noviembre 27, 2012

Bryce y las instituciones

 

La larga estela del escándalo Bryce Echenique sigue echando algunas chispas en la FIL y en la prensa (ver aquí, acá y acá). Ya no hay nada que discutir acerca de si premiarlo o no (su cheque ya ha de estar depositado en el banco). Si el escándalo aún continúa es porque hay una dimensión crucial en el debate que no tiene que ver con las calidades del autor o del jurado, sus hábitos de producción o la poca gracia con la que enfrentó la adversidad. A pesar de que esta publicación (Nexos) fue víctima recurrente de los “plagios inteligentes” y los “plagios serviles” que desataron la polémica, en realidad, el autor galardonado no es tan importante como las consecuencias y motivaciones que la acción del Estado y de las instituciones tienen y pueden tener en casos como estos. A fin de cuentas, bromeó bien Alberto Ruy Sánchez cuando preguntó al público “¿y quién es Bryce Echenique?”. En el fondo éste fue –sobre todo- un problema institucional.

La Comisión de Premiación del galardón (que no el jurado elector) estuvo compuesta por representantes de aquellos que organizaron y financian el premio: las principales instituciones culturales de la federación (CONACULTA y FCE), del estado de Jalisco (Secretaría de Cultura y Universidad de Guadalajara), del ayuntamiento de la ciudad de Guadalajara y de las compañías privadas que donan parte del premio total y de la feria literaria que enmarca el galardón. Todas estas autoridades se han comprometido a reconocer como inapelable el veredicto del jurado sobre quién debe recibir el premio, pero sólo dependió de ellos (y no del jurado) erogar el dinero que acompañó el reconocimiento. Son dos cosas diferentes. No fue ni es un deber menor decidir si una decisión colegiada y subjetiva de un jurado debe estar acompañada de una transferencia de fondos públicos y privados.

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Una nota en el diario El Universal me hace decir que  pido respeto a la entrega del premio Fil 2012 a Bryce Echenique.  La nota incluye al pasar, subordinadamente, mi  verdadera posición en este affaire. No es otra que la de los académicos y críticos que han sostenido que el plagio es inaceptable. La misma que ha sostenido desde el principio del affaire esta revista.

Bryce es un buen escritor,  pero su condición de plagiario lo hace inelegible para un premio que juzga la integridad  de una obra personal. El jurado se equivocó dos veces: premiando a Bryce a sabiendas de su condición de plagiario y sosteniéndose en su decisión contra los hechos.  Le hicieron un flaco servicio al premiado y al premio. Bryce no tuvo la  humildad,  la grandeza, o  la astucia, de rechazar el premio, con lo que hizo otro flaco favor al premio, al jurado y a sí mismo. Ha terminado todo en una ceremonia secreta, con la entrega del premio a escondidas, lo cual no ha hecho sino agregar opacidad  y descrédito al asunto.

La contumacia del jurado y el silencio de Bryce dejaron a los patronos del Premio ante un dilema imposible: respetar la decisión del jurado, cuya decisión es inapelable según las reglas del Premio, o desconocer esas reglas y crear el precedente de que los patronos pueden enmendar el fallo del jurado. Eligieron respetar las reglas y pagar el doble costo de premiar: en efectivo y en desprestigio.

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Imagen: Walter Toscano

En días recientes, en este blog, hemos publicado varios textos con argumentos explicando por qué los plagios cometidos (también presentados) por Alfredo Bryce Echenique son suficiente razón para no darle el premio FIL 2012. La discusión pública sobre el tema ha sido rica, y distintos puntos de vista se han expresado en varios medios impresos y en internet. No son muchos los textos publicados defendiendo la entrega del premio a Bryce Echenique, pero sí los hay y centran su argumentación en la distinción entre la obra literaria de un autor y su obra periodística. Es decir reconocen que Bryce Echenique plagió, pero acotan los efectos de ese plagio sólo a una faceta de su trabajo a la cual -se dice- no se le otorga el premio, pues se le otorga a otra parte de su trabajo que no fue plagiada y que por méritos literarios -dicen- merece el premio.

En afán de darle voz a los dos lados de la discusión ofrecemos algunos párrafos de quienes sostienen la posición antes descrita:

Juan Cruz en El País:

Me ha dejado estupefacto la recarga de adjetivos peyorativos que ha sufrido la totalidad de Alfredo, no un poco de Alfredo, sino la totalidad de Alfredo, como si una conjura más grande que la vida (en la que también participan, aunque no hayan querido, algunos que se titulan amigos suyos) se hubiera cernido sobre su persona y no sólo porque en su historia personal y pública haya la mancha que ahora quieren verle no sólo en un lado de la chaqueta sino en el cuerpo completo, como si Bryce no tuviera que existir al menos como el otrora celebrado autor de obras de ficción (y de memorias) que a mucha gente nos resultan imprescindibles para conocer su alma cambiante y el alma cambiante de la vida.

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México D.F., a 21 de octubre del 2012

En una reunión que tuvo lugar el 17 de octubre pasado, la Comisión de Premiación del Premio FIL de Literatura 2012, integrada por Raúl Padilla (Presidente de la Asociación Civil del Premio FIL), Roberto Vázquez Díaz (representante de CONACULTA en nombre de Consuelo Sáizar), Joaquín Díez-Canedo (Director General del FCE) y Jorge Souza Jauffred (representante del Gobierno del Estado de Jalisco), determinó entregarle “en los próximos días” el Premio FIL 2012 a Alfredo Bryce Echenique “en su ciudad de residencia” (en los días por venir, la ciudad de París). En el comunicado que dio a conocer la FIL al día siguiente, dicha Comisión afirma que comprende el malestar y las protestas que algunos académicos y miembros de la comunidad cultural han manifestado en contra de la decisión del jurado y afirma también respetar las posturas críticas que se han expresado al respecto. Sin embargo, enseguida añade que la decisión del jurado es inapelable. Es con base en esta “inapelabilidad” que la Comisión de Premiación adoptó la decisión ya referida. Esto lo hicieron al amparo de la cláusula décima de la convocatoria del premio, que le otorga a esa comisión la facultad de resolver cualquier “situación no prevista”.

Lo primero que tenemos que manifestar es que el objetivo que nos propusimos desde que hicimos pública nuestra inconformidad con el otorgamiento del Premio FIL 2012 a Bryce Echenique no se ha cumplido. Creemos, sin embargo, que la Comisión de Premiación ha dado un paso que no es menor: su decisión nos parece una clarísima llamada de atención al desempeño del jurado, concretamente a su despreocupación manifiesta por haber elegido como ganador del Premio FIL 2012 a un plagiario contumaz. Conviene no confundirse a este respecto. La decisión de premiar a Bryce Echenique fue adoptada por los siete miembros del jurado y sólo ellos podían revocar la decisión original. En la situación presente, son ellos los únicos que pueden modificar la resolución tomada por la Comisión de Premiación. Si la decisión del jurado es inapelable, como recuerda esta Comisión en el comunicado que nos ocupa, este hecho no excluía (y no excluye) la posibilidad que tiene aquél de reconsiderar.

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Primero, llenaron de adjetivos a quienes cuestionaron que el Premio FIL de Literatura 2012 se hubiera concedido a un escritor sobre el que pesan varias docenas de plagios probados. Luego trataron, infructuosamente, de propalar la versión de que las acusaciones de plagio eran infundadas y que Alfredo Bryce Echenique había sido “desmultado”. Cuando la mentira fue derribada por el Indecopi, la oficina de derechos de autor de Perú, intentaron demostrar que toda obra periodística es un islote ajeno al continente en donde se halla el resto de la obra de un autor: lamentaron que los críticos no vieran más que la parte manchada en la chaqueta de un escritor extraordinario, y no prestaran atención a la otra, en donde refulgían sus cuentos, sus novelas, sus ensayos. El jurado y los organizadores del premio colectaron más tarde en el extranjero un centenar de nombres, y los estamparon en una carta que, sin presentar un solo argumento, tuvo el doble propósito de victimizar a Bryce, y de acusar a escritores, académicos, críticos literarios, analistas y periodistas procedentes de las más diversas franjas, de haber enderezado contra el novelista una campaña de violencia inédita, que atentaba contra los principios mismos de la democracia. No destinaron una sola línea de esa carta al origen verdadero de las críticas. No mencionaron, ni de paso, la palabra “plagio”: los plagios que Bryce Echenique cometió sistemáticamente durante años, robando textos íntegros de otros autores, y engañando sin pudor alguno a lectores y editores de diversos países.

Ahora, de espaldas al medio cultural –cuyo malestar encuentran, sin embargo, “respetable”–, el jurado y los organizadores adoptan la decisión de adelantar la entrega del premio: de entregarle a Bryce el galardón a escondidas, en su propia casa, para evitar que el día de inauguración de la feria pudiera convertirse en una fecha que hiciera visibles las protestas. Adoptaron la decisión de entregar uno de los reconocimientos más importantes de Hispanoamérica, y sin duda el de mayor peso en México, sin ceremonia pública ni discurso de recepción. Decidieron entregar el premio de manera vergonzante, “en lo oscurito”, como si tratara de un botín, y no de un reconocimiento literario.

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Pedagogía del plagio

Tiene razón Fernando Escalante: el jurado del premio FIL ha galardonado a un escritor tramposo e indecente. Alfredo Bryce Echenique es un plagiario conocido. La decisión, por ello, es lamentable. Y lo mismo vale para la defensa que ha hecho Jorge Volpi de ese fallo. Dice Volpi que “el Premio FIL decidió no pronunciarse -no avalar ni condenar- las acusaciones de plagio recibidas por Bryce.” Así, sin más, como si esa afirmación no necesitara justificación alguna. Además, no entiendo por qué acusa a los críticos de la decisión de incubar el virus de la intolerancia y del autoritarismo. Según Volpi, descalificar al premio y al jurado implica pasar de la crítica a la calumnia. Otra vez, no entiendo.

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En relación a la carta que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara difundió hace dos días en apoyo a la designación del escritor Alfredo Bryce Echenique como ganador del premio FIL 2012 de Literatura en Lenguas Romances, pensamos que los 110 firmantes están en su derecho de defender las razones del jurado. Sin embargo, nos preocupan la forma y el fondo de esa misiva. Si bien el propósito era reunir muchas firmas de escritores y académicos de diversas partes del mundo, quienes solicitaron la adhesión no proporcionaron información completa y fidedigna. Se presentó el caso de los plagios cometidos por Bryce Echenique como un asunto “no resuelto”, sembrando duda sobre algo que a estas alturas es incontrovertible. Algunos, por tanto, firmaron sin pleno conocimiento de causa. Es el caso, por ejemplo, del escritor chileno Rafael Gumucio, quien se ha deslindado públicamente de la carta (razón por la cual ha sido borrado de la misma).

En segundo lugar, nos parece reprobable la aseveración de que existe una campaña mediática orquestada contra el escritor. Ese argumento repite la estrategia que Bryce Echenique ha utilizado para invalidar las justificadas acusaciones de plagio en su contra. En cambio, la carta calla sobre uno de los orígenes más importantes de la protesta: una carta firmada por doce académicos. Más aún, rechazamos la lógica que pretende hacer equivalentes la “persecución moral” y el debate sobre el otorgamiento del premio; un debate que es no sólo legítimo, sino necesario en una sociedad democrática. Las “decisiones artísticas” no son infalibles. Además, rechazamos la idea de que los “ciudadanos de la cultura” estén exentos, en éste o en cualquier otro país, de las exigencias éticas y jurídicas que debe cumplir todo ciudadano. No es el número de firmantes ni su prestigio lo que importa aquí, sino las razones ofrecidas.

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Un grupo de poco más de 100 escritores y académicos de distintas procedencias firma una carta en apoyo a la decisión del jurado de otorgar a Alfredo Bryce el Premio FIL 2012.  A su legítimo respaldo a lo que ellos consideran una decisión acertada, agregan un párrafo donde se describe de manera, digamos, inexacta el debate que ha suscitado la determinación del jurado.  Los firmantes señalan: “La campaña de prensa que algunos órganos de comunicación han emprendido en su contra nos resulta de una violencia inusitada, alarmante en una sociedad democrática, y como acto de fuerza introduciría una peligrosa persecución moral en decisiones de tipo artístico, algo sin duda ajeno a los ciudadanos de la cultura”.

Este párrafo no pasaría de ser un exceso melodramático, si no implicara una falsificación y descalificación del saludable, y en muchos sentidos ejemplar, debate que ha suscitado el veredicto en torno al premio FIL 2012.  Por eso, vale la pena comentar, al menos, tres inexactitudes.

No puede hablarse de “campaña de prensa” de “algunos órganos de comunicación”. El debate sobre el premio ha convocado a un espectro muy amplio de escritores, académicos, periodistas, políticos y lectores, quienes se han expresado desde el día del anuncio, primeramente en las redes sociales y, después, en un conjunto muy heterogéneo de medios digitales, impresos y electrónicos. Quienes han cuestionado el premio (y también quienes lo han defendido) tienen formaciones, trayectorias y agendas tan distintas que sería absurdo pensar que parten de una acción concertada o responden a una simple consigna. Reducir la diversidad de voces que se han pronunciado en torno al premio a meras piezas de una “campaña de prensa” implica, en el mejor de los casos, una falta de conocimiento del desarrollo de la polémica y, en el peor, un intento de desprestigiar el argumento ajeno.

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Alfredo Bryce Echenique ha difundido un mensaje como reacción ante las múltiples protestas que ha provocado en México el anuncio de que se le otorgaría el Premio FIL de Literatura 2012 a fines de noviembre. Nos sorprende que en el mensaje haya vagas alusiones a procedimientos judiciales, pero ni una sola palabra sobre lo único que importa: el hecho demostrado de que Bryce Echenique plagió y publicó como propios artículos de 15 autores distintos; varios de estos textos fueron publicados en México.

Para mostrar de manera fehaciente algunos de estos plagios, remitimos al cotejo que hace unos días hizo la revista Nexos: https://redaccion.nexos.com.mx/?p=4238. Este cotejo despeja cualquier duda al respecto. La lista de todos los artículos por los que Bryce Echenique ha sido multado por plagio se puede ver en http://sistemas.indecopi.gob.pe/SPI_Jurisprudencia/documentos/1-45/2009/200900002683.pdf.

Le decimos a Alfredo Bryce Echenique que no tenemos nada que rectificar, porque no nos hemos “indignado excesivamente”. En cuanto a su afirmación de que ha sido “desmultado”, el INDECOPI ya lo ha desmentido de manera categórica: http://www.indecopi.gob.pe/0/modulos/NOT/NOT_DetallarNoticia.aspx?PFL=0&NOT=503. El caso es claro: la sentencia sigue en pie, la multa también.

En conclusión, reiteramos la petición que hicimos a los siete miembros del jurado que otorgaron el premio en cuestión de reconsiderar su decisión. En un comunicado fechado el 4 de octubre, ellos aceptan que sabían de las acusaciones de plagio en contra de Bryce Echenique, pero aducen que éstas “competen al ámbito penal”; además, establecen una separación absoluta entre la “obra narrativa” de Bryce Echenique y todo lo demás, como si la trayectoria de un escritor pudiera escindirse en compartimentos estancos. Por último, reiteramos también nuestra solicitud a los funcionarios públicos involucrados en este reconocimiento de que hagan lo conducente para evitar que el Premio FIL 2012 le sea entregado a Bryce Echenique.

Atentamente,

Soledad Loaeza

Antonio Azuela

Ariadna Acevedo

Gerardo Esquivel

Mauricio Tenorio

Ignacio Almada Bay

José Antonio Aguilar

Fernando Escalante

Blanca Heredia

Alfredo Ávila

Benjamín Arditi

Roberto Breña

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El día 4 de octubre se publicó un escueto comunicado en el que el jurado del Premio FIL 2012 confirma su decisión de premiar a Alfredo Bryce Echenique, y señala que el juicio por plagio que enfrenta es un asunto del ámbito penal y no de un jurado literario. Esta distinción es inexacta, pues el plagio en un escritor no sólo es un delito que se persigue legalmente o un desliz moral, sino un ilícito creativo, que deteriora las condiciones indispensables de seguridad y equidad jurídica que requieren las actividades de creación e invención. Al utilizar la noble figura de la autonomía de la literatura para aislar el plagio como un mero asunto legal sobre el que dictaminan los tribunales, se da vía libre a la arbitrariedad, se premia la deshonestidad intelectual y se generan incentivos muy perversos para la creación y la circulación de las ideas.

Podría pensarse que lo que hace esta polémica decisión es, simplemente, reconocer un nuevo modelo de ascenso en el medio literario (plagia, pues es fácil, no tiene castigo y te ganas premios) y mostrarlo pedagógicamente a los jóvenes, pero no: quienes más sufrirán por esta aberración son precisamente los escritores en ciernes que carezcan de padrinos e influencias. A partir de ahora, los autores novel que sometan su obra a concursos literarios, los que la manden a dictamen a una editorial, los que la publiquen en diarios o revistas de poca circulación o los que la enseñen a un maestro son todavía más vulnerables ante cualquier abusador poderoso que decida apropiarse de su trabajo e ideas.

Armando González Torres. Poeta y ensayista.

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