El impuesto GAFA (en alusión a Google, Amazon, Facebook y Apple), recientemente aprobado en Francia, busca recaudar el 3% del ingreso que tienen empresas tecnológicas con ventas superiores a 750 millones de euros a nivel global y a 25 millones de euros en Francia.

Recientemente este tipo de impuesto ha cobrado más relevancia en la Unión Europea y otras partes del mundo, ya que se estima que hay discrepancia de imposición entre las empresas tradicionales y las digitales. La Comisión Europea estimó que las primeras pagan entre 20% y 23% de sus ingresos en impuestos mientras las segundas pagan entre 8% y 9%.  Otros países en Europa buscan aprobar impuestos similares: el Reino Unido busca gravar el 2% a las ganancias y en España la tasa Google propone el 3%. Por su parte, la OCDE ha sido uno de los principales impulsores en la materia a nivel internacional y se espera que para el 2020, sus países miembros logren establecer un acuerdo fiscal para las grandes compañías. Parte del acuerdo buscará gravar a dichas empresas considerando el lugar donde se generan los beneficios y no en los países donde tienen oficinas, para así lograr recaudar más ingresos en los países donde obtienen ganancias. En Francia, la recaudación esperada del impuesto GAFA para 2019 es de alrededor de 500 millones de euros y las principales empresas afectadas serían estadunidenses y algunas europeas, incluyendo la francesa Criteo.

En México hace unos días el presidente de la Comisión de Presupuesto en la Cámara de Diputados y miembro de MORENA, Alfonso Ramírez, declaró que la aplicación del IVA a las plataformas digitales en México ayudaría a equilibrar las finanzas públicas. En México, a diferencia del caso francés, el impuesto estaría dirigido a plataformas que ofrezcan compras en línea y no por un criterio de ingresos.

Ilustración: Víctor Solís

Para los gobiernos este tipo de impuestos puede traer más recursos al erario. No obstante, esto genera polémica, resistencia y consideraciones relevantes de mencionar para la economía de un país. Por ejemplo, países como Dinamarca, Finlandia y Suecia han manifestado su descontento argumentando que afectaría la competitividad y la innovación en la UE.  Por otra parte, este estudio de Deloitte plantea que el consumidor pagaría la mayor parte del gravamen. Un reciente artículo publicado por la escuela de negocios de Harvard cuestiona el impuesto GAFA por basarse en los ingresos y plantea ser más creativos en la creación de éstos. Finalmente, para el profesor francés Oliver Ramond, el rol del contribuyente es nebuloso y no es clara su responsabilidad en la determinación del impuesto francés. Por ejemplo, de acuerdo con el texto, Amazon Francia tendría que reportar el total de sus usuarios, sus ingresos y distinguir entre usuarios de Prime (Video y de aquellos que utilizan Prime para recibir artículos en su casa) para determinar así el total del impuesto, convirtiendo a la empresa en juez y parte.

La iniciativa propuesta por el diputado Ramírez todavía no es pública y por ende no se cuenta con información suficiente para analizar sus debilidades y fortalezas. Estamos ante una nueva realidad económica en donde muchas de las empresas digitales cada vez adquieren más relevancia económica y política a nivel global. Los impuestos internacionales a empresas digitales serán cada vez más comunes y es posible que en ellos puedan encontrarse muchas áreas de oportunidad para los gobiernos en su creación e implementación. México no será la excepción y tendrá la ventaja de tomar en cuenta casos de éxito internacionales y adaptarlos a un contexto local. La redistribución en un país con tantas desigualdades es necesaria, no obstante, también es importante fomentar la innovación, la creatividad y el crecimiento económico en el país. Esperemos que el contenido de la iniciativa anunciada vaya en ese sentido.

 

José Alfaro

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septiembre 26, 2016

La impunidad cabalga en Twitter

En México, la difamación dejó de ser delito hace casi 10 años. En el transcurso de una década, los estados de la república han aprobado la despenalización de la difamación, la calumnia y la injuria. Como suele ser costumbre, el populista Distrito Federal, conocido ahora como la populista CdMx, fue la primera entidad en suprimir los delitos contra el honor, en 2006.

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agosto 4, 2015

¿Cuánto le costó cada tuit al Partido Verde?

Durante la pasada campaña electoral –que transcurrió de abril a junio–, hubo algo que llamó la atención por encima de todo lo demás. No se trató de campañas novedosas, de debates de altura, ni siquiera de un cambio importante en la política nacional: la aparición de los candidatos independientes en las boletas electorales. Lo que más sobresalió, porque estaba en cada esquina, en cada parabús e incluso en cada espectacular de 20 metros, era un tucán sobre una V: la propaganda del Partido Verde Ecologista de México.

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Foto: Policía de Cheshire/AP

Hace una semana Inglaterra despertaba con la peor resaca en 30 años. Los disturbios (en forma incendios intencionales, saqueo de negocios, violencia contra la policía y la población, destrucción de propiedad privada y pública) se extendieron, con manifestaciones menores pero igualmente serias, de vecindarios específicos de Londres a segmentos centrales de otras ciudades grandes y pequeñas. Una vez que los fuegos se extinguieron, la pregunta mil veces repetida ha sido ¿por qué?

Sin embargo, a pesar de la existencia de evidencia seria que ayudaría a explicar causas y contextos de los disturbios y por lo tanto a evitar que se repitan, el discurso oficial, definido por el primer ministro conservador David Cameron, es que los perpetradores pertenecen a un segmento de la sociedad “enferma”, y la propuesta oficial es simplemente el castigo carcelario y mayores estrategias represivas. Contradictoriamente, Cameron no cederá en la decisión de recortar el presupuesto de la policía, incluso después que se comprobó que mayor presencia policiaca a partir del miércoles pasado coincidió con el disminución y cese de la violencia en las calles de Londres. Pero más allá de apagar los fuegos de la violencia, lo que se quiere “apagar” son los medios de comunicación accesibles a los ciudadanos: los medios sociales en línea.

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En octubre del año pasado, el prestigiado periodista Malcolm Gladwell escribió un artículo en el que critica la idea de que “la revolución será tuiteada”. En él pretende desmontar lo que le parece que es un mito optimista sobre el efecto que pueden tener las “redes sociales” en los grandes cambios políticos. El texto se suma a un nota publicada en Foreign Policy unos meses antes, en la que se explica por qué las protestas electorales en Irán un año antes poco tuvieron que ver con tuiter y otras redes sociales. El objetivo principal de la crítica de Gladwell es el entusiasmo del Departamento de Estado de Estados Unidos, frente al impacto posible de las “redes sociales” en el activismo. Para contraargumentar Gladwell dice que las auténticas movilizaciones sociales están basadas en relaciones interpersonales intensas, y no en relaciones ténues como las que se establecen en feisbuc y tuiter. Que alguien sea tu amigo en feisbuc, no quiere decir que esté dispuesto a movilizarse y compartir los riesgos de la acción política.

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emersonHace un par de semanas en El País, Ernesto Hernández Busto, publicó un artículo en el que señala cómo algunas de las consecuencias de la expansión de Internet y en particular Facebook (no todas las redes sociales funcionan igual), es lo que se entiende por “amistad” y “amigos”, e incluso, se aventura a decir que la naturaleza de “los vínculos interpersonales” está cambiando a partir de Internet. Su preocupación central parte de la definición de amistad de Aristóteles:

Quien se asome a la pequeña teoría de la amistad que esboza Aristóteles en su Ética a Nicómano, encontrará, por ejemplo, cosas muy preocupantes en la era de Facebook: “¿Cómo se puede dar el título de amigos a gente cuya reciprocidad de sentimientos no se conoce? Para que sean verdaderos amigos, es preciso que tengan los unos para con los otros sentimientos de benevolencia, que se deseen el bien, y que no ignoren el bien que se desean mutuamente”. La verdadera amistad, nos explica el filósofo, es rara, lleva tiempo y requiere de la virtud compartida. Los buenos amigos son pocos por la naturaleza misma de ese sentimiento, cuya señal más cierta, nos asegura, es la “vida común”.

Sin embargo, sería más interesante entender por qué Aristóteles creía necesario hacer una definición de la amistad. Es decir, si en épocas tan distantes y tecnológicamente distintas en las que “los vínculos interpersonales” tiene un valor comunitario tan importante,  ¿por qué había una preocupación por el “verdadero” significado de la amistad?

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Caravaggio

Caravaggio

Caravaggio es uno de mis pintores favoritos. Desde niño me atrajo la combinación de espontaneidad y perfección; la huella del proceso creativo presente en la obra terminada, la valiente mezcla de belleza y violencia, suciedad y pureza. Piensen en las sensaciones que pueden causar en el espectador el gesto y lenguaje corporal de su “Muchacho mordido por una lagartija” o la boca entreabierta en la cabeza cercenada de Juan el Bautista. Caravaggio me gustaba y me sigue gustando porque de haber nacido al menos tres siglos después quizá hubiera dibujado cómics. Uno de mis Caravaggios favoritos es “David con la cabeza de Goliat.” En ese óleo los trazos del italiano iluminan a David como un “niño de la calle,” que como tantos de sus personajes revela las huellas de una vida dura. Sabemos que David era un hombre joven común y corriente, un lugareño que venció al terrible Goliat con una humilde piedra, y tomando la espada de éste último le decapitó. En el lienzo David sostiene la cabeza del gigante con la mano derecha, y con la izquierda sostiene la espada. En la espada leemos la inscripción “H-AS OS”, que en Latín abrevia Humilitas occidit superbiam: “la humildad mata a la soberbia.”

Comienzo con esta ilustración para retomar los retos que el llamado periodismo ciudadano enfrenta hoy, particularmente en México. La frase latina en la espalda del gigante derrotado adquiere una nueva significación en las manos del ciudadano común que sabiendo aprovechar sus recursos ha tomado el arma de quien parecía superarle. Si la espada en la mano del David de Caravaggio es la espada de Goliat, hemos de pensar que en algún momento el gigante opresor quería pretender que, de hecho, la humildad mataba a la soberbia. En su slogan la penitencia. Así, el periodismo ciudadano, si queremos aceptar la frase como posible, se ve obligado a cuestionar su propia definición y sus posibles alcances y limitaciones. Por supuesto, todo periodista es ciudadano, pero no todo ciudadano es periodista. Desde los años 90 la posibilidad de crear, publicar y promover contenido creativo a través de computadoras en red ha propiciado una extensa discusión sobre las diferencias entre la labor del amateur y la del profesional (por ejemplo, veáse las risibles rabietas de Andrew Keen y su “Culto del amateur“). Sin embargo, incluso quienes están muy preocupados por esclarecer los límites de la autoridad, confiabilidad y centralidad de ciertos emisores, mensajes y medios no pueden negar que la publicación electrónica y la WWW han obligado al mundo a repensar esas mismas categorías.

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David_and_Goliath_(Larousse_-_d'après_Daniel_de_Volterra_-_2_face)_CH_Kreutzberger

El periodismo ciudadano o periodismo participativo tiene una larga historia pero ha sido recientemente que el término ha ganado terreno poco a poco en la discusión pública. La paradoja salta a la vista. Sin embargo, como las vigas que tantos gigantes portan en sus cíclopeos ojos, el problema ha pasado casi desaparecibido. La razón es de diversas índoles, pero sobre todo lo es de carácter político y cultural: la historia de los medios de comunicación es diferente de cultura a cultura, día a día y de país en país, pero tiene en común una lógica de supervivencia y control: fuera de ellos no hay nada. La fuerza de los monopolios mediáticos trasciende sus ámbitos de acción más directos y son capaces de neutralizar toda iniciativa voluntaria fuera de ellos. Dicho de otro modo, la fuerza de su discurso construye hábitats y ecologías particulares donde (se le quiere hacer creer al ciudadano) sólo quienes se adaptan a las condiciones impuestas por cada medio pueden sobrevivir.

Por eso resulta fundamental en esta primera década del siglo XXI aprovechar el momentum que viven mecanismos comunicativos como el social media o social networking (Facebook, Twitter, plataformas para blogueo como WordPress o Blogspot o incluso el reciente y fallido Google Buzz) para reactivar prácticas ciudadanas hasta antes fácilmente ignoradas. Para muchos, sobre todo aquellos que dictan los lineamientos discursivos de los medios “establecidos” (Televisa, Tv Azteca, canales gubernamentales, revistas y periódicos de amplia distribución nacional), el término “periodismo ciudadano” resulta un barbarismo o una falacia, una especie de romanticismo del resentimiento, un mecanismo al que sólo se recurre cuando no queda otra opción. La fortaleza de los “medios establecidos” (uso de nuevo la frase a sabiendas que el término es imperfecto) descansa en que son endogámicos y autogenerativos; no requieren de campañas espectaculares (literalmente) para establecerse como el estado “natural” de las cosas. En otras palabras, los jóvenes crecen deseando desde niños ser contratados por ellos, salir en sus canales, grabar en sus disqueras, aparecer en sus publicaciones. Toda resistencia o alternativa está nulificada antes de nacer porque el discurso que han institucionalizado (por ejemplo el que sólo exista lo que salga en la televisión o el radio comerciales) que es una construcción cultural, se ha naturalizado como un a priori. Por supuesto, tan responsables de este estado de cosas son los medios que disfrutan de este poder como la ciudadanía que les asume como incambiables e imprescindibles. Ante esta situación el periodismo ciudadano es ya no sólo un mecanismo alternativo de comunicar y por lo tanto de construir la realidad, sino que plantea un cambio paradigmático positivo en las “tres Es” de los medios, es decir lo ético, lo económico y lo epistemológico.[1] Estos tres aspectos son fudamentales porque incluso la capacidad de distinguirlos entre sí es ya casi una imposibilidad en la práctica de una gran mayoría de los medios masivos de mayor alcance.

El periodismo ciudadano en el siglo XXI hace uso de las tecnologías digitales existentes. Anteriormente era prácticamente imposible aspirar a competir con los grandes monopolios por razones económicas: la tecnología era inasequible. Las fotocopiadoras (que no aparecieron hasta entrados los años 60) cambiaron un poco el panorama, así como el radio de onda corta, pero los productos generados con estas tecnologías palidecían a la sombra de las grandes imprentas, radiodifusoras y televisoras. Sin embargo, conforme las computadoras y teléfonos celulares se han vuelto más accesibles y han integrado otras tecnologías como grabación y transmisión de audio y video, los requisitos para contar con un pequeño estudio de creación, producción, transmisión, difusión y promoción de contenido periodístico (o artístico, científico, académico; cultural pues) está más al alcance de más ciudadanos. Sin embargo, es un hecho que el solo acceso a la tecnología no convierte a un usuario, pequeñísimo en comparación con la enorme competencia establecida, en periodista o comunicador. ¿Qué otros elementos se requieren? ¿Qué obstáculos enfrenta el periodismo ciudadano en contextos poco cívicos o democráticos? Sobre esto tratará nuestra próxima entrega.

Ernesto Priego.
Candidato a doctor en estudios de la información en University College London.

[1] Este cambio también ha sido criticado como algo negativo. Confróntese el famoso debate a partir de Maher, V. “Citizen Journalism is Dead.” 2005, New Media Lab, School of Journalism & Media Studies, Rhodes University, South Africa.

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