a los británicos. Aunque Reino Unido podrá negociar otros acuerdos comerciales, estos no podrán entrar en vigor durante ese periodo. Varios miembros del Parlamento británico ven esto como una limitación a su aspiración de convertirse en una “Gran Bretaña global”; es decir, comprometida con el comercio liberal y, por ello, se oponen a permanecer dentro del mercado único 21 meses más.

Otro punto contencioso del acuerdo es la cantidad de dinero que los británicos deben pagar a la Unión para cubrir compromisos que hicieron siendo miembros. Se estima un monto alrededor de 50 mil millones de dólares, correspondientes a las aportaciones británicas al presupuesto de la Unión hasta 2020 y al pago de pensiones a funcionarios británicos en la UE. En este tema en particular, un grupo dentro del Partido Conservador partidario de Brexit, el European Research Group, ha dicho que es una cantidad inaceptable y que preferirían salir de la Unión sin acuerdo alguno.

Existen otros aspectos dentro del acuerdo que causan controversia, pero el más importante se relaciona con la frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte. En 1998, se firmó el Acuerdo de Belfast, que puso fin a décadas de conflicto en Irlanda del Norte entre los unionistas (protestantes que querían ser parte de Reino Unido) y los republicanos (católicos que buscaban crear una Irlanda unida e independiente). Además de definir en tal acuerdo la forma de gobierno para Irlanda del Norte, se estableció que debía haber cooperación en la isla de Irlanda. Esto significa que no puede erigirse una frontera dura entre las dos partes de la isla.

Tomando en cuenta lo anterior, el acuerdo de salida incluye una “solución de último recurso”, una cláusula de seguridad que garantiza que la frontera en Irlanda permanecerá abierta e invisible. Es decir, si al finalizar el periodo de transición no existe un acuerdo sobre la relación UE-Reino Unido, Irlanda del Norte permanecerá en el mercado común para evitar un cierre de la frontera que afectaría a miles de personas y que podría poner en riesgo la paz en esa región.

Muchos miembros del Parlamento británico se oponen a esta cláusula debido a que Reino Unido no puede derogarla de forma unilateral. Para muchos otros, se trata de una violación a la soberanía británica post-Brexit y quieren garantías de que no se va a utilizar. No obstante, los críticos más duros de la cláusula son los diez miembros del Parlamento pertenecientes al conservador Partido Democrático Unionista de Irlanda del Norte —cuyos votos May necesita para alcanzar la mayoría en el Parlamento—, quienes señalan que la permanencia de Irlanda del Norte en el mercado común sería equivalente a separarla de Reino Unido y, por lo tanto, son la oposición más abierta al acuerdo de salida.2

Estas cuestiones explican por qué la política británica sobre Brexit se encuentra en completo desorden. En diciembre, May pospuso la votación sobre el acuerdo de salida en el Parlamento porque sabía que sería rechazado, situación que se hizo realidad el 15 de enero cuando, en una histórica votación, el Parlamento lo rechazó 432 votos contra 202.3 Días después, se votó una moción de censura en contra de May, misma que ganó, pero que sin duda la debilitó y, el 29 de enero, el Parlamento aprobó una serie de enmiendas que únicamente añaden más confusión a un tema que tiene a los británicos completamente divididos y que plantean una serie de complejos escenarios sobre la salida de Reino Unido de la UE.

Algunos escenarios posibles como desenlace del Brexit

El mejor escenario para Brexit sería que el Parlamento británico aprobara el acuerdo de salida y Reino Unido abandonara la UE este 29 de marzo de forma ordenada. Esto se considera muy poco probable debido, entre otras cosas, a las enmiendas aprobadas a finales de enero, y es que si bien en esa votación el Parlamento aprobó rechazar una salida dura de la Unión —una salida sin acuerdo alguno—, también le otorgó a May el mandato de renegociar la cláusula de seguridad con la UE, lo que implicaría reabrir el acuerdo de salida, cuestión que la UE ha enfatizado una y otra vez que no ocurrirá, además de que ningún miembro del Parlamento británico ha propuesto alguna alternativa viable a la cláusula actual.4

Asimismo, en una decisión desconcertante, en la votación de las enmiendas se rechazó la posibilidad de extender el artículo 50 TUE para aplazar la fecha de salida de la Unión. Si bien este escenario sólo puede ocurrir con la aprobación por unanimidad en el Consejo Europeo,5 y oficiales europeos han advertido que sólo lo considerarían si las razones para la prórroga son justificadas —por ejemplo, que se celebren elecciones generales— resulta contradictorio que los diputados británicos demanden de May obtener garantías legalmente vinculantes por parte de la UE en un periodo tan corto de tiempo. Además, en este caso la UE también es enfática en que el acuerdo no se va a renegociar.6

Dada la dificultad que enfrenta May para conseguir una modificación al acuerdo de salida e incluso, compromisos más vinculantes por parte de la UE sobre la futura relación bilateral, el escenario más probable para Brexit es que se vuelva a rechazar el acuerdo, en cuyo caso surgen otros escenarios complejos. Uno de ellos vuelve a ser la salida dura de Reino Unido. Aunque sea la opción menos deseada y los diputados británicos hayan votado en contra de ella, es un escenario probable, como mencionó May en un mensaje al Parlamento: “oponerse a una salida sin acuerdo no es suficiente para evitarla”.7

Varios miembros del Parlamento apoyan convocar un segundo referéndum —aunque ya no hay tiempo para ello—, sobre todo aquellos convencidos de que, en esta ocasión, la población elegiría permanecer en la UE. Sin embargo, no existe ninguna garantía al respecto y, de ganar nuevamente la opción de abandonar la UE, Reino Unido estaría en la misma posición que ahora.

Por último, existe la remota posibilidad de que los británicos decidan revocar el artículo 50, es decir, mantenerse en la UE. El Tribunal de Justicia de la Unión ha dicho que pueden llevar a cabo esta acción de forma unilateral, siempre y cuando lo hagan antes de que se concluya el acuerdo de salida. Este escenario es quizás el menos probable.

Ante los anteriores escenarios, mucho se puede especular sobre qué ocurrirá llegado el 29 de marzo, pero lo único cierto es que todo puede pasar. No obstante, tras la salida de Reino Unido de la UE —en los términos que sea— es importante que ambos mantengan una relación cercana. En el mediano plazo, es necesario adoptar un acuerdo comercial para evitar disrupciones innecesarias en la economía y las finanzas de ambas partes, que están estrechamente vinculadas. En el mediano y largo plazo, la UE debe mantener una cooperación cercana con los británicos en temas de seguridad y defensa para poder enfrentar los retos internacionales de manera eficiente; esto, debido a las capacidades materiales de Reino Unido y a que es un miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En efecto, aunque Reino Unido no sea miembro de la UE, es un actor clave para el futuro de ésta y de todo el continente europeo.

 

Christel Bade
Internacionalista, especialista en integración europea.


1 Cifras oficiales de la Comisión Electoral de Reino Unido, disponibles aquí.

2 Marsh, Sarah, “DUP politician rules out backing Theresa May’s Brexit deal”, The Guardian, 4 de enero de 2019.

3 Cooper, Charlie, “Historic defeat for Theresa May on Brexit vote”, Politico, 15 de enero de 2019.

4 Walker, Peter, “Full list: amendments to May’s statement on defeat of her Brexit bill”, The Guardian, 29 de enero de 2019.

5 Artículo 50.3 TUE.

6 Herszenhorn, David M. y Bayer, Lili, “EU to Theresa May: No more help before Brexit vote”, Politico, 8 de enero de 2019.

7 “Brexit: Theresa May promises meaningful vote after more talks with EU”, BBC, 12 de febrero de 2019.