marzo 8, 2013

¿Felicitar a las mujeres “en su día”?

El Día Internacional de la Mujer se ha convertido, parece ser, en un día para manifestar aprecio a las mujeres por el simple hecho de serlo. Hoy los ritos asociados a este día se parecen más a aquéllos que caracterizan al 10 de mayo para celebrar a las madres1 que a los que se llevan a cabo en los días festivos que conmemoran algún hecho político. Las oficinas, al menos las tres del gobierno federal en las que he trabajado, se llenan de rosas, chocolates, cumplidos sexistas2 y otros “detalles”. Hombres y mujeres participan por igual.

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Si en México no es posible asegurar que todos los recién nacidos y los adultos mayores tengan un acta de nacimiento; si no se garantiza que las personas del mismo sexo que hayan contraído matrimonio o estén bajo una sociedad de convivencia, tengan acceso a los servicios de seguridad social y salud; si no es obligatorio respetar la voluntad de las personas con discapacidad; si no existen suficientes intérpretes y defensores de oficio conocedores de lenguas indígenas; si a las mujeres se les asigna un salario menor que a los hombres o si se les exige una prueba de embarazo antes de contratarlas; si se tolera la explotación laboral infantil; si los jóvenes no cuentan con un empleo estable y bien remunerado; si no se respetan los derechos de los migrantes; si no existe una política alimentaria que erradique la desnutrición en zonas rurales, no hay manera de ocultar que la discriminación se sigue filtrando por infinidad de grietas en la vida cotidiana de las y los mexicanos.

En el Reporte sobre la discriminación en México 2012, publicado por el Conapred y el CIDE, salen a relucir estos y otros escenarios en los que la desigualdad de trato es el pan de cada día. Este trabajo de investigación sustentado en entrevistas, ponencias, mesas de trabajo y el análisis de estadísticas, proyecta las sombras que aún cubren a los procesos civil y penal, a la cobertura de los servicios de salud, a la garantía del derecho a la alimentación y al mundo laboral, y, a la vez, trata de arrojar un poco de luz con un listado de recomendaciones que van desde el ámbito legislativo hasta el cultural, pasando por las políticas públicas.

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abril 17, 2012

La carta de una empresaria del empleo doméstico

Hola Héctor:

Al leer tu revista “Nexos” número 412, te pido derecho de réplica. Tengo bastante idea de estas chicas. Y de las “patronas”. Nunca he visto que alguna se queje que la viole el patrón, pero si me he encontrado con “empleadas domésticas” (que así se autonombran ellas y no “trabajadoras del hogar” que le tocan los genitales a los niños hombres).

Todas tienen en su cuarto T.V. y radio y si bien su cuarto no es el principal, tienen baño propio (cosa que no tienen en su ranchería porque si bien les va tienen escusado con cubeta). Y se tienen que quedar de planta porque no tienen donde dormir en la ciudad. La verdad las señoras las tratan muy bien por miedo a que se les vaya (es un mito como el de la secretaria si la tienes buena la cuidas no te la ligas). Ganan de $5,000 a $6,000 para empezar, llegando hasta los $9,000. La mayoría no tienen terminada la secundaria. La manutención que dicen que representa 50% más de ingreso en realidad.

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La periodista Lydia Cacho, reconocida por su denuncia y combate a las redes de trata de niñas y mujeres, publicó en El Universal el artículo “Cárcel a clientes de prostitución” en el que resume una reciente discusión en Francia sobre la propuesta de prohibir la prostitución en vez de tolerarla o regularla. La propuesta emula la ley Sueca que no castiga a quienes ejercen la prostitución, como sucede en algunos países (en Estados Unidos, sólo en el estado de Nevada es legal), sino a quienes quieren pagar por sexo. Es decir se castiga al demandante y no al (o la) oferente (por cierto en México no es ni legal ni ilegal,  a veces está regulada indirectamente por legislación local).

El artículo de Cacho se inserta en un debate más amplio entre quienes, incluso desde el feminismo, creen que la prostitución es una profesión tan legítima como cualquier otra y por tanto, mientras sea entre adultos que libremente toman una decisión no debe ser perseguida por el Estado; y quienes creen que la prostitución, sin importar las condiciones, es una forma de violencia que se ejerce (sobre todo) en contra de las mujeres.

Una de las defensas más elocuentes de la reivindicación de la prostitución, desde una perspectiva feminista, la hizo Camille Paglia en una entrevista (la entrevistadora se dedicaba a la prostitución) en 1993:

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La nueva Daiana. Sin rumores y sin ropa” es la leyenda en la portada de la última edición de la revista Playboy México que aparece al lado de la foto de Daiana Guzmán en ropa interior. La aparición de esta chica en la portada de una revista pornográfica –sin importar que sea la más conocida o no– es, para algunas personas, controversial; para otras es incluso la confirmación de que mintió al denunciar a Kalimba de haberla violado. Más allá de si es verdad lo que Daiana dijo o no, o si pudo probarse la violación, este caso es muy interesante para observar las diferentes concepciones y actitudes respecto de la sexualidad y el cuerpo de las mujeres. Al respecto, es importante recordar un debate feminista en torno a ello, lo que ayudará, me parece, a tener una opinión mejor informada y no estereotípica de la decisión de esta chica y sus implicaciones –si es que las hay.

Por un lado, se encuentra el feminismo para el que las mujeres han sido construidas como objetos sexuales de los hombres, y no como sujetos sexuales. En este sentido, el deseo sexual, y el acto sexual mismo, objetivizan a las mujeres. Entre los hombres y las mujeres hay, entonces, una relación no sólo de subordinación, sino de dominación –similar a la que hay entre una cosa y quien la posee. Para este feminismo, la sexualidad de las mujeres ha sido construida según lo que los hombres quieren, según lo que les da placer. Por lo tanto, cualquier ejercicio de la misma, como las relaciones sexuales –específicamente las heterosexuales–, nunca es libre para las mujeres. En parte porque su papel en éste nunca es como sujetos, y en parte porque se encuentran condicionadas por esta construcción, por lo que aún las manifestaciones explícitas de consentimiento están viciadas, pues no puede elegirse ser un objeto y al mismo tiempo ser libre. El sexo es violento. La violencia se norm(sexu)aliza.

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Tengo en mis manos el número de abril de la revista Nexos, una de las publicaciones más influyentes en el debate de las ideas en México hoy en día. El número lo compré tarde, casi acabando el mes, y lo hice porque el texto de Maite Azuela, “Tacones en bicicleta”, lo había estado discutiendo con mi novia a lo largo de algunos días y quise tenerlo impreso. Este artículo me llamó mucho la atención por dos cosas: 1) por la forma anecdótica como inicia y se desarrolla la mayor parte del texto, y 2) porque contrario a lo que pensé inicialmente, el artículo no tocaba ninguna cuestión de ciclismo o movilidad urbana. El título sirve más bien como metáfora a la reflexión final que Maite quiere lanzar: la importancia de dotar de seguridad social a las trabajadoras domésticas mientras no se avance en una reforma laboral en este sentido.

Dice Maite:

“Insisto en que a la par de abrir espacios que garanticen justicia de género habremos de trabajar la justicia entre el género. Tendríamos que analizar si no somos mujeres que construyen relaciones de sumisión con las trabajadoras del hogar. No hay modo de que la cadena de la bicicleta gire si no pedaleamos de ambos lados”. Y culmina: “A veces se requiere llevar una bici doble para que la que tiene más fuerza vaya impulsando a la que no la tiene”.

El artículo y la reflexión final me parecen pertinentes en el contexto del debate de la reforma laboral, sin embargo, desde que lo leí por primera vez, algo no me cuadró del todo: era muy poco espacio para un tema que podría ocupar páginas enteras, se daban pocos datos y, encima, gran parte del texto se iba en descripciones de la infancia de la autora. ¿Por qué?

La respuesta cayó hasta que tuve el ejemplar físico conmigo y fue entonces que entendí por qué de tanto testimonio personal antes de la reflexión social. La portada de la edición de abril tiene como título “Sólo mujeres” y su principal atractivo es mostrar los nombres de una veintena de féminas, entre escritoras, politólogas, científicas, artistas y demás. Al ver la portada queda clara la idea de que el número les pertenece a ellas.[1] Sin embargo, al leer la breve editorial de Marta Lamas, la coordinadora del tema de portada, mi sorpresa fue mayúscula. Vamos por partes.

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diciembre 12, 2010

Carta de Luis González de Alba

Johannes Vermeer

Johannes Vermeer, La Lechera

En mi debatido artículo de noviembre (“De género y cuotas”) ocurrió algo digno de análisis: apareció el 1 de noviembre y el 3 tuvo tres comentarios, dos muy favorables: desde “Excelente reflexión” hasta “Muy ácida reflexión. Me gustó mucho lo escrito por Luis”, y otro mesurado.

Pero el 23 de noviembre comenzó un alud que va hoy 12 de diciembre en 88 comentarios y varias cartas de mujeres, alguna tan mal escrita que ya mereció el comentario de un macho: Por eso no las publican, escribió. Suena a que ese día 23 alguien me leyó y comenzaron telefonazos de mujer a mujer: ¿Ya leíste a ese estúpido? Lo que más molestó fue mi explicación acerca del porqué publicamos más los hombres en Nexos. Dije que no sólo eso, también leemos más la revista. No tengo sino los datos de comentarios en línea. Aquí van:

Así que sigo en lo dicho: no colaboran porque no les interesa ni leerla ni comentarla. Desmientan esos números. (¿Cuánto a que caerá un alud de comentarios escritos por mujeres, a partir de que estos números los suban al blog?)

Luis González de Alba.


En el número impreso de la revista Nexos del mes de enero, se publicarán tres textos sobre el mismo tema. Uno de Catalina Pérez Correa, otro de Catherine Andrews, y una respuesta de Luis González de Alba a las críticas que han recibido sus artículos.

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Feminist
En las últimas semanas, algunos medios electrónicos han gastado una porción de sus energías en un debate que, para muchos, no es ninguna novedad: la dispareja proporción entre la presencia de escritores frente a la de escritoras en algunas revistas político-literarias de nuestro país. Fernando Escalante, de La Razón, fue el que primero lanzó la pelota con Extraños números. Continuó Héctor Aguilar Camín con ¿Revistas misóginas?, añadiendo las cifras de publicaciones como el New Yorker; le siguió Luis González de Alba, retrocediendo unos cien años la discusión que pusieron en marcha sus colegas con la siguiente idea: “Los hombres que sobresalen en ballet clásico, los que hacen arreglos florales para fiestas y los diseñadores de modas tienen fama de ser homosexuales. Y casi siempre lo son. Mujeres en levantamiento de pesas son lesbianas. (…) Es que, sencillamente, hay actividades que no atraen a heterosexuales, hombres o mujeres. Y no es aprendizaje. Sin importar régimen ni sistema social, los estadios de futbol están llenos de hombres, como las arenas de box y lucha. O las publicaciones.” La opinión de Luis González de Alba lleva por título ¿Cuotas por género?. Pero ¿es que alguien, en verdad, está pidiendo cuotas por género en las revistas literarias? Lo que el debate pide a gritos es perspectiva social e histórica. Y sí, perspectiva de género.

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Ciudad Típica de Metepec, a 25 de noviembre de 2010

LUIS GONZÁLEZ DE ALBA

ARTICULISTA DE LA REVISTA NEXOS

PRESENTE

El día de ayer tuvimos a bien leer su artículo publicado en la Revista Nexos, en la cual usted aborda el tema de Género, un tema que ha sido trillado y mal empleado, tal como lo hizo. Sabemos y estamos plenamente conscientes que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos salvaguarda el Derecho de Expresión, a su vez reconoce la Igualdad entre Hombres y Mujeres.

Para lograr el reconocimiento de estos derechos, muchas de mujeres han peleado desde diversas tribunas, cuyo propósito ha sido únicamente que las mexicanas tengan acceso a más oportunidades, a eliminar la brecha entre machos y hembras, entre lo público y lo privado.

Esta lucha, que no ha sido sencilla sólo anhela que no mueran más mujeres por falta de servicios de salud, que no se incremente el número de feminicidios en el país, que haya salarios justos entre ellas y ellos, que el acoso sexual en cualquier espacio de trabajo sea castigado por las autoridades, que los derechos reproductivos estén plenamente salvaguardados y no veamos presas por sufrir un aborto.
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mujer

De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Ocupación (ENOE, septiembre de 2010), hay 16.8 millones de mujeres ocupadas de un total de 46.7 millones de personas.

Más del 53% se encuentran en las grandes ciudades y más del 60% de ellas se dedica al comercio, los servicios y las comunicaciones. Hay 3 jefas de familia por cada 10 hogares en México.

El 66% son subordinadas y asalariadas por lo que deberían tener acceso a prestaciones de ley, no obstante sólo el 53% las tienen y sólo una tercera parte tiene contratos por escrito.

Violencia Laboral

En 2007, 3 de cada 10 mujeres dijeron haber sufrido violencia laboral como discriminación, hostigamiento, acoso y abuso sexual, siendo Sinaloa el primer lugar (24.7%).

Después Chiapas (24.1%), Yucatán (23.8%) y Baja California Sur (19.7%).

Desigualdad Laboral

A mediados de año, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), presento el informe denominado “Qué Igualdad para qué Estado” donde genera una radiografía completa sobre la situación laboral de las mujeres en América Latina, el documento señala además la construcción de un nuevo contrato dentro del hogar:

  • Las mujeres dedican 76.3 horas semanales al trabajo contra 58.4 horas de los hombres.
  • El ingreso promedio femenino equivalió al 79% del de los hombres en 2008 desarrollando el mismo trabajo.
  • 31.6% de las mujeres latinoamericanas de 15 años o más carece de ingresos propios, frente a solo 10.4% de los hombres en esa condición.

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