Tengo en mis manos el número de abril de la revista Nexos, una de las publicaciones más influyentes en el debate de las ideas en México hoy en día. El número lo compré tarde, casi acabando el mes, y lo hice porque el texto de Maite Azuela, “Tacones en bicicleta”, lo había estado discutiendo con mi novia a lo largo de algunos días y quise tenerlo impreso. Este artículo me llamó mucho la atención por dos cosas: 1) por la forma anecdótica como inicia y se desarrolla la mayor parte del texto, y 2) porque contrario a lo que pensé inicialmente, el artículo no tocaba ninguna cuestión de ciclismo o movilidad urbana. El título sirve más bien como metáfora a la reflexión final que Maite quiere lanzar: la importancia de dotar de seguridad social a las trabajadoras domésticas mientras no se avance en una reforma laboral en este sentido.

Dice Maite:

“Insisto en que a la par de abrir espacios que garanticen justicia de género habremos de trabajar la justicia entre el género. Tendríamos que analizar si no somos mujeres que construyen relaciones de sumisión con las trabajadoras del hogar. No hay modo de que la cadena de la bicicleta gire si no pedaleamos de ambos lados”. Y culmina: “A veces se requiere llevar una bici doble para que la que tiene más fuerza vaya impulsando a la que no la tiene”.

El artículo y la reflexión final me parecen pertinentes en el contexto del debate de la reforma laboral, sin embargo, desde que lo leí por primera vez, algo no me cuadró del todo: era muy poco espacio para un tema que podría ocupar páginas enteras, se daban pocos datos y, encima, gran parte del texto se iba en descripciones de la infancia de la autora. ¿Por qué?

La respuesta cayó hasta que tuve el ejemplar físico conmigo y fue entonces que entendí por qué de tanto testimonio personal antes de la reflexión social. La portada de la edición de abril tiene como título “Sólo mujeres” y su principal atractivo es mostrar los nombres de una veintena de féminas, entre escritoras, politólogas, científicas, artistas y demás. Al ver la portada queda clara la idea de que el número les pertenece a ellas.[1] Sin embargo, al leer la breve editorial de Marta Lamas, la coordinadora del tema de portada, mi sorpresa fue mayúscula. Vamos por partes.

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Ilustración: Moisés Butze

Imagen: Moisés Butze

La versión completa de este texto fue originalmente presentada en el Observatorio Judicial 2009 del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Las cuotas de género instauradas en México son parte de un proceso más amplio de reformulación normativa e institucional en marcha en buena parte del mundo. Al igual que otras reformas, (derechos colectivos de minorías culturales y étnicas, formas de democracia participativa, regulaciones restrictivas de la competencia electoral y limitaciones de la libertad de expresión, etc.) las cuotas de género no son parte del legado histórico de la democracia liberal, sino una adición más bien reciente. Son una prueba de que los debates normativos e institucionales en torno a la democracia liberal se encuentran lejos de estar cerrados.

En general —con la notable excepción de los países nórdicos— las democracias consolidadas del mundo se han movido de manera más lenta y cauta en lo que hace a la innovación en materia de cuotas. No sólo eso sino que de los tres tipos de medidas antes descritos han optado por la opción que involucra una menor coerción e intervención estatal: las cuotas partidistas voluntarias. Las reformas que aparecen como mecanismos más radicales —reservar curules para mujeres— son más comunes en países que tienen una historia democrática corta y frágil. Las cuotas legislativas ocupan un lugar intermedio. ¿Qué significa esto? Quiere decir, para empezar, que, a pesar de su innegable éxito, la justificación normativa de estas medidas es todavía motivo de gran debate. Por ejemplo, en Estados Unidos, Inglaterra y Francia el tema de instaurar cuotas de género ha levantado fuertes controversias políticas y judiciales. El tema central es que dichas medidas chocan a menudo con las disposiciones y leyes establecidas para combatir la discriminación y asegurar la igualdad, por ejemplo la Sex Discrimination Act de Gran Bretaña. Muchos se preguntan si el sistema de cuotas es en realidad un avance democrático o si es una medida que por, el contario, choca con principios torales de su legado democrático, como la igualdad de oportunidades. En varios de estos países, como resultado de las polémicas, los partidos políticos adoptaron mecanismos voluntarios. En cambio, en otros países con escasa o nula tradición democrática estas medidas fueron adoptadas de forma rápida y sin grandes debates nacionales. En parte esto se explica precisamente por la ausencia de una tradición democrática bien establecida que pusiera en tela de juicio algunos aspectos normativos cuestionables, o debatibles al menos, de las cuotas en un contexto democrático. Aun los proponentes de las cuotas reconocen que las justificaciones filosóficas de estas medidas son todavía precarias y están por desarrollarse. Con todo, en esos países hay poco pruritos para utilizar la fuerza coercitiva del Estado para imponer una visión de la sociedad.

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octubre 12, 2010

Sexos y Puertas Libres

glas

Recientemente ha tenido lugar una discusión relativa a la reducida presencia de las mujeres en dos de las revistas más importantes del país: Nexos y Letras Libres.

Fernando Escalante inició resaltando la alta disparidad entre la cantidad de mujeres y hombres que publican y trabajan –en este últimos aspecto únicamente en Letras Libres– para estas revistas. A lo anterior, el director de Nexos, Héctor Aguilar Camín, respondió, que es verdad que menos mujeres son publicadas en dicha revista, pero que ello no se debe a ningún criterio explícitamente discriminatorio y que, además, al analizar otras publicaciones encontró el mismo resultado. Su conclusión es que lo anterior es resultado de “un sesgo masculino inconsciente”.

Luis González de Alba se une a la discusión y rechaza la estrategia de imponer “cuotas de género” para que haya más presencia de mujeres en las publicaciones pues considera que sería violentar el orden natural. Éste, según puede interpretarse de su texto, deposita en los hombres las actividades relacionados con la guerra. Y en tanto sostiene que la política es “la guerra por otros medios“ y las publicaciones son una parte integral de la misma, la ausencia de las mujeres en este ámbito es una cuestión natural y la disparidad señalada no es producto de una discriminación directa.

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